miércoles, 5 de octubre de 2022

Excursión 657: Cabeza Líjar por Álamos Blancos

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León
Final: Alto del León
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13,2 Km 
Desnivel [+]: 580 m 
Desnivel [--]: 580 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 29

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* Perfil, alturas y distancias de la ruta














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RESUMEN
Me encarga Celia M. que realice la crónica de la excursión y yo gustosamente acepto la propuesta. Debido al viaje que el grupo GMSMA ha realizado a la isla de Creta, Antonio, delegó en Celia, la misión de dirigir a los que nos quedamos, en las dos últimas excursiones. Por cierto, una misión muy bien realizada.

Habíamos quedado, en el Alto del León, para iniciar, esta excursión, en un día soleado y caluroso, (veranillo de San Miguel), en el que la montaña está muy seca, debido a la ausencia casi total de lluvias. Iniciamos la ruta caminando por la antigua carretera de Peguerinos, y pasamos por la cruz del antiguo Vía Crucis del Alto del León.

Tomamos a la izquierda la ruta de los Álamos Blancos, y enseguida llegamos a la fuente de las Hontanillas, dejando a nuestra derecha la cima de Cabeza Líjar, a la que llegaríamos en un par de horas.

Pronto vemos la Pradera Asiento del Roble, para llegar, al Pino Albar de la Pinosilla (Ejemplar monumental, de nombre científico Pinus Silvestris, de la familia Pinaceus. Su perímetro es de 4,15 m, con una altura de 26,6 metros y una edad de 250 años. Es considerado árbol singular de la Comunidad de Madrid).

Un poco más adelante encontramos, una zona de trincheras y nidos de ametralladoras, de la guerra civil (Loma del Cerro de los Lobos a 1395 msnm), y alcanzamos, tras una pequeña subida, el mirador y “casamata”, en el alto del Cerro de los Álamos Blancos, a 1511 msnm.

Llegamos a la pista que asciende desde el embalse de La Jarosa, y giramos a la derecha hacia Cabeza Líjar, Y aquí empieza lo bueno !!! Fuerte subida en la que ocurre de todo: rezagados, torceduras de tobillo, mascotas revolucionadas, etc, etc.

Esperamos un buen rato para reunificarnos, pero viendo lo infructuoso de la tarea continuamos a ritmo bajo y esperamos a los rezagados en la Cantera del Collado de la Mina a 1710 msnm, donde realizamos la comida, después de visitar la abandonada mina de Wolframio que hay ladera abajo.

Aquí nos cruzamos con un grupo de turistas senderistas, “adinerados”. No parecían jubilados de Telefónica, o al menos, no reconocimos a nadie. Llevaban un joven guía profesional, que según algún miembro del GMSMA, era muy atractivo!! Querían ascender a Cabeza Líjar y creo que lo consiguieron, Nosotros también llevábamos una joven guía atractiva, pero gratis total.

Una vez todos juntos, sin daños colaterales, y sin haber perdido ningún miembro del grupo, nos dividimos en dos subgrupos. Unos pocos tomaron la famosa carretera de Peguerinos, en dirección al Alto del León y el resto continuamos la excursión ascendiendo a Cabeza Líjar a 1822,8 msnm.

Una vez en la cima, los paisajes eran espectaculares. Se podía ver al norte, los pinares segovianos de El Espinar, al oeste los denominados Pinares Llanos, de Peguerinos, en la provincia de Avila, y al sur los pinos del madrileño embalse de la Jarosa y el Valle de los Caídos. La cumbre está coronada por un observatorio circular de la guerra civil, reconvertido en refugio y mirador. Recuerdo haber realizado, alguna excursión a este lugar, con gran cantidad de nieve y temperaturas bajo cero. Que gran contraste con el calor que teníamos.

En lo alto de la cima Alejandro y yo, recordamos, a nuestra querida amiga Luz, con la que Alejandro había realizado la ascensión a Cabeza Líjar, en un tiempo anterior, y en el que disfrutaron de sus hermosas vistas. Luz te echamos de menos.

