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miércoles, 1 de octubre de 2025

Excursión 876: Vuelta por Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Presa de Navacerrada 
Final: 
Presa de Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,5 Km 
Desnivel [+]: 368 m 
Desnivel [--]: 368 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
A las 10: 06 h., de una mañana despejada y luminosa, un nutrido grupo de senderistas del GMSMA, entre los que se encontraba nuestra compañera y amiga Pepa, salimos del aparcamiento para iniciar la marcha prevista.

Pasando la valla, por un paso de pescadores, accedimos a un sendero, que en poco tiempo nos llevó al embalse de Navacerrada, que empieza a mostrar los signos de la falta de agua en esta época del año y donde pudimos admirar un entorno bien conocido por muchos de nosotros, a saber, La Maliciosa, La Bola del Mundo, Siete Picos y Montón de Trigo, entre otros.

Continuamos la caminata y pasamos a un sendero que atraviesa un bosquecillo de coníferas salpicado de viviendas, hasta llegar a la carretera M-601, que cruzamos para adentrarnos en la Dehesa de Jarahonda, con la intención de llegar al Cerro de la Golondrina.

En la explotación de esta dehesa, conviven la apicultura, con la explotación agropecuaria y los planes técnicos de caza. Desconozco, si entre ganaderos, apicultores y cazadores existe algún tipo de disputa o si, por el contrario, la convivencia es provechosa para todos.

El aprovechamiento cinegético de la dehesa, comprende la gestión y uso ordenado de la fauna salvaje con fines económicos y recreativos.

Se realiza mediante la elaboración de planes de aprovechamiento que regulan las capturas para controlar poblaciones, mejorar economías rurales y conservar especies, al mismo tiempo que se protegen los hábitats naturales.

Se elaboran planes técnicos de caza, que incluyen inventarios de fauna, estimaciones de capturas y criterios de gestión para un uso sostenible.

De hecho, en Navacerrada, la caza de temporada general, incluyendo la caza mayor, se abre el 8 de octubre de 2025, extendiéndose hasta el 21 de febrero de 2026.

Continuamos la marcha, saliendo del camino y accediendo a un sendero con dirección al Cerro de la Golondrina, atravesando un pequeño bosque de robles, con sus peculiares colores del inicio del otoño, amarillos, verdes y marrones , que nos llevó a la ermita de San Antonio.

Su construcción es de 1.970 y respondió al deseo de contar con un espacio de culto en honor a San Antonio de Padua, patrón de gran devoción entre los vecinos de Navacerrada.

Desde su inauguración, la ermita se ha convertido en el destino tradicional de la romería popular que se celebra cada 13 de junio. En esta fecha, los habitantes de Navacerrada se trasladan en procesión hasta la ermita para honrar al santo con actos religiosos y festivos.

La ermita de San Antonio es una construcción sencilla y funcional, realizada en piedra granítica. El edificio consta de una única nave rectangular, con tejado de una sola agua cubierto de teja cerámica.

El acceso principal se encuentra precedido por un porche abierto, sostenido por columnas cuadradas de piedra, al que se accede mediante una pequeña escalinata de peldaños igualmente de piedra. Este espacio sirve como antesala a la puerta de entrada.

En uno de los laterales se alza una espadaña de piedra con un vano de arco de medio punto que alberga la campana, coronada por una cruz metálica. La sobriedad del conjunto se integra armónicamente en el paisaje de la dehesa.

Las fiestas incluyen diversas actividades como juegos infantiles, espectáculos ecuestres, degustaciones de patatas con costillas y churros con chocolate.

Seguimos nuestra excursión y tras una ligera subida, nos encontramos con un pedrero, desde el que tuvimos unas estupendas vistas del pueblo de Cercedilla, con sus casas blancas y cubiertas de teja, rodeado de vegetación. Y como fondo, Peña el Águila, Montón de Trigo, La Peñota, Cerro Malejo, Marichiva y Minguete. Debajo del Montón de Trigo, el famoso Mirador de los Poetas.

A la derecha, en plena sierra de Guadarrama, se observa, la Casa de las Mariposas de la Institución Libre de Enseñanza Giner de los Ríos.

