Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de mayo de 2026

Excursión 918: Miradores de Vikos y fuentes del Voidomakis. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Monodendri 
Final: Vikos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 7,6 Km 
Desnivel [+]: 433 m 
Desnivel [--]: 417 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 11

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta






















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC


RESUMEN
Los pueblos de la pequeña región de Zagoria, en el Épiro, al noroeste de la Grecia continental, parecen tener una querencia especial por la suelas rotas.

Pavimentan sus calles y caminos con piezas planas de caliza del lugar, de dos a tres dedos de grosor, puestas de canto y separadas un par de centímetros una de otra.
Cada pieza sobresale del ras, si es que lo hay, lo que le pareció al solador cuando las puso y casi a cada metro, la calzada es atravesada por una hilera emergente de más losas de canto de modo que el conjunto da como resultado un pavimento no apto para personas con fascitis plantar o con algún esguince mal curado, pero que aporta una gran belleza al conjunto arquitectónico del pueblo.

Por uno de esos caminos empezamos en la pequeña villa de Monodendri (Μονοδέντρι), caminando por las calles de suelo empedrado para salir a un camino, también empedrado, que nos lleva al pequeño Monasterio de Santa Paraskevi (Μονή Αγίας Παρασκευής).

Este camino, de suave bajada, nos ofrece por nuestra derecha un anticipo de lo que va a ser el espectacular Cañón de Vikos (o Bikos) del que espero que cuenten cosas muy interesantes los que anduvieron por sus profundidades.

Pasado el zaguán del edificio, encontramos una vieja escalinata a nuestra izquierda. Fue breve el recorrido monacal, apenas 75 metros.

La escalinata enlaza con una senda de esas que en algunas ocasiones y a algunos caminantes quitan el hipo. Se trata de una senda muy aérea, lo justo en anchura para que pase una persona y lo justo en altura para apreciar la profundidad del Cañón. Está prohibido caerse.

A derecha e izquierda podemos contemplar las abruptas y verdes laderas coronadas de cantiles calizos. Dicen que es uno de los cañones más profundos del mundo atendiendo a la relación entre la diferencia de cotas superior e inferior y la distancia entre las cotas más altas de uno y otro lado. Es impresionante.

Tras caminar tan solo 1,5 km. decidimos darnos la vuelta. La senda se estrecha aún más y quedan más cosas por ver. Nos tomamos un café en Monodendri.

El siguiente tramo de nuestra particular excursión discurre por otro sendero, no tan aéreo pero igual de espectacular: el Mirador de Oxiá. En esta ocasión nos acompaña Dimitri, nuestro conductor, que tenía ganas de conocerlo.

A nuestros pies tenemos el cauce seco por el que pasarán los compañeros del otro equipo y a nuestras cabezas, más calizas. Vuelve a ser espectacular. Volvemos sobre nuestros pasos hasta el autobús. Ya llevamos 4,8 km. acumulados en nuestras piernas.

Nueva parada. El Bosque de Piedra (Πέτρινο Δάσος, Pétrino Dásos) un curioso conjunto de calizas emergentes que por su estructura en estratos de entre 5 y 20 cm dan la apariencia de milhojas pétreas de hasta 10 metros de altura.

Nos damos un paseo por el pequeño laberinto para meter a nuestras, ya doloridas piernas, otros 500 metros, ¡por lo menos!

Seguimos en el autobús que nos lleva a la localidad de Vicos (Βικος), donde termina la ruta "de los otros".

La idea es bajar al fondo del Barranco de Vikos para conocer la poza que según nuestra guía, Bea, es espectacular.

La bajada es un tanto abrupta. Una senda pavimentada con losas, de caliza, por supuesto, desciende casi 300 m. en solo 2 km de recorrido. 

Terminando el descenso llegamos a una pequeña pradera donde nos encontramos con la ermita de Santa María de Vikos (Μονή της Παναγίας του Βικου) y, enseguida, llegamos a las fuentes del Voidomatis (Βοϊδοματης), que es el nombre del río que hasta aquí sería el Vikos.

