miércoles, 7 de mayo de 2025

Excursión 844: La Pedriza por el collado del Miradero

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino. La Pedriza
Final: Canto Cochino. La Pedriza
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 13 Km 
Desnivel [+]: 824 m 
Desnivel [--]: 824 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

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RESUMEN
Con una mañana de primavera de las que invitan a echarse al monte sin pensarlo mucho, 12 senderomagos nos reunimos en Canto Cochino para hacer una de esas rutas que en La Pedriza nunca defraudan: circular, de unos 13 kilómetros, pero con un desnivel respetable, de los que obligan a ganarse las vistas paso a paso.

Tengo que decir que La Pedriza está ubicada en la sierra de Guadarrama y es considerada como el mayor conjunto granítico de Europa. Forma parte del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Se caracteriza por sus formaciones graníticas caprichosas y laberínticas.

Tiene tres partes bien diferenciadas:
- La Pedriza Posteror, donde se ubican los picos más altos, entre los que se encuentran Las Torres con sus 2029 metros de altura.
- La Pedriza Anterior, donde se encuentran picos emblemáticos como El Yelmo (1719 m) y los Fantasmas (1727 m).
- La tercera zona es el Alcornocal, que es la zona más baja.

Nada más empezar, además del habitual ambiente montañero de Canto Cochino, nos llamó la atención la desaparición del quiosco que había antes allí, donde más de una vez nos hemos tomado una cerveza o en invierno algún caldo caliente.

También nos sorprendió el gran cartel colocado en Bar Restaurante Alta Montaña, donde se denunciaba la situación que atraviesa el negocio y su posible cierre.

Fue uno de esos detalles que te sacan por un momento de la excursión para recordarte que estos parajes tan queridos también están llenos de historias humanas, de conflictos y de cambios que no siempre se ven en los mapas.

La salida ya prometía. Enseguida empezamos a encontrarnos con algunos de esos rincones tan característicos de la zona: Piedra Caballera, los puentes sobre los arroyos, el Puente de la Umbría, Puente de la Cola de Caballo, el Puente del Vivero y, poco después, la siempre agradecida Charca Verde.

Charca Verde, además, es uno de los enclaves más carismáticos de la zona, famosa por ese tono verdoso de sus aguas, así que no podía faltar en una ruta tan redonda.

Pasada ésta, el camino se complicó, ya que no había una senda bien definida y tuvimos que subir y bajar grandes piedras en algunas ocasiones realizando pequeñas trepas por donde nos guiaba Carlos hasta llegar a una senda desde la que volvimos a disfrutar de la vista de diversas cascadas.

La Pedriza tiene esa virtud de mezclar agua, granito y formas caprichosas casi desde el primer momento, y uno empieza la excursión sintiendo que entra en un terreno especial.

Seguimos ganando altura en dirección a la Cascada del Chivato y la Chorrera Escalerón, dos nombres que ya suenan bien incluso antes de verlos.

En esta época, con el agua todavía animada y el monte en ese punto exacto entre lo fresco y lo luminoso, el recorrido fue una auténtica delicia. El sonido del agua, las piedras pulidas, las pozas y el correr del río Manzanares fueron poniendo música a la primera mitad de la jornada.

A las doce más o menos como es habitual comimos el tentempié, también llamado el ángelus a orillas del río.

Después tocó ponerse serios con la subida hacia Las Milaneras y el Collado del Miradero, el punto más alto de la excursión. En la subida nos dejamos a la derecha las formaciones rocosa conocidas como los Sombreros.

La Pedriza
enseña su carácter: un relieve granítico singular, lleno de peñas, riscos y formas imposibles, que obliga a mirar al suelo para caminar y al horizonte para admirar. Son de esos tramos en los que cada uno va encontrando su ritmo, pero en los que al final todos acaban llegando con la misma sensación de premio bien ganado.

Desde el collado, ya con la faena principal hecha, quedaba disfrutar del descenso, no sin dificultad ya que la senda volvía a perderse y otra vez tuvimos que andar con cuidado por grandes piedras, porque algunas resbalaban por tener agua.

El descenso lo realizamos por Prado Poyo, Mirador de la Pedriza, el arroyo de la Ventana y el Mirador del Pájaro.

Nombres todos ellos muy pedriceros, muy de paisaje abierto y roca infinita. A esas alturas de la ruta, con el desnivel ya casi vencido, es cuando mejor se saborean las vistas, las conversaciones vuelven a alargarse y uno se permite andar con esa alegría que da saber que lo más duro ha quedado atrás.

En Prado Poyo he de reseñar una anécdota, Fernando Ramos se dio cuenta que había perdido el teléfono, todos le dijimos que sería imposible encontrarlo ya que por donde habíamos bajado había mucha vegetación y muchos huecos entre las piedras. Pero él junto con José Luis Benavente volvieron a buscarlo y cuál fue la sorpresa de los que nos quedamos esperando que cuando volvieron traían el teléfono, según nos contaron José Luis marcó el teléfono de Fernando y resulta que estaba a sus pies entre unos matorrales todos dijimos que era muchas suerte y sobre todo porque a los cinco minutos se le apagó el teléfono por quedarse sin batería.

La parte final pasó por la Charca Kindelán, La Autopista y el puente sobre el río Manzanares, cerrando una excursión completísima, con agua, puentes, miradores, collados y toda la personalidad de La Pedriza, condensada en una sola jornada. 

Y todavía nos esperaba un buen remate al final. Allí estaba nuestro compañero Paco Cantos, con su camisa a cuadros, recibiéndonos a la llegada.

Paco es de esos grandes conocedores de la zona, de los que no solo saben por dónde va un sendero, sino también lo que ha pasado por él, lo que se ve desde cada risco y lo que significan muchos nombres del terreno. En esta ocasión sus condiciones físicas no le permitían acompañarnos durante la ruta, pero su presencia al final tuvo algo de reencuentro y de homenaje discreto, como si La Pedriza también tuviera la buena costumbre de reservar sitio para los suyos.

En conjunto, una excursión muy bonita y muy completa, de las que dejan piernas cansadas pero cabeza despejada. La Pedriza nunca es un simple paseo: siempre obliga a esforzarse un poco más, a ir atento, a levantar la vista y a admirar un paisaje que parece inventado por alguien con mucha imaginación y mucho gusto por el granito. Y, precisamente por eso, cuando se termina, uno vuelve con la sensación de haber aprovechado el miércoles como se merece.
Yo a esta  ruta sí me atrevería a darle 4,5 sicarias.
Esteban Fernández

FOTOS

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