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martes, 13 de mayo de 2025

Excursión 848: Ladera cara norte del Etna. Sicilia

FICHA TÉCNICA
Inicio: 
Piano Provenzana. Sicilia
Final:
Sant'Alfio. Sicilia
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 8,6 Km 
Desnivel [+]: 289 m 
Desnivel [--]: 289 m
Tipo: Solo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 19+12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Nuestro día comenzó en Catania, bien temprano, con algo de sueño pero con mucho entusiasmo y las botas puestas. Fausto, el chofer, vino a buscarnos para hacer hora y media de trayecto y llegar a nuestro destino: Piano Provenzana.

Allí nos espera Nuccio, nuestro guía vulcanólogo siciliano. Él nos informa y nos muestra el video de la pequeña erupción del Etna durante la noche. De hecho, en los gráficos que nos mostró el día anterior, ya se veía la actividad creciente. Es la tercera vez que el volcán libera magma en lo que va de año. Nada peligroso, pero sí un recordatorio de que estábamos caminando sobre una fuerza de la naturaleza que no descansa nunca. ¡Que pena habernos perdido semejante espectáculo!

En Piano Provenza, a 1800 me de altitud empieza nuestra caminata de 8,6 kilómetros para adentrarnos en un paisaje volcánico dramático y sobrecogedor. La ruta es solo lineal porque al final estará la tartana esperando, pero en este recorrido es. donde la montaña muestra su lado más bello, crudo y auténtico.

Nuestro guía nos va hablando de la gran erupción de 2002 que arrasó con toda la zona, incluyendo la estación de esquí y los refugios y de cómo el Etna se sigue moviendo, respirando. En la erupción del 2002, se abrieron 15 cráteres en la zona, lanzó sus cenizas a mas de 1000 m de altitud y abrió dos grandes brechas, una sur y la otra norte, con salida al mar por la que vamos caminando. A estas alturas del viaje, ya todos hemos aprendido que el Etna es un volcán explosivo.

Después de subir a uno de los cráteres, dejamos a la derecha el Monte Nero, un cono secundario de erupción, de perfil limpio y oscuro, resultado de antiguas emisiones de lava.

Su superficie está cubierta por fragmentos de escoria volcánica, con tonos negros y rojizos que contrastan con el cielo y el resto del terreno.

Aunque antes aquí había un frondoso bosque de hayas, ahora este monte se impone por su color y su forma perfectamente cónica.

El terreno por donde avanzamos está formado por campos de lava solidificada. Son coladas de lava que han creado un mar de piedra negra y formas irregulares, a veces afiladas y otras más suaves por la erosión del viento y la nieve.

Entre las rocas negras surgen islas de vegetación resistente, como retamas del Etna (genistas) que oxigenan la lava, líquenes y algunos pinos dispersos, que luchan por sobrevivir en ese entorno hostil. En primavera y verano, algunas de estas plantas florecen, añadiendo pinceladas verdes y amarillas al gris predominante del suelo.

Por encima de nosotros, el cono principal del Etna se asoma imponente, coronado por una fumarola blanca y algunas nubes.

La caminata siguió entre campos de lava solidificada, arbustos que resisten como pueden y vistas impresionantes del Valle del Bove, una gigantesca caldera natural que parece de otro planeta.

Entre las nubes, se dejaba ver una columna de humo saliendo del cráter principal. Estaba ahí, latente, presente, y más vivo que nunca.

Pero no todo es nobleza en estas tierras. En los rincones más bajos, se extiende una planta baja, rastrera, apenas visible al principio: el spino santo (Tribulus terrestres). A simple vista parece inofensivo, pero basta un roce para revelar su verdadera naturaleza. Sus espinas ocultan un ácido irritante que, al contacto, provoca un dolor agudo y persistente.

Los pastores solían decir que “hacía ver a los santos”, y de ahí quedó el nombre. Sin embargo, su raíz guarda un secreto antiguo: ha sido usada desde tiempos remotos como medicina natural, para cálculos renales o como calmante de inflamaciones.

En este entorno severo, la vida se abre paso con terquedad. Aquí y allá, brotan pinos laricios. Al cruzar por este bosque, muchos de los arboles muestran las cicatrices del trueno. Sus troncos están abiertos, quemados, partidos por la fuerza invisible de los rayos, huellas de una tormenta eléctrica que dejó marcas profundas.

Más adelante, el camino cruza dos ríos estacionales, conocidos por los locales como los “ríos de 40 horas”. No tienen nacimiento fijo ni caudal constante. Sólo aparecen durante el deshielo primaveral o tras las lluvias intensas, fluyendo durante apenas dos días antes de desaparecer. Estos cursos de agua efímeros recorren el corazón erosionado de una antigua colada de lava, dejando al descubierto un lecho de basalto pulido.