El agua estaba fría. Era difícil mantener los pies sumergidos más de un par de minutos. Nadie se atrevió a bañarse, pero se estaba muy bien en este lugar de pozas azules y sombras acogedoras.

Queríamos haber coincidido en este punto con el grupo de "los otros", pero llegaba la hora de volver. Nos cruzamos con ellos al poco de ponernos en marcha. La subida, al tran-tran. Y al final, la consabida cervecita.

Y tras la foto de grupo para que conste esto como excursión puntuable, nos ponemos en marcha camino del hotel.

Por las vistas y el esfuerzo hecho (9,3 km. y 420 m. desnivel), le otorgo 4 sicarias a esta jornada.
Juan

Excursión 917: Garganta de Vikos. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Monodendri 
Final: Vikos
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,7 Km 
Desnivel [+]: 460 m 
Desnivel [--]: 748 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La mañana en Ioánnina amanece con una niebla densa, producida por su lago Pamvótida, el día que vamos a realizar la ruta reina de este viaje a Grecia

Tenemos una hora de camino hasta llegar a nuestro punto de partida en Monodendri y según vamos ascendiendo los rayos de sol pugnan por abrirse paso hasta que dejamos abajo un hermoso mar de nubes y un cielo completamente despejado nos saluda.

Bien sea por problemas físicos, bien sea porque nuestra guía Bea no le gusta la ruta o por que el guía contratado por la organización para esta ruta metió más miedo del que correspondía, lo cierto es que, de los dieciocho integrantes, sólo ocho espartanos, nos apuntamos para descubrir lo que nos deparaba una ruta que ya en la programación me parecía interesante.

Después de despedirnos de nuestros compañeros que van a hacer otra ruta alternativa con Bea, nuestro guía Makis antes de iniciar el descenso, en un mapa nos refiere una serie de comentarios y acto seguido empezamos a descender siguiendo un sendero realizado con piedras colocadas de canto muy típico por esta zona.

No solo es un espectáculo natural, sino una de las áreas más estrictamente protegidas del país y de Europa debido a su geodiversidad y biodiversidad única. 

Es parque nacional desde 1973 y en su garganta está prohibida cualquier tipo de actividad humana. A nivel internacional es Geoparque Mundial de la Unesco, Patrimonio Mundial de la Unesco y Red Natura 2000 como lugar de importancia comunitaria. 

Además, el Libro Guinness de los Récords la califica como la garganta más profunda (unos 900 metros) del mundo en relación a su anchura.

Desde el primer momento en la parte más alta ya vemos las paredes de los farallones y una vegetación de un verde muy intenso que nace del fondo. Durante dos kilómetros vamos bajando la garganta.

En la parte alta del desfiladero aparecen el pino negro y el abeto griego, según vamos bajando en la parte media, robles, arces y castaños y en la parte baja plátanos de sombra, sauces y alisos. La vegetación es completamente deslumbrante.

Una vez en el fondo de la garganta, vamos al ritmo pausado que nos marca Makis, que nos permite ir todos juntos admirando lo que a cada metro el paisaje nos descubre.

Hacemos muchas paradas, en algunas admiramos el paisaje, en otra hacemos el Ángelus, en otra nos relata el origen geológico de la garganta y en alguna otra la botánica de la zona.

En el plano geológico la zona estaba bajo el fondo del Océano Tetis y durante 200 millones de años se acumularon y compactaron capas de sedimentos marinos, principalmente caliza.

Debido a la colisión de las placas tectónicas africana y euroasiática, (la misma que creó los Alpes y la cordillera del Pindo) el terreno fue empujado hacia arriba, hace unos 30 a 35 millones de años.

