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miércoles, 4 de diciembre de 2024

Excursión 822: Senda de los Pescadores. Río Cega en Cuellar

FICHA TÉCNICA
Inicio: Cuellar 
Final: Cuellar
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 8,5 Km 
Desnivel [+]: 51 m 
Desnivel [--]: 51 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 52

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
El pasado miércoles 4 de diciembre 2024, el grupo llevó a cabo su tradicional ruta navideña, en esta ocasión por la emblemática Senda de los Pescadores, situada en las proximidades de Cuéllar, Segovia.

Un total de 52 entusiastas senderomagos participaron en esta travesía que, aunque corta, estuvo llena de experiencias memorables y culminó con una entrañable comida de celebración.

La Senda de los Pescadores es un recorrido que bordea el río Cega, ofreciendo a los caminantes la oportunidad de sumergirse en un entorno natural de gran biodiversidad.

Atraviesa un estrecho cañón abierto entre las arenas de uno de los pinares más extensos de toda Europa. Lo sorprendente es que las condiciones de luz y humedad hacen de esta senda ribereña una auténtica selva.

Desde hace unos años la falta de mantenimiento y el empuje de la naturaleza han dado al traste con la que en su momento fue una atractiva y sorprendente propuesta senderista pero por desgracia aparece cada día más intransitables con tramos ya derruidos e imposibles de recorrer. Las pasarelas colgantes, uno de los atractivos de la senda, han desaparecido.

Aunque el trayecto completo abarca más de 7 kilómetros, actualmente sólo se pueden recorrer con comodidad 4 de ellos debido a las condiciones del terreno.

El recorrido por el rio está marcado por tramos de unos 2,5 kilómetros cada uno y en cada tramo existe la posibilidad de dar la vuelta, nosotros hicimos dos de estos tramos.

Durante la caminata, atravesamos frondosos bosques de ribera, donde predominan especies como los abedules, alisos grises, avellanos, pinos silvestres y álamos temblones.

La diversidad arbustiva también es notable, con presencia de mundillo, brecina, brezo blanco, bonetero y sangueña.

Las recientes lluvias habían dejado el terreno especialmente húmedo y fangoso, sobre todo en las zonas adyacentes al río. Las pasarelas de madera, diseñadas para facilitar el paso en áreas complicadas, se convirtieron en trampas resbaladizas por los que en algunos tramos tuvimos que evitarlas en la medida de lo posible. Varias caídas menores ocurrieron debido a lo deslizantes que estaban las maderas, afortunadamente sin consecuencias graves.

Uno de los momentos más esperados fue la observación del correlimos, del que nos había comentado Antonio en su convocatoria, una pequeña ave limícola conocida por su comportamiento inquieto en las orillas fangosas. Para aumentar las posibilidades de avistamiento, el grupo avanzó en silencio durante ciertos tramos, intentando escuchar su característico canto y, con suerte, vislumbrar su rápida carrera por la ribera, lo que. en mi caso, no ocurrió.

En el camino nos encontramos multitud de árboles caídos tanto sobre el cauce del río como sobre el propio camino, lo que dificultaba aún más recorrerlo.

Hicimos una corta parada en una explanada que se abrió tras el sendero al lado de una pequeña presa, el Azud Vado Barcón, utilizado para captar agua del río.

Aprovechamos para beber y tomar algún tentempié y a terminar de saludarnos porque el camino hasta aquí lo hicimos casi en su totalidad en fila india debido a las estrecheces del camino.

Después de esto iniciamos el camino de vuelta. A partir de aquí, el paisaje cambió radicalmente ya que abandonamos el curso del río y nos metimos por una pista de tierra que atravesaba zonas de pinares.

Algunos recordaron una ruta anterior en la que María, hermana de Rosa B, ofreció una charla sobre la importancia ecológica de estos ecosistemas y de sus cuidados y mantenimiento.

