miércoles, 20 de noviembre de 2019

Excursión 498: Cerros de Álamos Blancos y Cabeza Líjar

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  13,2 Km
Desnivel [+]: 604 m
Desnivel [--]: 604 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
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RESUMEN
Esta vez es a una novata, la que suscribe, a quien toca relatar los pormenores, andanzas y sucesos de tan agradable, aunque un poco húmeda y nevada excursión.

La ruta de este miércoles se ha hecho por el suroeste de la cercana sierra de Guadarrama, saliendo del Alto del León y ha sido circular.

Antes que nada y como dato curioso, decir que el nombre de el “Alto del León” tiene su origen en el siglo XVIII cuando el rey Fernando VI decidió construir una moderna carretera para facilitar la circulación por allí. En 1749 se inauguró la obra y se levantó una escultura de piedra con un león cogiendo con sus garras dos globos terrestres, dos mundos: España y las Indias, sirviendo de límite a las Dos Castillas. La escultura dio pie a que se le llamase “Alto del León”.

Al ser un día neblinoso y con pronóstico de nevadas, el grupo se ha visto un poco reducido en relación a excursiones más soleadas. Somos 21 caminantes y 4 perros. Aunque dicho sea de paso, uno de los perros, Mecha, una vez más, decidió hacer la excursión por su cuenta y desaparecer a mitad del camino generando en su dueña gran desasosiego y preocupación. Pero no adelantemos acontecimientos….

Empezamos la marcha tomando el camino que sale detrás del restaurante en dirección a Peguerinos, hacia las antenas del recinto militar, por el camino del “Vía Crucis”; en él aún se pueden observar algunas cruces en pie en su inicio, justo enfrente del primer búnker de la guerra que nos encontramos.

Aunque en el paisaje se aprecian las primeras nevadas del año, puedes andar fácilmente por la pista
sorteando la poca nieve que aún hay. Como innovación cabe destacar el nuevo atuendo de Mecha: unos “calcetines negros ajustables” recomendados por el veterinario para proteger la patas de la nieve. Los calcetines van desapareciendo paulatinamente pasando a formar parte del paisaje.

Antes de abandonar este camino, se produce un incidente protagonizado por los perros y un pobre gato despistado que no se percató de lo que se le venía encima. Los cuatro perros se abalanzaron sobre él, haciendo honor al nombre del puerto, y se montó un buen guirigay.

Seguimos camino y más adelante, en la ladera del Cerro Piñonero o de la Gamonosa, encontramos la antigua “Cruz de los Caídos”, perteneciente al calvario que partía del puerto, cruces de hormigón hoy, casi todas, derruidas.

Continuamos nuestra ruta en dirección al Cerro de los Álamos Blancos pasando por la pradera Asiento del Roble para llegar al poco al Pino Albar de la Pinosilla, donde visitamos un árbol singular bicentenario, el Pinus Sylvestris, ejemplar monumental considerado entre los de mayores dimensiones dentro del territorio madrileño.

Tras una corta subida, llegamos al Cerro de los Álamos Blancos y hacemos nuestra primera parada para almorzar y reponer fuerzas... y entonces nos percatamos de que tres componentes del grupo han desaparecido, a saber…. tres de los cuatro perros: Kiro, Vito y Mecha. Pasado un rato, Kiro y Vito deciden reintegrarse de nuevo al grupo, con el consiguiente alivio de sus dueños, pero no así Mecha de espíritu aventurero y alocado.

Rosa y Encarna no continúan camino con el grupo y retroceden hacia los coches acompañadas por Raquel que va en busca de Mecha. El resto del grupo bajamos hacia el arroyo de los Álamos Blancos para continuar por la loma del Cerro de los Lobos, lugar que contiene bastantes restos militares, para luego ascender hasta el punto más alto de la ruta, Cabeza Lijar (1822,80 metros sobre el nivel del mar). La subida fue sencilla aunque algo empinada.

De camino pasamos por la Mina de Wolframio, denominación dada así por ser una antigua mina de extracción de ese mineral, muy apreciado por su dureza y, visitado su interior, nos dirigimos al Collado de la Cierva, también llamado de la Mina, por su cercanía a ella.

El tiempo ha empezado a cambiar, las temperaturas son considerablemente más bajas y caen los primeros copos de nieve de entre la neblina que nos ha acompañado durante todo el trayecto. En este punto paramos a comer con prisa y no sin cierta dificultad; ya que algunos somos reacios a quitarnos los guantes y tenemos que decidir entre perder la sensibilidad por el frío o perder la sensibilidad por los guantes. En cualquier caso la cosa se hace difícil, así que lo mejor es darse prisa y terminar cuanto antes. En esta tesitura debo resaltar y alabar el chocolate ofrecido, tan generosamente, por Carolina; calentito, reconfortante y rico ¡todo un puntazo!

El paisaje está cambiando con la nevada; el viento se hace más presente, las ramas de los árboles se empiezan a vencer con el peso de la nieve. Parece una auténtica estampa navideña.

Continuamos la ascensión hacia la cima de Cabeza Lijar. Una vez allí, la persistente niebla no nos permite disfrutar de las vistas panorámicas que deben ser estupendas dada su situación: al norte los pinares segovianos de El Espinar, al oeste los denominados Pinares Llanos, de Peguerinos, en la provincia de Ávila y al sur los pinos del madrileño embalse de la Jarosa y el Valle de los Caídos. Su cumbre está coronada por un circular observatorio de la guerra civil española reconvertido en refugio y mirador; al lado del mismo se ubica un vértice geodésico de primer orden, utilizados para realizar mapas topográficos.

Después de hacernos la foto de grupo allí, emprendemos el descenso con cierto cuidado porque la nieve está cubriendo las piedras y hay que calibrar bien la pisada. Caminamos en dirección al Penacho y pasamos por el Collado de la Gasca, La Cerca y Las Hondillas.

La gran nevada y la niebla dificultan la visibilidad, lo que nos impide disfrutar de las vistas de estos lugares y nos anima a centrarnos en llegar a nuestro destino con cierta celeridad. El camino se ha cubierto de blanco.

Llegamos al parking del restaurante del Alto del León bastante más húmedos que cuando salimos, y allí nos esperaba Raquel que, por fortuna, en el camino de vuelta encontró a Mecha medio perdida y desorientada.

A resguardo en el restaurante y al calorcito, terminamos la actividad con una invitación de parte de tres senderomagas: Belén, Lourdes y Raquel; esta por haber recuperado a su querida Mecha y aquellas por haber ingresado recientemente en el grupo. Terminando de esta forma tan grata esta invernal ruta, aunque estemos aún en otoño. 

Por ser una excursión asequible aunque con algún desnivel pronunciado y por gran la nevada que ha dejado tras de sí un paisaje blanco y navideño, le doy 4 sicarias.
Lourdes Clabo 

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