La Casa de las Mariposas, es en realidad una casa-refugio, que la Institución Libre de Enseñanza pudo construir en 1912, gracias a una donación económica y a la cesión del terreno donde edificar por parte del ayuntamiento de Cercedilla. La misma tenía dos habitaciones y un zaguán, siendo su único sistema de iluminación por velas.

Giner de los Ríos no pudo llevar a cabo una última ilusión: retirase como ermitaño en esta edificación ya que falleció el 18 de febrero de 1915.

Al parecer la Casa de las Mariposas fue un albergue utilizado para las colonias de verano de la Institución Libre de Enseñanza, un movimiento educativo e innovador, liderado por Giner de los Ríos que buscaba promover el aprendizaje juvenil en armonía con el entorno natural y el paisaje, para lo que, se organizaban actividades educativas, vinculando la formación con la naturaleza.

Según la Fundación Giner de los Ríos, en julio de 1883, Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío, junto con un grupo de profesores y alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, llevaron a cabo la primera excursión pedagógica a la Sierra de Guadarrama de la que se tiene noticia.

Iniciaron su andadura desde la estación de Villalba, lugar más cercano a la Sierra a donde llegaba el ferrocarril. Atravesaron en tres días la sierra y llegaron a La Granja. La narración de aquella excursión quedó recogida en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza y gracias a ello, podemos saber que, en esa ruta, el día previsto para caminar desde la Estación de Cercedilla al Puerto de Navacerrada, pasaron por la Casa de las Mariposas.

Según diversos autores, entre otros Juan Luis Gómez Gutiérrez, del Centro Superior de Estudios Universitarios la Salle, Cossío y Giner de los Ríos, tuvieron una “evidente influencia en el nacimiento de una actividad que en la actualidad se muestra vigorosa en la práctica, pero casi siempre ciega hacia aquellos que tan voluntariosa e intrépidamente comenzaron con el estudio, conocimiento y admiración hacia la Sierra del Guadarrama.

Aquellos que hicieron de este entorno natural su “aula de naturaleza y vida” para numerosas generaciones de alumnos. La naturaleza, el paisaje y la educación se unen en la voluntad de este documento. El inicio del guadarramismo y su influencia sobre grandes figuras de la cultura española se refleja en sus páginas. Giner y Cossío siguen paseando a nuestro lado admirando los contornos de la Mujer Muerta o los colores teñidos de oro de Peñalara al amanecer.”

Según éste, “supuso un punto de partida y un referente para una legión de institucionistas y personas cercanas a la ILE que encontraron en el acercamiento a la naturaleza, y más concretamente a los montes de El Pardo y Guadarrama un entorno de admiración, de aprendizaje, de reflexión tranquila acerca de los valores naturales, pero también de los significados que estos podían tener en la búsqueda de las claves de la añorada identidad nacional y de la necesidad de la ansiada regeneración de España como pueblo.”

Junto al Ventorrillo y en esa época (1910) se construyó la Estación Biológica Alpina de Guadarrama, estando implicada en su formación, como no, la Institución Libre de Enseñanza a través de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Que a su vez originó, mediante esta Junta, la creación de instituciones científicas pioneras en la Península y germen, también, de muchas actuales.

Entre el pueblo de Cercedilla y la Casa de las Mariposas, se puede observar el embalse de Navalmedio que luce entre la vegetación.

Volvemos al camino y seguimos andando, en ligero ascenso, hasta llegar a un pedrero en el Cerro de la Rueda, con vistas a la Peñota, donde decidimos descansar mientras tomamos un refrigerio

Puestos de nuevo en marcha y tras una subida, accedemos por fin, al Cerro de la Golondrina para después de bajar y cruzar la carretera M-601, subir al Cerro Antón Real, y de nuevo descender hasta llegar al pequeño embalse del Chiquillo y la Fuente del Chiquillo, donde a su lado, crece un hermoso serbal de los cazadores. Ya de bajada, pudimos ver la antigua Fuente de los Chiquillos.

Desde este punto, realizamos el descenso, cruzando la M -607 y entrando al pueblo de Navacerrada, donde pasamos por sus calles, para llegar al embalse y dirigirnos al aparcamiento donde se encontraban los vehículos, que nos iban a llevar al restaurante la Lhumbre de Collado Mediano, donde celebramos los cumpleaños de presentes, Pepa y José María y ausentes Marcos y Leonor y, donde degustamos una estupenda comida. Felicidades a los cumpleañeros.

