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martes, 16 de diciembre de 2025

Excursión 894: Valle del Lozoya otoñal desde Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Rascafría
Final: 
Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,8 Km 
Desnivel [+]: 151 m 
Desnivel [--]: 151 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
De nuevo Telemadrid nos solicitó grabar una de nuestras rutas para Madrid Directo, en esta ocasión con ambiente otoñal, aunque a estas alturas del año habría que decir preinvernal.

Invernal era el tiempo que parecía íbamos a tener por los coletazos de la borrasca Emilia y, aunque despertamos con lluvia en todo Madrid y niebla en el puerto de Navacerrada y Cotos, fue bajar al Valle de la Angostura y Lozoya y comenzar a disfrutar de hasta algún claro y sin lluvia, parecía milagroso, y lo mejor es que ésta fue la tónica de todo el día.

Aparcamos en la entrada de Rascafría y nos acercamos a la plaza del pueblo. En el bar Casa Briscas nos esperaban los más madrugadores tomando café.

Tras hacer lo propio, iniciamos la ruta cruzando el arroyo Artiñuelo, para seguir el camino que discurre paralelo a la carretera de Cotos (M-604).

La abundancia de agua del arroyo hacia presagiar que el río Lozoya llevaría mucho caudal, como así tuvimos ocasión de comprobar enseguida, nada más pasear por su orilla, donde un par de miradores que se adentran en el cauce permiten contemplarlo mejor.

El sonido del agua al caer de las represas que desvían el agua a los lagos interiores era espectacular.

Pasamos frente a la inconfundible imagen del Monasterio de El Paular, del que destaca su esbelta torre. Se construcción se dilató desde1390 hasta 1835, dedicándose a monasterio cartujo. En 1954 empezó a operar como priorato benedictino.

Laura, la reportera y Carlos, el cámara del programa Madrid Directo nos estaban esperando a las puertas de la abandonada Hospedería de Santa María de El Paular.

El hotel cerró sus puertas en 2014 y ha estado inactiva desde entonces, a pesar de los continuos esfuerzos y demandas ciudadanas y políticas para su reapertura, incluso como Parador Nacional, encontrándose actualmente bloqueada por gestiones administrativas y la necesidad de una concesión para su explotación comercial, mientras el monasterio sigue siendo un espacio espiritual y turístico.

En el histórico puente del Perdón nos hicieron la primera toma del reportaje, lugar donde allá por el siglo XIV se estableció la costumbre de dilucidar en una de las orillas del puente la inocencia de los reos, al tener Rascafría privilegios para poder juzgar, dada su lejanía de Segovia, a la que por aquel entonces pertenecía, aislada por las montañas de Peñalara y la Cuerda Larga.

Escuchada su defensa, los cuatro quiñoneros decidían si era culpable o no. Si lo era lo conducían valle arriba hasta la Casa de la Horca, donde era ajusticiado.

Si la apelación era favorable, le dejaban cruzar el puente, libre y a a salvo. Por ello y aunque eran pocos los que se libraban de la culpa, el puente pasó a llamarse del Perdón.

Desde aquí hay una bonita panorámica del puente con el Monasterio de El Paular al fondo que captaron las cámaras antes de echar a andar hacia Las Presillas, zona recreativa en la que una hermosa pradera verde y las piscinas naturales formadas por el río Lozoya atraen a mucha gente los fines de semana de verano.

Hoy sólo estábamos nosotros, los chopos y álamos, que tenían sus ramas casi deshojadas.

El poco viento que se levantó hizo que cayeran muchas de las pocas que quedaban, lo que aprovechamos para obtener una toma muy otoñal que quedó muy bien en la tele.

Cruzamos por uno de los muros de contención una de las presas, que tenían las compuertas abiertas como suele hacerse terminada la temporada de baño del verano, uno de los pocos espacios naturales de Madrid en que están permitidos. Se hace para facilitar la limpieza de los fondos y evitar aglomeraciones de ramas, como bien contó Vicky a cámara.

En la otra orilla, Marcos H, les hizo una magnífica demostración de lanzamiento de piedras para que rebotaran en el agua y que él llama cazar ranas, en mi tierra se dice hacer la rana y de forma más culta a esta actividad se la conoce como
epostracismo, que deriva del griego "epi" (sobre) y "ostrakon" (concha/piedra), y se logra con una técnica específica (ángulo, velocidad y giro) que permite a la piedra deslizarse sobre la tensión superficial del agua.

Disfrutando del murmullo del agua, a la orilla de las piscinas naturales paramos a tomarnos el aperitivo y a hacernos la foto de grupo junto a Laura.