Iniciamos el descenso hasta llegar a una preciosa pradera donde pastaban varias yeguas con sus potrillos. Bucólico paisaje!!. En este lugar Celia decidió esperar a Marta (lesionada, parece que con un esguince de tobillo) y a Margarita que la acompañaba. Aunque había cobertura, ambas llevaban el móvil apagado . El resto del grupo continuamos, hacia el Alto del León bajo la dirección de Julián, al que Celia había encargado esta tarea. En el GMSMA nunca quedamos desamparados. Muy bien!!!

Pasamos por el Collado de la Gasca, la Cerca y las Hontanillas, antes de finalizar la marcha en el Restaurante del Alto del León.

En las dos últimas excursiones, como he comentado anteriormente, hemos sido guiados por CE MARA (Celia), segoviana de pro, con gran coraje y decisión. Gran acierto su designación, pues se ha tomado la tarea, con gran interés y responsabilidad, además de compatibilizarlo con una gran sonrisa. (No lo comparo con otros guías titulares).

Que conste para la posteridad, que no ha perdido a nadie, (que se sepa, pues éramos muchos), y ha esperado a lesionados y rezagados, con gran estoicidad.

Ya tenemos guía titular, cuando se jubilen los guías actuales. (a los que deseo que duren muchos años). Creo que Celia disfruta con estas tareas, por lo que se le podrían asignar funciones adicionales en el grupo.

En resumen: excursión durilla pero muy bonita con vistas excepcionales.

Tiempo caluroso, pero, asumible Califico la marcha con 4,5 sicarias.
Nicolás Pizarro


martes, 4 de octubre de 2022

Excursión 656: Garganta de Aradena. Creta

FICHA TÉCNICA
Inicio: Aradena. Creta
Final: Playa de Mármara. Creta
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 5,8 Km 
Desnivel [+]: 15 m 
Desnivel [--]: 610 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

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RESUMEN
Tras desayunar en el pueblo de Anópolis, donde habíamos pernoctado, iba a comenzar nuestra última ruta por tierras cretenses. Sería la primera vez en que hiciéramos todos juntos, sin ninguna baja, el camino. Así que era el momento de despedirnos de la isla disfrutando y, como escribió el poeta griego Kavafis en su poema Ítaca, esperando que el trayecto fuera “largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias…”

Pero algún dios malintencionado, quizá Dolos, pretendiendo estropear el momento escondió la cartera de Melchor, en la que se encontraba la documentación necesaria para regresar a España. 

Comenzó entonces una búsqueda frenética por parte de algunos miembros del grupo, que, capitaneados por Beatriz, hicieron pesquisas, registraron cada rincón del restaurante donde habíamos realizado la cena de despedida y llevaron a cabo, en los cubos de basura que contenían los restos del banquete, una ardua labor de separación de residuos digna de los más concienzudos trabajadores de Ecoembes. 

Afortunadamente, las malas intenciones del diosecillo y su torpeza a la hora de esconder la cartera (no se le ocurrió nada mejor que hacerlo en el neceser de su propietario) chocaron con la sabia búsqueda de Rosa, poniendo así fin a la broma pesada.

Después de algunas burlas injustas a Melchor, en las que no se tuvo en cuenta que él no había sido más que una víctima del tal Dolos, era el momento de iniciar nuestra ruta.

Para ello debíamos llegar al punto de partida de la misma, el pueblo abandonado de Aradena. Y, a falta de medios de transporte convencionales, lo hicimos a bordo de pick ups con cierto tufillo a cabra. Los dioses seguían burlándose de nosotros.

Comenzamos la ruta tras admirar el puente que une, a la altura de Aradena, ambas márgenes de la garganta que íbamos a recorrer. Una especie de escalera zigzagueante, tallada por los antiguos habitantes de la zona, nos condujo al fondo del desfiladero. Iniciamos entonces el recorrido por el interior del mismo entre imponentes paredes, fruto de una erosión implacable.

