miércoles, 1 de julio de 2026

Excursión 933: La Silla del Rey desde Valsaín

FICHA TÉCNICA
Inicio: Valsaín 
Final: 
Valsaín
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,4 Km 
Desnivel [+]: 497 m 
Desnivel [--]: 497 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












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RESUMEN
El primer día de julio, nuestro grupo de senderismo volvió a reunirse para disfrutar de una nueva jornada por los montes de Valsaín, un territorio que nunca defrauda y que, por muchas veces que se recorra, siempre ofrece nuevos rincones por descubrir.

La marcha comenzó en La Pradera de Navalhorno, junto a su histórico aserradero, desde donde iniciamos el camino cruzando un portón para seguir una amplia pista forestal.

Pronto la abandonamos desviándonos a la izquierda por la Senda de los Reales Sitios, un precioso sendero, con la Atalaya de frente, que discurre entre robles y pinos, proporcionando desde el primer momento la agradable sensación de caminar bajo la protección del bosque.

Nuestro primer punto destacado fue el Puente Negro. Nada más llegar a él, giramos a la derecha para remontar el Arroyo de la Chorranca, disfrutando del murmullo constante del agua y del frescor que siempre le acompaña.

Más adelante, tras pasar junto a una chorrera con poca agua, alcanzamos el Puente del Vado de los Tres Maderos, donde enlazamos con una pista forestal que seguimos durante un corto tramo antes de volver a abandonarla en una curva para internarnos nuevamente por un sendero que serpentea entre magníficos pinares y algún que otro roble.

Así llegamos hasta la Fuente de la Plata. Aunque en esta ocasión nos recibió completamente seca, el lugar conserva todo su encanto. Junto a la fuente existe una mesa de madera, y en ella aprovechamos para realizar la tradicional fotografía del grupo.

La Fuente de la Plata se encuentra situada en la esquina sureste del muro que rodea los jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.

Muy cerca cruzamos una acequia que conduce el agua hasta el Estanque del Mar, gran depósito desde el que se alimentan las célebres fuentes monumentales de los jardines del Real Sitio.

Unos pocos metros después, abandonamos el camino principal para seguir un sendero donde el grupo decidió dividirse. Cinco compañeros optamos por una variante más suave, renunciando a la ascensión a la Silla del Rey, más exigente.

Nuestra ruta alternativa nos llevó a un paraje cubierto de helechos, donde hicimos una parada para el tentempié de media mañana.

Tras el descanso, continuamos primero hasta la Fuente de Marcos y, desde allí, a la siempre curiosa Cueva del Monje. Animados por las buenas condiciones del día, continuamos la subida hasta el Cerro del Puerco, donde todavía se conservan excelentes restos de trincheras y búnkeres utilizados durante la Guerra Civil.

Además de su interés histórico, este lugar ofrece unas magníficas panorámicas de la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama y del valle del Eresma.

Tras disfrutar del entorno, descendimos tranquilamente hasta La Pradera de Navalhorno, donde nos esperaban los vehículos, parando previamente a la sombra de los pinos para tomar los bocadillos.

Mientras tanto, según me contó Paco Nieto, el grupo principal continuó por el sendero que se separa de los jardines de La Granja para pasar junto a las ruinas de la antigua Casa del Cebo. El recorrido atraviesa frondosos bosques de robles y pinos, en los que abundaban los helechos, hasta llegar al Arroyo de los Carneros y enlazar con el camino forestal de Majalapena. En este tramo sobre todo, vieron gran cantidad de mariposas, unas amarillas, otras marrones, e incluso negras y la roja pavo real.

Retrocediendo unos metros visitaron la Fuente del Chotete, donde realizaron el habitual tentempié de media mañana acompañados por el agradable sonido del agua. Continuaron después por la pista, cruzando nuevamente el Arroyo de los Carneros hasta alcanzar un puente de madera junto al que se forma una pequeña laguna.

Nuevamente cruzaron una zona de helechos con mariposas revoloteando a su alrededor.

Allí el croar incesante de las ranas puso la banda sonora a uno de los rincones más agradables de toda la jornada.

A partir de ese punto comenzó para ellos un ascenso lento y constante que los condujo hasta el Salto del Corzo y posteriormente al Collado del Corzo, situado a los pies de uno de los lugares más emblemáticos de toda la zona: la Silla del Rey.

Desde el collado emprendieron la corta, pero empinada, subida hasta este histórico mirador, donde una gran roca fue tallada en forma de asiento.

Una inscripción recuerda que el "El 23 de agosto de 1848 se sentó S. M. Don Francisco de Asís de Borbón”, para contemplar desde este privilegiado balcón natural los jardines y el Real Sitio de La Granja.