La similitud del terreno con las dunas de playa a mí personalmente me recordó a los caminos de la peregrinación del Rocío en Doñana.

En estas pistas aprovechamos para hacer la foto de grupo. En este tramo el grupo tuvo la grata sorpresa de encontrarse con el sobrino de Ricardo, quien, acompañado de un compañero, realizaba labores de guardabosques en la zona. Este encuentro permitió a los componentes del grupo intercambiar algunos chascarrillos.

Finalizando este camino pasamos por los burladeros desde donde se sueltan los toros de los famosos encierros de Cuéllar. Estos encierros están considerados los más antiguos de España.

Estas festividades, que combinan tradición y adrenalina, son un reflejo del arraigo cultural de la tauromaquia en la región. Los encierros de Cuéllar atraen cada año a numerosos visitantes que desean vivir esta experiencia única.

Al finalizar la ruta, algunos miembros del grupo decidieron visitar el cercano Santuario de Nuestra Señora de El Henar, un lugar de peregrinación con una rica historia y una arquitectura que invita al recogimiento.

Este santuario es conocido por su devoción mariana y su entorno tranquilo, ofreciendo un espacio perfecto para la reflexión tras la caminata.

Como es costumbre en las salidas navideñas del grupo, la ruta fue seguida de una comida de confraternización. Paco y Vicky aprovecharon el momento de la cerveza y organizaron un pequeño rincón donde procedieron al reparto de la lotería.

El sobrino de Santi se encargó de organizarnos un menú típico segoviano. Al final de la comida fue el momento de la entrega de las estrellas a los homenajeados, con discursos incluidos.

Aunque la dificultad de la ruta es baja, el estado del terreno mientras bordea el río hizo que existiera un riesgo de caídas importante y de arañazos con vegetación por lo que se recomienda ir con la ropa adecuada, especialmente con pantalón y manga larga.

La combinación de naturaleza, cultura y gastronomía hizo de esta salida una experiencia inolvidable para todos los participantes, reforzando los lazos de amistad y pasión por el senderismo que caracteriza al grupo GMSMA, por lo que se podría calificar con la máxima puntuación, un cinco.
Juan Antonio Llorente


miércoles, 4 de diciembre de 2019

Excursión 500: Fortines de Peguerinos y Cueva Valiente

FICHA TÉCNICA
Inicio: Camping Valle de Enmedio
Final: Camping Valle de Enmedio
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  11,2 Km
Desnivel [+]: 479 m
Desnivel [--]: 479 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: 
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 53

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Esta no era una excursión más del GMSMA, era especial, nada menos que la 500, medio millar de días caminando desde que el 28 de febrero de 2008 se pusiesen en marcha, por iniciativa de seis amigos, que sin saberlo aún, dieron un paseo por el embalse de Navacerrada. Por eso, cada cierre de año volvíamos por allí para rememorarlo, pero esta vez hemos cambiado ese escenario por el de Peguerinos.

El Valle de Enmedio está situado al sur de la Sierra de Malagón, encajado entre los cerros de las Navas del Toril y Cueva Valiente, perdido entre enormes bosques que le dan sombra y afilados roquedos que le dan magníficas vistas. Lugar de leyendas y escondidos tesoros que descubrimos de la mano de Jorge S, gran conocedor de la zona y al que le debemos la preparación de la ruta y la elección del restaurante donde celebrar estos 500 días juntos.

Para ello, nos acercamos a Peguerinos, pueblo tradicionalmente ligado a la explotación de sus pinares, de los que se extraía, entre otros productos, la pez, obtenida a partir de la destilación de la trementina y destinada a calafatear el casco de los buques, impermeabilizar el interior de las botas de vino o marcar al ganado. De hecho, el nombre del pueblo parece tener que ver con los términos peguera (lugar en que se fabrica la pez) o pegueros (fabricantes y vendedores de pez).

