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sábado, 24 de agosto de 2019

Excursión 479: Descenso del río Alberche

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aldea del Fresno
Final: Aldea del Fresno
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 5 Km
Desnivel [+]: 12 m
Desnivel [--]: 12 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta




















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Hace dos años, en la excursión 361 intentamos descender el río Alberche desde el puente de la Pedrera, en Aldea del Fresno, hasta la Isla, cerca de la ermita de Nuestra Señora de la Poveda. Pero la crecida inesperada del río por la apertura de compuertas de la presa de Picadas frustró nuestro empeño, lo que hizo que tuviéramos que abandonar a mitad del recorrido previsto.

Se trataba, esta vez, de retomar el recorrido donde lo dejamos e intentar llegar al objetivo, con la incertidumbre de si volveríamos a tener que salir de nuevo a toda prisa arrastrados por el agua.

Reunidos en el amplio aparcamiento que hay junto a la ermita, nos agrupamos los 13 participantes (mal número para el comienzo) en tres de los coches y nos fuimos a lo que queda de lo que fue el camping Los Acebos, lugar por donde salimos en la citada excursión.

Tras la primera de foto de grupo, por si no volvíamos a vernos, nos introducimos en el agua con lo mínimo indispensable, algunos con sus pertenencias protegidas en botes estancos, mientras que Vicky solo iba ataviada con una colchoneta, con la que se lo pasó de lo lindo.

Al principio se podía caminar por el lecho del río sin mayor dificultad, el agua nos llegaba como máximo por la rodilla, pero no tardó mucho el tener que cruzar tramos cortos en los que no había más remedio que echar a nadar porque el agua nos llegaba al cuello.

De nuevo pasamos por zonas de baja altura del agua, e incluso otras en las que andábamos por la gravilla que el agua dejaba en su retirada. El continuo cambio de las condiciones del curso fluvial hacían entretenida la aventura.

El agua, en todo momento muy clara y con una temperatura ideal, era especialmente atractiva en los tramos en los que las algas, alargadas como cabellos de sirena, le daban una tonalidad verde clara preciosa.

Había momentos en los que el paso se complicaba por la presencia de ramas sumergidas, que nos obligaban a extremar el cuidado para no enredarnos con ellas, cuando no, incluso a tener que sortearlas por debajo, zambullido incluido, por estar a mayor altura, pareciendo más un río de indonesia que de Madrid. A mi me recordaba a las películas de Rambo o Apocalypse Now.

A poco más de la mitad del recorrido nos cruzamos con un grupo de senderistas/bañistas que hacían nuestra ruta pero al contrario, se ve que tenían experiencia porque nos aseguraron que, dada la hora, ya no soltarían el agua, como así fue.

Más abajo, poco antes de llegar a la Isla, el río realiza un amplio meandro, zona en la que deja al descubierto una gran playa en la que para nuestra sorpresa había un sillón de mimbre que Sergio aprovechó para tomar durante un ratito el sol.

En el último tramo el río se remansa, momento que aprovechamos para hacernos la foto de grupo en el agua, contentos porque el objetivo estaba cerca y parecía que íbamos a conseguirlo sin tener que salir corriendo del agua.

Tras pasar por una zona especialmente boscosa, comenzamos a ver cómo en la ribera florecian sombrillas y toallas tiradas en la playa, señal de que nos acercábamos a la parte norte de la urbanización Calalberche, donde el río forma una pequeña isla, para nosotros fin del recorrido.

Terminamos con los escarpines completamente llenos de arena, pero muy contentos de haber podido completar por fin el recorrido completo.

Unas cervezas fresquitas compradas en el kiosco de la Isla y la mesa que prepararon los segovianos, al pie de la ermita de Nuestra Señora de la Poveda, mientras el resto íbamos a por los coches, pusieron el broche final a esta bonita aventura, en la que para andar cambiamos las botas por los escarpines.

Por lo divertida que resultó, el buen tiempo, la suerte que tuvimos con la suelta del agua y lo bien que lo pasamos, esta excursión se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

miércoles, 21 de agosto de 2019

Excursión 478: Navaluenga y Garganta de las Cigüeñuelas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Navaluenga
Final: Navaluenga
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,7 Km
Desnivel [+]: 362 m
Desnivel [--]: 362 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 9

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta

















TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)


PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Buscando nuevas rutas con posibilidad de baño, surgió ésta por Navaluenga, donde el río Alberche forma la piscina natural más grande y mejor acondicionada de la zona. Y para hacer ganas de meternos en el agua, primero realizamos una ruta circular por la bella Garganta de las Cigueñuelas, saliendo desde las mismas piscinas.

