miércoles, 7 de febrero de 2024

Excursión 751: Hueco de San Blas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Soto del Real
Final: Soto del Real
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 16 Km 
Desnivel [+]: 751 m 
Desnivel [--]: 751 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
En esta ocasión Antonio nos convoca para hacer una ruta por el Hueco de San Blas, de la mano y sugerida por Carlos Revilla. Nuestro punto de reunión es frente al embalse de los Palancares.

Hasta llegar allí, teníamos varias opciones. La que nos daba Google Maps y la que nos sugiere Carlos que recientemente había estado por allí y conocía bien la situación del camino o pista que conduce hasta allí. Yo elijo esta última y salvo dos pasos un poco más complicados para los turismos con altura más baja, el resto del camino es muy practicable.

Existía la posibilidad de continuar a otro parking por la misma pista un kilometro y medio más adelante por el camino de la Abutarda hasta una barrera existente nada más cruzar el arroyo Mediano, pero tiene poca cabida para todos los automóviles de nuestro grupo y lo más importante, en este trayecto sí que existe un mayor riesgo para la integridad física de nuestros automóviles.

A pesar de que, durante el viaje, el tiempo es neblinoso, frio y feo, cuando llegamos al punto de reunión, nos encontramos con un cielo despejado y una temperatura agradable.

Después de los habituales saludos de rigor, los veinticuatro senderomagos reunidos empezamos a andar por el camino de la Abutarda que es una pista ancha y agradable que nos permite ya visualizar una vista espectacular donde vemos la línea de montaña formada por la Pedriza, la Cuerda Larga y la Najarra.

Una vez pasada la barrera situada en la pista que nos va a introducir en el Hueco de San Blas, vamos subiendo dejando el arroyo Mediano a nuestra derecha, en continuo ascenso, con una pendiente muy tendida entre pinos.

Poco antes de llegar al puente donde se juntan los arroyos de Matasanos y de la Herrada, salimos de la senda y nos metemos a la izquierda por un sendero que transcurre paralelo al arroyo Matasanos. Es la primera cuesta de la jornada que nos llevará entre pinos durante casi dos kilómetros hasta una pista en la que encima de unas piedras al lado de un puente existente encima del antedicho arroyo, tomamos el tentempié de media mañana.

Pudimos retomar energías con el exquisito membrillo de Carolina y la naranja bañada en chocolate de Ángel que se repartió entre todos. Desde aquí vemos unas vistas magnificas del valle con los nidos de la oruga procesionaria como bolas de navidad en multitud de pinos. Es el principio de la epidemia que vamos a tener ocasión de observar durante toda la jornada.

Giramos a mano derecha y hacia abajo en la pista en la que nos encontramos y a pocos metros, volvemos a girar a la izquierda por un sendero en fuerte pendiente.

Estamos frente a la peña del Rayo, una mole granítica que se vislumbra entre los pinos.

Un servidor que casualmente se encontraba entre los primeros participantes del grupo, empezamos a subir sin mirar atrás, tras la indicación de Carlos Revilla de que parasemos en la base del pico al que se dirigía el sendero.

Cuando llegamos a la referida base nos encontramos que el resto del grupo no nos seguía y había girado a mano derecha ya que Carlos Revilla había encontrado otro sendero que evitaba la subida, por lo que el grupo de cabeza que nos habíamos quedado "colgados", tuvimos que reincorporarnos al grupo general al más puro estilo Gmsma, atrochando, que es gerundio.

Una vez reunidos todos, enfilamos a la cresta de la peña del Rayo. Desde allí, las vistas son fantásticas. Un valle lleno de árboles con paredes verticales donde se podían vislumbrar entre otros lugares, el perfil de la Esfinge y de las Torres de la Pedriza. Allí hicimos la foto de grupo.

Seguimos viendo nidos y nidos de procesionaria y la propia procesionaria de orugas en el suelo que hacía difícil no pisarla.