Aquel sencillo asiento de piedra terminó dando nombre a un lugar que hoy constituye uno de los miradores más conocidos de los montes de Valsaín, aunque actualmente, la vegetación y los pinos impiden tener unas buenas panorámicas.

Tras numerosas fotografías descendieron por el lado opuesto hasta el promontorio rocoso conocido como el Moño de la Tía Andrea, otro extraordinario balcón natural desde el que resulta difícil abandonar la contemplación del paisaje.

Desde allí divisaron las cumbres de Peñalara, Peña Cítores, el Puerto de Cotos, Siete Picos, el Montón de Trigo y la Mujer Muerta. Más cercana aparece la silueta del cerro de Matabueyes, visitado recientemente por nuestro grupo el pasado lunes con luna llena. Hacia el norte se abre toda la llanura segoviana, con La Granja a nuestros pies y numerosos pueblos extendiéndose hasta perderse en el horizonte.

El regreso comenzó volviendo al Collado del Corzo para tomar el Camino del Salto del Corzo. Poco después lo abandonaron para seguir la pista forestal de la Fuente de los Neveros, donde la sorpresa fue encontrar abundante agua en la fuente que da nombre al camino, lo que sirvió para rellenar las cantimploras y dar de beber a nuestras sedientas mascotas. 

La siguiente parada fue la escondida Fuente de las Tres Varas. Aunque es necesario desviarse unos metros para encontrarla, el esfuerzo merece la pena y, además, también manaba agua de la que bebieron los perretes.

El descenso continuó por diferentes senderos que cruzan los arroyos de los Neveros y de la Chorranca antes de alcanzar la Fuente de Marcos. Allí llegó el momento de comer los bocadillos, acompañados únicamente por el fino hilo de agua que aún brotaba de la fuente.

El último tramo de la jornada siguió el antiguo canal que abastecía de agua a la serrería de Valsaín.

Es un recorrido muy agradable, prácticamente llano, que pasa por una pradera y un pinar que conduce directamente hasta La Pradera de Navalhorno, justo frente a la serrería, donde finalizó la caminata.

Como no podía ser de otra manera, la mejor forma de poner el broche a una magnífica jornada fue reunirnos todos en el quiosco Frontón de Valsaín. Entre cervezas, refrescos y comentarios sobre los mejores momentos del recorrido, revivimos las anécdotas del día y comprobamos, una vez más, que el verdadero valor de estas salidas no reside únicamente en los paisajes recorridos, sino también en la amistad, la convivencia y las experiencias compartidas.

Una jornada completa, variada y llena de rincones de gran belleza, en la que el agua de las fuentes, los frondosos bosques, la historia de los Reales Sitios y las magníficas panorámicas de la Sierra de Guadarrama volvieron a recordarnos por qué siempre merece la pena regresar a los montes de Valsaín.

La única parte negativa de la jornada fue que Marcos C tuvo que abandonar la ruta por un fuerte dolor de rodilla que le impedía caminar  y que Toffe se lesionó una patita, pero a pesar de su ostensible cojera, terminó la ruta como un campeón, esperemos que se recuperen pronto. Le otorgo 4 sicarias a esta bonita ruta
Enrique Cid

lunes, 29 de junio de 2026

Excursión 932: Cerro de Matabueyes con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Valsaín
Final: 
Valsaín
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 9,6 Km 
Desnivel [+]: 332 m 
Desnivel [--]: 332 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 14

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RESUMEN
Con la intención de disfrutar de la luna llena de junio, conocida como la Luna de la Fresa, nos acercamos hasta el Cerro de Matabueyes, situado en la parte segoviana de la Sierra de Guadarrama. La cita era a las ocho de la tarde en el Bar la Tomasa de La Pradera de Valdehorno, desde donde iniciamos la ruta un grupo formado por senderistas nacidos o vinculados a Segovia (7), a Madrid (4) y a Córdoba (3).

Comenzamos caminando en dirección al embalse de la presa del Salto del Olvido, por una senda que baja muy vertical hacia el remanso de agua. Cruzamos su estrecho muro mientras disfrutábamos de los reflejos sobre el agua, un paisaje siempre atractivo que aquella tarde resultaba aún más espectacular gracias al cielo cubierto de nubes, que multiplicaba los contrastes y los colores.

Continuamos hasta Valsaín, siguiendo un sendero que discurre pegado al embalse, cruzamos la carretera de Valsaín y dejamos atrás la cruz y el monumento dedicado a los antiguos gabarreros, los carreteros recolectores de troncos tan apegados a estas tierras. 