A medida que el terreno subía, se iban creando fallas y fracturas, mientras que el río Voidomatis, sincronizadamente y a la misma velocidad, iba excavando hacia abajo. Durante las épocas glaciares, la fragmentación por congelación (el agua entra en grietas, se congela y rompe la roca) ayudó a que las paredes se mantuvieran tan verticales y escarpadas. Las bandas horizontales que vemos en las paredes de Vikos son, literalmente, los antiguos niveles del fondo marino apilados unos sobre otros y luego seccionados por la fuerza del agua. 

En estos primeros kilómetros el agua transcurre subterráneamente y no aparece en la superficie salvo en época de grandes avenidas de agua. La garganta actúa como un refugio biológico.

Debido a su difícil acceso, se han conservado plantas endémicas y especies que han desaparecido en el resto del continente. Además, el agua del río Voidomatis, que fluye por su fondo, es considerada una de las más limpias y puras de toda Europa.

Seguimos avanzando. Los primeros kilómetros del fondo son más irregulares y se hacen de forma más lenta. A las tres horas de camino, llegamos a la fuente Klima. El agua empieza a aflorar a la superficie. 

Hemos caminado solo unos cinco o seis kilómetros aunque ya nos avanza Makis que estamos a la mitad del tiempo empleado en la ruta ya que tardaremos más o menos lo mismo en realizar los diez restantes pues la senda se hace más regular.

En otro momento de la ruta, Makis nos hace referencia a las plantas que vamos encontrando, una especialmente sabe mucho a ajo. La flora de la zona es excepcionalmente diversa, con unas 1.800 especies de plantas registradas en el Parque Nacional (aproximadamente un tercio de toda la flora griega).

Históricamente, los curanderos de la zona utilizaban las hierbas de la garganta para sanar a gente de todo el Imperio Otomano.

Destacan el ajenjo, la salvia, el tomillo y la melisa. Existen flores que solo crecen en estas paredes de roca, como la Ramonda serbica (una planta "resurrección" que sobrevive a la desecación extrema) y la Lilium chalcedonicum (lirio calcedónico).

Nos quedan pocos kilómetros para acabar y Makis decide en un remanso del rio con su color azul turquesa, parar a comer. En la parte del sendero nos encontramos un bosque frondoso con musgo en los árboles y al otro lado del rio vemos uno de los farallones que forman la garganta.

El paisaje es esplendido. Existe un microclima protegido de los vientos externos. Aquí abajo, el sol tarda en entrar y se retira pronto, creando un santuario donde la vida ha evolucionado a su propio ritmo, ajena a las transformaciones del resto del continente.

Estamos llegando al final de la ruta. Makis nos indica una construcción que se vislumbra en una de las paredes de la garganta. Es el pueblo de Vikos y es el final de nuestra ruta. 

Nos comenta que nuestros compañeros ya están en las pozas que están en la garganta debajo del pueblo. Nosotros nos dirigimos también allí. Para ello, cogemos un desvió a la derecha del sendero que traemos para bajar a las mismas. Aquí nos vamos encontrando con los compañeros que vuelven a Vikos después de visitar las pozas.

Antes de subir la garganta para reunirnos con nuestros compañeros, la mitad de los integrantes de nuestro grupo se introducen en el río. Los gestos que hacen cuando entran deja claro la temperatura gélida del agua.

De la aridez de la piedra pasamos al frescor de un oasis que parece salido de una leyenda helénica. El Voidomatis no es un río corriente. Es una arteria de cristal que nace directamente de las entrañas de la montaña. Sus aguas, filtradas por kilómetros de roca porosa, emergen con una pureza tal que se pueden beber directamente sin temor.

Pero es su color lo que detiene el aliento: un azul turquesa tan intenso y transparente que las piedras del fondo, situadas a varios metros de profundidad, parecen estar al alcance de la mano. 

Las pozas de Vikos son pequeñas cuencas circulares esculpidas por la erosión en la roca blanca. Actúan como piscinas naturales donde el agua se detiene brevemente antes de seguir su curso frenético hacia el valle. Sumergirse en ellas no es una actividad recreativa, es un rito de paso.

Con una temperatura que rara vez supera los ocho grados, incluso en pleno verano, el agua muerde la piel con un frío eléctrico que reinicia el sistema nervioso.

