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miércoles, 29 de julio de 2026

Excursión 937: Dos Hermanas con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos 
Final: 
Puerto de Cotos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 8,1 Km 
Desnivel [+]: 478 m 
Desnivel [--]: 478 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,8
Participantes: 40

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

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RESUMEN
Invitado y auspiciado, a través de mi querida hermana Sol, por Antonio (generoso, como siempre) y aceptado y arropado por todos vosotros (muchísimas gracias), acudo a esta interesantísima convocatoria que tenía, como magnífico aliciente, la posibilidad de ver, desde la Hermana Mayor (2.284 metros) de los picos Dos Hermanas, en el Parque Natural de Peñalara, el majestuoso crepúsculo que iba a tener lugar, en este paraje de la Sierra de Guadarrama, con la puesta de sol (21:36 horas) y la aparición de la luna llena (21:47) adornando conjuntamente el cielo sobre nuestras cabezas.

Con un día despejado y una temperatura muy agradable, partimos del aparcamiento del Puerto de Cotos, en discretos grupos pequeños para no soliviantar a ningún guarda en este parque natural, pero lo cierto es que no había nadie a quien soliviantar ni actitudes que pudieran hacerlo, por lo que la ascensión, de unos 470 metros de desnivel, discurrió tranquila, animada y con un puntito de exigencia física que siempre es muy de agradecer.

Allí subíamos desde niños de pocos años a maduritos con un buen porrón de primaveras, tras el ejemplo de los que, superándonos en edad, los vemos con la admiración de quienes queremos llegar, como ellos, así de jóvenes, alegres y activos, a alcanzar esa fase más avanzada.

Subiendo por la senda del Batallón Alpino, unas veces por bosque de pino albar y, otras, por la loma abierta ante las bellísimas vistas del valle del Lozoya, el cordal de Cuerda Larga y la Bola del Mundo, entre piornos y enebros rastreros, nos reunimos todos en la Fuente de los Pájaros de Peña Citores.

Un poquito de descanso, fotos y charla y continuamos la ascensión, con algo de menor pendiente, hasta enlazar con el collado de Dos Hermanas y, finalmente, coronar la Hermana Mayor (ubicada a los pies de Peñalara, 2.428 metros, la montaña más alta de la Sierra de Guadarrama).

En la pequeña cima pedregosa, y repuestos con nuestras viandas compartidas, nos concentramos en el grandioso espectáculo celeste, tan sencillo y tan magnífico, de una puesta de sol de increíbles colores, que se adelantó un poco porque, antes de meterse tras el horizonte, el sol fue desapareciendo entre la bruma y la calima, seguramente densificada por el humo de los terribles incendios de la Sierra Oeste de Madrid (esa estribación de la Sierra de Guadarrama que hace de bisagra con la Sierra de Gredos).

Mirando hacia poniente, el sol se iba, pero girando la cabeza hacia levante, una luna inmensa, llena y naranja aparecía como un sol discreto, nocturno y espectacular, que seguía iluminando el crepúsculo por el Este y alumbraba tenuemente la Laguna Grande de Peñalara, unos 250 metros más abajo, a nuestros pies.

Alegres, colmados y agradecidos por tanta belleza, y ya de noche, iniciamos el descenso por el cordal hasta la Hermana Menor y, pasando por el tramo de “Las Zetas”, llegamos, alumbrados por nuestros frontales y por un camino más cómodo para esa hora, ya nocturna, al aparcamiento donde había empezado nuestra caminata.

Excelente excursión con puesta de sol y luna llena y excelente compañía, que, si no pude compartir con mi hermana Sol, tuve la alegría de poder hacerlo con mi hermano Norberto y mi amigo Juan Carlos, noveles en este grupo e, igualmente, acogidos por todos vosotros con tanta amabilidad. Le otorgo un 4,8 a la ruta.

El sol, entre la bruma, se pone por Poniente.
Por Levante, ígnea y llena, se levanta la luna. 
Los dos astros alumbran la Sierra Guadarrama.
Bellísimo crepúsculo en los montes Dos Hermanas.

