Mostrando entradas con la etiqueta z1112. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta z1112. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Excursión 823: Los barrancos de Patones y Cancho de la Cabeza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Patones de Arriba
Final: Patones de Arriba
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,8 Km 
Desnivel [+]: 552 m 
Desnivel [--]: 552 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
El grupo había subido tres veces al Cancho de la Cabeza, pero nunca por donde nos propuso Carlos R en esta ruta.

Nos reunimos en el aparcamiento de Patones de Arriba, habilitado un poco antes de llegar a este bello pueblo. A pesar de la distancia, nos apuntamos bastantes, quizás el buen tiempo previsto tenía algo que ver.

Iniciamos el recorrido acercándonos al pueblo por la carretera, que abandonamos enseguida para seguir a la izquierda, un sendero que acaba en un puente sobre el arroyo de Patones que parece sacado de un Belén. A su derecha el antiguo lavadero, muy bien conservado, y la fuente Nueva, con tres caños y más de un siglo de antigüedad, rememoran los días de reunión de las mujeres a su alrededor, cuando sólo existía esta fuente en el pueblo para abastecerse de agua y de la que sale un estrecho canal adosado a la pared que lleva el agua al lavadero.

Cruzamos el puente y enseguida giramos a la izquierda, en dirección al cementerio. Antes de alcanzarlo, nos deleitamos con las excelentes vistas del pueblo desde un promontorio en forma de era, donde antes se trillaba y el trigo para obtener el grano.

Pasado el cementerio, a los pies del Cerro de la Coronilla, giramos a la derecha y continuamos por una estrecha senda, entre jaras y matorral, hasta suavizar la pendiente al alcanzar la ladera del Cerro de los Pies. Allí paramos un rato hasta reagruparnos, mientas contemplábamos el entorno, dominado por la Sierra de la Cabrera, que entre nubes se divisaba hacia el este.

Una corta subida nos situó por la zona conocida como la Aguaitera, desde donde iniciamos la bajada hacia el collado de Valdepizarro, no sin antes parar a tomar el tentempié de media mañana, amenizado con con algunos dulces y bombones que trajeron las de Tres Cantos.

Hasta aquí habíamos subido unos 300 metros, tocaba alcanzar el collado y emprender la subida a la cima, de unos 200 metros, pero en este caso con más pendiente, sobre todo el tramo que asciende por un cortafuegos bastante empinado.

Al alcanzar la Braña Grande, el camino da un respiro antes de acometer la última cuesta, al principio por pista, para luego seguir por el sendero que entre riscos llega al vértice geodésico del Cancho de la Cabeza, situado a 1264 metros de altura.

Las panorámicas que desde el punto más elevado del municipio de Patones se tienen de la Sierra Norte y el embalse de El Atazar son espectaculares.

Tras las fotos de rigor, nos dispusimos a tomar los bocadillos en una pequeña explanada que hay junto al vértice geodésico, mientras iban llegando los más rezagados.

Para mi fue emotivo recordar mi primera subida a este privilegiado mirador, fue en la excursión 091, en la que curiosamente también hice la crónica.

Cuando estuvimos todos, nos hicimos la foto de grupo e iniciamos el regreso, descendiendo por la Senda del Genaro, una ruta que bordea el embalse del Atazar, pasando por todos los municipios que lo rodean, en un recorrido de más de 70 km de longitud, atravesando parajes y enclaves de gran valor natural.

Está muy bien señalizado, como GR-300, con marcas blancas y rojas, además de su característico muñeco azul. Cuenta además con paneles informativos, en cada localidad y en diversos puntos de interés. Fue el primer Gran Recorrido en discurrir íntegramente por la Comunidad de Madrid.

Por él descendimos, cruzando primero un pinar entre jaras y romero, Ladero de Calzones se llama en los mapas.

Atravesamos un cortafuegos y poco después el arroyo de las Cuevas, con muy poca agua. Proseguimos el descenso con fuerte bajada por un sendero erosionado por el agua que ha labrado un surco incómodo para caminar.

Cruzamos el collado Rosado y después el del Cabezo antes de alcanzar las primeras ruinas de corrales y cobertizos de Patones de Arriba.

Callejeando por el turístico pueblo, un ejemplo de la arquitectura negra, que debido a su patrimonio en buen estado de conservación fue declarada bien de interés cultural.

Paramos junto con otros compañeros en la terraza del bar La Cata, bonito y agradable lugar donde nos tomamos las cervezas de fin de ruta. Otros prefirieron irse a Patones de Abajo para tal fin. Solo nos quedaba bajar hacia uno de los símbolos del pueblo, la antigua iglesia de San José, del siglo XVII, en la que está ahora ubicada la Oficina de Turismo.

Toda una postal miles de veces inmortalizada por los que cada fin de semana se acercan a pasear por estas estrechas calles y degustar la gastronomía de sus numerosos restaurantes.