Atravesado el pueblo, proseguimos, con desconocidas y sorprendentes vistas del embalse de la Aceña, prácticamente vacío, producto de la gran sequía estival que las últimas lluvias aún no han siso capaz de contrarrestar.

Pasado el pueblo, llegamos al pequeño aparcamiento que hay a la entrada del camping Valle Enmedio, inicio y final de nuestra memorable excursión. El gran bullicio que comenzaba a formarse prometía mucha participación, como suele ser costumbre en las ocasiones especiales y en esta con mayor motivo.

Primeras dudas: ¿qué ponerte?, ¿Habrá nieve?, ¿Hacen falta pinchos?, ¿Alguien tiene para dejarme?.

Cuando estábamos todos, echamos a andar siguiendo a Antonio por el sendero que va paralelo al arroyo Valle de Enmedio y que, en dirección noroeste bordea el camping, para enseguida cruzarlo aprovechando una de las pequeñas represas de cemento que facilitan el paso a modo de puente, iniciando una subida, que deja el camping a nuestra izquierda, por una senda bien marcada que va, con suave pendiente, en busca del embalse del arroyo del Prado del Toril, construido para abastecer de agua al camping.

La nieve adornaba tímidamente las márgenes del camino e incluso tapizaba, a ratos la pista. Pocos metros antes de llegar al embalse divisamos un refugio con aspecto de no estar muy cuidado. Al llegar a la presa que creó un poco de confusión, el grupo de cabeza vio que era complicado vadear el arroyo y dijo a la grupo de cola que cruzáramos por la presa, pero encontraron una manera de lograrlo y nos llamaron para que regresáramos y seguirles.

Continuamos ascendiendo, bordeamos el embalse y, con ayuda de unas piedras y mucho cuidado, vadeamos por primera vez el arroyo del Prado del Toril, que nace en la Nava con el mismo nombre y desemboca en el arroyo de Enmedio 2,5 km mas abajo.

Tras un segundo vadeo del arroyo, éste mucho más fácil, alcanzamos la nevada pradera de Navas del Toril, cerrada en su parte norte por una de las frecuentes formaciones rocosas que jalonan el Valle de Enmedio.

Junto a ellas nos hicimos la foto de grupo y paramos a tomarnos el tentempié de media mañana, momento que aprovechó nuestro compañero ruso para quedarse medio desnudo y darse un baño de nieve, rápidamente secundado por Joaquín para demostrar que los de aquí no íbamos a ser menos.

Quiso el sol salir para realzar aún más la belleza de la praderita, totalmente cubierta por un manto de nieve y rodeada de pinos con un ligero ambiente navideño. De nuevo en marcha, bordeamos el roquedal para enseguida encaramamos a él para descubrir uno de los muchos fortines que existen en la ruta.

Son un conjunto de posiciones, fortificaciones, acuartelamientos, puestos de ametralladoras y trincheras construidas durante la Guerra Civil por el mal llamado frente nacional en su avance hacia Madrid y Segovia. Nos sorprende la anchura de los muros de piedra y el entramado de trincheras que unen unos puestos con otros, en el que incluso utilizaron escaleras de piedra, los largos años de la contienda y lo estable que fue este frente dieron para tales adornos.

Vistos los fortines y las impresionantes vistas que del valle se tienen desde el roquedal, buscamos una pista, que antiguamente era la carretera que unía el Alto del León con Pereguinos pasando por Cueva Valiente.

Medio oculta por la cada vez más numerosa nieve, por ella ascendemos unos 300 metros, desviándonos a la derecha para subir a otro roquedal donde se encuentra otra de las posiciones, también fuertemente amurallada y con varios nidos circulares para las ametralladoras.

Hechas las pertinentes fotos de las bonitas vistas que se tienen desde los parapetos, retomamos la pista, por la que continuamos el ascenso hasta alcanzar el collado que hay antes de la subida a Cueva Valiente, a la que la mayoría ascendimos para visitar su refugio y el vértice geodésico que domina la cumbre, situada a una cota de 1903 metros, la máxima de la ruta. La pena fue que estaba medio cubierta por la niebla, lo que nos impendió disfrutar de unas vistas que desde aquí son casi infinitas.