Esta jornada la valoro con cinco sicarias, por el estupendo día de inicio de otoño y la celebración cumpleañera.
Sagrario Martín

FOTO REPORTAJES

miércoles, 5 de febrero de 2020

Excursión 507: Alrededores de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Las Postas. Navacerrada
Final: Las Postas. Navacerrada
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  13,9 Km
Desnivel [+]: 367 m
Desnivel [--]: 367 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 49

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Cuando se unen las frases "buen tiempo" y "ruta con comida en restaurante" el éxito de la convocatoria está asegurado. Esto es lo que pasó en esta ocasión y si además se rumorea que a los postres va haber baile, entonces ¡para qué queremos más!

Hasta 49 participantes acudimos al aparcamiento del restaurante Las Postas, atraídos por esas dos frases mágicas, para  realizar  tan atractiva ruta. Allí nos reencontramos, con gran satisfacción, con los que no vienen habitualmente y reservan su presencia para ocasiones como esta.

A la hora prevista, nos pusimos en marcha, dirigiéndonos hacia la rotonda de la carretera M-601, la que hay a la entrada de Navacerrada, donde giramos a la izquierda y, pasada la valla por el acceso peatonal, seguimos por la pista que asciende a la Ermita de San Antonio.

Cuenta una leyenda que su emplazamiento se debe a que una de las piadosas golondrinas que aliviaron el dolor de Cristo en la cruz, arrancándole una de las espinas de su frente, voló hasta desplomarse exánime en el monte que, por eso mismo, se llama de la Golondrina, situado junto a la Ermita.

En este lugar cada 13 de junio celebran los cerrudos, que es como llaman a los vecinos de Navacerrada, la romería en honor a su patrón San Antonio de Padua. Como curiosidad, en su recinto se encuentra la fuente de la Ermita, que solo tiene agua el día del Santo.

Tras el breve descanso, retomamos la pista y la seguimos en dirección oeste y al llegar a una bifurcación giramos a la derecha para ascender en dirección norte por el Raso de la Majadilla, pasamos junto a otra fuente, una más de las muchas de la zona, llamada fuente del Raso.

Esta dehesa es uno de los paseos preferidos de los residentes y una buena opción para los visitantes que no desean atacar montes mayores o porque van con niños.

Pensando en éstos, el Ayuntamiento ha señalizado un circuito que permite recorrerla en un par de horas, gozando de uno de los mejores robledales de Madrid: un bosque que, dorado a fuego lento por el sol huidizo de octubre, es cuando más bello está.

Al poco de dejar la fuente, abandonamos la pista para seguir una senda que tras pasar un portón y dejar el Cerro de la Peña del Sol a la derecha, se dirige, en dirección oeste, al Cerro de las Ruedas, en cuya cima se sitúa una caseta de control y vigilancia de incendios con inmejorables vistas.

Hasta 14 montañas son perfectamente reconocibles: desde la Mujer Muerta (a poniente) hasta la Maliciosa (a naciente), pasando por Siete Picos, macizo éste que se yergue justo enfrente, afilando su aguda dentellada, como dijo el poeta José García Nieto, sobre el cóncavo pinariego que arropa a Cercedilla.

Tras deleitarnos con las estupendas panorámicas y hacer decenas de fotos, volvimos sobre nuestros pasos hasta dar de nuevo con la pista, por la que seguimos hacia el collado del Buey y, bordeando la falda del Cerro de La Golondrina, que nos quedaba a la derecha, llegar a la dehesa de la Golondrina.

En este punto, nos salimos de la cómoda pista para continuar por una estrecha senda, que se interna en espeso robledal, que cruzamos hasta alcanzar el Colladillo, una hermosa pradera en la que paramos a tomar el tentempié de media mañana, como si de una romería se tratase, en la que faltaron las botas de vino y dulces de diferente procedencia que pasan de mano en mano.

Recuperadas las fuerzas, descendimos al Collado del Portazgo, cruce de las carreteras M-601 y M-607. Continuamos por la primera hasta llegar a la Fonda Real, momento en que cruzamos el asfalto para ascender por la senda que se dirige a la Casa Forestal de la Fonda, desde la que disfrutamos de unas bonitas vistas del pueblo de Navacerrada y su embalse.