Por el buen día y las estupendas vistas le otorgo un 5 a esta excursión que me ha traído muchos recuerdos.
Paco Nieto

FOTOS

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Excursión 501: Valle de las Cerradillas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  9,3 Km
Desnivel [+]: 320 m
Desnivel [--]: 320 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas y agua: 
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
La niebla y la lluvia había sido la constante durante la noche y al amanecer no parecía que fuesen a cesar durante el día. Este pésimo panorama de invierno adelantado, seguro que era uno de los responsables de la menguada participación, que rondaba la veintena, en contraste con la excursión anterior, a la que asistimos 53.

La propuesta de Antonio era subir desde el puerto de Cotos a Valdemartín por el valle de las Cerradillas y bajar por la loma del Noruego, pero nada más llegar al puerto lo empezamos a poner en duda, porque fue bajarnos del coche y arreciar la lluvia con viento racheado.

Reunidos en venta Marcelino a la espera de Antonio, pronto surgieron las primeras deserciones, entre ellas de los que nunca son partidarios de mojarse, y eso que se habían hecho cien kilómetros para llegar hasta aquí.

Los demás, viendo que la ventisca arreciaba, pensábamos que íbamos a cambiar la ruta por otra a mayor resguardo del viento, pero en cuanto llegó Antonio, se acabaron las elucubraciones en cuanto dijo “la ruta se hace”.

Y sin mayor dilación los 15 que decidimos quedarnos le seguimos con la sensación de que nos íbamos pronto a arrepentir. Bien abrigados, desafiamos el vendaval cruzando la carretera entre una espesa niebla.

Iniciamos la subida por el bosque con el suelo cubierto por la nieve caída días atrás. Al poco, el hielo nos obligó a parar y ponernos los pinchos para evitar resbalones.

Conforme más ascendíamos, más viento hacía, lo que nos animaba a acelerar el paso. No fue hasta alcanzar la carretera de Valdesquí que nos sentimos a resguardo de la ventisca.

Cruzamos, casi sin distinguirla por la niebla, la explanada que hace de antesala al refugio del Pingarrón, por el que descendimos en busca de las hermosas praderas por donde discurre el recién nacido arroyo de las Guarramillas.

Una plataforma de madera nos facilitó el paso al otro lado del arroyo, continuando por el PR-27, la senda que une el puerto de Cotos con Cabezas de Hierro.

En ligero ascenso, la senda nos fue acercando hacia el arroyo de las Cerradillas, al que llegamos tras un notorio descenso y vadear previamente como pudimos otros dos arroyos, afluentes del anterior.

Con sumo cuidado y cada cual por donde pensaba se iba a embarrar menos, cruzamos el mencionado arroyo, que nace a los pies de Cabezas de Hierro.

Al poco, cruzamos otro arroyo y, al remontar la ladera de la Majada de la Cerradillas, el viento se volvió más intenso y la niebla más densa. Con todo, continuamos ascendiendo por el PR-27, en dirección a la cumbre, aunque la visibilidad solo daba para una decena de metros.

Fue al cruzar de nuevo el arroyo anterior y enfrentarnos, sin resguardo posible, al viento del este, cuando Antonio decidió cambiar de planes e iniciar el regreso, visto que continuar en el empeño era poco prudente.

Así pues, poco antes de llegar a la parte alta del arroyo de las Cerradillas, nos volvimos, campo a través, hasta dar con la senda que habíamos traído y, cruzando de nuevo este arroyo y los dos siguientes, nos plantamos de nuevo en la plataforma de madera del arroyo de las Guarramillas.

Al cruzarla, decidimos desviarnos a la derecha para hacerle una visita a la Poza de Sócrates, en la que caía incesante y con gran estruendo una continua tromba de agua, procedente del deshielo de la nieve acumulada en Valdesquí y las Guarramillas.

Aunque había dejado de llover y el lugar se prestaba a dar cuenta de los bocadillos, convencí a Antonio de que mejor nos sabrían al amparo de unas cervezas en el Refugio de Cotos, albergue habilitado hace poco más de un año en la propia estación del Puerto y que la mayoría del grupo no conocía.

Pusimos rumbo hacia él, regresando sobre nuestros pasos, solo que esta vez seguimos la carretera que nos llevó sin cuestas hasta el Puerto, y en dos minutos más estábamos en la estación, calentitos y cerveza en mano unos y reconfortantes calditos otros.

Tras comernos los bocadillos y tomarnos un café, Carlos, el encargado del refugio, nos mostró amablemente las instalaciones, situadas en el piso superior del edificio, en lo que antaño era la casa del jefe de estación. Cuenta con 42 literas y un amplio salón comedor con chimenea, duchas de agua caliente y servicios. Anotado queda para pasar aquí una noche entre dos buenas rutas por la zona.

