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sábado, 9 de agosto de 2025

Excursión 868: Nocturna al Cerro de La Salamanca con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,2 Km 
Desnivel [+]: 313 m 
Desnivel [--]: 313 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 26

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
A través de Luis, primo de Paco Nieto, suelo unirme a las rutas nocturnas que él convoca en verano. Ya llevo 2 rutas con ellos, y cada una ha tenido su encanto especial. Lo que más valoro de estas excursiones es el ambiente del grupo, el buen humor que nos acompaña siempre y, por supuesto, la oportunidad de descubrir la sierra desde otra perspectiva, bajo la luz de la luna.

A las 19:00h iniciamos la marcha desde el Alto del León, ascendiendo por la antigua carretera del puerto a Peguerinos, cada vez más intransitable para los coches en el lado madrileño.

Aunque el día había sido muy caluroso, la altura en el puerto (1.511 m) y el hecho de caminar siempre por zona sombría, entre pinos, hacían que la temperatura fuera muy agradable.

Paco nos contó que seguiríamos el camino del Vía Crucis que lleva hasta una gran cruz, y que si estábamos atentos podríamos ver hasta nueve estaciones, algunas todavía en pie y otras ya caídas.

Pasadas las enormes antenas militares de la zona, nos desviamos ligeramente para visitar un búnker muy bien conservado, situado a la izquierda del camino. Se trataba de un antiguo puesto de ametralladora que encantó especialmente a los niños del grupo.

Nos explicó que hay muchos de estos búnkeres por la zona, ya que durante la Guerra Civil esta fue línea de frente: las tropas franquistas estaban asentadas aquí y las republicanas, en la zona de La Jarosa

Por entonces, el denso bosque que hoy lo cubre no existía, lo que permitía una visibilidad mucho mayor que la que se tiene en la actualidad.

Un poco más adelante, nos desviamos ligeramente de la carretera para contemplar la fuente de Las Hondillas, construida con un amplio frente de piedra y un pilón alargado. Allí nos hicimos la tradicional foto de grupo.

Retomamos el camino del Vía Crucis entre animadas charlas que hacían muy ameno el recorrido.

Tras una curva cerrada, llegamos a una gran cruz partida en dos, con unas flechas de la Falange grabadas en su fachada. Esta era la última estación del Vía Crucis. Tenía un altar y todavía conserva una pequeña caseta.

Después de las fotos de rigor, continuamos por la pista de la Mina, llamada así porque conduce al collado donde se encuentra una antigua mina de wolframio.

La pista se empinaba algo más y nos adentramos entre pinares por la ladera de la Gamonosa, hasta alcanzar el Collado de la Gasca, que nos dio una breve tregua.

A nuestra izquierda, se entreveía la silueta plateada del embalse de La Jarosa y al fondo, el Altar Mayor del Vía Crucis del Valle de los Caídos (o Cuelgamuros), con su inconfundible cruz dominando el horizonte.

Tras una larga cuesta, pasamos junto a la cantera de la mina, a escasos metros del Collado de la Mina (antiguamente llamado de la Cierva), donde nos reagrupamos para afrontar el último tramo.

Abandonamos la pista ancha y tomamos un sendero estrecho que ascendía recto por la cresta hacia el cerro de La Salamanca.

Superamos un par de roquedos que pusieron a prueba nuestra habilidad trepadora, y alcanzamos el refugio semiderruido de La Salamanca, muy cerca de la cima, situada a 1.785 m. Habíamos ascendido 274 metros desde el punto de inicio.

Todavía faltaba algo para la puesta de sol, así que aprovechamos para cenar nuestros bocadillos en lo más alto, mientras contemplábamos el lento descenso del sol hacia el horizonte.

Fiel a su cita, el sol se despidió tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rojizos. Poco después, aunque unas nubes retrasaron su aparición, la luna llena emergió con fuerza desde la planicie madrileña, enrojecida al principio, y fue ganando altura poco a poco. Un momento realmente emotivo.

Nos quedamos un rato disfrutando del espectáculo lunar antes de emprender el regreso por el mismo recorrido, aunque esta vez lo hicimos por la loma en lugar de la cresta, lo que facilitó el descenso hasta el Collado de la Mina.

La temperatura había bajado ligeramente y se notaba al bordear la loma de Cabeza Líjar.

La noche fue cayendo poco a poco y la luna, cada vez más alta, nos acompañó durante todo el camino de vuelta. Aunque no era suficiente para prescindir de los frontales, su luz y las vistas de las luces de los pueblos madrileños, y de los coches de la A-6 descendiendo hacia el túnel de Guadarrama, daban al paisaje un aire mágico.