¡Un fuerte abrazo y hasta la próxima!
Jorge González

FOTOS

lunes, 29 de junio de 2026

Excursión 932: Cerro de Matabueyes con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Valsaín
Final: 
Valsaín
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,6 Km 
Desnivel [+]: 332 m 
Desnivel [--]: 332 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 14

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RESUMEN
Con la intención de disfrutar de la luna llena de junio, conocida como la Luna de la Fresa, nos acercamos hasta el Cerro de Matabueyes, situado en la parte segoviana de la Sierra de Guadarrama. La cita era a las ocho de la tarde en el Bar la Tomasa de La Pradera de Valdehorno, desde donde iniciamos la ruta un grupo formado por senderistas nacidos o vinculados a Segovia (7), a Madrid (4) y a Córdoba (3).

Comenzamos caminando en dirección al embalse de la presa del Salto del Olvido, por una senda que baja muy vertical hacia el remanso de agua. Cruzamos su estrecho muro mientras disfrutábamos de los reflejos sobre el agua, un paisaje siempre atractivo que aquella tarde resultaba aún más espectacular gracias al cielo cubierto de nubes, que multiplicaba los contrastes y los colores.

Continuamos hasta Valsaín, siguiendo un sendero que discurre pegado al embalse, cruzamos la carretera de Valsaín y dejamos atrás la cruz y el monumento dedicado a los antiguos gabarreros, los carreteros recolectores de troncos tan apegados a estas tierras. 

Pasamos junto a la plaza de toros y enlazamos con la carretera de la Fuente de la Reina.

Al pasar junto al local de la Peña el Tizo, Rosana nos contó, como anécdota, que a ella solo pueden pertenecer casados y que si enviudas o te separas, te echan de ella.

Tras franquear una barrera, afrontamos una larga pero cómoda subida que nos condujo hasta el emblemático collado de la Cruz de la Gallega.

Un nuevo portón daba acceso a la pista final que lleva al Cerro de Matabueyes, al que llegamos tras un para de grandes curvas que minimizan la pendiente.

El ritmo fue alegre y todavía con luz diurna alcanzamos la cima, coronada por un refugio, unas antenas y un puesto de vigilancia contra incendios, del que  su vigilante estaba a punto de irse.

Allí comenzó, sin apenas demora, el primero de los grandes espectáculos de la jornada.

Las nubes hicieron que la puesta de sol adquiriera una intensidad extraordinaria: los tonos rojizos se volvieron más profundos y el contraste de luces regaló una panorámica inolvidable de la lenta agonía del incandescente astro.

Poco antes de las diez de la noche, el Sol fue ocultándose lentamente tras el horizonte. Mientras desaparecía, comenzaron a encenderse las luces de la capital y los pueblos cercanos, revelando la inmensidad de la llanura segoviana.

Aquella sucesión de pequeños puntos luminosos dibujaba un paisaje tan sereno como impresionante.

La luna tenía prevista su salida en torno a esa misma hora, pero las cumbres de la Sierra de Guadarrama, con Peñalara y las montañas cercanas elevándose frente a nosotros hacia el este, retrasaron su aparición. Hubo que esperar aproximadamente media hora, entretenidos en animosas charlas mientras dábamos cuenta de los bocadillos, hasta que, por fin, una luna perfectamente redonda emergió lentamente por encima de Peña Citores.

Fue un momento mágico. Poco a poco fue ganando altura en el cielo, escondiéndose por momentos entre algunas nubes antes de volver a mostrarse con toda su luminosidad. Parecía estar jugando con ellas.

Cuando la luna ya brillaba con fuerza, parte del grupo emprendió el regreso a Valsaín.

Los que no teníamos prisa decidimos permanecer un poco más para disfrutar del tercer gran espectáculo de la jornada: los fuegos artificiales que Segovia celebra todos los años en honor a San Juan y San Pedro el día de San Pedro, el 29 de junio.

A las 12 de la noche en punto comenzó el espectáculo pirotécnico. Desde nuestra privilegiada atalaya contemplamos cómo el cielo de Segovia se llenaba de luces en círculos de todos los colores, con una sucesión de explosiones que culminó en una espectacular traca final. 

Ver aquellos fuegos a lo lejos, bajo la luna llena y rodeados por el silencio de la montaña, fue un privilegio difícil de olvidar.