Aunque la excursión no se merecía más de 3 sicarias al haberla tenido que acortar, le otorgo una más al haber puesto a prueba nuestra constancia, habernos proporcionado unas bonitas estampas invernales y una contemplación de la Poza de Sócrates como nunca la había visto antes, amén de un final a resguardo y un bar a nuestra disposición, que ahí es nada.
Paco Nieto

FOTOS

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Excursión 167: Puerto de Navacerrada - Navacerrada por La Tubería

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Nacacerrada
Final: Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,2 km
Desnivel [+]: 186 m
Desnivel [--]: 798 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 32

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Esta vez nos tocó lidiar con el hielo. Nada más iniciar el camino hacia Las Cabrillas, éste se encontraba cubierto por una buena capa de nieve helada.

Aunque la mayoría afrontó el reto con decisión, Rosa se quedó medio paralizada ante el panorama que teníamos por delante.

Mis palabras de aliento no servían de nada, así que Santiago tomó cartas en el asunto y, como un verdadero caballero, la agarró por el bracete y la acompañó así mientras los hielos persistieron.

Esta pareja no se cayó en todo el trayecto (¡gracias, Santiago!), aunque otros sí lo hicieron; afortunadamente, todos salimos indemnes.

Llegar al cordal de Las Cabrillas y contemplar el panorama de la Barranca encajonada entre La Bola del Mundo, La Maliciosa y nuestra ladera es todo un espectáculo, más en un nuevo miércoles soleado y sereno.

Comprobar que la senda entera de bajada presenta una gruesa capa de hielo informe, es bastante desalentador.

Los que estamos enseñados a seguir el camino marcado continuamos por ahí; los más emprendedores se aventuraron por entre los matojos y las piedras, donde la nieve era escasa.

Al fin todos confluimos en la senda de La Tubería, por donde ya animosos continuamos caminando, si bien en las zonas de sombra aún persistían placas de hielo traidoras, como la que hizo reincidir con una culada a Javier M.

Avanzando bajo las crestas rocosas de Las Cabrillas, y sorprendidos un par de veces por potentes explosiones en la lejanía, llegamos al mirador de Las Canchas, lugar idílico para tomar un tentempié y para entretenerse en otear el horizonte,

Sin duda el mejor balcón para contemplar La Maliciosa y el Valle de la Barranca. Con estas fabulosas vistas, hicimos la foto de grupo.

Para descender, ya sólo quedaba tomar la pista que en suave bajada llega hasta el aparcamiento de La Barranca. Así lo hicimos mientras algunos nostálgicos recordábamos la senda que, desde esta pista, asciende a la fuente de La Campanilla.


No fue posible llegar a ella, porque una pista facilona no es propia para el avance del GMSMA, así que acortamos por una senda entre los montes para arribar a otra fuente menos bucólica, la de Mingo. 

Ya desde aquí llegamos a los dos pequeños embalses de La Barranca, helados en la mayor parte de su superficie. Aquí Paco C. presumió de sus arrestos, quedándose de pie sobre el hielo con la mayor tranquilidad, aunque siempre queda la duda de si le pudo el miedo escénico, según nos acercábamos al destino,  buscando una escusa para no tener que actuar en Las Postas.

Seguimos caminando, ya campo a través o por pistas, mientras continuábamos charlando de lo divino y lo humano. Tengo que subrayar aquí que, en las excursiones del GMSMA, la conversación es uno de sus aspectos más atractivos. En esta ocasión, por ejemplo, unos cuantos pudimos aprender y disfrutar de la sabiduría y experiencia de Enrique como testigo histórico de acontecimientos pasados, sin que con ello quiera decir que nuestra edad sea demasiada (¿eh, Enrique?).

Tras el ritual del paso de la valla, fuimos a dar a un caminito rústico que, entre praderías y granjas nos llevó hasta el pueblo de Navacerrada.

Un misterio por resolver para que algún serderomago dé la solución el próximo miércoles: ¿Por qué unas cuantas terneras de pocas semanas estaban solas, sin sus madres, en uno de estos prados?

Pasada la escultura del columpio, a la entrada del pueblo, lo atravesamos en grupos disgregados, hasta el restaurante de Las Postas, donde nos estaba esperando el renombrado cocido posteño, además de las sorprendentes cervezas Vier con que Jesús C. nos obsequió.

Conviene en estas ocasiones no llegar el último, sobre todo si falta un sitio y la alternativa es sentarte delante de la estufa para asarte mientras procuras comer.

A no ser que nuestro polifacético Fernando S., El Generosísimo, te aprecie tanto como para cambiarte el sitio. Una oferta así no se puede resistir, incluso aunque no seas mujer. ¡Muchas gracias, Fernando! Hay que añadir, no obstante, que Fernando está curtido en estas lides con muchas noches de amor frente a la chimenea.

Como fin de fiesta, Paco C., que no había sucumbido en el hielo del pantano, nos ofreció varias piezas musicales al piano, que había preparado durante mucho tiempo en casa. Fue muy aplaudido, aunque la pieza de “El niño de las monjas” quedó bastante deslucida en ausencia de Joaquín, y eso que fue acompañada por el coro de l@s chic@s cantor@s del GMSMA, pero ¡dónde va a parar!

Madi está últimamente muy exigente y ha calificado esta marcha con 3’5 sicarias.
Melchor
FOTOS