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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Excursión 437: Los Hermanitos de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino

Final: Canto Cochino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  11,8 Km
Desnivel [+]: 787 m
Desnivel [--]: 787 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 16

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc


RESUMEN
Aunque en la convocatoria Antonio decía que "aunque lo parezca no va a tener muchas piedras", pocos le creyeron, porque hacer una ruta por La Pedriza, es sinónimo de riscos, piedras, más piedras y dificultad. Con todo, algunos pensaron que esta vez lo mismo era verdad....todavía lo están lamentando.

La Pedriza, es uno de los mayores conjuntos graníticos de Europa, con numerosos riscos, arroyos y praderas, por el que discurren infinitas sendas, y algunos de sus rincones, como el Laberinto, con pasos de gran dificultad y otros poco transitados, lo que hace que la aventura en este parque temático pétreo está siempre garantizada.

Hoy precisamente íbamos en busca de un rincón poco transitado, donde juguetean tres hermanitos, convertidos en piedra por algún embrujo, según cuentan las leyendas que sobre la Pedriza se han ido fraguando para darle sentido a la enorme cantidad de rocas asemejándose a todo tipo de formas. Y como a Antonio no le gusta correr riesgos, hace unos meses, unos cuantos fuimos a explorar los pasos desconocidos de la ruta de hoy, aunque a la postre ni hicimos exactamente el mismo recorrido.

Empezamos, eso sí, en Canto Cochino, cruzamos el río Manzanares por el puente de madera, y nada más hacerlo, giramos a la derecha para salir a una pradera, cruzar el arroyo de la Majadilla y girar hacia la izquierda para ascender hacia el noreste junto a a este arroyo por el llamado, Cordel del Ortigal, un sendero que al principio es cómodo, pero poco a poco se va estrechando a la vez que cerrando entre jarales y matorral.

Pasamos por la pradera de los Lobos, donde una solitaria roca grande, asemeja un cerdito, al poco a la derecha, tumbado cabeza abajo, la inconfundible figura de Snoopy, sobre nuestras cabezas la puntiaguda figura de Peña Sirio, más arriba se vislumbra la Cueva de la Mora, que aún tenemos pendiente.

Dejamos el refugio Giner de los Ríos a nuestra derecha y salimos al Llano Peluca, donde nos reunimos tras el paso rápido impuesto a la salida. Hace un día espectacular y desde esta bonita pradera, nos recreamos en intuir por dónde discurrirá la ruta, amén de deleitarnos con las explicaciones de Paco Cantos sobre los riscos más destacados reconocibles desde aquí.

Continuamos por la pasarela que cruza el arroyo de la Majadilla, conectando con el PR-2, que en este punto gana pendiente. Lo seguimos en dirección norte. Al poco, a nuestra derecha, un claro hace de excelente mirador de los Pinganillos, con el Pájaro posado en primer plano, el Platillo Volante, la Muela, los Guerreros, Cancho Buitrón, Torre de las Arañas Negras, en fin, todo un rosario de rocas que a fuerza de verlas ya no nos lo parecen, si no lo que representan.

La senda gana en pendiente y dificultad, cruza el Arroyo de los Poyos entre riscos que tenemos que sortear, realiza un par de pronunciadas curvas nos internamos en un denso bosque y más adelante, la pendiente se suaviza un poco, hemos llegado a Cuatro Caminos, que como su nombre indica es el punto en el que se cruza el PR-2 con la senda que desde el Callejón de las Abejas conecta con el PR-1.

Continuamos por el PR-2 y un poco más adelante, paramos a tomar el tentempié de media mañana aprovechando un roquedal de excelentes vistas. El día era espléndido y se estaba fenomenal bajo el sol.

Reanudado el camino, continuamos el ascenso, alcanzamos los Llanos, que a pesar de su nombre, continuamos en ascenso, aunque eso sí, con algo de menos pendiente. Tras unas cuantas zetas, ya próximos al risco de La Bota, abandonamos el PR.2, girando a la derecha para ir en busca de los Hermanitos.

Menos mal que en nuestra anterior visita dejamos en forma de hitos un rastro de nuestro paso, porque la zona está plagada de helechos, ahora secos, que tapan toda posible vereda. Prao Poyo se llama esta umbría franja que recorremos en dirección oeste y casi plana.