Mientras contemplábamos ensimismados los fuegos artificiales, ocurrió una escena tan inesperada como entrañable. Bruno, el perrito de Inés y Jorge, comenzó a mostrarse inquieto y nos hizo volver la vista. El motivo era un joven zorro que se había acercado sigilosamente hasta nuestras mochilas, probablemente atraído por el olor de la comida. Lejos de asustarse, permaneció unos instantes observándonos, permitiéndonos incluso fotografiarlo antes de marcharse tranquilamente al comprobar que no iba a conseguir ningún premio.

Terminados los fuegos, iniciamos el descenso hacia el aparcamiento. La claridad de la luna era tan intensa que proyectaba con nitidez la sombra de cada uno de nosotros sobre el camino. Al volver a cruzar la presa del Salto del Olvido nos esperaba el último regalo de la noche: el reflejo plateado de la luna sobre las tranquilas aguas del embalse, una imagen de enorme belleza que puso el broche de oro a la excursión.

Vivimos una ruta de esas que reúnen todos los ingredientes para permanecer mucho tiempo en la memoria: una magnífica puesta de sol, el emocionante nacimiento de la Luna de la Fresa sobre las cumbres del Guadarrama, unos fuegos artificiales contemplados desde un balcón natural privilegiado, el inesperado encuentro con un curioso zorro y un regreso iluminado por una luna tan brillante que parecía convertir la noche en un largo crepúsculo.

Sin duda, una ruta de cinco estrellas que difícilmente olvidaremos.
Paco Nieto

sábado, 9 de agosto de 2025

Excursión 868: Nocturna al Cerro de La Salamanca con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,2 Km 
Desnivel [+]: 313 m 
Desnivel [--]: 313 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 26

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RESUMEN
A través de Luis, primo de Paco Nieto, suelo unirme a las rutas nocturnas que él convoca en verano. Ya llevo 2 rutas con ellos, y cada una ha tenido su encanto especial. Lo que más valoro de estas excursiones es el ambiente del grupo, el buen humor que nos acompaña siempre y, por supuesto, la oportunidad de descubrir la sierra desde otra perspectiva, bajo la luz de la luna.

A las 19:00h iniciamos la marcha desde el Alto del León, ascendiendo por la antigua carretera del puerto a Peguerinos, cada vez más intransitable para los coches en el lado madrileño.

Aunque el día había sido muy caluroso, la altura en el puerto (1.511 m) y el hecho de caminar siempre por zona sombría, entre pinos, hacían que la temperatura fuera muy agradable.

Paco nos contó que seguiríamos el camino del Vía Crucis que lleva hasta una gran cruz, y que si estábamos atentos podríamos ver hasta nueve estaciones, algunas todavía en pie y otras ya caídas.

Pasadas las enormes antenas militares de la zona, nos desviamos ligeramente para visitar un búnker muy bien conservado, situado a la izquierda del camino. Se trataba de un antiguo puesto de ametralladora que encantó especialmente a los niños del grupo.

Nos explicó que hay muchos de estos búnkeres por la zona, ya que durante la Guerra Civil esta fue línea de frente: las tropas franquistas estaban asentadas aquí y las republicanas, en la zona de La Jarosa

Por entonces, el denso bosque que hoy lo cubre no existía, lo que permitía una visibilidad mucho mayor que la que se tiene en la actualidad.

Un poco más adelante, nos desviamos ligeramente de la carretera para contemplar la fuente de Las Hondillas, construida con un amplio frente de piedra y un pilón alargado. Allí nos hicimos la tradicional foto de grupo.

Retomamos el camino del Vía Crucis entre animadas charlas que hacían muy ameno el recorrido.

Tras una curva cerrada, llegamos a una gran cruz partida en dos, con unas flechas de la Falange grabadas en su fachada. Esta era la última estación del Vía Crucis. Tenía un altar y todavía conserva una pequeña caseta.

Después de las fotos de rigor, continuamos por la pista de la Mina, llamada así porque conduce al collado donde se encuentra una antigua mina de wolframio.

La pista se empinaba algo más y nos adentramos entre pinares por la ladera de la Gamonosa, hasta alcanzar el Collado de la Gasca, que nos dio una breve tregua.