Tenemos cerca de un kilómetro, para campo a través y magistralmente dirigidos por Carlos, enganchar con el sendero de las zetas que nos llevaría al destino final de nuestra ruta de hoy.

Una vez llegamos al antedicho sendero, solo nos quedaba un ultimo kilómetro que representaba el tercer y último repecho del día de hoy para llegar a Hoyo Cerrado.

El nombre de este lugar de origen glaciar es bastante representativo, es una pradera rodeada de paredes verticales con una única salida hacia el valle.

Procedemos a comer abrigados ya que el tiempo empezaba a cambiar. Había una brisa fresca un poco desagradable.

Después de comer en este hermoso escenario que es el punto más alto de la ruta, ya solo nos queda bajar hasta los coches. Atravesamos el arroyo Mediano muy cerca de su nacimiento en este lugar y por un sendero muy bien marcado, con vistas al valle en su margen derecho, empezamos a descender.

Seguimos viendo los capullos y las hileras de procesionaria que nos acompañaron durante un largo trayecto dejando con un aspecto desolador a enormes masas de árboles.

En un momento dado, vemos a un grupo de cabras a cierta distancia en unas piedras del lado izquierdo del sendero que nos vigilan con curiosidad, mientras que en la parte derecha las nubes van subiendo y nos van alcanzando.

Ahora solo es bajar y bajar, en algunos momentos y recodos, las vistas del valle son magnificas y aderezadas con las nubes que van subiendo generan unas escenas bien inmortalizadas por los fotógrafos oficiales.

Llegamos a una amplia pista que nos permite acelerar el paso y el ritmo, seguimos matando o/y esquivando procesionaria.

Estamos muy cerca ya de los coches y ahora nos toca ir por orientación y campo a través hasta el camino de la Abutarda que cogimos a primera hora de la mañana.

No hay senda pisada ni reconocida y al principio existe un poco de desorientación, pero en poco más de un kilómetro hemos llegado al puente que atraviesa el arroyo Mediano.

Ya solo quedaba un kilometro y medio hasta los coches para dar por terminada la ruta, después de unos diecisiete kilómetros y unos setecientos cincuenta metros de desnivel. Ha sido una ruta más sencilla de lo que pueda parecer con unos paisajes fantásticos.

El final de ruta se celebro en el restaurante "A Cuchillo" de Soto del Real.

Por todo lo anterior, puntúo la ruta con 4, 5 sicarias, quito medio punto por los efectos urticantes que la procesionaria produjo a varios miembros del grupo, especialmente y entre otros a Carlos Revilla y a la mascota, Kiro.
Javier Miguel

FOTOS

miércoles, 31 de enero de 2024

Excursión 750: Atalayas de Venturada y El Vellón

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Vellón 
Final: El Vellón
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 18,2 Km 
Desnivel [+]: 346 m 
Desnivel [--]: 346 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 37

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Fuimos citados en el campo de futbol de El Vellón, donde acudimos 37 senderomagos. Ya nos estaba esperando José María para repartirnos el estupendo y anhelado álbum del GMSMA 2023.

Bajo un día de niebla y más fresco de lo esperado comenzamos la ruta por el embarrado camino de Guadalix y camino Chiscón hasta la Vereda del Romero. Antes de llegar a la asfaltada avenida de Monterrey, ya pudimos divisar a nuestra derecha la silueta de la atalaya de Venturada y atrochando a campo través alcanzamos la susodicha atalaya. Allí nos hicimos la foto de grupo y nuestra docta senderomaga Paz, (que por cierto cumplía con su ruta número quincuagésima), nos dio una magistral lección histórica (como en ella es habitual) de estas cadenas de atalayas que cubrían estas zonas.

Gracias a Julián por sus amables palabras, fruto sin duda de la amistad que nos une ya desde hace tiempo, y por su gentileza al ayudarme a hacer la crónica de esta excursión, dado que estoy poco avezada en estas lides.