Tras el descanso, cruzamos el puente de madera que hay al inicio del recinto y, tras pasar un portón, nos acercamos al río Lozoya para remontar su ribera derecha, admirando la fuerza del agua que se arremolinaba contra las piedras que encontraba a su paso.

Era mi intención vadear el arroyo Aguilón, que unos 6 kilómetros más arriba forma las famosas cascadas del Purgatorio, pero resultaba imposible cruzarlo, por lo que lo acompañamos hasta dar, unas decenas de metros aguas arriba, con el puente que lo cruza.

De nuevo nos acercamos al río para seguir un sendero que recorre quizás la zona más bonita de su recorrido. Pasamos junto al puente de madera que tiene una enorme poza debajo, en la que más de uno nos hemos bañado en las excursiones de verano.

En placentero paseo, fuimos siguiendo los amplios meandros que realiza el río. Al alcanzar la abandonada central eléctrica hicimos otra toma cruzando el puente que hay junto a ella, narrando a continuación algo de su historia. La fábrica de la luz abastecía antaño a Rascafría y otros pueblos cercanos, quedó en desuso a mediados del siglo XX. Es una pena que se encuentre en tan lamentable estado.

Continuamos junto al río, aunque un poco más alejados, siguiendo un sendero junto a una tapia de piedra cubierta de un precioso musgo de un verde intenso.

Junto a ella Marcos H. contó a cámara que los líquenes de los robles y este musgo solo es posible en zonas umbrías y de mucha humedad.

Nuestra siguiente parada fue el muro de la presa del Pradillo, que retiene el agua que luego, un par de kilómetros aguas abajo, gracias a una acequia y una gran tubería, servía para mover los motores de la fábrica de luz por la que acabábamos de pasar.

Es un rincón pleno de encanto, un oasis de agua cristalina embalsada por la presa, refugio de aves y peces que se encajona en el profundo Valle de la Angostura

El agua se desparrama en decenas de chorreras blanquecinas por la espuma. Está, rodeado de bellos y frondosos pinares, que hacen de este lugar un paisaje idílico más propio de latitudes alpinas que de Madrid.

Aquí grabamos la última toma antes de iniciar el regreso volviendo sobre nuestros pasos hasta desviarnos, pasado un portón hacia la izquierda, para cruzar el puente de La Isla, que salva el angosto paso por el que el agua se escurre entre las rocas en varios bellos saltos.

En el aparcamiento de la Isla nos despedimos de Laura y Carlos,que tenían que editar el reportaje y hacer un directo en el pueblo de Navacerrada al anochecer, justo antes de la emisión de nuestro reportaje, que se puede ver en el enlace de más abajo.

Allí mismo dimos cuenta de los bocadillos antes de iniciar el regreso, que esta vez fue por la margen izquierda del río, siguiendo un sendero que pasa frente a la fábrica de la luz, el puente de madera que vimos en la subida desde el otro lado y que acaba en Las Presillas.

Las cruzamos y nos acercamos al puente del Perdón, que esta vez no cruzamos, si no que continuamos por un camino de tierra que sale a la derecha, dejando el río y su esclusa a la izquierda, y se interna en el bosque finlandés, que recibe su nombre por las similitudes que presenta con los bosques de ese país.

Abetos, chopos, acebos, abedules y otras especies arbóreas propias de los parajes del norte de Europa jalonan este paseo que permite observar un precioso embarcadero sobre las aguas del río Lozoya.

En este punto se forman una larga represa, que servía para acumular el agua en el precioso lago para así abastecer el cercano molino de papel

Junto al embarcadero se encuentra una caseta de madera que, en su día, se utilizó como sauna, uno de los símbolos finlandeses.

En el lago se bañaban los oriundos de este país que vinieron a trabajar en la serrería que explota estos bosques, la Sociedad Belgas de los Pinares de El Paular.

Aquí un poco de su historia contada por Juan Vielva Juez, el mayor responsable de la belleza de este lugar..

El paisaje es realmente soberbio y espectacular durante todo el año. En primavera, la vida se va a abriendo camino y el deshielo de las cumbres hace que el agua sea aún más protagonista.

En verano, sus suaves temperaturas lo convierten en un sitio ideal para estar fresquito. En otoño, los colores ocres y dorados invaden el paisaje y le aportan un aire realmente evocador. En invierno, es posible encontrarlo con nieve y hasta con sus aguas, prácticamente, congeladas.