Pasamos junto a la plaza de toros y enlazamos con la carretera de la Fuente de la Reina.

Al pasar junto al local de la Peña el Tizo, Rosana nos contó, como anécdota, que a ella solo pueden pertenecer casados y que si enviudas o te separas, te echan de ella.

Tras franquear una barrera, afrontamos una larga pero cómoda subida que nos condujo hasta el emblemático collado de la Cruz de la Gallega.

Un nuevo portón daba acceso a la pista final que lleva al Cerro de Matabueyes, al que llegamos tras un para de grandes curvas que minimizan la pendiente.

El ritmo fue alegre y todavía con luz diurna alcanzamos la cima, coronada por un refugio, unas antenas y un puesto de vigilancia contra incendios, del que  su vigilante estaba a punto de irse.

Allí comenzó, sin apenas demora, el primero de los grandes espectáculos de la jornada.

Las nubes hicieron que la puesta de sol adquiriera una intensidad extraordinaria: los tonos rojizos se volvieron más profundos y el contraste de luces regaló una panorámica inolvidable de la lenta agonía del incandescente astro.

Poco antes de las diez de la noche, el Sol fue ocultándose lentamente tras el horizonte. Mientras desaparecía, comenzaron a encenderse las luces de la capital y los pueblos cercanos, revelando la inmensidad de la llanura segoviana.

Aquella sucesión de pequeños puntos luminosos dibujaba un paisaje tan sereno como impresionante.

La luna tenía prevista su salida en torno a esa misma hora, pero las cumbres de la Sierra de Guadarrama, con Peñalara y las montañas cercanas elevándose frente a nosotros hacia el este, retrasaron su aparición. Hubo que esperar aproximadamente media hora, entretenidos en animosas charlas mientras dábamos cuenta de los bocadillos, hasta que, por fin, una luna perfectamente redonda emergió lentamente por encima de Peña Citores.

Fue un momento mágico. Poco a poco fue ganando altura en el cielo, escondiéndose por momentos entre algunas nubes antes de volver a mostrarse con toda su luminosidad. Parecía estar jugando con ellas.

Cuando la luna ya brillaba con fuerza, parte del grupo emprendió el regreso a Valsaín.

Los que no teníamos prisa decidimos permanecer un poco más para disfrutar del tercer gran espectáculo de la jornada: los fuegos artificiales que Segovia celebra todos los años en honor a San Juan y San Pedro el día de San Pedro, el 29 de junio.

A las 12 de la noche en punto comenzó el espectáculo pirotécnico. Desde nuestra privilegiada atalaya contemplamos cómo el cielo de Segovia se llenaba de luces en círculos de todos los colores, con una sucesión de explosiones que culminó en una espectacular traca final. 

Ver aquellos fuegos a lo lejos, bajo la luna llena y rodeados por el silencio de la montaña, fue un privilegio difícil de olvidar.

Mientras contemplábamos ensimismados los fuegos artificiales, ocurrió una escena tan inesperada como entrañable. Bruno, el perrito de Inés y Jorge, comenzó a mostrarse inquieto y nos hizo volver la vista. El motivo era un joven zorro que se había acercado sigilosamente hasta nuestras mochilas, probablemente atraído por el olor de la comida. Lejos de asustarse, permaneció unos instantes observándonos, permitiéndonos incluso fotografiarlo antes de marcharse tranquilamente al comprobar que no iba a conseguir ningún premio.

Terminados los fuegos, iniciamos el descenso hacia el aparcamiento. La claridad de la luna era tan intensa que proyectaba con nitidez la sombra de cada uno de nosotros sobre el camino. Al volver a cruzar la presa del Salto del Olvido nos esperaba el último regalo de la noche: el reflejo plateado de la luna sobre las tranquilas aguas del embalse, una imagen de enorme belleza que puso el broche de oro a la excursión.

Vivimos una ruta de esas que reúnen todos los ingredientes para permanecer mucho tiempo en la memoria: una magnífica puesta de sol, el emocionante nacimiento de la Luna de la Fresa sobre las cumbres del Guadarrama, unos fuegos artificiales contemplados desde un balcón natural privilegiado, el inesperado encuentro con un curioso zorro y un regreso iluminado por una luna tan brillante que parecía convertir la noche en un largo crepúsculo.

Sin duda, una ruta de cinco estrellas que difícilmente olvidaremos.
Paco Nieto

jueves, 25 de junio de 2026

Excursión 931: Circular del Puente de la Cantina al Puerto de Cotos y vuelta

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Cantina. Valsaín 
Final: 
Puente de la Cantina. Valsaín 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,6 Km 
Desnivel [+]: 556 m 
Desnivel [--]: 556 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 26

MAPAS 
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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Un miércoles más, hemos hecho una preciosa ruta y, a pesar del calor que hacía hoy, había mucha sombra y lo hemos llevado bien, mucho mejor de lo esperado.