Y llegó la parada para el picnic, en el umbral de un refugio que estaba cerrado. Sacamos los bocadillos y a falta de un buen café, Juan compartió sus caramelos de café para ponernos a tono y seguir la ruta.

Mas tarde nos adentramos en la zona de los Monti Sartorius: un conjunto de pequeños conos volcánicos formados por la erupción lateral de 1865. Aquí, el contraste entre los montículos de escoria roja y los bosques de abedules crea un paisaje casi onírico.

Los senderos serpentean entre colinas suaves, donde el suelo cruje bajo las botas. Este tramo del Etna norte no es solo una caminata: es una travesía por el tiempo geológico, por la lucha entre destrucción y renacimiento, donde la lava, el hielo, la lluvia y la vida se encuentran en un equilibrio tan inestable como perfecto.

El sendero penetra luego en un espacio inesperadamente luminoso: un bosque de abedules (Betula aetnensis), especie única en el mundo, que sólo crece en las laderas de este volcán. Sus troncos claros, plateados y rugosos brillan contrastando con el fondo oscuro de ceniza.

Antiguamente, estos abedules eran cuidadosamente cultivados y aprovechados. Su madera se utilizaba para hacer carbón vegetal, y se manejaban como un recurso renovable de gran valor. Hoy, sin embargo, el bosque lucha por sobrevivir: un hongo parasitario ataca los ejemplares deteniendo su crecimiento y debilitando su regeneración natural. Pese a ello, las condiciones climáticas de esta cara del Etna siguen siendo ideales para su supervivencia: la nieve llega ya en octubre, el invierno es largo y frío, y las precipitaciones son abundantes.

Al final del recorrido, el sendero desciende lentamente hasta la carretera de Sant’Alfio, un pequeño pueblo que parece dormir al borde del Etna. Allí nos espera el chofer, con la paciencia de quien conoce los ritmos de la montaña.

Subimos al vehículo cansados, pero con el cuerpo ligero y el alma llena. El silencio en el regreso no es fatiga, sino recogimiento: llevamos los ojos llenos de lava, de bosques heridos por rayos, de ríos que duran un suspiro y de árboles que insisten en vivir. La montaña se queda atrás, pero la imagen quedara en nuestra memoria.

Después dimos un paseo monumental por la bella Catania. Le otorgo un 5 a esta excursión porque fue preciosa.
Inés Rodado

domingo, 12 de mayo de 2024

Excursión 779: Parque Nacional de Dormitor. Lago Negro y Lago Jablan. Montenegro

FICHA TÉCNICA
Inicio: Parque Nacional de Dormitor 
Final: Parque Nacional de Dormitor
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,1 Km 
Desnivel [+]: 530 m 
Desnivel [--]: 530 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 18+14

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Como lo venimos haciendo en los días previos, aun con legañas pero mucha puntualidad, salimos de Kolasin a las 8 de la mañana. Nos toca recorrer una antigua carretera para llegar al Parque Nacional de Durmitor porque la nueva está cortada por desprendimientos.

¡Que pena! Elda nos había dicho que íbamos a cruzar del Puente de Djurdjevica que atraviesa el cañón del rio Tara, el más profundo de Europa y el segundo más profundo del mundo. Este puente, diseñado por Mijat Trojanović, se construyó entre 1937 y 1940. Tiene 365 metros de longitud y cinco arcos, el mayor de los cuales mide 116 metros. La carretera se eleva 172 metros sobre el río. En el momento de su finalización, era el mayor puente de Europa.

El Parque Nacional de Durmitor
es uno de los rincones más espectaculares de los Alpes Dináricos, lleno de miradores, profundos cañones, rutas de senderismo y lagos de aguas cristalinas. Existen 18 lagos glaciares y 40 cimas que superan los 2.000 metros de altura. Este parque, reserva Natural y Patrimonio Mundial de la UNESCO, toma su nombre de la impresionante mole rocosa que alcanza 2.522 metros de altura.

Después de casi dos horas de trayecto en autobús por una carretera estrecha, en no muy buen estado y sin quitamiedos en muchas partes (agradecemos la pericia y la paciencia de nuestro chofer, Claude), llegamos a Crno Jezero (Lago Negro).

Mientras Elda saca las entradas, nosotros esprintamos los 500 metros que separan el aparcamiento del autobús de la cafetería. No tenemos mucho tiempo que perder y todos somos capaces de vender nuestra alma al diablo por un buen café.