Un estruendo repentino hizo que los más impresionables pensáramos en un posible enfado sísmico de Gea. Por fortuna, se trataba del sonido de los vehículos atravesando el puente de hierro. La diosa no se sentía molesta con nuestra presencia.

El camino era a veces cómodo; otras, dificultoso, a causa de grandes rocas desprendidas, que debíamos salvar ascendiendo y descendiendo por ellas con mayor o menor pericia. En algunas ocasiones, era preferible evitar estos obstáculos trepando por las propias paredes de la garganta, adecuadamente talladas.

Pero, en esos momentos, no nos aportaba mucha tranquilidad comprobar que incluso la agilidad atribuida a las cabras para escalar y alcanzar las cimas más inaccesibles no era infalible, ya que en el camino los restos de sus cadáveres eran tristemente visibles.

El intento de mantener un grupo compacto a lo largo del recorrido se vio continuamente entorpecido por los obstáculos que la naturaleza nos presentaba y por los continuos posados fotográficos con los que intentábamos inmortalizar el momento.

Finalmente, después de tres horas y media, llegamos a la playa de Mármara, desembocadura y perfecto broche de una de las más impresionantes gargantas cretenses. Los dioses nos recompensaron entonces con aguas cristalinas de temperatura perfecta en las que bañarnos y hermosas cuevas marmóreas que visitar. Pero algunos mortales prefirieron refrescarse haciendo libaciones en el chiringuito y conformándose únicamente con la contemplación a distancia del regalo divino.

Tras poco más de una hora de disfrute, tomamos un pequeño barco que nos condujo al hermoso pueblo azul y blanco de Lutró, cuyo nombre significa en griego “baño”, aunque también podía haber significado “comida”, porque de ambas actividades disfrutamos allí. No todo puede ser andar, aunque el grupo sea senderista.

Y otra vez los dioses fueron benevolentes: Poseidón y Eolo relajaron su proverbial furia y nos brindaron una agradable travesía por el Mar de Libia en otro barco que nos condujo a Sfakiá, donde nos esperaba el autobús que nos llevaría a Chania.

Fue, en definitiva, una jornada espléndida, en buena compañía, en la que disfrutamos de un camino variado, “lleno de aventuras, lleno de experiencias…”, se merece las 5 sicarias.
Charo García

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lunes, 3 de octubre de 2022

Excursión 655: Garganta de Imbros. Creta

FICHA TÉCNICA
Inicio: Garganta de Imbros. Creta
Final: Garganta de Imbros. Creta
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 6 Km 
Desnivel [+]: 1 m 
Desnivel [--]: 567 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 26

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RESUMEN
Esta ruta nos adentra en la mayor y más bella cordillera de Creta: Las Montañas Blancas. Un macizo calizo, situado en el centro de la región de Chania, concretamente en la región de Sfakia. Esta zona representa muy bien Creta por la belleza de sus costas, las altas montañas con todo lo que ello implica (paisaje agreste, pastores, cabras, quesos, espacios solitarios…) y conserva el espíritu cretense indómito y un poco salvaje.

Después de tomarnos el popular freddo expresso, cantar el cumpleaños feliz a nuestro amable conductor y saborear unas exquisitas sfakianes pites (finas creps doradas al fuego y rellenas de queso que se sirven regadas con miel) realizamos la excursión de la popular garganta de Imbros.

Un recorrido fácil, más corto que el famoso cañón de Samariá, ligeramente descendente, con un trazado muy bien definido, en el que encontramos varios lugares impresionantes, como Stenada (el pasaje más angosto del desfiladero), situado hacia la mitad del recorrido; Mesofarango (un pasaje más amplio donde se abre la garganta) y el Arco de Xepitira (un arco de piedra natural en el que hicimos nuestra foto de grupo).

El principio del recorrido es abierto y verde, rodeado de árboles: robles, pinos, viejos cipreses, plátano de sombra y arces que se abren paso a través de las rocas.

A medida que nos vamos adentrando, la garganta se van estrechando y aumentando la altura de las paredes. Hacia la mitad encontramos el punto más impresionante, con una anchura de 1,6 metros y 300 mts. de altura por ambos lados.