A Navaluenga se llega desde Madrid tras más de hora y media de viaje en coche, lo que añadido a la ausencia por vacaciones de muchos de los participantes habituales, dio como resultado una participación baja. Solo 9 participantes, los que no faltaron fueron nuestros queridos segovianos, aunque ello les supuso acercarse al pueblo un día antes y hacer noche en su auto caravana.

Reunidos junto a las piscinas naturales y con el bello puente románico de fondo, iniciamos la ruta acompañando durante 1,5 km al río Alberche en su descenso hacia el cercano embalse del Burguillo, donde desde 1913 es amansado por primera vez, antes hacerlo también en el embalse de San Juan, Picadas y Cazalegas. poco antes de desembocar en el río Tajo, en las inmediaciones de Talavera de la Reina.

El camino transcurre junto a su ribera, muy arbolada y frondosa, con la vegetación típica de ribera. Al poco un cartel nos indica que pasamos junto a una playa para perros, en la que, como si supieran leer, nuestras tres mascotas de hoy se zambulleron rápidamente, espantando una bandada de patos que nadaban en la orilla.

Dejamos atrás las últimas casas del pueblo y al llegar al cerro de la Muela, abandonamos la ribera para bordear dicho cerro y salir, en dirección sur, a una pista que enseguida dejamos para continuar a la derecha por una senda que entre prados cruza un bello puente de piedra, de un solo arco, sobre el río Lanchamala.

Por sendero entre rústicas vallas de piedra y fincas con árboles frutales, alcanzamos un segundo puente, éste sobre el arroyo Muñogrande, el que vamos a remontar por la garganta que forma aguas arriba, llamada de las Cigüeñuelas.

Una gran revuelta de la cómoda pista que llevábamos nos anuncio, para pena de alguna, que lo bueno se acababa y que había que desviarse a la derecha para, campo a través y sin senda que nos guiara, buscar la loma de la garganta entre robles y hojas secas.

Alcanzado un roquedal, disfrutamos de las bonitas vistas de la garganta y los montes que la rodea, realzados por los prematuros colores ocres más propios del otoño, debe ser cosa de la sequía. Con tan bellas panorámicas nos tomamos sin prisas el tentempié de media mañana.

Tras el descanso, continuamos el ascenso de la garganta, acercándonos progresivamente al arroyo, hasta acabar vadeándolo cerca de una construcción en ruinas, sin tejado y en la que a duras penas se mantienen los muros.

El tramo siguiente es sin duda el más bonito, por discurrir siempre junto al arroyo, que forma numerosas cascadas y una gran chorrera. La pena es que apenas un hilillo de agua daba vida a tan encantador paraje. En invierno o primavera debe ser espectacular.

Buscando la orilla de mejor paso, alcanzamos el rústico puente de madera de Cornalacabra, algo desatendido, por lo que la foto que nos hicimos sobre él fue rápida, no fuera que se partiera. Bueno, eso y las moscas que en en esta parte del recorrido parecían celebrar alguna concentración.

En el puente enlazamos con el PR-AV 9, que en dirección noroeste regresa hacia Navaluenga. Por él seguimos, entre robles y hojas caídas, al principio con una leve cuesta hasta alcanzar, a nuestra derecha, un refugio abandonado, el punto más alto de la ruta.

A partir de aquí, casi todo fue bajada, para alivio de nuestras piernas. En un desvío, dejamos momentáneamente el PR para acercarnos a una pradera en la que había un pozo y las ruinas en piedra de unas casas. Fue aquí donde echamos en falta a Kiro, una de nuestras mascotas, tardó un buen rato en regresar con nosotros, seguramente entretenido tras alguna vaca.

Todos juntos descendimos desde la pradera, en dirección norte, hasta dar de nuevo con el sendero, bastante más cómodo de seguir y bien marcado con las características franjas blancas y amarillas. Los robles y algún que otro enebro nos acompañaron por el placentero camino, no en balde a eta zona la llaman el Enebral.

El sendero termina en una pista que da servicio a las casas y huertos que a ambos lados del mismo rivalizan en tener más naranjas, limones, higos, nueces, melocotones, uvas y productos de huerta que, en esta época, estaban en todo su apogeo.

Cruzamos de nuevo el arroyo de Lanchamala, por un puente con barandillas de hierro, y entre fincas, alguna de bonito porte, llegamos a la carretera coincidente con el GR-10, el sendero de gran recorrido que atraviesa la península, de Valencia a Lisboa, y omnipresente en la Sierra de Guadarrama.