Me hacía especial ilusión hacer esta crónica porque con ella he alcanzado el número 50 de mis excursiones con el Gmsma, algo que se me antojaba imposible cuando hice la primera por los caminos de Córdoba de la mano de Paco Nieto.

Es emocionante encontrar estos vestigios medievales en tierras fronterizas, seguramente construidos alrededor del siglo X en lo que se llamaba entonces la Marca Media de Al-Andalus. Estas atalayas (palabra que viene del árabe “al talaya”) se utilizaban para controlar el territorio, vigilar movimientos de enemigos y también para controlar poblaciones sospechosas de desafección al régimen político vigente.

Las atalayas de la Marca Media de la sierra de Madrid constituyeron la frontera entre cristianos y musulmanes, y fueron levantadas entre finales del siglo IX, durante el emirato de Muhamad I y el reinado del primer califa cordobés, Abd-al-Rahman III, en el siglo X. Se encontraban en la margen izquierda del río Jarama. Se controlaban desde la villa de Talamanca del Jarama, que en el siglo X fue centro neurálgico del sistema defensivo de atalayas.

Las atalayas de la Marca Media controlaban los puertos de Guadarrama y de Somosierra y suponía el sistema de comunicación que avisaba de que había problemas, referidos, sobre todo, de la aproximación de tropas cristianas a través de los puertos del Sistema Central.

Son torres emplazadas en lugares de destacado valor estratégico, generalmente en líneas de frontera más o menos estabilizadas. No tienen una función defensiva sino de vigilancia. No aparecen aisladas, sino que funcionan como si fueran eslabones de una cadena. A su cargo estaban generalmente uno o dos hombres y tenían como misión encender hogueras y transmitir mensajes desde lo alto. En caso de alarma se encendía un fuego en lo alto de la atalaya –con mucho humo si era de día y con mucha llama si ya había caído la noche- para que la población se protegiera. La información se transmitía de una torre a otra.

El conjunto de las atalayas del Jarama es muy homogéneo. Todas se asientan sobre algún afloramiento rocoso. En el grupo de las atalayas del Jarama no todas se divisan entre sí, pero si existían las conexiones adecuadas para que la alarma pudiera llegar al valle. Las torres no seguían una disposición lineal que sería la plasmación de un concepto de «frontera», sino que ocupan un espacio relacionado con el concepto de «marca.» 

Sus diferentes posiciones y sus múltiples perspectivas forman un entramado multidireccional, de manera que el control territorial es más completo. Su distribución, de Norte a Sur, flanqueando el valle, subraya esta interpretación. Vigilaban los vallejos laterales, las zonas de pastos más allá de los cerros, las posibles vías de penetración, las rutas secundarias.

La atalaya de Venturada es una torre de planta circular, cuyos muros al exterior forman un perfil ligeramente escalonado en tres cuerpos. Su altura total se acerca a 9 metros; en todo el perímetro de la base hay un pequeño escalón a modo de zócalo. Es de mampostería y el relleno de los muros está hecho a base de piedras y argamasa mezcladas. Es un sistema rápido y sencillo de edificar, que permite nivelar y mantener la verticalidad de la estructura sin muchas dificultades, aunque, para ello, se tengan que hacer algunas concesiones como la del excesivo grosor de los muros y la escasez de vanos.

La elección de una estructura cilíndrica contribuye a simplificar la aplicación de esta técnica, así como disminuye las tensiones estructurales y mejora las cualidades defensivas de la zona. En la parte inferior la edificación aprovecha la roca original que aflora formando un promontorio natural, y que llega hasta el nivel de acceso de la torre. Seguramente tendría tres estancias superpuestas, con un suelo de trabazón de madera; de una planta a otra se pasaría por un hueco abierto en el suelo y se accedería a ellas mediante una escalera de mano. Actualmente está desmochada pero podemos suponer que se remataría con almenas.

Continuamos camino y sorprendentemente nos encontramos con la especialidad del GMSMA, el “salto de valla”. No menos de una docena de ellas fueron saltadas en aras de adivinar el mejor camino para la próxima atalaya. Y ¡vaya!, entre valla y valla encontramos un sitio para dar cuenta del ángelus.