La ruta ha partido a las 10:00,horas en lugar de las 10:30 como es tradición para pasar menos calor, y la ha dirigido Carlos R.

Hemos quedado en el aparcamiento del Puente de la Cantina, junto a la fuente de la Canaleja. La ruta estaba anunciada con unos 11 km y 500 de desnivel y sin que sirva de precedente, así fue más o menos.

Por una portilla salimos del aparcamiento y enseguida buscamos la forma de cruzar el arroyo del Puerto del Paular, uno de los principales contribuyentes que forman el río Eresma. Al poco, nos acercamos a ver la cascada Valtueña, que debe tener unos 3 metros de altura y forma una poza preciosa y profunda.

Remontamos la hondonada del arroyo para seguir por un sendero en el que había muchos troncos caídos, debido al temporal de este invierno. Unos los saltábamos y otros pasábamos por debajo, parecía una yincana.

También había grandes rocas con mucho musgo, señal inequívoca de lo sombreada que es esta zona.

El denso pinar dio paso a una zona especialmente bella en la que abundaban los avellanos, con su característico crecimiento multitronco o en cepa.

Toda la subida la hicimos siempre cercanos al arroyo del Puerto del Paular, aunque también cruzamos otros, ya fuera mediante troncos, puentes de madera o piedras, siempre con mucha sombra y subiendo poco a poco, estábamos muy a gusto, inmersos en un paisaje muy frondoso, con muchos helechos y plantas. Y con el ruido del agua se estaba en la gloria. 

Por un rato, continuamos por una pista asfaltada, que luego dejamos para seguir otro sendero. A las 12.00 llegó nuestra hora del ángelus, a lo que llamamos descansar un ratito y tomar un piscolabis. 

Luego cruzamos una explanada con muchos troncos apilados, seguimos subiendo por senderos olvidados, que por falta de uso estaban medio ocultos por la vegetación y pinos pequeños que teníamos que apartar a nuestro paso.

La pendiente se hizo más pronunciada, cruzamos por enésima vez el arroyo del Puerto del Paular y conectamos con el Camino Viejo del Paular, hasta llegar al Puerto de Cotos.

Cerca de la estación había mucho trasiego de camiones que llevaban materiales para la obras de reacondicionamiento de las vías del tren a Cercedilla.

En Venta Marcelino paramos a comer los bocadillos, acompañados de las correspondientes cervezas, refrescos y cafés, que sentados a la sombra nos reconfortaron hasta el alma.

Aquí nos esperaban otros del grupo, que habían ido directamente. Al terminar, nos hicimos la foto de grupo.

Ahora nos quedaba bajar lo que habíamos subido y, para no repetir recorrido, lo hicimos por el Camino Viejo del Paular, una senda muy cómoda y ancha, y aunque hacía más calor, era todo bajada y se llevaba muy bien.

Volvimos a cruzar la mayoría de los arroyos que vimos en la subida y alguno más, aunque ahora mayoritariamente por puentes.

Por la Vereda de la Canaleja, en una zonas de helechos y zarzas, vimos muchas mariposas, destacando una de ellas, la mariposa pavo real, muy bella, fácil de identificar por sus llamativas manchas en forma de ojos en las alas, con grandes ocelos brillantes que recuerdan a las plumas de un pavo real y que intentan confundir a sus depredadores.

Al llegar a la fuente de la Canaleja, me refresqué un poco antes de llegar al aparcamiento e iniciar el regreso a casa.

Por lo bonito del recorrido, siempre por sombra, el agua, siempre cercana y la belleza de la flora, le otorgo un 4 a esta estupenda ruta.
Vicky Colás


FOTOS

miércoles, 17 de junio de 2026

Excursión 930: Río Eresma desde el Pontón Alto

FICHA TÉCNICA
Inicio: Embalse del Pontón Alto 
Final: 
Embalse del Pontón Alto
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 6,6 Km 
Desnivel [+]: 82 m 
Desnivel [--]: 82 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Con la llegada del calor, Antonio nos había programado una refrescante ruta de ida y vuelta por la orilla del río Eresma siendo el punto de encuentro el embalse del Pontón Alto.

Con muchas ganas de hacer este recorrido y además con el colofón de una excelente comida, como ya se viene haciendo desde hace unos años en casa del super anfitrión Ricardo Tardón,¨ loado sea él¨.