En sus alrededores pastaban mansamente una vacas con sus pequeños terneros, que no se separaban de ellas. Cruzamos un portón y nos internamos en el pinar de Antón Real, que cruzamos por una pista en dirección noreste.

Aquí nos cruzamos con un numeroso y simpático grupo de Sendergran Madrid que, en dirección contraría a la nuestra, bajaban del Puerto de Navacerrada y se dirigían a Cerdedilla, creo que no es la primera vez que coincidimos con ellos.

Continuamos hasta alcanzar el pequeño embalse del Chiquillo, bonito rincón donde se haya la fuente del mismo nombre. Junto a ella nuestro médico salvador, tuvo que atender las rozaduras que se hizo Rosa C. en la rodilla por un mal traspiés, sin mayores consecuencias. Es todo un lujo llevar a alguien del SUMMA en el grupo.

Desde el embalse, continuamos por la pista hasta enlazar con la carretera de la Barranca, donde algunos con prisa iniciaron el regreso a Las Postas.

La mayoría, bien disciplinados, seguimos a Antonio, que continuó en dirección al antiguo y medio derruido Sanatorio del Santo Ángel y que nada más rebasar, dejamos para cruzar la pradera de la Casa Forestal hasta alcanzar el Camino de los Almorchones en dirección hacia Navacerrada.

Solo nos desviamos de él para acercarnos a ver la pequeña presa que forma el río Navacerrada, poco antes de alcanzar las primeras casas de pueblo. Pasada la rotonda que llaman del Columpio, callejeamos por Navacerrada hasta salir, junto a la plaza de toros, a las inmediaciones de la gasolinera.

Finalmente, cruzamos la carretera, para alcanzar el aparcamiento de Las Postas, donde nos esperaba el cocido y la excelente actuación de Adam Khan, que supo contagiarnos la energía suficiente como para ponernos a bailar, cerrando así un estupendo día que bien se merece un 4 sobre 5.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Excursión 502: Mina de las Cortes y Cóncavo de Siete Picos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Fonda Real
Final: Fonda Real
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  15,3 Km
Desnivel [+]: 776 m
Desnivel [--]: 776 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: 
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta







PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN

Es un gran honor, para el más novato de los senderomagos, hacer la crónica de esta probablemente última excursión del año 2019, la número 502 del GMSMA, la discreta número 8 de mi cuenta particular, pero sin duda la más bonita que he hecho con vosotros.

Tenemos que dar gracias, como siempre, a Antonio y a sus benditas improvisaciones sobre la marcha, que nos han conducido a disfrutar de una maravilla paisajística y de una bonanza meteorológica gracias a la ventana de sol que nos han dejado "Daniel" y "Elsa", esas grandes borrascas que nos atacan desde el Atlántico.

La niebla y las nubes bajas que dominaban sobre la mayor parte de la Comunidad de Madrid, no presagiaban nada bueno, aunque a algunos nos cabía la esperanza de que esas nubes bajas dejaran libre las cumbres.

El punto de encuentro de nuestra ruta estaba en la subida al Puerto de Navacerrada, concretamente en el aparcamiento detrás de la Fonda Real. Iniciamos nuestra marcha por una cómoda y larga pista forestal, que nos llevó a bordear a nuestra izquierda y a cierta altura el pantano de Navalmedio, que recoge las aguas del río del mismo nombre.

El día estaba cerrado con niebla, mucha humedad y frío. Ángel y Marcos C estaban ya buscando sus setas. Lucio y Carolina dando voces a Kiro y esas primeras horas también se buscaba a Mecha, como viene siendo habitual.

A medida que caminábamos, Julián y yo disfrutábamos de una lección magistral sobre la calidad del buen aceite de Jaén y unos consejos prácticos sobre el tema a cargo de Paco D.

El camino seguía bastante plano, lo que nos hacia intuir que la subida iba a ser luego más dura. Tras cruzar el río por un puente de cemento, comenzó el ascenso, siguiendo el Camino del Calvario, que conecta Cercedilla co el puerto de Navacerrada. Aunque la niebla era persistente, a ratos salía un tibio sol que se volvía a esconder.