A unos 600 metros del desvío, nos topamos con el enorme risco que asemeja a tres hermanos juntos. hemos alcanzado nuestro objetivo. Tras las fotos pertinentes, iniciamos el descenso con mucho cuidado, entre rocas que se prestaban a resbalones, pero con excelentes vistas que cortaban la respiración.

Junto a un canchal paramos para dar cuenta de los bocadillos y hacer la foto de grupo. El descenso posterior, con alguna que otra trepadita, nos puso a los pies de la Aguja del Sultán, una puntiaguda roca cilíndrica de gran altura, que algunos, con no necesariamente mucha imaginación, les figuraba otra cosa. Pero no era la única roca singular, a lo lejos estaba el Caballito de Ajedrez, Dos Torres, y a nuestras espaldas El Uno, también llamado el Sarcófago. No falta de nada en este Parque.

Al poco entramos entramos en la parte inicial, o última, según se mire, del Callejón de las Abejas, y unos metros más abajo, tras algún angosto paso, cruzamos el arroyo de la Ventana, que llevaba mucha agua. Paralelos a su cauce y con el grato sonido de su agua, bajamos hasta alcanzar una gran roca conocida como El Buque, y junto a ella una preciosa cascada en la que, cuando no estaba prohibido, algunos nos hemos bañado.

Un poco más abajo, cruzamos por una bonita pasarela de madera el arroyo de la Ventana, conectando con el PR-2 por donde habíamos subido. Lo descendemos ahora hasta llegar a la pasarela que lleva a Llano Peluca, solo que en esta ocasión no la cruzamos, prosiguiendo por la llamada Autopista, que siempre se nos hace muy larga, hasta llegar de nuevo al puente de madera que cruza el río Manzanares y de ahí al aparcamiento de Canto Cochino.

En el único bar que queda junto a la roca en forma de pezuña de cochino, que le da nombre a este lugar, nos tomamos las cervezas para celebrar que los resbalones de algunos no habían tenido consecuencias las 200 excursiones de Paco Cantos y las 25 de César.

Por lo entretenida que ha sido la excursión y las vistas que hemos disfrutado, esta ruta se merece una puntuación de 4 sobre 5.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

miércoles, 13 de mayo de 2015

Excursión 232: El Callejón de las Abejas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino
Final: Canto Cochino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,4 km
Desnivel [+]: 770 m
Desnivel [--]: 770 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Si/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 30

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Antes de empezar el relato, debo reconocer la dedicación y el buen hacer de Paco Cantos, preparando concienzudamente el trazado, que además de las nuevas tecnologías, complementadas por planos muy elaborados de su puño y letra, dan poca cabida a los errores y es muy de agradecer en esta Pedriza traicionera, en la que todas las piedras se parecen y se les puede dar un nombre distinto dependiendo del ángulo que se mire, todo esto sin desmerecer la magistral dirección de nuestro general de campo “El Boss”.

También hay otra labor callada de Juan arropando a los más retrasados y con dificultades, cerrando marcha y comprobando que nadie se pierde.

Vamos al relato:
“Rediós” (expresión de abuelas sobre todo manifestando fastidio), con que poquicas ganas arranco,  a ver si me entono “escobando” (barrer con escoba) los recuerdos confusos. Al pobre Melchor le toca la tarea de convencer a los que no han hecho crónicas de que la hagan, y empezaron las maniobras de aproximación, pero no sabía que se había topado con un tozudo aragonés, que como tal, si dice no es que no.

A punto estuve de mandarlo a “escaparrar” (a quitar caparras-garrapatas- a los perros, vulgarmente a hacer puñetas) y romper la baraja del guiñote (juego de naipes), pero no tenía la culpa de nada, salvo que para la próxima te aconsejo que entres de otra manera, diciendo simplemente “a qué no la haces”, y esta frase es mano de santo.

Una vez aparcados en Canto Cochino comprobados “morrales” (mochilas) y “gayatas” (bastones) tras hacer los saludos de rigor empezamos la marcha siendo 30 senderistas de los cuales una fémina, Merche, se incorporaba al grupo, seas bienvenida. ¡Ah! Y dos perros, Teo luciendo look veraniego y Mecha tan contenta como siempre.