Siguiéndolo, nos adentramos en Navaluenga, donde a pie de su bello puente románico le hicimos los honores a Antonio, por haber realizado, con esta ruta, su 400 excursión con el GMSMA.

Este hecho, el ser el cumpleaños de Pepa y realizar yo mi excursión 350, fue motivo de celebraciones posteriores, que junto con los baños que nos dimos en las piscinas naturales, bajo el puente, el paseo por el pueblo y la buena compañía, hicieron que esta excursión se mereciera un 5, a lo que le quito un punto por la falta de agua en la garganta.
Paco Nieto.

FOTO REPORTAJES

miércoles, 25 de julio de 2018

Excursión 414: Embalse de Picadas

FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse de Picadas
Final: 
Embalse de Picadas
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia:  19,6 Km
Desnivel [+]: 320 m
Desnivel [--]: 320 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 15

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Buscando un sitio de agua donde poder aplacar el sofocante calor que estaba previsto tener en Madrid, nos acercamos al embalse de Picadas, en el que el año pasado hicimos una bonita excursión en canoas con baño incluido.

Desde el aparcamiento del Mesón El Puerto, iniciamos la ruta, acercándonos a la cola del embalse, donde chiringuitos y mesas casi al pie del agua hacen las delicias de los que se acercan hasta aquí buscando agua y bares en los que aplacar la sed.

Buscamos el paso por debajo del puente nuevo de San Juan, para cruzar por el viejo al otro lado del Alberche, el río que forma este largo y profundo embalse y así evitar tener que pisar la M-501. A nuestra derecha, una estupenda panorámica de la presa del pantano de San Juan. Bordeamos el agua hasta llegar a un área recreativa, donde nos hacemos la foto de grupo.

Continuamos, por la pista que en dirección suroeste deja el Cerro del Cubo a nuestra derecha, pasamos bajo uno de los arcos del puente que utilizaba la línea férrea del Tietar. Enseguida a nuestra derecha, pasamos junto a las instalaciones de la depuradora del CYII.


La pista sigue el trazado de la Cañada de Talavera, también llamada del Puente de San Juan. El ascenso es suave y continuo, por un firme en muy buen estado. A nuestra izquierda la siempre presente Loma de las Labores. En un cruce de caminos, la pista gira en dirección sureste, a la vez que gana altura rápidamente, permitiendo unas bonitas vistas del pantano de San Juan e incluso de las ruinas del Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias que visitamos en la excursión 363.

En un cruce, abandonamos la cañada y nos acercamos al Cerro del Pajar del Fraile, que bordeamos en dirección sur primero y este después. El sol comienza a notarse y agradecemos las sombras de las numerosas encinas y pinos de gran porte, característicos de esta zona.


Con bonitas vistas de la Almenara, completamos el rodeo que estamos dando al Cerro del Pajar del Fraile descendiendo en dirección noreste hacia las ruinas de un caserío, en el Cerro Pocito, que aún funciona como granja.


A partir del caserío, la pista se vuelve senda, y con fuerte pendiente desciende hasta la vía verde que bordea el embalse de Picadas. Alcanzado el objetivo, junto a un puente, no tardamos en zambullirnos en el agua, mientras otros se toman el tentempié de media mañana.

Aplacado el sofoco, iniciamos el recorrido por el borde del embalse, siguiendo lo que fueron las vías del ferrocarril del Tiétar. 


Esta línea parte de la necesidad de los militares de poseer una explotación ferroviaria propia para realizar en ella prácticas reales. 

Ante esta necesidad, en la ley del 17 de julio de 1895 se autorizó al Ministerio de la Guerra para adquirir la línea de Madrid a San Martín de Valdeiglesias, concesión que había sido otorgada el 1 de junio de 1883 a don José Rodríguez Batista, y prolongarla hasta La Fuente de San Esteban en la provincia de Salamanca.

La escritura se firmó el 28 de diciembre de 1904 y el material para circular por esta línea sería el repatriado de Cuba. (tres locomotoras "Mogul" modelo de 1898). Dado que era absurdo construir dos ferrocarriles con 42 kilómetros paralelos, el 24 de marzo de 1927 se dispuso la compra de la línea Madrid-Almorox.