Estas pozas, rodeadas de helechos y musgos, son el hogar de la nutria, un animal exigente que solo habita donde el agua alcanza la perfección química. Observar el flujo constante del río sobre estas cubetas de piedra es entender el proceso que formó este lugar: el agua, blanda y paciente, venciendo finalmente a la roca, dura y eterna.

La última etapa del camino, que asciende hacia el pueblo de Vikos, nos obliga a mirar hacia atrás una vez más. Desde la altura ganada, la garganta se ve como una cicatriz verde y gris que divide el mundo.

Es el final de una travesía que no solo ha sido física, sino sensorial. Hemos cruzado un refugio donde el oso pardo y el lobo aún encuentran espacio para existir, un lugar que ha permanecido casi inalterado mientras el mundo exterior aceleraba.

Al llegar a Vikos, con los pulmones llenos de aire puro y la retina impregnada de azul turquesa, uno comprende que la Garganta de Vikos no se visita, se atraviesa.

Te vas de ella con la sensación de haber sido testigo de una de las grandes obras maestras de la geología, un lugar donde el tiempo se mide en milímetros de erosión y la belleza se define por la verticalidad de sus muros y la claridad de sus pozas. Por cierto, y para terminar, no entiendo la calificación de difícil que se atribuye a la ruta, máxime cuando solo hay dos bajadas algo más complicadas, que se salvan sin problemas con la ayuda de unas cuerdas. La ruta se puede hacer y disfrutar por todos los miembros del GMSMA.

Esta ruta para mí, como amante de la naturaleza y el senderismo, se coloca en el primer puesto o/y motivo que justifica mi viaje a Grecia. Por ello, la puntúo con cinco sicarias aunque merezca más.
Javier Miguel

FOTOS

lunes, 4 de mayo de 2026

Excursión 916: Los puentes de la Zagoria. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Kipoi 
Final: Kipoi
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,9 Km 
Desnivel [+]: 380 m 
Desnivel [--]: 380 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 19

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Hay muchos puentes famosos. El Puente sobre el Rio Kwai, Los Puentes de Madison, el Puente de Brooklyn, el Puente de Vallekas, el Puente de Los Franceses, incluso el puente de la Constitución, El puente del Pilar o el puente del 1 de Mayo. Pero va ser que no, esta crónica no se refiere a ninguno de estos. Me toca hablar de la excursión que hicimos en Grecia por una zona poco conocida por los mortales que se llama Zagoria y que tiene puentes.

La mitad del planeta ha visitado Grecia, y la otra mitad, aunque no haya estado físicamente en ese viejo país, ha oído, visto, leído o estudiado sobre sitios como Tesalónica y su Torre Blanca, El Monte Olimpo y sus Dioses, Meteora y sus monasterios, Ioánnina, su lago Pamvótida y su isla llena de monasterios, Lepanto y su Manco, Las Termopilas, sus pilas térmicas y su paso, Delfos y su Oráculo, Vikos y su Garganta y por supuesto Atenas, su Partenón y su Acrópolis (se rumorea que en 2746 lo habrán terminado de reconstruir, para entonces las Cariátides estarán con la cabeza más plana de lo que ya están). Pero ¿Zagoria? ¿y eso que es?

Por cierto, ya que he menciono Meteora, insisto en mi teoría. Los monasterios se hicieron sin dificultad alguna cuando el terreno era plano como la meseta castellana, y una vez hechos se liaron a excavar alrededor para que parecieses tan espectaculares como los vemos ahora. Ahí lo dejo.

En todos estos sitios y en varios más, hemos estado en nuestro viaje a Grecia. Pero también, en medio de todo esto, hemos tenido tiempo para acercarnos y hacer una ruta por una zona apartada llamada Zagoria.

En fin, vayamos con la crónica de esta jornada.