Atravesando la dehesa de Venturada y alejándonos de la urbanización Cotos de Monterrey hasta encontrar más vallas y vallas, adentrándonos por un bonito, estrecho y húmedo sendero por el cauce del Arroyo del Monte, hacia el cañón de los Quebraones, un cañón abierto que encauza las, en este caso, abundantes aguas.

Y cuál no sería nuestra sorpresa, cuando empezamos a cambiar el salto de valla por el “cruce de arroyo”. Más de media docena de veces tuvimos que mojarnos los pies de un lado al otro del arroyo, siguiendo su cauce. Ya casi al final nos subimos a un quebraón donde dimos cuenta de nuestras viandas.

Finalizado el ágape, volvimos al cauce del arroyo y continuamos saltándolo de un lado a otro hasta salir a la pista del CYII por encima del canal del Atazar, justo en el sifón de la Aldehuela, en la almenara de salida. Cruzamos el acueducto 4 (La Aldehuela), el acueducto 5 (El Olivo) y otro par de acueductos hasta llegar a divisar, allá en el fondo y bajo persistente neblina, la Atalaya de El Vellón.

Atravesamos la M-129 y la M-122 y poco más allá tomamos la prolongada y larga subida a nuestro segundo objetivo del día. La llegada a la cumbre fue lenta y espaciada, ya llevábamos 16 Kms. Y en algunas piernas se notaba el esfuerzo.

Paz nos contó que la atalaya de El Vellón formaba una línea defensiva completada por la cercanía de los puestos de El Berrueco, Arrebatacapas, Venturada, además de las desaparecidas de El Molar y Torrelaguna, a la que habría que añadir las dos atalayas que vigilaban la parte occidental de la Sierra: la Torrecilla del Collado (Hoyo de Manzanares), situada junto a un paso de montaña en el corazón de la sierra, y la de Torrelodones.

Se piensa que la atalaya de El Vellón enlazaba directamente con la existente en Talamanca del Jarama (río que debe su nombre al vocablo bereber “xarama”, río de nadie o de la frontera). Además se supone que se comunicaba con las de Torrelaguna y El Molar.

La atalaya de El Vellón es una construcción de mampostería de planta circular y volumen cilíndrico de algo más de 6 metros de diámetro por 9 metros de altura. El grosor de sus muros es de más de 1 metro y la puerta de acceso, adintelada, está a más de 2,50 metros sobre el suelo exterior, a la que se accede mediante un agarramanos, al que, inevitablemente, algunos subieron a hacerse la foto de rigor. 

Actualmente está completamente restaurada y no se puede entrar. Tenía, como la de Venturada, tres pisos comunicados en los que se conservan los huecos para empotrar las vigas que habían de formar los suelos de los pisos superiores. Es utilizada por los servicios forestales como puesto de vigilancia contra incendios.

Nos quedamos un rato en este lugar desde el que pudimos disfrutar de las vistas de la vega del Jarama a su paso por Talamanca, la sierra de la Cabrera y el Mondalindo, la Pedriza, la sierra de Ayllón y las cuatro torres de Madrid. Hay que concluir que era difícil que al cuerpo de guardia se le escaparan los movimientos de tropas en cualquier dirección, pues hay una visión perfecta de todo el panorama que existe alrededor.

Y mientras nos ilustraban, parecía hacerse hueco un tímido sol, que nos acompañó en nuestra ya última parte de la ruta, bajando hacia la fuente del Cercón para allí coger la pista que nos depositaria suavemente sobre el pueblo de El Vellón, dando por finalizada nuestra excursión de hoy. Por sus 18,2 kilómetros, la diversión de las vallas y los arroyos, los aspectos culturales y los bellos senderos le otorgamos 4,5 sicarias.
Paz Rincón y Julián Suela


miércoles, 24 de enero de 2024

Excursión 749: Cabeza de Hierro Menor desde el Puerto de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada 
Final: Puerto de Navacerrada 
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 15,4 Km 
Desnivel [+]: 928 m 
Desnivel [--]: 928 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 34

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta







PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Nos hemos reunido 34 senderomagos en el aparcamiento del Puerto de Navacerrada. El día se presentó soleado con una temperatura primaveral, que no era propia de finales de enero.

