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miércoles, 25 de septiembre de 2024

Excursión 801: Circular desde Torrelaguna a Patones de Arriba

FICHA TÉCNICA
Inicio: Torrelaguna 
Final: Torrelaguna
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 15,7 Km 
Desnivel [+]: 426 m 
Desnivel [--]: 426 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 17

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Un grupo de 17 senderomagos y tres perritos nos reunimos en el aparcamiento Antonio Martín de Torrelaguna. Esta vez iríamos también de la mano de Carlos R, nuestro experimentado guía, puesto que el boss sigue “disfrutando” de esas vacaciones forzosas que no ha tenido más remedio que coger.

Me hacía ilusión hacer esta ruta porque, además de ser asequible, dado mi bajo estado de forma, íbamos a ver algunas de las infraestructuras del Canal de Isabel II y siempre es muy agradable caminar por sitios con interés histórico.

El día estaba bastante nublado pero no amenazaba lluvia y, de hecho, no nos cayó ni una gota en toda la excursión.

Comenzamos nuestro recorrido por las pintorescas calles de Torrelaguna y tras unos minutos de caminata, ascendimos junto al cauce seco del arroyo de Matachivos. Julián S. siempre atento, capturó a José María P. en pleno "publirreportaje", mientras que el fotógrafo del grupo también inmortalizaba a Julián. Cruzamos un pequeño puente que nos llevó a la ermita de San Sebastián que, aunque tiene orígenes bajomedievales es de poca importancia artística, puesto que está prácticamente reconstruida en el siglo XX, y a la hermosa fuente que se encuentra frente a ella.

Después de aproximadamente 15 minutos de caminata por las calles del pueblo finalmente nos adentramos en el campo. Nada más salir nos encontramos un cartel que ponía “Proyecto cauce; restauración de los márgenes y riberas del arroyo San Vicente. Anualidad 2003. Plazo de ejecución, 4 meses”.

No sé si es que la obra aún no se ha terminado (no me extrañaría; esto es España) o alguien se olvidó de quitar el cartel. La verdad es que, en cualquier caso, uno no sabe si reír o llorar, dado el estado de la zona.

Por la colada de San Sebastián tomamos una empinada senda (unos cien metros de desnivel), que nos llevó al camino de Torrelaguna al Berrueco, siendo este tramo el primero de los barrancos con el que nos habíamos de topar.

El ascenso fue algo incómodo porque la senda era muy estrecha y pedregosa; enseguida nos encontramos con uno de los acueductos que transportan agua a Madrid: el Sifón de Matachivos: es una estructura histórica que forma parte del sistema de canalización de agua del Canal de Isabel II: se construyó en el siglo XIX para transportar agua desde los manantiales hacia Madrid, aprovechando la topografía del terreno; se caracteriza por su arquitectura ingenieril, que combina funcionalidad y estética, mostrando los avances técnicos de su época.

El Sifón de Matachivos no solo es relevante por su función en el suministro de agua, sino también por su valor histórico, ya que representa el desarrollo de infraestructuras hídricas en el siglo XIX, que fueron cruciales para el crecimiento de Madrid.

La historia del Canal de Isabel II es muy interesante. Está vinculada a la expansión y modernización del abastecimiento de agua en la Comunidad de Madrid durante el siglo XIX. Se inauguró oficialmente en 1851 y estaba diseñado para llevar agua desde los ríos Lozoya y Manzanares. El canal fue una obra monumental para la época y permitió mejorar notablemente las condiciones de vida en la ciudad.

Como sabemos, el agua ha sido (y es) un problema histórico en el mundo, pero en el siglo XVIII se disparó en Madrid por el aumento de la población y las nuevas ideas de la Ilustración sobre la higiene. Quiero destacar la importante labor de Bravo Murillo, que, además de una celebérrima calle de Madrid, fue ministro de Fomento con Isabel II y uno de los impulsores del Canal.

En Torrelaguna, como en otras localidades, se llevaron a cabo obras para captar y transportar agua. La construcción de infraestructuras, como depósitos y tuberías, fue clave para llevar el agua desde manantiales cercanos a las casas de los habitantes.

Además de su importancia funcional, el canal tuvo un impacto social y económico en la región, contribuyendo al desarrollo local y mejorando la calidad de vida.