Nos reunimos 33 senderomagos en el aparcamiento muy cerca de dicho embalse, y dimos la bienvenida a Rosana que empieza por estos lares su temporada veraniega. Me llamó la atención el original sombrero multicolor, tipo africano, que llevaba puesto Nicolás traído de su reciente viaje a Sicilia con el clan Muñoz.

También Jose María, nuestro suministrador textil, iba a proceder después de la ruta, al reparto de gorras, camisetas y chalecos de la nueva temporada. Tuvieron mucho éxitos los chalecos, tanto es así, que le han encargado unos cuantos más.

Pues bien, con todas estas premisas nos pusimos en marcha y empezamos traspasando las "puertas giratorias". Pudimos contemplar al principio el Cerro de la Atalaya.

El sendero se mostraba fresco debido a la vegetación de rivera y a la cantidad de robles que nos daban una muy deseada sombra, ya que el día estaba caluroso.

Fuimos paralelos al embalse del Pontón Alto por su margen izquierda, llegando un poco más adelante al rio Eresma, que alimenta a dicho embalse; seguimos todo el tiempo la marcha por la margen izquierda del río, que con sus aguas muy limpias y de buena la calidad, permite que puedan habitar allí las truchas y algunos otros animales.

Este sendero se llama de las Pesquerías Reales, y tiene su origen cuando en el siglo XVIII, entre los años 1767 y 1769, el rey Carlos III mandó acondicionar la margen izquierda del río para practicar con mayor facilidad su gran afición, la pesca.

Las obras consistieron en la apertura de una amplia senda en la misma orilla de muros de piedra de sillería, y en diferentes pasarelas y balconcillos.

También se hicieron pequeñas represas cuyos saltos oxigenaban el agua y mejoraban las condiciones para la crianza de las truchas. Lo que ha quedado de aquella época es un camino enlosado de bastantes tramos próximos al río, y por los que efectivamente fuimos caminando a lo largo del recorrido.

Vimos unas sillas en la orilla, que supongo que alguien las habría dejado, con la ilusión de pescar algunas truchas. Nos encontramos con un letrero que ponía 3,2 km a Valsain y alguna que otra vaca pastando. Cruzamos por una pasarela de madera debajo de la cual se supone pasará un pequeño arroyo, seco en este momento.

Dejamos atrás el embalse, pasamos por una pasarela de piedras y volvemos a estar de nuevo junto al rio Eresma, oyendo el agradable murmullo del agua; a continuación había un letrero que pone zona inundable, y llegamos a una Estación Eléctrica que se nutre de agua de una tubería que discurre por una ladera que a su vez proviene del embalse El Salto del Olvido.

Continuamos por el camino de piedras y llegamos a una gran cascada, que entraban ganas de ponerse debajo y refrescarse; cuando la tubería de la que hablamos con anterioridad no admite mas caudal, toda esa agua sobrante forma esta espectacular cascada.

Las aguas se amansan y estamos llegando al puente del Anzolero, unos pasamos por arriba y otros por debajo. Vimos grabado en una piedra el escudo de Carlos III y la fecha 1768. Un poco mas adelante a la derecha vemos unas piedras redondeadas que se llaman "piedras caballeras" y que se han formado a lo largo de los tiempos por el efecto del hielo sobre ellas.

En el lateral del río hay unas cavidades redondeadas que se han formado, a través del tiempo, porque las corrientes remueven las piedras del fondo y éstas poco a poco han horadado dicho lateral. Y por último llegamos a una especie de tobogán para que las truchas puedan remontar el río y salvar el muro de la presa.

Subimos por una escalera de piedra y llegamos a la presa El Salto del Olvido. Fin de trayecto. Allí tomamos el picnic y vuelta al embalse del Pontón Alto por el mismo camino que habíamos traído. Los más aguerridos, 4 o 5 se dieron un refrescante baño antes de subir a los coches.

En el aparcamiento Jose María procedió al reparto de gorras, camisetas y chalecos. Ya todos nos dirigimos a casa de Ricardo, donde con la ayuda de Bea, Marisa, Isabel y Ana Chini, tenían preparadas todas las mesas con sus correspondientes viandas: tortillas, empanadas, quesos... y bebidas en abundancia. Incluso una carpa que nos protegía de sol, que había traído Ana Chini. También se unieron más gente que no fueron a la marcha, yo creo que seriamos unos 50, pero que no se querían perder el festín. Un poco más tarde trajeron el cochinillo y el cordero que estaban espectaculares. Después alguien puso música, pero nosotros, ya nos íbamos.

Por el bonito y sombreado recorrido y la comida posterior le doy a esta excursión 5 sicarias
Margarita Balbontin

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