Tras dejar la cómoda pista y continuamos por una estrecha senda, por fin llegamos a la mina de Las Cortes de Navacerrada, pequeña explotación de mediados del siglo XIX, que en la Guerra Civil se explotó para extraer Wolframio. La curiosidad nos pudo a casi todos y allá fuimos a sentirnos exploradores, descubriendo murciélagos y un Belén en el fondo de la mina que nos recordó la proximidad de la Navidad.

Seguimos ascendiendo y cruzamos la vía del ferrocarril que une Cercedilla con el Puerto de Cotos, donde Mari Angeles nos hizo una vez más una demostración de su "agilidad gimnástica".

Tras parar en el collado Albo para tomar el tentempié del ángelus, pareció que las fuerzas aportadas nos ayudaron a subir la dura pendiente y rocas que nos esperaban, pero a medida que ascendíamos, el sol nos iluminaba el día y un mar de algodón se abría a nuestros pies.

Comenzaba el mejor momento de la excursión, el espectáculo era brillante, lleno de luz, las montañas manchadas tibiamente por las recientes nevadas y el calor que nos aportaba el astro rey hacia subir los ánimos. Nunca el "avión de Jorge" ha sido tan auténtico, ¡estaba volando por encima de las nubes!.

Las cámaras de los móviles no paraban, todos queríamos plasmar el mágico momento que estábamos viviendo, y ciertamente las fotos dan pruebas de ello, aunque las sensaciones vividas in situ no hay cámara que sea capaz de captarlas.

Reiniciamos la andadura por pasos difíciles que recordaban a zonas de La Pedriza, las ayudas de manos amigas, se necesitaron para algunos de ellos, rodeamos arboles imposibles doblados sobre ellos mismos, hechos auténticos nudos de madera vieja curtida por el frío de estas montañas.

Conectamos con la senda Herreros (PR-8), por la que descendimos bordeando el Cóncavo de Siete Picos. Bajo los Riscos de Cueva Lirón paramos a dar cuenta de los bocadillos. Tras la comida y los tragitos de vino de las botas de Antonio y Jose Luis, continuamos bajando por el sendero que algunos atribuían a de los "herreros", no faltando por ellos las bromas y los cánticos al respecto.

Pero en realidad, el nombre se debe a Enrique Herreros, famoso ilustrador, humorista y artista que, allá por los años veinte del siglo pasado, hizo las delicias de quienes leían La Codorniz. Erudito y amante de la cultura y de la montaña, el dibujante trazó este recorrido, uno de los más bellos y abruptos de la Sierra de Guadarrama.

Si la subida fue dura la bajada tampoco estuvo mal, piedras mojadas y resbaladizas provocaron varias caídas, afortunadamente sin mayores consecuencias, aunque algunos/as se habrán explorado al llegar a casa en busca de hematomas en sus posaderas.

Por fin llegamos al río Pradillo, cuando aún solo es un recién nacido, punto final o inicial, según se mire, de la senda Herreros. Durante un trecho fuimos paralelos al arroyo, deleitados por su alegre murmullo, cruzamos un par de veces la vía del ferrocarril y una última vez en la colonia de Camorritos.

Más abajo fue un problema vadearlo, si no, que se lo pregunten al pie mojado de Teresa, a la rodilla de Javier y a otro pie que pisó el espléndido "regalito" de una vaca.

Cruzamos de nuevo la vía ferroviaria y la colonia de Camorritos y emprendimos la vuelta por el pantano de Navalmedio hasta el aparcamiento.

Cuando creíamos que ya solo quedaba descender, subimos por una loma hasta alcanzar un collado desde el que descendimos para bordear el pantano de Navalmedio hasta el aparcamiento de la Fonda Real.

Una excursión Mágica, pero la magia, no solo fue debida a la belleza del paisaje y al buen tiempo, la Magia auténtica es el buen rollo y el buen humor que impera en el grupo, me siento afortunado de haberos encontrado.

Creedme si os digo que sois parte de las pocas cosas buenas que me han pasado en este nefasto, para mí, año 2019 que se acaba. No es mi pretensión halagar vuestros oídos, lo digo de corazón. 

¡Gracias a todos por vuestra acogida! De forma muy especial a Antonio y a los Pacos por su labor y esfuerzo, y por supuesto a Leonor por ser mi madrina en mi bautizo de senderomago.