Tras un chute de energía con maravillosas vistas al Lago Negro, comenzamos nuestra etapa acompañados de Vera, nuestra guía en el parque, que como buena montenegrina tiene medidas de topmodel. Yo a su lado me siento especie rara.

Algunas de las explicaciones que recibimos de Vera sobre del “Black lake” como ella dice, (sinceramente no se de donde viene el nombre porque de negro nada) son: que es una laguna de origen glaciar situada a más de 1.400 metros de altura, de tonos esmeralda y turquesa y completamente rodeado de altas montañas y bosques frondosos.

Una particularidad de este lago es que cuando tiene poca agua, su forma es como si fueran dos lagos a los que separa un istmo.

Como en el invierno no ha nevado ni prácticamente llovido, el lago tiene poca agua y todas las estaciones de esquí de la zona han estado cerradas. Elda nos dice que el pico del fondo se llama Montaña del Oso, porque su forma desde uno de sus ángulos recuerda a este animal caminando.

El parque es conocido por su impresionante biodiversidad. Oso pardo, lobo, gamo, corzo, gato montés, jabalí y mas de 170 especies de aves (nosotros no vemos prácticamente ninguna) como el águila real, búho, gavilán y otras rapaces. En sus lagos carpas y truchas.

Respecto a la flora, es principalmente bosque de coníferas: pino y abeto (Fran nos explica las diferencias). Vera nos dice que también se encuentra pino negro en una zona de mas altitud, además de  hayas, robles y tejos.

Posee gran variedad de orquídeas, gencianas (de color azul intenso), aster alpino o ranúnculos. Varias de ellas son plantas endémicas, adaptadas a las condiciones específicas del parque.

Aprovechamos para hacer foto de grupo con el Lago Negro como fondo. Como nuestro “San Antonio” ha comprado prebendas, empezamos el recorrido con tiempo gris, pero sin lluvia, y hasta los rayos de sol nos despedirán del parque.

¡Sorpresa! Un nuevo sendero mago guía de 4 patas se añade al grupo y nos va a acompañar todo el recorrido. En principio pensábamos que era el olor de los bocatas de chorizo su atractivo, pero Vera nos dice que no conoce su nombre pero que la acompaña todas las semanas en el recorrido.

De las múltiples rutas que el parque propone, Vera elige llegar al lago Jablan, a 1.791m que se encuentra al pie de la montaña Crvena Greda.

La ruta sigue por un sendero de ascenso moderado por bosque de coníferas y bien señalado. Vera nos muestra el cartel donde se informa de que en el lago Barno viven diminutos animales apodados “Water bears” que pueden soportar condiciones extremas entrando en una hibernación profunda. Al parecer la leyenda que circula es que su agua es muy buena para los problemas de piel.

Luego tomamos un tramo de carretera que pasa por el pueblo alpino Žabljak, lleno de alojamientos para esquiadores y turistas, con cabañas de montaña muy dispersas. Al parecer aquí había mas de 15 molinos de agua de los que solo quedan dos para visitas de turistas.

Abandonamos el pueblo y nos paramos en el pilón, donde aprovechamos para echar un trago y reposar unos minutos. Después empieza la subida mas dura y aquí hay que ir con mucho cuidado para no caer en las trampas que nos ponen las raíces de los arboles.

Poco a poco el paisaje empieza a cambiar. Entramos en una zona más alpina con menos coníferas y mas praderas. Las vistas de las cumbres de Durmitor son increíbles. 

Aprovechamos la gran pradera y el final de una empinada subida para hacer una pequeña pausa y reponer energía. El cielo amenaza con lluvia, pero nuestro “San Antonio” sigue ejerciendo de protector.

Después seguimos por un sendero mas fácil que bordea la ladera de la montana. En el medio del camino hay un árbol caído que corta el camino y sin posibilidad de desviarlo, por lo que atravesar entre sus ramas nos lleva un tiempo.

Las vistas se van haciendo cada vez mas espectaculares y ya se divisa el “Red Rock”, un paredón de roca vertical que según el tipo de luz que recibe se transforma en color anaranjado o rojo. Enfrente tenemos el pico Bobotov Kuk, de 2.528 m, que es la montana más alta del país con una pendiente de 400 m en vertical para llegar a su cumbre.

El camino que sigue hasta el lago Jablan ya no tiene pendiente, cruza una amplia pradera donde según la guía, se llena de flores alpinas de color amarillo a finales de junio formando todo un espectáculo. El 12 de julio celebran la fiesta de las flores y la gente de esta zona recoge flores para decorar calles y casas.

A medida que nos acercamos al lago, el paisaje se vuelve mas verde y exuberante y algo excepcional en el mundo de la globalización es que somos los únicos senderistas en esta zona.