Como no me quiero enrollar demasiado, para saber más, me remito a esta entrada de la Wikipedia, que es excelente.

Después tomamos un desvío con una ligera bajada para volver a ascender por la Caleriza del Mortero y la senda nos condujo al barranco de La Dehesa Vieja, con otra ascensión otros cien metros, donde, como es habitual, yo iba al final del grupo.

A lo largo del camino, el suelo de caliza se hacía visible, con formaciones minerales curiosas que requerían atención al ascender. Afortunadamente, la senda se volvió más cómoda; al final de la misma nos topamos, a la izquierda, con una curiosa casa que tenía incluso un frontón.

Después de otra ligera bajada, comenzamos otra subida, cada uno a su propio ritmo. Finalmente, alcanzamos la cumbre del Cerro Espartera, donde hicimos una pausa para el ángelus. Esta zona, conocida como Los Tomillares, desprendía un delicioso aroma a tomillo, haciendo honor a su nombre.

Tras reponer fuerzas, descendimos bastante empinadamente hacia el arroyo del Cancho de la Cabeza, donde nos reagrupamos de nuevo. Después nos encontramos con el barranco de Las Larguillas. En este punto ya había perdido la cuenta de los barrancos que habíamos subido y bajado.

Iniciamos la última subida ¡por fin¡ por la Dehesa Boyal de Patones y el Cerro de la Coronilla: otros 125 metros de ascensión que me empezaban a pesar.

Menos mal que el día era estupendo para andar y las vistas eran fantásticas: aunque no es uno de los picos más altos de la sierra, su altitud permite disfrutar de vistas espectaculares de los alrededores, incluidos los pueblos cercanos y los paisajes montañosos y desde luego teníamos Patones de Arriba ya a la vista, con sus casa de piedra integradas en el paisaje.

Algunos se hicieron fotos de recuerdo en ese punto y ya caminamos sin parar hasta llegar al pueblo.

Primero cruzamos el puente y la mitad de grupo decidimos ascender al pueblo para disfrutar de unas cervezas fresquitas en el bar "El rey de Patones". El rey de Patones era el jefe de una pintoresca monarquía hereditaria, supuestamente de origen visigodo, que, según la leyenda, pervivió en el pueblo castellano de Patones, hasta el año 1750. Parece ser que las 10 o 12 familias residentes en la localidad acataban la autoridad de un anciano al que daban el título de rey y que este cargo era hereditario, aunque, en la práctica se trataba más bien de una especie de alcalde o juez de paz de origen humilde.

La otra mitad se quedó en el lavadero que está muy bien conservado y supone un excelente ejemplo de lavadero tradicional; recibe el agua de una fuente cercana a través de un estrecho canal adosado a la pared.

Después de la pausa cervecera regresamos al punto de encuentro con el resto del grupo, donde nos tomamos la clásica foto de grupo en el mismo lavadero. Después de la comida continuamos explorando los bellos rincones del pueblo; todo precioso, a excepción de los feos contenedores de basura ubicados en el lugar menos indicado posible.

Nada más salir vimos otro sifón del llamado Canal Alto del Jarama y el Sifón de Patones, lugares que se prestaron a que los fotógrafos del grupo hicieran numerosas fotos.

La bajada hacia Patones de Abajo fue espectacular. No pensaba que me iba a sorprender tanto una excursión por esta parte de la sierra. Paramos unos minutos en una construcción circular que nos recordó a Cabeza Lijar. En la distancia, se distinguía la silueta del Cerro de San Pedro, donde habíamos estado la semana anterior en nuestra excursión número 800.

También se distinguían las cárcavas que tenían un aspecto fantasmagórico debido a la neblina que las cubría; me recordaba un poco algunos paisajes de "El señor de los anillos", en concreto al Abismo de Helm.

Finalmente, tomamos la pista del Canal de Isabel II para regresar a Torrelaguna; después de bajar por el cerrillo de Zumacar y el camino de servicio del Canal, nos encontramos con un maravilloso camino lleno de olivos cuajados de aceitunas; este sendero me trajo recuerdos de ciertos caminos secretos en el oeste de Sicilia (como son secretos no diré donde están).