Avanzado más de la mitad del recorrido, encontramos un sombrajo de madera bajo el que reposaba un lugareño. Allí estaba, tranquilo, amistoso junto a un cartel en el que se ofrecían bebidas frescas. ¿Bebidas frescas aquí? Pues sí, conservaba las bebidas dentro de un pozo custodiado por avispas.

En varios puntos del recorrido encontramos restos del antiguo camino empedrado, que era la principal vía de comunicación entre Sfakiá y Chaniá.

El cañón fue el escenario de numerosas batallas entre otomanos y cristianos durante la ocupación turca de Creta, especialmente en 1821 y 1867. También fue testigo de la evacuación de varios miles de soldados británicos durante la Segunda Guerra Mundial antes de dirigirse a Egipto.

Al final de la garganta, junto a la Taberna Komitades, nos esperaba el autobús para dirigimos a la cercana playa de Frangokastelo. En ese lugar se encuentra un antiguo castillo veneciano de forma rectangular y de aspecto algo tosco. Fue construido en el año 1373 para cumplir dos misiones; la primera, controlar a los sfakiotas, lo cual resulto del todo ineficaz; y la segunda, persuadir a las hordas piratas que continuamente asediaban la isla de Creta. 

Desde el principio este castillo pareció estar condenado al fracaso, empezando por su construcción, que enfureció a los rebeldes sfakiotas y que noche tras noche destruían lo construido por la mañana.

Luego fue el nombre del castillo el que tampoco agradó de los lugareños quienes se negaban a utilizar el nombre impuesto por los venecianos “el castillo de San Nikitas”, llamándolo despectivamente “el Frangokastello”, palabra derivada de “el castillo de los francos o castillo de los católicos extranjeros”.

Esta fortificación ha contemplado numerosas batallas, a cuál más sangrienta y está rodeada de leyendas de soldados que se aparecen para continuar luchando.

Enfrente mismo del castillo encantado, pudimos disfrutar de un baño en las azules y cristalinas aguas del mar de Libia donde refrescar nuestros maltrechos huesos.

Después nos dirigimos al pintoresco pueblo de Hora Skafion, una pequeña población de menos de quinientos habitantes, situada en la costa sur de la prefectura de Chania; es la capital de la región de Skafia, una de las regiones más salvajes y menos pobladas de toda Creta. Es un pueblo encantador y los sfakiotas son hospitalarios y generosos con el viajero.

Tras tomar el café de rigor, una estrecha y sinuosa carretera nos condujo al pueblo más salvaje del recorrido, Anopolis.

Núcleo de la resistencia griega contra todos los invasores, el pueblo fue incendiado por los venecianos en 1.365 y por los turcos en 1867.

Por la belleza del descenso del barranco de Imbros, el baño frente a un castillo fantasmagórico, el delicioso café de Hora Skafion, la cena, el baile y la compañía, le doy a esta excursión un cinco.
Fran Ríos

FOTOS

domingo, 2 de octubre de 2022

Excursión 654: De Playa Krios a Playa Elafonisi. Creta

FICHA TÉCNICA
Inicio: Playa Krios. Creta
Final: Playa Elafonisi. Creta
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 9,4 Km 
Desnivel [+]: 248 m 
Desnivel [--]: 230 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 23

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RESUMEN
Con la puntualidad que nos caracteriza, partimos del hotel de Chania a las 8:30 para, tras dos horas de viaje en bus, llegar al inicio de la ruta de hoy, la cuarta de nuestra aventura: la playa de Krios, prácticamente vacía. Dejamos atrás la playa para subir por la empinada ladera de la costa siguiendo el trazado del sendero europeo de gran recorrido E4.

El E4 es la ruta de senderismo más larga de Europa, con una longitud total de 10.450 km, que transcurre de oeste a este, que comienza en Portugal y pasa por España, Andorra, Francia, Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Rumania, Bulgaria, Grecia (Creta) y termina en Chipre. (Me pregunto cómo un mismo sendero puede interrumpirse en el continente para luego continuar por una isla). En España, el E-4 coincide con el GR-7, como también lo hace en buena parte de su recorrido en Francia.