Continuamos acercándonos a las ruinas de Casa de los Mazos, que formaba parte del entramado de molinos de papel en el que los monjes del Monasterio de El Paular fabricaban hojas.

Fue el primero que existió en Castilla y de él salió el papel que se utilizó para imprimir la edición príncipe de la primera parte de El Quijote. El edificio fue transformado en el Campamento de San Benito, hoy en ruinas.

Por un puente de barandillas rojas cruzamos el río Lozoya, pasamos junto a unas naves ganaderas y conectamos con el sendero que nos lleva al pueblo, por donde salimos esta mañana.

Entramos en Rascafría al atardecer, y nos fuimos al bar El Río para tomamos las cervezas que pusieron fin a esta bonita ruta televisada, con ambiente otoñal y el agua como protagonista y que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto


FOTOS

jueves, 28 de agosto de 2025

Excursión 871: Mirador de los Robledos y Valle del Lozoya

FICHA TÉCNICA
Inicio: La Isla. Rascafría
Final: 
La Isla. Rascafría
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 205 m 
Desnivel [--]: 205 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Agosto, aunque a finales. Calor, aunque más bien poco. Aun así: NUEVA JORNADA DE RUTA DEL AGUA. Para estar fresquitos y si es posible para que los ‘acuáticos’ nos demos un bañito. En esta ocasión, parece que la última acuática de la temporada, vamos a repetir una bonita excursión que ya hicimos el verano pasado. Será por el rio Lozoya, ese en cuyas aguas si te bañas se te pone la nariz como una …… como una….. po ….pooooo ……. ¡zanahoria! Eso eso, ‘si te bañas en el Lozoya se te pone la nariz como una zanahoria`.

Zanahorias aparte, resulta que el día salió más bien fresco, a priori frio, lo que después de las largas olas de calor de este verano, es de agradecer. Pero entonces que: ¿llevamos bañador o llevamos forro polar? En muchos casos ganó el bañador, aunque apostaría a que en alguna mochila había un forro polar o un anorak.

Nos reunimos en el aparcamiento de antiguo restaurante de Los Claveles, pegadito al de La Isla, en la M-604, cerca de Rascafría. Comenzamos a caminar rio arriba, pasamos junto al puente de La Isla, sin cruzarlo.

Por debajo pasa el arroyo de la Angostura, aunque Google Maps le denomina río Lozoya (el de la zanahoria). Realmente este nombre lo adopta tras la unión del Angostura con el Aguilón, unos km aguas abajo.

Algo más adelante llegamos a la cascada del embalse del Pradillo, siempre espectacular. En esta ocasión con menos agua que en otras temporadas.

Aprovechamos para hacer un montón de fotos. Seguimos caminado aguas arriba dejando el embalse a nuestra izquierda, en cuya cola hay varios árboles caídos. y una pequeña construcción de la presa.

Ligeramente más arriba giramos bruscamente a la derecha, alejándonos del rio y cruzamos la carretera que une el Puerto de Cotos con Rascafría (M-604), e iniciamos una cuesta.

Apenas unos metros después, cuando llevamos 1,5 km, hacemos una breve parada junto a una construcción-almacén. Paco nos cuenta (como siempre que pasamos por aquí) que allí estaba la llamada ‘Casa de la Horca’ y el motivo de este nombre. En tiempos en que esta zona era territorio segoviano y como Rascafría estaba muy lejos de Segovia, este pueblo tenía la potestad de juzgar y condenar.

Y aquí es donde ahorcaban a los condenados a muerte. Hasta aquí venían andando, cruzando el llamado Puente de Perdón. Que se llamaba así porque los presos tenían una última oportunidad de apelar su sentencia en el propio puente. Si eran perdonados, podían cruzarlo y ser liberados, pero si no, continuaban hacia la Casa de la Horca para ser ajusticiados

Este es el motivo histórico del nombre del puente. Actualmente podemos considerar un nuevo motivo para ese nombre: A los que lo cruzan andando, se les perdona la abusiva cuota que sí se aplica a los que lo cruzan un poco más adelante en coche, nada menos que 9 €, si quieres acceder a la zona de Las Presillas.

Continuamos ascendiendo un poco, vemos varias patrullas forestales, tal vez debidas al riesgo de incendios que ha habido en este agosto, con tan tristes resultados que todos conocemos. En esta zona hay muchas moras. Cato algunas y verifico que estaban en su punto. 

Pasamos junto a una lagunilla, que esta vallada, ya que es un criadero de anfibios. Y está vallada para que ¿no cojamos ranas? ¿no las asustemos? ¿no pisoteemos el entorno?