Llegados de nuevo al collado, tras varios conatos de guerra de bolas de nieve (estas son las únicas guerras que me gustan), nos reagrupamos antes de iniciar el descenso, en medio de un paisaje totalmente invernal y navideño. Giramos hacia el suroeste, en busca de las Navas del Toril, al encuentro de la senda por la que habíamos ascendido.

El trayecto estuvo entretenido, sorteando regatos de agua, nieve y roquedos. Una vez conectamos con la senda, descendimos repitiendo los cruces de arroyos hasta llegar de nuevo a los coches.

Nos esperaba el remate de fiesta, la comida de fin de temporada y celebración de llevar 500 excursiones, la mitad del objetivo que se ha fijado Antonio de hacer con este maravilloso grupo. Fue en el restaurante "Las Buenas Costumbres", donde, ironías del nombre, todo estuvo excelente, pero eche en falta la buena costumbre de acabar la fiesta con el Niño de las Monjas de Joaquín y el relato del Ovejero de José María.

Por la ruta, la nieve, el buen tiempo, la compañía y lo bien que lo pasamos le pongo un 5 a esta excursión tan emotiva.
María  Ángeles Peña

Quinientos días juntos


Se me antoja que fue ayer

cuando el GMSMA empezó,
pero una suma arrojó
que el grupo tiene en su haber
ya quinientas excursiones;
cuatro mil trescientos días
no son fanfarronerías,
¡doy mis felicitaciones!
Mas pensando que no hay quien
todas pudiera contar,
bien se podría intentar
contarlas de cien en cien:

La cien tuvo la prudencia
de explorar el río Aulencia,
fue una animada excursión
sin dolores ni agujetas,
y se hicieron camisetas
como conmemoración.

La doscientos, sin encantos,
se realizó entre dos santos:
San Pedro a San Agustín;
recorrido interminable,
y un calor inenarrable,
aunque terminó en festín.

La trescientos fue rareza,
una difícil proeza;
una excursión mochilera
de ocho valientes cofrades,
allá por las Merindades:
subir el Castro Valnera.

La cuatrocientos, festiva,
desde el Pontón de la Oliva
a Cueva del Reguerillo,
que no nos dejó perplejos
como los Enebralejos,
porque entrar no era sencillo.

Por fin llegó la quinientos
que entre buenos sentimientos
y rodeados de pinos,
la preceptiva excursión,
la comida y el fiestón
se celebró en Peguerinos.

Hubo, además, muchas otras excursiones
de las cuales solo algunas citaré
tantas hazañas y tantas emociones
son un recuerdo que nunca olvidaré:

Nos causó bastante pena
esa historia del Pino de la Cadena.

Sin duda lo más morboso
fue visitar el Azud del Tenebroso.

No se oyeron muchas quejas
al subir el Callejón de las Abejas.

Por poco de aquel recinto
nos quedamos sin salir, del Laberinto.

Algo muy impresionante,
fue cruzar el Cuchillar del Asomante.

Habría sido una imprudencia
torear en el redondel de Canencia.

Singular y bien notorio,
descender las Cascadas del Purgatorio.

Estuvimos muy atentos
al ver la Piedra Escrita de Cenicientos.

La escalera chapucera
que permite el paso de la Cagalera.

Repetiría la proeza
de visitar la fábrica de cerveza.

Del Diablo tan listillo
vi su puente, carro, ventana y colmillo.

Aquella lluvia mezquina
que nos cayó en las hoces de Pelegrina.

El rayo que causó estrago
y susto del Picazuelo de Buitrago.

Roca bastante curiosa
la del Dinosaurio de la Maliciosa.

No tenía cognición
de que el tal Pacheco tuviera un Cojón.