Esta etapa del E4 discurre por la zona sur de la isla, de oeste a este, aunque nosotros hicimos nuestra parte del recorrido al revés. Curiosamente, en nuestra segunda excursión pisamos parte de este sendero sin saberlo.

El día se presentó más bien caluroso, sin embargo, la suave brisa, unas veces, y el fuerte (y a veces muy fuerte) viento, otras, hizo mucho más tolerable la aridez del terreno y la ausencia casi total de arbolado y sombra.

Finalizada la abrupta subida, tocaba abrupta bajada, que nos llevaría a la llamada playa Viena, donde nos daríamos nuestro primer baño. Se trata de una pequeña cala plagada de rocas de gran tamaño y restos de lo que fue un antiguo centro de culto.

Según puede leerse en el cartel informativo que allí mismo se encuentra, los restos están diseminados tanto en la playa de arena como cubiertos por el mar.

Hoy en día pueden verse los cimientos de fuertes muros y algunos fragmentos dispersos de columnas monolíticas. El fondo también es bastante rocoso, propicio para cortes y raspaduras, así que nos dimos un rápido chapuzón y continuamos camino hacia la siguiente playa.

El sendero discurre muy próximo a la costa, aunque en ocasiones asciende hasta el borde de los acantilados debido a las rocas del litoral. En estas zonas elevadas, plagadas de guijarros, es cuando conviene prestar la máxima atención dónde se ponen los pies. También son estas elevaciones las más propicias para detenerse y admirar la belleza del paisaje.

Gracias al fuerte viento, las olas del mar se adornan con crestas de espuma blanca. Si a esto añadimos la ausencia total de edificaciones, carreteras, pistas…, la paz que respira es infinita.

Por cierto, me contaron en cierta ocasión que los colores blanco y azul de la bandera griega se deben precisamente a estas formaciones de espuma blanca sobre el azul del mar.

La verdad es que no he contrastado la veracidad de esta historia, no sea que alguien me la desmienta y a mí ésta me parece perfecta.

Tras recorrer unos 5 km, llegamos a la preciosa playa Taddes. Se trata de una zona naturista, donde el público puede tostarse tranquilamente al sol, tranquilidad sólo interrumpida por la llegada de más de una veintena de senderistas como los que por allí pasamos.

Tras el baño en sus cristalinas aguas, aprovechamos para tomar el bocadillo a la sombra de los múltiples enebros.

Mientras dábamos cuenta del tentempié, resultaba inevitable observar la delicada tarea de uno de los nudistas que se afanaba en colocar rocas unas encima de otras sobre un gran peñasco, arte en el que las rocas se equilibran naturalmente sin adhesivos ni soportes que les ayuden a mantenerse.

Ataviados de nuevo para seguir la ruta, nos pusimos en marcha para llegar a la cercana playa de Kedrodasos, más larga y concurrida que la anterior.

El E4 continúa por una incómoda zona de pequeñas dunas, enebros, sabinas y matorral diverso, para unos seiscientos metros más adelante volver a convertirse en la habitual senda árida y pedregosa que nos llevaría hasta, esta vez sí, muy concurrida playa de Elafonisi y final de ruta.

También es conocida como el “Caribe del Mediterráneo” por su arena blanca con matices rosa y turquesa de sus aguas. Justo enfrente se encuentra la pequeña isla de Elafonisi a la que se puede acceder por un istmo formado por una estrecha franja de arena, que en ocasiones está cubierta por agua, pero cuya profundidad no suele sobrepasar las rodillas y que algunos senderomagos no dudaron en atravesar.

Tras las reparadoras cervezas de rigor en el chiringuito playero, nos dirigimos al autobús que nos esperaba allí mismo para llevarnos de regreso al hotel.

Cuatro sicarias le doy a esta bonita excursión.
Fernando Díaz-Hellín S.

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