¡Feliz Navidad y un Mágico 2020!
Fernando Hernández

P.D.: Como parece que solo el cronista es el que puede calificar la excursión, le otorgo un 5, la máxima nota.


La excursión tuvo su inicio
a tres días del solsticio
de invierno —no es nada extraño—,
un miércoles muy propicio
para terminar el año.
La previsión auguraba
niebla, frío y ventarrón,
mas fue una equivocación,
ya que no nos anunciaba
darse térmica inversión.
—¡Vaya un día más pachucho!,
seguro que llueve mucho.
—No sé si a los de Alcalá
esto nos convencerá,
quizá nos dé un arrechucho.

Mandó nuestro comandante
convocatoria oficial
justo en la Fonda Real,
que hoy solo es un restaurante,
mas nombre tan rimbombante
fue debido a una memez:
pues con toda rapidez
se hizo famoso el recinto
porque el rey Felipe V
allí pernoctó una vez.

Al salir, por consiguiente,
tomamos directamente
la ruta que por en medio
sin saltar, cruzando un puente,
atraviesa el Navalmedio,
y ascendiendo por el río,
siguiendo la margen diestra,
nos entró un escalofrío
ante un nuevo desafío:
la cornamenta siniestra
de una vaca en el camino.
Vito y Twiter dan ladridos,
y con instinto asesino
la siguen enloquecidos.

Cambio de tercio canino,
y con una revolera
Mecha se mete en faena
con el astado en la arena.
¡Que le den una montera
a esa perra tan torera!
Kiro se nos viene arriba
y la vaca que se agobia
se vuelve un poco agresiva,
¡Que le den la alternativa
en el coso de Segovia!
Cambio de tercio y pitada,
pues la vaca mosqueada
a todos los gemesmeros
nos confundió con toreros
siguiendo la novillada.

Tras un ascenso empinado
y una trepada cansina
por una senda anodina,
hubimos por fin llegado
a la boca de la mina,
y aunque hay cosas más modernas
para no llevarse un fiasco
unos fueron con linternas,
y algunos hasta con casco
para explorar las cavernas.
¿Y qué es lo que dentro había?:
una cueva muy vacía
murciélagos, unos cien,
y al fin de la galería
hubo un portal de Belén.

Seguimos por la ladera,
atravesamos la vía
un poco más todavía,
y sacamos la tartera,
en una zona algo fría,
y de la niebla hubo que
poner los culos a salvo
en tomando el tentempié,
aun siendo solo un café,
justo en el Collado Albo.

Por la cuerda remontamos
a la Pimpollada Negra,
el sol al fin contemplamos
y de la niebla escapamos
—lo que siempre nos alegra—,
y al volver la vista atrás
vimos algo fascinante
la mejor vista, y quizás,
algo tan impresionante
que no olvidaré jamás,
pues la térmica inversión
hace que según más subes
se despeja la visión
y abajo un gran mar de nubes
cubre toda la extensión.

El volver no fue sencillo:
roquedales puñeteros
siguiendo la Senda Herreros
hacia el Hoyo Terradillo,
comienzo del río Pradillo,
y si por estas pedrizas
la subida es muy cansada
más perversa es la bajada
por rocas resbaladizas
—un traspiés y te deslizas—.
Seguimos el río Pradillo
hasta cruzar Camorritos
iba el río bien crecidillo
y no vimos puentecitos,
¡hay que saltar, señoritos,
y el torrente no se aplaca!

Saltamos sin alharaca
y ninguno se mojó,
pero más de uno cayó
sobre una caca de vaca.
Nos quedaba, por un prado,
pasar un breve collado,
sobrepasar sin remedio
la presa de Navalmedio,
y veríamos alcanzado
nuestro destino final
por caminos principales
sin cuestas ni pedregales,
dos kilómetros, total,
hasta la Fonda Real.

A mí en nada me compete
poner nota a la excursión,
que el cronista la interprete
y dé su propia opinión,
en eso nadie se mete,
pero me estoy preguntando:
¿pensando y considerando
qué bien nos fue la excursión,
será buena puntuación
la que le ponga Fernando? 

¡Feliz año a todos!

Paco Cantos

FOTO REPORTAJES