Por Real Decreto del 3 de enero de 1930 se procede a la compra y el 1 de febrero el Estado se hace cargo de la línea modificando el trazado original de la línea a San Martín, haciéndolo partir del punto más conveniente de la explotación Madrid-Almorox. Finalmente sería Villamanta 


La situación en 1934 era la siguiente:

- Desde Villamanta a Pelayos de la Presa en construcción bastante avanzada.
- Desde Pelayos a San Martín de Valdeiglesias tendida la vía.
- Desde San Martín de Valdeiglesias a Casavieja en construcción avanzada con el túnel de la Venta del Cojo en parte perforado. Túnel llamado así por la Venta que se encontraba en ese lugar y que daba servicio a La Cañada Real Leonesa Oriental. No llegó a construirse realizándose sólo la boquilla de este y se encuentra en la división entre las provincias de Ávila y Madrid. En este puerto se localiza el nacimiento del Río Tiétar.
- Desde Casavieja a Arenas de San Pedro sin comenzar.

Para celebrar el buen ritmo de las obras, se transportó una locomotora hasta San Martín de Valdeiglesias realizándose un viaje con autoridades civiles y militares a modo de inauguración entre San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, siendo el único tren que verían aquellas vías.


En el ramal del Tiétar, que quedó postergado tras la Guerra Civil, tuvo las estaciones de: Aldea del Fresno, Navas del Rey, apeadero junto a la depuradora de Pelayos, Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias.

Convertida en la actualidad en Vía Verde del Alberche, está poco acondicionada, transitable pero sin señalización ni mantenimiento alguno, para vergüenza de las administraciones implicadas.

Se localiza entre San Martín de Valdeiglesias y el dique de Picadas, con una longitud de 14 km, ampliables en 6 más hacia Cadalso de los Vidrios. En este enlace se detalla muy bien su historia.

Nosotros recorrimos el tramo hasta la presa con un calor sofocante, solo aplacado por el túnel que a mitad de camino dio algo de frescor al recorrido, y alguna que otra sombra bajo los escasos árboles del camino, otro aspecto a mejorar, así como la limpieza de márgenes y recogida de basura que el homo inciviqus deja en ellas.

El paseo por la margen del embalse es muy placido y enriquecedor por las variedades de bosque mediterráneo que hay, con diferenciación entre las laderas de solana y umbría, con bosque cerrado y verde.


A la vuelta, nada más pasar el túnel nos dimos un necesario baño, el segundo del día, en una especie de calita, donde nos esperaba además la grata sorpresa de unas latas bien frías de cerveza proporcionadas por Pepe A, al que casi elevamos a la categoría de santo por su gesto, que nos permitió continuar con mejor ánimo el resto de la ruta hasta regresar de nuevo al aparcamiento de donde habíamos partido, pasando de nuevo por la zona recreativa, ahora muy concurrida por niños en canoas.

En resumen, estupenda ruta que combinó cerros y llanuras, bosque y playa, sol y agua, pero demasiado calurosa, por lo que es recomendable hacerla en épocas o días de menos sol, aún a costa de tener que renunciar a los baños. Por todo ello, esta excursión se merece 4 sicarias.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

VÍDEOS

FOTOS

miércoles, 2 de agosto de 2017

Excursión 361: Río Alberche

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aldea del Fresno

Final:  Aldea del Fresno
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 6,4 Km 
Desnivel [+]: 73 m 
Desnivel [--]: 73 m 
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 15

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Casi sin antelación nos invitó Enrique C. a Selem y a mi. Un día antes nos dijo que llevásemos bocadillo, agua y calzado adecuado. Llegó el día y partimos hacía Aldea de Fresno, acompañaba la mañana pero ni Selem ni yo sabíamos qué nos esperaba en el punto de encuentro, las afueras del pueblo, junto al río Alberche.

Allí, poco a poco aparecían amigos del club, hasta 15 nos reunimos. Separaron los coches, 5 en el inicio, 5 en el final. Todo pensado hasta el milímetro. Parecía un día perfecto, sin móviles, sin preocupaciones, sin pareja, la mente despejada, solo un objetivo empezar a andar y terminar en La Poveda, 8 km. a favor de la corriente del río Alberche.

Esperábamos encontrar “gente” como cada día que salimos a la calle pero tanto Selem como yo nos dimos cuenta que no era gente, eran personas, personas entrañables y sinceras, de esa calidad que cuesta encontrar. Pensaba que tenía suerte de conocer a una, luego dos, tres y así hasta el final y resulta que todos estaban cortados por el mismo patrón, aventureros y nobles compañeros de un viaje desconocido y buenas personas. Pero n
o nos pongamos sentimentales, vamos al asunto.