Estamos en La Zagoria, al noroeste de Grecia, pegaditos a la frontera con Albania. Se trata de una zona poco visitada por los turistas, que para ir unos días a Grecia difícilmente se acercan a esta esquinita. Es más válida para senderistas, como nosotros, o para corredores, ya que como vimos a lo largo de la ruta, por estas pistas se hacen diferentes carreras: Maratones, medios maratones, incluso una de 100km. No esta mal.

Zagoria
, significa algo así como "más allá de las montañas", en alguna lengua eslava. Sólo por el nombre se puede entender por qué es menos visitada que otras zonas de Grecia. Zona montañosa, balcánica, en Epiro, y rodeada por los montes Pindo.

En ella hay un montón de minúsculas aldeítas, unas 46, hechas de pizarra. Y que la mayoría de ellas están unidas mediante caminos construidos en el siglo XVII. Gran parte trascurren junto al rio Voidomatis (Voïdomátis Potamós). Nuestra guía Bea me aclara que Potamós significa rio, y que por eso el nombre del animal gordo ese que se llama Hipopótamo, ‘Caballo de Rio’, bastante más feo que los caballos de tierra de toda la vida. Esto último, lo de más feo, no me lo explica Bea, es cosa mía.

Bueno, desde Ioánnina llegamos en autobús a una de esas 46 aldeítas: Kipi (Kipoi), que significa "pueblo de puentes". En ella iniciamos una ruta circular de algo más de 10 km y 360 de desnivel, con sencillos ´subibaja’ (esto me recuerda una adivinanza) y sólo una subida significativa en la segunda parte de del recorrido.

Estos caminos y puentes, estrechos, bien erigidos y bien conservados, se construyeron a conciencia, ya que esto era también una ruta comercial, que a través de las montañas permitía ahorrar grandes distancias. En su época de mayor esplendor llevaba mercancías hasta Viena y Bucarest.

Zona retirada, carromatos y mulas con mercancías. La leyenda esta servida: estaba llena de bandoleros y asalta caminos, que con frecuencia arruinaban el viaje a los comerciantes. Hay otra leyenda sobre los puentes.

Al estar en cañones, podía haber grandes corrientes de aire y viento. Motivo por el que en los puentes había campanas colgadas, así el ruido de las campañas avisaba a los comerciantes del posible riesgo de caídas desde los puentes a consecuencia del viento, sobre todo si la niebla o la noche no permitían ver el puente.

Nada más iniciar el recorrido, a las afueras de Kipi, ya tenemos el primer puente. Es muy estrecho y con unas protecciones laterales muy bajas, hecho con lajas de pizarra. Es el Puente de Mylos (Puente del Molino). Es muy bonito, con tres arcos. Lo cruzamos y ¿qué hay al otro lado? Pues un molino. El puente cruza un pequeño afluente del Voidomatis, el Bagiotiko. Tanto en el puente como en el molino hacemos un montón de fotos.

Seguimos caminando en el sentido de las agujas del reloj hacia el sureste. Es un camino estrecho de pizarra, como los puentes, flanqueado por arbustos sombríos.

Cuando llevamos 1,6 km llegamos al segundo puente: el Puente de Plakidas o Kalogeriko, el más icónico. También de tres arcos y de pizarra. Continuamos por una serpenteante y sombría cuesta, hasta el km 2,8, en que una brusca bajada nos devuelve de nuevo al nivel del rio.

Me llama la atención que de vez en cuando alguna de las piedras que forman el camino esta pintada de rojo, al principio pensé que era obra de algún gracioso, pero se trataba de marcas para ver piedras que sobresalían más de lo normal. La pintura era para llamar la atención avisando y evitar un tropezón con la piedra y el posterior porrazo. Queda feo, pero al menos tienen un fin útil.

Al final de la bajada llevamos 3,5 del recorrido. Caminamos durante unos metros por la carretera por la que previamente habíamos pasado en autobús, y aquí mismo tenemos el tercer puente de nuestro recorrido. Es el Puente de Noutsos o Kokkoros, muy grande y con un solo arco y una pequeña ventana a la derecha del arco. Al igual que los anteriores es de pizarra y con bajas vallas laterales, algo más ancho. Es paralelo a la actual carretera y a su puente. La proximidad a la carretera hace que sea un punto de parada rápida de autobuses para hacerse fotos en el puente. Efectivamente, coincidimos con un autobús.

