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PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
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RESUMEN
Con una mañana de mayo magnífica para caminar, 12 senderomagos nos dimos cita en Manjirón para realizar esta ruta circular, corta en kilómetros pero muy agradecida, de unos 12 kilómetros y escaso desnivel, de esas que permiten ir disfrutando del paisaje, de la conversación y de cada rincón sin prisas.
Salimos de Manjirón, pueblo serrano hoy sede del Ayuntamiento de Puentes Viejas, y cuyo nombre, según algunas crónicas locales, podría aludir al “buen agua” de su Fuente Vieja. Así que empezar junto a la fuente tenía su gracia y hasta cierto sentido simbólico, porque el agua iba a ser la gran protagonista de toda la jornada.
Tras dejar atrás el pueblo, fuimos avanzando entre desvíos y caminos cómodos hacia El Carrascal, en un terreno amable que invitaba a caminar en pequeños corrillos.
Poco después apareció el arroyo de los Espineres, que nos fue anunciando que el embalse estaba ya cerca. Y enseguida surgió ante nosotros el embalse del Villar, siempre vistoso, poniendo ese contraste tan bonito entre el monte, el matorral y la lámina de agua.
Además del agua y de la historia de la presa, la ruta nos fue dejando pequeños guiños del terreno. Entre la hierba apareció uno de esos viejos “genaros”, el muñeco azul que durante tantos tramos va marcando el camino y que se ha convertido casi en un símbolo senderista de toda la zona. Y junto al sendero lucía también la jara pringosa, con sus flores blancas de centro amarillo y manchas color vino en los pétalos, poniendo ese toque de primavera serrana que siempre alegra la marcha.
Uno de los momentos más interesantes de la excursión llegó, sin duda, en la Presa de El Villar. No es una presa cualquiera: sus obras terminaron en 1882 y, con sus 50 metros de altura y 107 de coronación, fue entonces la presa más alta de España y una de las más avanzadas de Europa.
Viéndola allí, tan sobria y tan elegante, se entiende perfectamente que siga siendo una de esas obras hidráulicas que impresionan no solo por lo que son, sino por lo que significaron.
Otro rincón con mucho encanto fue uno de esos pequeños puentes de piedra que aparecen casi sin avisar entre la vegetación, humilde pero lleno de carácter, como tantas obras antiguas del camino. Nos subimos allí para hacernos la foto de grupo, con cuidado y entre bromas, y por un momento el puente pareció cumplir de nuevo su misión: no solo la de ayudar a pasar, sino también la de reunir caminantes. Entre jaras, musgo y piedra vieja, fue uno de esos detalles que terminan dando alma a la excursión.
Desde la presa continuamos la vuelta cruzando el entorno de la M-127 para tomar después el Cordel de Manjirón a Torrelaguna, pasando por parajes con nombres tan sugerentes como Prado de las Monjas y El Gamonal.
Son de esos topónimos que ya por sí solos le dan carácter a la ruta y que hacen que uno vaya imaginando historias antiguas mientras camina. La Terraza del Barral puso ya el broche a la parte final antes de regresar a Manjirón.
En conjunto, una excursión muy agradable, de dificultad baja, con el atractivo del agua casi siempre presente, la elegante silueta de la Presa del Villar, los viejos cordeles y hasta el saludo silencioso del Genaro entre la hierba, recordándonos que por estos montes caminar también es ir leyendo señales, paisaje e historia.
De las que no cansan, pero sí dejan muy buen sabor de boca. Y como no podía ser de otra manera, al final se redondeó con las habituales risas, comentarios de ruta y alguna cerveza bien ganada.
Yo, a esta le pondría 4 sicarias.
Sol González






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