Cada grupo a su ritmo, fuimos regresando, siguiendo el camino de ida, al Alto del León, donde concluimos esta bonita ruta sobre las 23:45 h. 

Una excursión con sol al atardecer y salida de luna llena, de vistas espectaculares y con el encanto especial que tienen las salidas nocturnas.

Mi calificación: 5 en la ruta y un 5 a la compañía 😊.
José Antonio González de la Aleja

miércoles, 25 de junio de 2025

Excursión 860: Río Gudillos y arroyo de la Gasca desde el Alto del León

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León. Guadarrama 
Final: 
Alto del León. Guadarrama
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,7 Km 
Desnivel [+]: 405 m 
Desnivel [--]: 405 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 22

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RESUMEN
Es cosa sabida que nuestro amado líder recurre a mentirijillas piadosas en las convocatorias, para que no se le venga abajo el personal, y cuando se trata de una excursión de 18 Km y 800m de desnivel por Siete Picos, suele apuntar “vamos a realizar una sencilla vuelta por 7 picos”, y como no se ríe ni nada, pues payá que vamos, y al final hasta lo disfrutamos. En esta ocasión, como están cayendo por Madrid unos treinta y pico grados, el reclamo fue : “ haremos una excursión fresquita y con sombra…” aunque se le escapó informar del recorrido.

La cosa es que en el puerto no se estaba mal a la hora que habíamos quedado y aunque los 20 km (más el regalo habitual), prometidos por Antonio asustaban un poco, unos cuantos se presentaron dispuestos a cumplir y completar, al resto se nos hizo bola la veintena, y nos hicimos una de "estrellas fugaces", un eufemismo para en realidad decir que íbamos a andar poquito, eso sí en un ejercicio de derroche de imaginación, inventando excusas variopintas del estilo: “o podo esta tarde el peral o lo pierdo”, o “tengo que estar a las 4 en casa, mi gata es muy de parir después de comer”, yo dije que me había apuntado a “conocer el arte brutalista madrileño, y teníamos una visita a una iglesia de Moratalaz.

Cruzamos la antigua N-VI, que estaban asfaltando, dejando atrás el promontorio donde la estatua de un león de piedra indica el punto más alto del puerto desde que se instaló a instancias de Fernando VI, en el año1749, (esto lo leí en el Marca), que por cierto ya ha llovido desde entonces, y el león sigue ahí.

Pasado un portón, nos dirigimos hacia el Cerro de la Sevillana, junto a las ruinas de lo que fueron fortificaciones y bunkers de la Guerra Civil. 

Junto a uno de ellos nos hicimos la foto del grupo, antes de que hubiese una desbandada. Seguimos por el GR-10, enseguida pasamos bajo el tendido de alta tensión, con su habitual chisporroteo de vaya usted a saber lo de voltios que lleva para que suene así.

Superada una bajada entre grandes rocas, alcanzamos el Collado de la Sevillana y es aquí donde los primeros, que seguíamos fielmente a Antonio tomamos el sendero que sale a la izquierda, del Arcipreste se llama, en honor a uno de Hita bastante golfo. Pero un segundo grupo, más rezagado, al llegar a este cruce siguió por el GR-10, hasta que al no vernos, contactaron con Antonio y tuvieron que regresar para poder seguir con el resto.

Ya todos juntos, seguimos por el bonito y sombreado sendero que desciende lentamente en busca del nacimiento del río Gudillos, porque a estas alturas ya sabíamos que al embalse del Tejo, como inicialmente estaba previsto, no íbamos a ir por estar en obras y los accesos cortados desde febrero. Por lo que contaron porque tenía peligrosas fugas.

Pasamos junto a la fuente Majada Pericón, con bañera incluida, en la que Kiro se dio un buen chapuzón.

Rodeados de frondosos pinos y musgo, llegamos al Cordel de la Campanilla, pasado el arroyo del Cuervo. Por él seguimos para pronto desviarnos a la izquierda y acercarnos a las proximidades del nacimiento del río Gudillos, donde se ubica una laguna, muy menguada, aunque con ranas, que precede a las surgencias del río.

Cerca del incipiente río paramos en una verde pradera, donde se estaba de lujo tomando el aperitivo del ángelus. Tras el descanso, acompañamos el río en su descenso, vadeamos el arroyo del Cuervo, prácticamente seco y de lejos contemplamos lo que queda de la Cerca de Montosa, que según nos contó Paco Nieto, fue una extravagante construcción de 1958 que recibió como primer nombre "Albergue Guadarrama", El nombre actual le viene por el arroyo que fluye bordeando su cerca sur.

Fue promovida por la Organización Sindical Española, conocida comúnmente como Sindicato Vertical de los Trabajadores, con la intención de crear una residencia de las “Hermandades del Trabajo”. 