Procedimos a los saludos habituales y al llegar a nuestro guía Antonio me comunicó que la crónica me tocaba hacerla a mí, así que anduve un poco más atenta que en otras ocasiones.

Ya todos con crema de protección solar y gafas de sol puestas, a las 10 de la mañana comenzamos el ascenso hacia el Cerro de las Guarramillas (también llamado Bola del Mundo).

Dejamos a la izquierda el telesilla y la pista de esquí, caminamos por una senda pedregosa (PR-17) hasta la cuerda de las Cabrillas donde giramos a la izquierda hasta llegar a la pista de cemento, que nos conduce hasta la Bola del Mundo.

Pronto comenzamos a desprendernos de algunas de nuestras prendas de abrigo, algunos incluso se quedaron en manga corta. Poco a poco el grupo se fue alargando pues cada uno va subiendo a su ritmo.

Encontramos algunos acúmulos de nieve en los bordes de la senda, menos de lo esperado ya que debido a las lluvias de días previos y el buen tiempo, con temperaturas alza, no había tanta nieve como hubiéramos deseado.

En La Bola del Mundo nos reagrupamos, aprovechando para beber y descansar un poco. Las vistas desde aquí eran magníficas, el día era muy claro y permitía divisar toda la sierra y la planicie de Madrid a lo lejos.

De frente Valdemartín (nuestro objetivo inicial) y Las Cabezas de Hierro Mayor y Menor, a la derecha La Pedriza y La Maliciosa, abajo el Embalse de Manzanares El Real y a la izquierda Peñalara que es la que más nieve tenía.

Desde La Bola del Mundo nos dirigimos al cerro de Valdemartín, así que descendimos hasta el Collado de Las Guarramillas para volver nuevamente a subir, en este tramo ya comenzamos a pisar un poco de nieve y al llegar a la cima hicimos la parada del ángelus para descansar y tomar un pequeño refrigerio, hasta donde llega el final del telesilla de Valdesquí.

Igualmente, desde aquí contemplamos vistas muy bellas, de un lado se veía Madrid con una neblina sobre ella y sus alrededores y por encima más allá, montañas, algunos decían los Montes de Toledo y a continuación y a la derecha La Sierra de Gredos nevada, donde se podía distinguir el Pico Almanzor; del otro lado se veía Segovia y la llanura castellana.

Según lo planeado desde aquí tocaba volver, y así lo hizo la mayor parte del grupo; 12 intrépidos continuamos hasta Cabeza de Hierro Menor, en este recorrido tomó el relevo de guía Juan y disfrutamos pisando un poco más de nieve.

Primero descendimos un poco hasta el Collado de Valdemartín para continuar un ascenso más exigente. Comimos arriba. Aquí una suave brisa nos invitó a abrigarnos un poco más. También aquí pasamos un rato muy agradable y las vistas igualmente estupendas ya que ha sido un día muy claro y luminoso.

Según me han contado el grupo principal hizo el descenso desde el Cerro de Valdemartín al Collado de las Guarramillas por la pista de esquí para poder ir por la nieve, comieron junto a las instalaciones del telesilla en Dos Castillas y bajaron por la pista de cemento hasta el aparcamiento.

El grupo intrépido a las 14:20 iniciamos el retorno, con paso más ligero por el mismo camino de ida hasta llegar al aparcamiento del Puerto de Navacerrada a las 17:20, disfrutando, como durante toda la excursión, de una temperatura primaveral y unas vistas espectaculares.

Debido a la bonita excursión con tan agradable compañía, la claridad del día y las vistas espectaculares le doy cinco sicarias.
Esther Izquierdo