¡Cuidado! Te descalabras
al escalar por la Ruta de las Cabras.

Con tres mil euros te apañas
si a los Baños de Venus vas y te bañas.

Un lugar espiritual,
Jarama y Monasterio de Bonaval.

Ni bares ni botellón,
que es para andar la Ruta del Boquerón.

Toda de nieve cubierta
la silueta yerta de la Mujer Muerta.

Cárcavas de Burujón,
que me gustaron más que las del Pontón.

Nocturnas con luna llena,
con más invitados que en una verbena.

A la Maliciosa Baja
en frío, ninguna excursión aventaja.

Las chorreras del Hornillo,
los Litueros, San Mamés, ¡vaya fresquillo!

Al Valle de los Caídos
nos colamos, pero fuimos sorprendidos.

Que alguien me lo recuerde:
¡No parar en el Puerto de la Cruz verde!


La aventura temerosa
de explorar el búnker de la Marañosa.

Les pareció el más allá
pasearse por los cerros de Alcalá.

Llegar al Balcón Prohibido,
la mayor transgresión que hemos cometido.

Remar nos gustó un montón
en Buitrago, Picadas y el Duratón.

Y hasta aquí resumiría
unas cuantas excursiones
que aunque las hay a montones
contar todas, no podría.

¿Cómo expresar la quinientos
hablando con precisión?
quingentésima excursión,
y así todos tan contentos,
pero más nos gustaría
con aire bien juvenil
llegar a cumplir las mil
y milésima sería.
Paco Cantos 4/12/2019

FOTO REPORTAJES

Foto reportaje de José María Pérez

VÍDEOS
Vídeo de José María Mascaraque

FOTOS
Fotos de Ángel Vallés
Fotos de Antolín

lunes, 4 de diciembre de 2017

Excursión 378b: Camino Majariego de Santiago. Etapa 10. Simancas - Peñaflor de Hornija

FICHA TÉCNICA
Inicio: Simancas
Final: Peñaflor de Hornija 

Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 22,7 Km 

Desnivel [+]: 274 m 
Desnivel [--]: 141 m 
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas y agua: No

Ciclable: Sí
Valoración: 3,5
Participantes: 2

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
La etapa de hoy la he realizado de nuevo solo acompañado por Ana. A las 9’40 salimos directamente del hotel donde habíamos pasado la noche.

A nuestra derecha y enseguida a nuestra espalda quedó Simancas con su Archivo General. A las 10’05 ya estábamos en la salida hacia tierras de labor y allí un indicador nos informaba que estamos a 462 km de Santiago.

El día era frío y buena prueba de ello la escarcha que contorneaba esta silueta de forja de las varias que vimos a lo largo de la jornada. Pero andando no se siente tanto frío teniendo en cuenta, además, que no hacía viento. A las 10’40, es decir tras una hora de andadura, habíamos recorrido 3,87 km.

Los caminos de concentración parcelaria por los que, mayoritariamente, discurre la etapa son bastante monótonos por lo que se agradecen las variaciones como esta bajada hasta el arroyo del Manzano poco antes de subir hacia Ciguñuela cuya torre vemos al fondo.

A las 11’15 llegamos a Ciguñuela. Pasamos delante de su Ayuntamiento y nos desviamos ligeramente para ver la iglesia de San Ginées en cuya torre había infinidad de pájaros. Atravesamos Ciguñuela y volvimos de nuevo a los campos de cereales que, sin un árbol, hacían que la vista se perdiera en la inmensidad del horizonte.

La señalización en todo momento es buena y no deja lugar a equivocaciones. Incluso se puede diferenciar el camino recomendado a los peatones y el recomendado a los ciclistas. Había salido el sol y se agradecía su calorcillo.