Por fin llegamos a nuestro destino. El esfuerzo ha merecido la pena. Aunque el lago es relativamente pequeño porque prácticamente no ha nevado, sus aguas son cristalinas y tienen un color azul verdoso. Como telón de fondo, este lago tiene formaciones rocosas impresionantes.

Aunque se ha levantado el viento y hace frio, aprovechamos este magnifico entorno digno de restaurante Michelin de tres estrellas para comer. Por supuesto, no olvidamos compartir con nuestro guía de cuatro patas.

Retomamos el camino de vuelta por el mismo sitio, pero con el estomago y los ojos llenos. Como se diría en francés: une randonnée spectaculaire, magnifique et en bonne compagnie !!

Nota para esta ruta, por supuesto la máxima, un 5.
Inés Rodado

miércoles, 23 de mayo de 2018

Excursión 405: La Chorranca y Cerro del Puerco

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pradera de Navalhorno
Final: 
Pradera de Navalhorno
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  14,7 Km
Desnivel [+]: 679 m
Desnivel [--]: 679 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 30

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Me toca organizar la ruta de esta semana por la baja forzada de nuestro boss, y ante varias posibilidades me decido por una sugerida por José Luis M. por los bosques de Valsaín, que prometía tener muchos alicientes.

En la Pradera de Navalhorno nos reunimos con la grata sorpresa de que Ángel Vallés se acercó a saludarnos y no perderse la oportunidad de hacernos la foto de grupo. Tras los saludos, comenzamos a caminar en dirección oeste en busca del viejo camino que antaño llevaba del palacio de la Granja a la pradera de Navalhorno y ahora es una prosaica pista de asfalto cerrada al tráfico y a las vacas mediante dos barreras.

Dejando una serrería a nuestra izquierda, avanzamos entre robles, que estrenan sus hojas, con rumbo noreste, hasta la primera bifurcación, en que tomamos el ramal de la derecha, el camino forestal de Majalapena, en el que a sus orillas se apilaban gran cantidad de troncos, la materia prima que dio origen a La Pradera de Navalhorno, por la creación del Real Taller de Aserrío, que surgió como alojamiento de los dependientes, jornaleros e industriales, procedentes del País Vasco, dedicados a la compraventa de pinos. En un principio, era una aglomeración desordenada de casas y talleres de madera, situada en una pradera pantanosa.

La economía y la cultura de este pueblo se basan en los oficios ligados al pinar: los gabarreros, que recolectan leñas muertas; los ganaderos, que conservan las variedades locales de vaca, los recolectores de setas, que complementan su administración doméstica, y últimamente del turismo rural.

Pasamos a la vera del arroyo de la Chorranca, al que cruzamos por el puente del Vado de los Tres Maderos, aunque de ellos hoy día no queda nada, al haberse transformado en uno de piedra. Las sombras del pinar y la agradable temperatura hacen que disfrutemos del paseo por la Tolla de los Guindos.

En la siguiente bifurcación continuamos por la pista de la derecha dejando el asfalto. A partir de aquí, la pista se empina cada vez más para faldear la Peña de los Acebos por su vertiente meridional, zigzaguea cercana al arroyo de los Neveros, por cuya fuente pasamos, y finalmente asciende hasta el collado previo al Moño de la Tía Andrea, inicio del último tramo a la Silla del Rey. El continuo ascenso hizo que más de uno comentase durante la subida eso de ¿Falta mucho?, ¿Pero no era un paseo?, ¿Cuándo se acaba la cuesta?.

Nos basta una trepada de diez minutos para alcanzar la puntiaguda cúspide del Moño de la Tía Andrea (1689 m). Allí, olvidado por todos salvo por los excursionistas, el sillón de piedra permanece arrumbado como una antigüedad inútil entre altos pinos silvestres, tan altos que apenas permiten vislumbrar retazos de la llanura segoviana, y de la Granja, migajas de la que otrora debió de ser una magnífica vista.

En un borroso epígrafe sobre el respaldo de la silla reza: “El 23 de agosto de 1848 se sentó S. M. Don Francisco de Asís de Vorvón”. Apenas dos años antes de la referida inscripción, en octubre de 1846, habíase malcasado con Isabel II, de la que era primo hermano, y nadie en la Corte daba un duro por su descendencia, pues se barruntaba que, sobre impotente, era cornudo, sospechas que luego serían desmentidas (o confirmadas, según) por los varios embarazos de la reina, quien, entre otros retoños, alumbró en 1857 al futuro Alfonso XII, trastatarabuelo de de nuestro rey actual, Felipe VI.