Comenzamos dirección al refugio Ginés, mirando al cielo que estaba calimoso y gris debido a ese polvo sahariano en el ambiente y que iba a propiciar que los rayos del sol no fuesen tan nítidos y castigasen nuestras pieles que a pesar de protecciones totales siempre sufren.

Una vez pasada la posición del refugio Ginés, comenzó el ascenso zigzagueante entre los árboles y en fila india estirándose poco a poco el grupo y sudando las camisetas debido al esfuerzo y lo bochornoso del día.

Pequeñas paradas de reagrupamiento, hasta que llegamos al arroyo de la Ventana, en el que Antonio decidió que tomásemos un pequeño refrigerio mientras esperábamos el reagrupamiento.

Contentos todos por el descanso, corrían las botas de vino de mano en mano sin saber lo que esperaba. Orden de inicio de marcha y de repente ascenso en 45º, grado arriba grado abajo, sin tener que llegar a escalar y todo por seguir el trazado del tan nombrado callejón de las Abejas, que de haber existido y nos hubiesen “encorrido” (perseguido), más ligeros hubiésemos subido.

Subidos, no sin esfuerzo, unos cuantos metros de altitud, el paisaje empezó a cambiar, el cual solo se veía valga la perogrullada si te dabas la vuelta, porque bastante ocupados estábamos en ascender con el resuello al límite y no darnos ningún “tozolón”  (golpe en la cabeza).

Cuando el terreno lo permitía darse la vuelta era un espectáculo en dos palabras: im-presionante.

Había que seguir subiendo, envidiando a Ángel, que haciendo alarde de su poderío físico subía como: vamos a decir como las cabras,  y nos esperaba allá en las alturas sentado como si nada, comparándose a la única cabra que vimos, otros vieron otra: total el susodicho y dos cabras suman tres.

Por fin, llegamos a un punto del dichoso callejón de las Abejas que había que desviarse y paramos para volver a reagruparnos, antes de acometer el paso del collado de la U.

Aquí se montó una especie de improvisado campamento en el que Paco Cantos fue explicando cada una de las piedras con infinita paciencia, ya que se le preguntaba varias veces lo mismo a medida que se iban incorporando, sobre todo la aguja del Sultán. Como en todo campamento cuando se relaja la disciplina empiezan los mercadeos y una botella de acuarius helado en el mercado negro estaba ya por 50 €, con promesa de subida a 100€ cuando terminásemos la ascensión, todo esto aprovechando el día plomizo y caluroso que no nos abandonó en toda la excursión.

Una vez que llegaron los últimos con gran sufrimiento al pasar factura la forma física, reanudamos la subida hasta cruzar el Collado de la U con nuevas paradas y hacer la tradicional foto de grupo, para dar con el Collado de la Ventana, una zona llana tras la escarpada subida que te hacía pensar que estábamos en otra parte no encima de las montañas como así era.

Parada para comer enfrente de una curiosa montaña de piedra con surcos verticales que parecían “caballones de patatas” (un tipo de cultivo). Me acomodé en una piedra con forma de “cadiera” (banco con respaldo aragonés) y así esperamos con Teo dando vueltas para recibir las donaciones de comida no desgravables, salvo la de Antonio por la cuantía.

Momento de partirse el grupo, 11 senderistas tomaron otro camino “alcorzando”   (atajando) para llegar antes a sus labores, los demás iniciamos el descenso con alguna duda de por dónde ir, resuelta rápidamente con plano en mano y decisión de quien está seguro. Y poco más: paso por la pradera de Navaluejos viendo la bola de Navaluejos y otras piedras,  pendientes de bajada, calor y ganas de llegar.

Se valoró ir a ver la piedra de la Calavera pero no había mucho entusiasmo y nos lanzamos a la búsqueda y captura de la charca Kinderlán, que pasamos de largo, pero hubo estreno de temporada de remojones en otras.

Se partió el grupo con el afán de llegar a las cervezas, con la intención de beberlas a “pozales” o “baldes” (cubos de distinto tamaño) según la sed en el bar de Canto Cochino, invitaron los rezagados matutinos y poco a poco fueron apareciendo todos, despedidas y a casa.

En cuanto a la valoración de sicarias, debido al calor bochornoso, potenciando el sufrimiento en los ascensos, compensado por la belleza de los paisajes, le otorgo 4 sicarias.
José Antonio Aguerri