A nuestra izquierda, se entreveía la silueta plateada del embalse de La Jarosa y al fondo, el Altar Mayor del Vía Crucis del Valle de los Caídos (o Cuelgamuros), con su inconfundible cruz dominando el horizonte.

Tras una larga cuesta, pasamos junto a la cantera de la mina, a escasos metros del Collado de la Mina (antiguamente llamado de la Cierva), donde nos reagrupamos para afrontar el último tramo.

Abandonamos la pista ancha y tomamos un sendero estrecho que ascendía recto por la cresta hacia el cerro de La Salamanca.

Superamos un par de roquedos que pusieron a prueba nuestra habilidad trepadora, y alcanzamos el refugio semiderruido de La Salamanca, muy cerca de la cima, situada a 1.785 m. Habíamos ascendido 274 metros desde el punto de inicio.

Todavía faltaba algo para la puesta de sol, así que aprovechamos para cenar nuestros bocadillos en lo más alto, mientras contemplábamos el lento descenso del sol hacia el horizonte.

Fiel a su cita, el sol se despidió tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rojizos. Poco después, aunque unas nubes retrasaron su aparición, la luna llena emergió con fuerza desde la planicie madrileña, enrojecida al principio, y fue ganando altura poco a poco. Un momento realmente emotivo.

Nos quedamos un rato disfrutando del espectáculo lunar antes de emprender el regreso por el mismo recorrido, aunque esta vez lo hicimos por la loma en lugar de la cresta, lo que facilitó el descenso hasta el Collado de la Mina.

La temperatura había bajado ligeramente y se notaba al bordear la loma de Cabeza Líjar.

La noche fue cayendo poco a poco y la luna, cada vez más alta, nos acompañó durante todo el camino de vuelta. Aunque no era suficiente para prescindir de los frontales, su luz y las vistas de las luces de los pueblos madrileños, y de los coches de la A-6 descendiendo hacia el túnel de Guadarrama, daban al paisaje un aire mágico.

Cada grupo a su ritmo, fuimos regresando, siguiendo el camino de ida, al Alto del León, donde concluimos esta bonita ruta sobre las 23:45 h. 

Una excursión con sol al atardecer y salida de luna llena, de vistas espectaculares y con el encanto especial que tienen las salidas nocturnas.

Mi calificación: 5 en la ruta y un 5 a la compañía 😊.
José Antonio González de la Aleja

jueves, 10 de julio de 2025

Excursión 863: Cerros de Alcalá con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Parque de los Cerros. Alcalá de Henares
Final: 
Parque de los Cerros. Alcalá de Henares
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 236 m 
Desnivel [--]: 236 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 8

MAPAS 
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Como todos los años, Sagrario y yo, teníamos intención de subir al Ecce Homo, para observar el balanceo del sol y la luna, que se produce los días de luna llena, este año Luna del Ciervo (*).

Ayer, miércoles, no pudimos acudir a la marcha propuesta, pero al medio día nos acercamos a la casa de nuestro amigo Ricardo, que nos recibió con la hospitalidad que le caracteriza y pudimos compartir con el grupo, unas horas de relax, charlando y degustando la excelente comida que nuestro amigo nos tenía preparada.

¿Y este rollo a que viene si lo que hay que hablar es de excursión nocturna?.

Pues viene a que, durante la comida, alguien comentó que, si este año no íbamos a tener una nocturna con luna llena, como ya es costumbre; por lo que le comenté a Antonio, nuestra intención y le pareció una buena idea, propuso, convocar al grupo para hacer la ruta.

Finalmente, la convocatoria se hizo a las 22:30h de la noche del miércoles, tarde muy tarde… Esa noche, en Madrid, fue muy calurosa y se esperaban temperaturas similares para el jueves, y además hay que considerar que Alcalá de Henares está lejos para la mayor parte de los componentes del grupo. La suma de estos factores, dio lugar a que la mayoría no atendiera a la convocatoria. Alguno me llamó para preguntarme si la convocatoria era una broma….