Finalmente llegamos a Torrelaguna, donde nos reagrupamos y despedimos ¡hasta la próxima¡

Quiero finalizar dando las gracias José María P. y a Paco N. por sus excepcionales publirreportaje y perfil de la ruta, sin los cuales no hubiera podido escribir esta crónica y a Carlos R. por el mimo con el que nos trata a todos los senderomagos.

Por la belleza de los barrancos, las estupendas vistas, el encanto de Patones, la cerveza fresquísima en el restaurante y los aspectos históricos de la ruta, le doy a esta excursión 5 sicarias.
Paz Rincón

miércoles, 11 de abril de 2012

Excursión 090: Senda del Genaro. El Berrueco - Patones

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Berrueco
Final: Patones de Abajo
Tiempo: 3 horas
Distancia: 12,3 km
Desnivel [+]: 396 m
Desnivel [--]: 605 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 3
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

MAPA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN

Estupenda excursión de vuelta de vacaciones. Una ruta sencilla y agradable, idónea para volver a estar en forma tras el parón de Semana Santa.

Hemos recorrido la primera de las seis etapas que forman la Senda del Genaro que bordea el embalse del Atazar, desde El Berrueco hasta Patones de Arriba y posterior prolongación a Patones de Abajo.

Hemos disfrutado de las diferentes vistas que la senda nos ha proporcionado del embalse y la parte sur de la Sierra de la Cabrera.

Un recorrido utilizado desde antaño por pastores de la comarca y mucho antes, por las tropas musulmanas del emirato de Muhamed I de Córdoba que dominaron estas tierras, poder que ejercieron en España entre los años 711 y 1492.

Por momentos nos hemos creído estar vigilando el horizonte al subir a la Atalaya de Torrepedrera desde su privilegiada ubicación, que aunque muy restaurada, aún conserva su piedra original, de tipo pedernal formada por grandes trozos casi sin desbastar.

La senda prosigue por el espacio que media entre la carretera y el cierre ganadero. La jara, aromática y pringosa inunda buena parte del recorrido, que discurre por entre la linde de las fincas cerradas y la carretera, cuando va sobrealzada, o con tramos en trinchera.

Dejamos de ver por bastante tiempo el embalse y sus entornos. Al poco, abandonamos la senda que discurre junto a la carretera, ante la mirada de la Atalaya al fondo.

Tras una subida de hasta los 1082 metros, hemos bajado en rápido descenso entre matorral y restos de árboles calcinados, testigos silenciosos del incendio que hubo en esta zona, hasta alcanzar el escondido reino de Patones de Arriba, pueblo de pizarra y cuestas empedradas, que parece anclado en otro tiempo al conservar su estructura y sabor medieval, donde pintores y fotógrafos tiene cientos de rincones donde extasiarse.

Pasamos junto a uno de los símbolos del pueblo, la antigua iglesia de San José, del siglo XVII, en la que está ahora ubicada la Oficina de Turismo.

Toda una postal miles de veces inmortalizada por los que cada fin de semana se acercan a pasear por estas estrechas calles y degustar la gastronomía de sus numerosos restaurantes.

Desde él hemos descendimos a Patones de Abajo, siguiendo una bonita senda que pasa bajo los canales que llevan el agua a Madrid procedentes de los embalse del río Lozoya.

Y con el hambre acumulada y los pies cansados, por los casi 13 Km recorridos, nos hemos apresurado a dar cuenta de los huevos con morcilla, carne, chorizo, lomo o panceta que nos esperaban en nuestro entrañable bar Manolo de Patones de Abajo.

Allí fuimos atendidos con la simpatía y buen hacer que caracteriza a María y las chicas que lo regentan, renovando el buen ambiente del grupo, que iba en aumento conforme más cerveza y chupitos nos servían.

Y siguiendo el encargo de Antolín, me he puesto en contacto con la Agencia Madi Senderismo, que aunque atareada en bajar una y otra vez la calificación de la deuda, ha tenido a bien otorgar 3 Sicarias en su escala de 5 Sicarias a esta ruta, a pesar de que algunos senderistas clamaban por un 4, pero ya se sabe que estamos en la era de los recortes.
Paco Nieto

ENLACES

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SENDA DEL GENARO