miércoles, 14 de agosto de 2019

Excursión 477: Monte Abantos con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: San Lorenzo de El Escorial
Final:  San Lorenzo de El Escorial
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 12,5 Km
Desnivel [+]: 774 m
Desnivel [--]: 774 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 45

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta






TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)


PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
En las excursiones estivales no puede faltar una nocturna con luna llena, y como cada año buscamos nuevo emplazamiento, era el momento de hacerla subiendo al pico Abantos, que con sus 1753 metros de altura otea sin rival la planicie madrileña y el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Como valor añadido a la excursión, íbamos a recorrer uno de los sitios emblemáticos del Real Sitio de El Escorial y su Monte Abantos, declarado Paisaje Pintoresco en 1961, que alberga un impresionante pinar de repoblación de más de cien años de antigüedad, ordenado con criterios paisajísticos, con pino resinero y laricio en las partes bajas y pino de Valsaín en las altas. Junto a ellos otras especies introducidas como las que se encuentran en el recorrido: hayas y alerces. 

Luna llena, sitio emblemático, panorámicas impresionantes y ni una nube, con estos ingredientes, el éxito estaba asegurado.

Con cinco caras nuevas (Rocío, Alberto, Jorge, Jaime Miguel y Silvia) y un total de 45 participantes, iniciamos la ruta a las 18:30 de la tarde, a fin de llegar a tiempo a la cumbre para contemplar la salida de la luna.

Subimos por las escaleras que dan a la explanada del Euroforum, bello edificio remodelado en 2013 en el que se organizan eventos y cursos de formación. Lo dejamos atrás y en la curva, giramos a la izquierda, para subir unos escalones y seguir una empinada senda que bordea el casi vacío embalse del Romeral.

Pronto alcanzamos una pista, por la que seguimos en dirección noroeste, pasamos junto a la fuente de Santiago Arroyo, en la que nuestras mascotas se apresuran a zambullirse para beber y,más adelante, alcanzamos la carretera que sube al Puerto de Malagón, moderándose algo la pendiente, momento que aprovechamos para reagruparnos.

Dejamos la carretera y nos internamos por la izquierda en una bonita senda para seguir ascendiendo entre pinos y alguna que otra haya, pasando por el Mirador de los Alerces, con magníficas vistas del valle, que se prestan a encuadres maravillosos en las fotos y que se llama así por la presencia cercana de ejemplares de esta singular conífera, de las pocas de hoja caduca.

Desde el mirador, continuamos ascendiendo para disfrutar del pequeño pero precioso hayedo que repoblaron los estudiantes y profesores de la Escuela de Ingenieros Forestales desde 1870, y que escondido entre pinares es muy desconocido para la mayoría de los madrileños, pero que tiene unos hermosos ejemplares que nada tienen que envidiar a los del Hayedo de Montejo, que con sus 250 hectáreas de hayas, es el más popular en la Comunidad de Madrid. Éste de San Lorenzo está mucho más cerca, sin restricciones de acceso y de irresistible belleza.

Son árboles procedentes de una replantación del siglo pasado que han logrado adaptarse y prosperar a pesar del ganado vacuno de la zona y que han sembrado el camino de árboles jóvenes. Su cifra se sitúa por debajo del centenar, mayoritariamente en este camino que sube hasta el Puerto de Malagón, conocido como el Camino de los Gallegos.

Tras breves paradas para las fotos, continuamos disfrutando de un paseo repleto de tonalidades ocres, rojas y amarillas, con extraordinario valor ambiental. Al poco nos desviamos unos metros para acercarnos a la Fuente del Trampalón, de la que salia un hilo de agua.

Proseguimos la ascensión para salir otra vez a la carretera del puerto, pasamos junto al Descansadero de Malagón, un ramal de la Cañada Real Leonesa, desde el que enseguida alcanzamos el puerto del mismo nombre, con amplias vistas hacia el valle y embalse del arroyo del Tobar.

Desde allí, tras una curva, giramos a la derecha, por una senda que enlaza con la pista que lleva al pico Abantos, desviándonos de ella al poco para acercarnos a la estilizada y blanca cruz de Rubens y disfrutar de las magnificas vistas que se tienen desde el risco en el que está instalada.

El sencillo monumento recuerda el paso por estos montes de Pedro Pablo Rubens, que además de excelente pintor era diplomático, lo que le trajo a Madrid en septiembre de 1628, en un intento de mediar ante el monarca Felipe IV para que España alcanzase la paz con Inglaterra. En una salida al Escorial tuvo tiempo de encaramarse a lo alto de este risco para pintar desde aquí su conocida vista del Monasterio.