Convocatoria:
“Mañana jueves 10, subiremos al Ecce Homo para contemplar la luna llena, quedamos a las 20:45h …”

Cinco minutos antes de la hora, nos encontramos ocho senderomagos y el perro de Inés y Jorge dispuestos a realizar la marcha, además nos acompañaban una amigas, Concha y Laura.

En contra de lo previsto, la temperatura era soportable; empezamos a caminar tomando a la derecha del aparcamiento una senda que se adentra en el barranco Salobre, que coincide al principio con la senda de los Taráis, siempre a la sombra. Se notan bien las lluvias de esta primavera ya que las hiervas están muy altas y secas.

La senda por el barranco es muy sencilla y cómoda para caminar, ya que poco a poco se va ganando altitud y da la sensación de andar en llano.

Dejamos el barranco Salobre, para tomar a nuestra izquierda el barranco de la Zarza, bastante más estrecho, que poco a poco se va encañonando con un terreno muy arcilloso y que año tras año, las lluvias modelan, cambiando su fisonomía.

Caminábamos siempre a la sombra y, de vez en cuando, el aire se encañonaba por el barranco ofreciéndonos una agradable y refrescante brisa.

Continuamos por el barranco y pasamos por el pequeño túnel que deja arriba el camino de la Barca, sitio ideal para hacernos unas cuantas fotos.

La parte que sigue del barranco hasta llegar a la pista, es a mi gusto la más bonita del recorrido, la composición del terreno junto con las lluvias torrenciales ha conformado el paisaje actual, una red de barrancos abruptos, estrechos y en ocasiones con fuertes pendientes, donde el sol apenas penetra y aún hay zonas verdes.

Continuamos por la pista, donde el barranco se muestra bastante más abierto como 1.5Km y lo dejamos girando a la izquierda para afrontar el último Km, es la parte más dura del recorrido ya que tenemos que salvar los últimos 110m de desnivel y los últimos 300 metros por una pista con bastante pendiente y piedras sueltas, pero allí estábamos justo cuando la luna se empezó a asomar, al sol ya lo había tragado Navacerrada, pero también pudimos contemplar el atardecer.

Pronto oscureció e iluminados por la luna, brindamos por esta nueva excursión nocturna, con un cava fresquito, que me acompaño en la mochila durante la subida.

Sentados en la cima, a nuestros pies Alcalá, a la derecha los primeros pueblos de Guadalajara y a la izquierda hasta Madrid, Torrejón, el aeropuerto, ofreciéndonos un espectáculo lumínico muy bonito.

También allí, sentados degustamos nuestros bocadillos, y compartimos unos chocolates.

Estábamos en la gloria (cima), temperatura agradable, buenas vistas y conversación y mejor compañía, podíamos habernos quedado hasta las tantas, pero había que bajar, ya que los forasteros tenían por delante, además de la bajada, el coche hasta sus casas.

Pertrechados, con los frontales, tomamos desde la cima una estrecha senda que cruza en zigzag la anterior subida, haciéndola más suabe y menos resbaladiza, tomamos la pista hasta encontrarnos a nuestra derecha con el camino de la Barca.

Bajamos tranquilamente, la luna nos iluminaba lo suficiente para que en gran parte del camino los frontales no se necesitasen, continuamos con la conversación tan agradable que la bajada se nos hizo muy corta. Cuando llegamos a los coches, era cerca de la una de la madrugada y dimos por finalizada esta nocturna, con un recorrido prácticamente igual que la excursión 571, que realizamos en el 2021.

Creo que bien se merece las 4,5 sicarias.
Paco Donaire

(*) Origen y significado de la Luna del Ciervo.

“Los nombres tradicionales de las lunas llenas provienen, en su mayoría, de calendarios agrícolas y culturas ancestrales.

Es por ello que cada mes del año tiene asignado un nombre simbólico que se corresponde con fenómenos naturales o actividades estacionales.

Durante el mes de julio tiene lugar la 'luna del ciervo', que recibe su nombre de las tribus nativas norteamericanas, que observaban cómo en esta época del año en su territorio los ciervos machos comenzaban a desarrollar una nueva cornamenta, tras haberla perdido en invierno. Para ellos, este fenómeno natural marcaba un momento clave en el ciclo anual de la fauna, símbolo de renovación, crecimiento y fuerza.”

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