Posteriormente fue usada como granja y según cuentan se hizo famosa porque los ecologistas soltaron los visones que en ella criaban. Aquí más información.

Cruzamos el río Gudillos y proseguimos por una pista paralela al río, que resonaba a nuestra izquierda, conectando con el GR-88. Fue aquí donde el grupo de estrellas fugaces nos separamos del resto, para regresar más directos al puerto.

Por lo que me ha contado mi buen amigo Paco Nieto, ellos continuaron por el GR-88, cruzaron por un puente el río Gudillos, pasaron frente al apeadero de la estación de Gudillos y entre los túneles de la autopista A-6 y del ferrocarril.

Iniciaron el ascenso junto al arroyo de la Gasca, pasaron por el túnel, bajo la carretera N-VI y lo remontaron por una bonita senda, llamada de la Umbría, en la que abundan las nada autóctonas secuoyas, una sorprendente curiosidad de la zona.

Con el susurro constante del arroyo de la Gasca, llegaron a la pradera donde se cruzan varios caminos, donde pararon a dar cuenta de los bocadillos.

Como iban bien de tiempo, prefirieron machacarse un poco más subiendo al Collado de la Gasca y de allí, subieron al Cerro Piñonero, coronado por un búnker que parece un submarino. Giraron a la izquierda para salir al encuentro del GR-10, por el que descendieron hacia el puerto.

En el bar del Alto del León, se tomaron, como antes habíamos hecho nosotros, las cervezas de final de esta ruta y a la que califico con 4 sicarias, o más.
Jesús Cordero


miércoles, 4 de septiembre de 2024

Excursión 798: Cabeza Líjar desde San Rafael

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Rafael
Final: San Rafael
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14 Km 
Desnivel [+]: 622 m 
Desnivel [--]: 622 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 14

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
El final del verano todavía se resistía a marcharse cuando nos reunimos en el aparcamiento de la entrada a San Rafael. Éramos catorce senderistas con ganas de volver a la montaña después de las vacaciones, con esa mezcla de entusiasmo y pereza que dejan los días de descanso.

El objetivo estaba claro: ascender a Cabeza Líjar, una cumbre modesta en altura pero generosa en vistas. El aire de la mañana era fresco, aunque el sol prometía apretar más tarde. Comenzamos a caminar entre pinares, con el sonido de nuestras botas marcando el ritmo y las primeras conversaciones del día rompiendo el silencio del monte.

Ascendimos hacia El Penacho por la vía más directa de subida, sin rodeos, enfrentando la montaña con decisión. La pendiente se hacía notar y pronto cada uno encontró su propio ritmo. El grupo se estiraba y se reagrupaba en pequeños descansos, compartiendo agua, alguna broma y miradas de complicidad.

Dejamos el cómodo Camino del Ingeniero para adentrarnos en el bosque por la Cañada Real Leonesa. A medida que ganábamos altura, el paisaje se abría poco a poco. Los claros entre los árboles dejaban ver la sierra extendiéndose a lo lejos, mientras el olor a pino y tierra seca seguía acompañándonos.

La subida, exigente pero constante, nos llevó primero al cerro de El Penacho y finalmente a la cima de Cabeza Líjar, que para nuestra sorpresa estaba muy cubierto de niebla.

Llegamos con muchas ganas de comer y, como nos sobraba tiempo, hicimos una pausa tranquila para disfrutar del habitual bocadillo de media mañana. Sentados al sol, con el viento suave y las vistas abiertas en todas direcciones, ese sencillo momento se convirtió en uno de los más gratificantes de la jornada.

Pero aún quedaba un pequeño plan improvisado. Con tiempo de sobra y buen ánimo, decidimos alargar la ruta descendiendo hasta el Alto del León, al que llegamos descendiendo por el GR-10 hasta el Collado de la Gasca y después por las Hontanillas, hasta enlazar con la pista del Vía Crucis.

Allí, ya sin prisas y con la satisfacción del objetivo cumplido, nos esperaba una merecida cerveza que supo a gloria.

Desde el Alto del León retomamos el camino de regreso, avanzando por encima de los túneles de la autopista hasta cerrar el círculo de vuelta en San Rafael, al que llegamos después de pasar por el tunal bajo la carretera N-VI.

El recorrido, de unos 14 kilómetros y cerca de 600 metros de desnivel, nos dejó ese cansancio agradable que solo se siente después de un buen día de montaña.

Terminamos la jornada todos muy contentos, con la sensación de haber compartido algo más que una ruta: un día completo de esfuerzo, naturaleza y compañerismo que, sin duda, merecerá ser repetido.

Le otorgo la puntuación más alta, un 5.
Antonio López