El descanso relajó los ánimos vengativos de los que sufrieron la subida. Desandamos el camino hasta el collado, continuando por la pista asfaltada que asciende, en dirección sur por Navapelegrín, donde la abandonamos para, internarnos en el pinar, sin senda evidente, a la busca del arroyo de la Chorranca y sus cascadas concatenadas, que desparramaban con estruendo su abundante agua, procedente, 300 metros más arriba, del puerto de los Neveros, donde nace.

Es todo un espectáculo contemplar cómo el agua se precipita por un cortado rocoso de 20 metros de altura y, acto seguido, tropieza con otro escalón que lo obliga a dividirse en dos chorreras gemelas, completando de esta forma un triple salto de belleza mortal, el más original y bello de la sierra.

Tras las innumerables fotos con la preciosa cola de caballo de fondo, continuamos el empinado descenso, con la certeza de que la belleza del lugar había justificado el esfuerzo de llegar hasta allí.

Con el arroyo resonando a nuestra izquierda, descubriendo un buen rato después, al otro lado del arroyo, la vieja cacera que, procedente del arroyo de Peñalara, se descuelga en catarata por la brava ladera antes de unirse con el de la Chorranca y llevarse parte de su caudal hacia los jardines de La Granja. En este artículo se habla con nostalgia de ella.

Al perder la senda la pendiente, donde el arroyo de la Chorranca gira hacia la derecha en dirección este, paramos para buscar el mejor sitio para cruzarlo, encontrando para nuestra fortuna un rústico puente hecho con largos palos, que si bien no parecía muy seguro, nos facilitó el paso, con el aliciente añadido de la malvada expectación creada por si alguno se iba al agua.

Siguiendo una tenue senda y luego una amplia pista descendimos. en dirección este, a la muy desconocida fuente del Ratón, enclavada en un íntimo rincón con mesa y banco de madera bajo la sombra de unos esbeltos pinos que hacen de este lugar un encantador oasis.

A pocos metros más abajo de la fuente, descubrimos la acequia que lleva el agua a la Granja, a la que seguimos durante unos metros, pero como nuestro objetivo era visitar la cueva del Monje, abandonamos la agradable senda, que da mucha vuelta, para buscar, campo a través la forma de llegar a ella, en dirección noreste, lo más rectos posibles.

Y ciertamente, comprobamos esa máxima del senderista que dice que no hay atajo sin trabajo, porque el empinado ascenso nos hizo sudar la camiseta.

Yo por si acaso, nada más llegar a la pradera que ocupan el legendario dolmen de la cueva del Monje y un vivero forestal cercado con una rústica empalizada, me subí a lo más alto de la puntiaguda roca para evitar las malas tentaciones que escuché de partirle las piernas a no se quién que hacía de guía, aunque no veía yo muchas fuerzas para tamaña venganza, a no ser que fuera por encargo a nuestras temidas sicarias.

Tras recobrar el aliento, continuamos por la pista asfaltada de la izquierda en dirección norte y al acabar de dar una amplia curva, nos salimos a la izquierda para seguir la senda que nos llevaría al Cerro del Puerco, no sin antes despedir allí a las estrellas fugaces del día.

El Cerro del Puerco (1422 m) es una zona llana y abierta, con grandes lanchares graníticos y hermosas vistas, conocido sobre todo, por haber sido uno de los lugares en los que, durante la "Batalla de La Granja", en la Guerra Civil española, se produjeron unos cortos pero brutales combates, en los que aún hoy son reconocibles fortificaciones que las tropas sublevadas habían levantado en el cerro, a marchas forzadas, fueron la clave del rotundo fracaso del ejército republicano de tomar esta posición y avanzar hacia Segovia.

Contemplando el hipotético escenario de la batalla y con unas inmejorables vistas de Cabeza Grande, la Cruz de la Gallega, Matabueyes, Valsaín, la Granja e incluso Segovia, nos tomamos los ya ansiados bocadillos, regados con las agradecidas botas de vino de costumbre.


Ya solo nos quedaba bajar a La Pradera por una desdibujada senda que pasa junto a un fortín y enlaza con una pista con un par de zetas que enseguida nos plantó en el camino de la Granja a la Pradera y de allí a nuestro punto de salida, frente al bar la Pradera, que ahora se llama La Tomasa, donde celebramos con frescas cervezas la finalización de esta bonita ruta, no tan sencilla como algunos esperaban, pero que seguro será de las que no se olvidan, espero que para bien.

Por todo ello, esta bonita excursión se ha merecido 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez


FOTOS
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Fotos de Enrique Cid
Fotos de José Luis Molero
Fotos de Julián Suela
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