Pasamos junto a un depósito de agua e inmediatamente después, cuando llevamos 3,4 km Llegamos a la explanada totalmente despejada de árboles, en que se encuentra el Mirador de los Robledos, que da nombre a la ruta, y nos hacemos en él la foto de grupo.

Aquí también destacan una de esas señalizaciones tipo brújula en que se nos indica el nombre del monte o zona a que señala la aguja cuando la giramos. Vemos El Paular, Rascafría, Peñalara, Claveles, etc. También esta el monolito-monumento dedicado a los Agentes Forestales.

Seguimos, metiéndonos de nuevo en el bosque, y al llegar a un puente que cruza el arroyo de La Umbría, paramos para el Ángelus.

Poco después, en un nuevo giro a la derecha, alcanzamos el arroyo del Pedrosillo y seguimos por una amplia pista paralela al arroyo. Pasamos por unas cuantas casas y fincas de recreo o vacaciones. Como una con una cuadra de caballos (km 7) o la llamada Pinar de los Alemanes (km 8,4).

Esta pista desemboca en la carretera, cerca del Monasterio de El Paular. La cruzamos y retrocedemos por ella unos 100 metros, para girar a la izquierda y entrar en la zona de Las Presillas. Cruzamos el rio por un puente que, aunque no es el del Perdón, como llegamos andando, somos perdonados de la correspondiente cuota. Vemos que han instalado barreras de acceso y todo, no vaya a ser que algún coche se cuele sin ser perdonado.

Y llegamos a Las Presillas (9,5 km), esas fenomenales piscinas naturales llenadas con aguas del rio Lozoya. Sí, aquí ya sí se llama zanahoria, digo Lozoya.

Me llama la atención que no hay mucha gente, tal vez por ser miércoles, tal vez porque el día iba a ser fresquito, tal vez porque aún en agosto mucha gente esta fuera de vacaciones, tal vez por el castigo de los 9 €, o tal vez por una mezcla de todo ello.

Unos cuantos nos damos un refrescante y relajante baño, que, además de dejarnos la nariz como una zanahoria, nos deja como nuevos. ¿Qué como estaba el agua? Pues fenomenal.

Para mi gusto más caliente que fría, pero seguro que hay quien opina que estaba helada. A ver, seré raro, pero es que a mi me gusta que el agua me refresque, y no que me caliente, si esta fría pues nadas un poco y se acabó el frio. Tras el baño comemos el bocata en la terraza del bar-chiringuito que hay en Las Presillas.

Cruzamos el rio allí mismo y seguimos de nuevo aguas arriba. Un poco más adelante pasamos por la desembocadura del arroyo Aguilón siguiendo por el Angostura, que es como se llama hasta aquí, y aún vuelve a cambiar de nombre más arriba, pasando a ser  arroyo de las Guarramillas, por ser éstas donde nace.

Algo mas adelante, hacemos una paradita en una fantástica y refrescante poza, junto a un puente sobre el rio (km 10,5 de nuestra ruta). Cruzamos el puente y seguimos junto al agua, esta zona es especialmente encantadora.

Pasamos junto a una fuente, que, por algún tipo de fenómeno paranormal extraterrestre no la tenía controlada Carlos Revilla. Lleva una inscripción: Fuente del Acampado. Parece que este nombre se puso recientemente por los miembros de un campamento de Acción Católica.

Cuando llevamos casi unos 12 km nos encontramos con una antigua central eléctrica, ‘la fábrica de la luz´, como se las llamaba entonces. En su interior aun quedan resto de la maquinaria que se usaba. 

También están los restos de un caserón, la que fue en su momento la del guarda que velaba por el correcto funcionamiento de la central.

De nuevo cruzamos el rio y cuando ya casi estamos terminando (km 12,5) pasamos junto a una construcción de madera, que tiene toda la pinta de haber sido hasta no hace demasiado un bar/merendero. Una pena que ya no lo sea. Está en un sitio es muy agradable.

Y terminamos, unos 13 km. Y para cerrar la jornada vamos a tomar algo al bar de La Isla, por el que habíamos pasado al inicio de la ruta. Donde nos invita Leonor, que acaba de ser abuela. Felicidades Leonor.

No sé qué tiene este bar. Más de una vez no solemos ser bien recibidos, en esta ocasión la camarera parece cabrearse con nosotros ‘porque esta muy liada y no da abasto`. Tal vez necesite un ayudante y así tratar mejor a los clientes en vez de espantarles.

Por lo demás, bonita y refrescante ruta, la califico con 4 sicarias.
Jorge Montero