A las 12’00, cuando llevábamos más de dos horas de marcha y 9’57 km. de recorrido paramos para reponer fuerzas bebiendo agua y zumo y comiendo fruta y barritas de cereales. Cada peregrino lo que sacó de su mochila. Seguimos camino a las 12’15 y todavía anduvimos más de una hora sin cambiar de paisaje ni de suelo.

Pasamos el indicador de 455 km a Santiago y, bajando por una pequeña vaguada, a las 13’10 llegamos a Wamba. Este pueblo se llama así en honor al rey godo de ese nombre que fue proclamado rey en esta localidad en el año 672. Yo me hice foto junto al monarca.

Pasamos también junto a la iglesia de Santa María de estilo mozárabe construida en los siglos X y XI. En este monasterio parece ser que hay un importante osario con más de 3000 calaveras de monjes, parte de los esqueletos depositados a lo largo de los siglos XIII al XVIII. En una de sus paredes se puede leer el siguiente epitafio: “Como te ves, yo me ví. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás".  Lástima que no tuvimos ocasión de visitarlo.

Salimos de Wamba a las 13’30 y en el indicador que hay junto a la ermita del Cristo del Humilladero vemos la indicación de 453 km de distancia a Santiago. Tomamos la cuesta que sale a la izquierda de la ermita y tras unos doscientos metros volvemos de nuevo a la llanura. Wamba está en una vaguada.

A las 14’00 paramos sentados en un montón de piedras para comer. Llevamos andados 16,700 km y Peñaflor de Hornija se ve ya en el horizonte pero aún a bastante distancia; así que después de comer, a las 14’30 continuamos camino.

Parece ser que esta zona debe ser muy buena para la generación de energía eólica, al menos por la enorme cantidad de molinos de viento que vemos a nuestro alrededor. Si viniera Don quijote por estos campos no sabría con que “gigante” luchar.

Media hora después alcanzamos el último mojón kilométrico que veremos hoy y que señala 448 km. a Santiago. Pero aún nos quedan unos tres kilómetros hasta el final de etapa y un par de sorpresas. Y es que, pese a que parece que hasta allí todo será igual de llano que lo que transitamos ahora no es así. Hay entremedias dos vaguadas: una más o menos suave pero otra, justo previa a la llegada a Peñaflor, bastante profunda y que, con 20 kilómetros a cuestas pone a prueba las piernas de los peregrinos.

Son las 15’20, llevamos 20’900 km y acometemos la subida que nos lleva al pueblo. Entramos en Peñaflor de Hornija por una calle que se llama Calle de la Discordia. ¡Vete tú a saber por qué!. Desde un mirador vemos el barranco que hemos subido y bajado y al que le falta un río que lo justifique. Parece ser que, si llueve, por él discurre el llamado arroyo de Valdemama.

Tres monumentos importantes en este pueblo: el primero la iglesia románica (actualmente en ruinas) de San Salvador que data del siglo XII, pero de la que sólo quedan los muros. Seguimos andando y llegamos al segundo monumento: la iglesia parroquial de Santa María de la Expectación cuya cuadrada silueta llevamos tanto tiempo contemplando desde la llanura.

Efectivamente ésta era la referencia que desde hace varios kilómetros nos indicaba a donde queríamos llegar. Además ese era el punto que, en mi preparación de la ruta, yo había marcado como final de etapa. Así que allí nos hicimos foto de fin de etapa.

Pero lo cierto es que había que llegar al coche que ayer habíamos dejado aquí para volver a Simancas donde de nuevo íbamos a dormir. Por ello tuvimos que hacer unos cientos de metros más hasta donde estaba aparcado. ¡Ahí está!, ¡Estupendo!. Son las 15’55. Pudimos así ver la fuente y la Ermita del Cristo de las Eras.

Aquí sí que damos por terminada esta décima etapa. Hemos recorrido 22,650 km en 6 horas y 15 minutos de las que 4 horas y 48 minutos han sido de andadura.

Hasta la undécima etapa.
José María Pérez

FOTO REPORTAJES
Foto reportaje de José María Pérez