La ruta era fácil, algo pesada por el agua, al transcurrir enteramente por el lecho del río, pero fácil y lo mejor era que no había normas. Podíamos ir cada uno a nuestro ritmo, delante, detrás. Muy divertido, parecíamos una gran familia de vacaciones, como si nos conociéramos de toda la vida. No nos sorprendía nada de lo que hicieran los demás. Una de las anécdotas fue cuando alguien encontró una colchoneta de playa y la infló, yo nunca lo habría intentado, pero funcionó y pudimos descansar las mochilas guardadas cuidadosamente por Sol y Pepa.

Se llegó a un acuerdo que era el descansar a las 12:00 h. y encontramos una isla a mano derecha del río. Selem y yo nos integramos más en el grupo y compartimos aperitivos y tabletas energéticas. Yo muy feliz, pero el sumun fue cuando Jesús sacó la bota del vino de La Seca, casi lloro de entusiasmo, lástima que desde ese momento empezaron las restricciones, una bota mediana para muchos, resignación.

Paco dio la voz de alarma: "¡¡¡Que sube la marea!!!", pero no le dimos importancia. Calculo que estaríamos en el km. 3, faltaban 5, ya la teníamos medio hecha y pensábamos en la recompensa del final, la cerveza fresca. Pero no, este fue el punto de inflexión, Selem abría el camino después Marta, Lucas -su hijo- y el veterano de buceo profesional Julián luego yo y a unos metros los demás.

Una curva peligrosa, eso es, ellos a media cintura la pasaron y me dieron paso a mí, pero al rebasarla ya no hacía pie y me costó salvar del agua la mochila. Los de delante reían porque acababan de pasar sin nadar y yo no pude. Detrás, todos empezaron a tener más complicaciones, Enrique no pudo mantener seca su mochila y Ana tuvo que agarrarse a una rama para que no le llevase la corriente, era como si alguien hubiese tirado de la cadena y nos arrastrase a todos por la presión.

Antonio o San Antonio dio la primera orden, había que tomar una decisión, éramos un grupo de aventureros, no venía ningún marine ni legionario y tomamos y optó por lo más sensato, volver al punto de encuentro por tierra. Se reunió el grupo en una arboleda a la vereda del río y vimos como seguía creciendo la corriente, fueron momentos de incertidumbre hasta que comenzamos a sacar los alimentos que nos quedaban. La bota empezaba a estar medio vacía y las miradas de a quién le tocaba beber se cruzaban.

Ana y Antonio hicieron una incursión por el bosque a ver por donde podríamos llegar al sendero, los demás ya pensábamos llamar al Samur o al 112, al rato vimos un avión de salvamento y no nos hizo caso. Fueron los peores momentos, algunos almacenaban moras por si había demora pero regresaron los santos, San Antonio y Santa Ana y nos dieron las coordenadas para volver a la vía de regreso.

Iniciamos el regreso, camino de los coches, pasando merendero tras merendero sin ningún consuelo. Una vez en el aparcamiento, nos acercamos a la Poveda en coche, y en el trayecto todos hablaban de Ángel V. y lo comparaban con Fernando Alonso, por lo que corría, y además con una sola mano.

Aparcamos junto a un merendero, al lado de la
Ermita de Nuestra Señora de la Poveda. La mesa parecía que estaba puesta para nosotros, entramos los 15 y muchos tomamos dos cervezas, porque de la primera ni nos enteramos. Se nos pasó el tiempo volando en esa mesa y compartimos lo mejor, nuestras vivencias y anécdotas.


Tras el descanso, visitamos la Ermita y vimos al párroco que parecía italiano. Marta, Luca y Julián se despidieron. Los demás fuimos andando a un merendero cercano donde había una pequeña entrada al río, que ahora llevaba una endiablada corriente. 


Paco, con un valor extremo, se subió en lo más alto de un árbol y amenazó con tirarse. Todos le dijimos que no lo hiciera pero cuando uno es valiente, es valiente y se tiró. Casi lo lleva la corriente pero usó su fuerza y consiguió reunirse con el grupo. La siguiente en bañarse fue Pepa y casi la perdemos, el río tenía mucha fuerza pero la rescatamos a tiempo.

Ya nos íbamos, pero antes conocimos a un paisano que nos dice que podemos ir a su bar cuando queramos y nos advierte que sueltan el agua del pantano de Picadas a las 12 y lo cierran a las 9, excepto los domingos -que solo abren compuertas por la tarde- pero que como en el día de hoy nunca había visto el río tan cargado, ¡vaya!, hemos tenido mala suerte, habrá que volver en domingo.

Por lo divertida y la intensidad de los momentos vividos otorgo 4 sicarias a esta fluvial excursión.
Flavio.