Después de hacernos múltiples fotos con la cruz como protagonista, alcanzamos de nuevo la pista, proseguimos por ella, cruzamos el incipiente arroyo del Romeral, sin gota de agua, y llegamos a la cresta del Monte Abantos. Unas vacas habían llegado primero y reclamaban su derecho a no moverse de allí por nuestra presencia.

Este precipicio es utilizado para despegar en parapente por los fanáticos de esta modalidad de vuelo, por eso en el risco cercano ondea un palo con una bandera roja, utilizada para ver la dirección del viento.

Mientras unos aprovecharon para darse un respiro mientras llegaban el resto, otros descendimos hacia la caseta de vigilancia contra incendios, para disfrutar de las inmejorables vistas que desde este privilegiado mirador se tiene del Monasterio de El Escorial y su entorno, pero la presencia del vigilante nos hizo desistir de ello y nos conformamos con las vistas, igualmente impresionantes, desde un roquedal cercano.

Reagrupados todos, recorrimos los pocos metros que nos separaban de la cumbre, llegando a ella justo en el momento en que el sol se iba acercando al horizonte desplegando sus rojizos rayos por la atmósfera. Disfrutamos muchísimo contemplando, desde este excepcional balcón, cómo salía la luna llena y a la vez se ponía el sol.

Por si este espectáculo no fuera suficiente, nos extasiamos admirando El Escorial, su monasterio, Las Machotas, el Cerro de San Benito, la Almenara, parte de Gredos, la Sierra de Hoyo, la Cuerda Larga, Peñalara y el Montón de Trigo, además de toda la planicie de Madrid, que poco a poco iba encendiendo luces de calles, carreteras y casas, como si de un belén se tratara. ¿Qué más podíamos pedir?

Mientras esperábamos a que el sol muriera ensangrentado por el oeste y la luna remontase el vuelo sonrojada por el este, nos hicimos la foto de grupo, recuperando gratamente, tras una larga temporada ausente, a José María para este menester.

Sin prisas nos tomamos los bocadillos, a la vez que aumentábamos las capas de ropa, para mitigar el frío creciente, que algo de viento se ocupaba de hacer notar cada vez con más fuerza.

Para amenizar la espera, disfrutamos con los cánticos del sector segoviano, cada vez más numeroso y nos entretuvimos en identificar, en tierra, los pueblos que brillaban como neuronas conectadas unos con otros por la luminosas carreteras; por el cielo, las estrellas, planetas y constelaciones más conocidas, que algunos identificaban fácilmente, y otros, como yo menos avezado, con la ayuda del móvil.

La pena es que los fuegos artificiales para celebrar las fiestas de San Lorenzo serían a la noche siguiente, hubiese sido espectacular haberlos podido contemplar desde aquí, ¡eso sí que hubiese sido un buen entretenimiento!. Para compensarlo, me acerqué a verlos a la noche siguiente y los he incluido en mis fotos de la ruta.

Cuando la luna había alcanzado suficiente altura, a eso de las 11:30 recogimos y nos pusimos en marcha, siguiendo con linternas y frontales la senda, coincidente con el GR-10, que baja entre pinos a una pradera donde se encuentra la fuente del Cervunal, donde paramos a rellenar las botellas con el agua que manaba de su caño.

Continuamos el descenso por el GR-10, en dirección sur, con el arroyo del Romeral a la derecha y la Solana de Enmedio y Solana de la Barranquilla, a la izquierda, senda que en su mayoría es amplia y cómoda, hasta llegar a un roquedal donde paramos a reagruparnos.

El siguiente tramo de bajada fue menos cómodo, más estrecho, con más piedras y con bastantes zetas que compensaban en parte la fuerte pendiente y proporcionaban una vista espectacular de todos serpenteando en fila, iluminados como si fuéramos luciérnagas en continuo movimiento.

Tras cruzar por un paso giratorio y llegar a una pista de tierra, que cruzamos un poco más adelante, continuamos por una pista asfaltada, por la que continuamos hasta dar una cerrada curva, tras la cual la abandonamos por nuestra derecha para alcanzar el arroyo del Romeral, que vadeamos sin agua, para continuar en dirección sureste hasta dar con la pista por la que habíamos ascendido al principio de la ruta.

Un giro a la izquierda, y la senda que desciende junto al embalse del Romeral nos devolvió de nuevo al aparcamiento del Euroform, a todos menos a dos, que iban de avanzadilla y no cogieron el desvío a tiempo, pero que felizmente regresaron donde habíamos dejado los coches.

Allí nos esperaba José Luis M, con abundantes botellas de cava bien fresquito y un amplio surtido de gominolas para celebrar el cumpleaños de Rosa, su esposa, a la que le cantamos por tercera vez el cumpleaños feliz.

Por lo bonito del recorrido, lo impactante de la imagen de la luna llena sobre Madrid y el estupendo fin de fiesta (gracias pareja), esta excursión se merece la máxima nota, un 5.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

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