Al otro lado del Puente de Kokkoros se alza una mole rocosa, que casi a la altura del puente tiene una cueva perfectamente visible. Tras cruzar el puente el camino sigue a la izquierda, mediante una escalera que nos baja al nivel del rio, pasando por debajo del puente de la carretera. En esta zona el rio esta seco.

Seguimos el cauce del Voidomatis. En este tramo las paredes rocosas parecen empujarnos al rio. Tras aproximadamente 1,5 km nos desviamos a la derecha y a unos 400 metros llegamos al cuarto puente. Es el Puente de Misiou, también de un solo arco.

Retrocedemos esos mismos 400 metros y comenzamos una fuerte ascensión en zigzag para llegar a otra de esas 46 aldeas: Koukouli. Un letrero nos indica este desvío, así como la posibilidad de volver a Kipi por un camino más corto del que hemos utilizado. Los primeros 600 metros de ascensión son en zigzag. Tras ellos cruzamos de nuevo la carretera y seguimos ascendiendo durante otros 800 metros.

Ya cerca del pueblo se abren claros en la vegetación y hay rebaños de vacas. Llegamos a Koukouli, que es el punto más alto del recorrido. Estamos a 910 metros de altitud. La subida ha sido de 1,4 km y unos 200 m de desnivel. Al entrar en el pueblo llevamos 7,4 km.

A la entrada del pueblo hay una fuente, de la que bebo, aunque más adelante, en el interior del pueblo, una paisana nos indica que el agua de esa fuente no es buena. Sigo vivo.

Es un pueblo bonito, todo de pizarra, calles y casas. Está a media altura en la montaña, por lo que tiene bonitas vistas. Muchos de sus edificios están en perfectas condiciones, pero da la sensación de que apenas tiene vida, no vemos a casi nadie. Tal vez por ser día de diario. Seguramente en fin de semana o en periodo vacacional estaría con mucha más gente.

Hacemos una parada en una bonita terraza de un bar, bajo un enorme platanero, para comer los bocadillos. Teníamos idea de beber o comer algo del bar, pero está cerrado. Sin embargo, cuando nos disponemos a continuar, una mujer que habíamos visto a la entrada reclama ahora nuestra atención para llevarnos hasta otro bar, que sin duda abrió específicamente al vernos por el pueblo. Nos ofrece café y lo que queramos. La mayoría tomamos café, alguien toma vino, otros cerveza, incluso yo me atrevo con un trago de "tsipouro". Esa especie de orujo griego que tan rico está, aunque seguramente no era el momento mas apropiado ya que aún nos quedaba camino por delante.

Salimos del pueblo y en el km 8,5 nos desviamos hacia la izquierda tomando un sendero por el que bajamos hasta Kipi. Cuando llevamos 10 km, a la entrada del pueblo pasamos por el ultimo puente: Puente de Lazaridis.

Tras acabar la ruta, de vuelta a Ioánnina, hacemos una parada en Perama, para visitar una cueva, junto al lago Pamvotida, al otro lado de la ciudad. La cueva es muy grande y espectacular, con incontables estalactitas y estalagmitas, de la que sólo es visitable algo más de 1 km, una quinta parte de longitud total.

A mi me gustó, si bien para conseguir el camino interior hicieron un excesivo destrozo. Además en su conservación tampoco parece que tengan mucho interés.

Alguna de las personas que la recorrieron con nosotros se dedicaban a tocar todo lo que podían, retrasando la formación de las columnas un montón de años cada vez que manoseaban algo.

Interesante y bonita excursión, por la que hemos pasado 5 puentes y conocido el origen de ellos y la importancia en su época de esplendor. La pondré 4 sicarias.
Jorge Montero

FOTOS