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* Perfil, alturas y distancias de la ruta
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RESUMEN
A las 10.30 horas de un frío día de otoño –la temperatura a nuestro paso en coche por el puerto de Navacerrada era de -3º grados- pero despejado, lo que garantizaba que los rayos del sol ayudarían a mitigar el frío, nos dimos cita 28 “senderomagos” en el parking de Los Robledos (Rascafría) para dar cuenta de los 14,19km de distancia y los 468m de desnivel con que nos retaba la excursión.
Antes de la partida, Carlos R nos obsequió con una deliciosa tarta de manzana de elaboración propia y casera; nadie podía sospechar en ese momento que aquello se trataba de un acto de chantaje emocional enfocado a evitar el posterior linchamiento del repostero; hablaré más adelante del porqué de este ajusticiamiento fallido gracias a la pericia culinaria.
Nuestros primeros pasos nos llevaron al Mirador de los Robledos. Este es uno de esos lugares privilegiados de la Sierra de Guadarrama que está situado bajo el Macizo de Peñalara y con el Valle de Lozoya a sus pies.
Con unas vistas excepcionales, es uno de los lugares más adecuados para contemplar los colores del otoño.
Gobernando la pradera del Mirador de los Robledos se encuentra el Monumento a los Guardas Forestales, un monolito de granito con una inscripción que homenajea el primer centenario de la guardería forestal, fue levantado en 1977. Justo en frente se puede ver una brújula orientadora que permite conocer los nombres de los lugares de interés que se pueden ver desde este fantástico mirador del Valle Alto del Lozoya.
Este fue el lugar elegido para la hacer la tradicional foto de grupo y para su toma contamos con la colaboración de una persona ajena al grupo, que dicho sea de paso no era muy ducho en el uso de las cámaras fotográficas porque cuando inició el encuadre con la cámara de José María, no se sintió confortable y pedía un móvil con vehemencia.
Vengo observando, y no quiero dejar pasar la oportunidad de compartirlo, que la foto de grupo se hace cada vez más cerca del punto de partida, pudiendo darse el caso, si siguiera esta tendencia, de hacérsela cada uno en su domicilio, y gracias al Photoshop y al trabajo de nuestro experto Paco D, conseguir el resultado perseguido.
Iniciamos la marcha por una amplia pista, donde se observaban restos recientes de la tala de pinos, hacia el suroeste. A lado de los troncos cortados una trampa de ranuras captó la atención del redactor de esta crónica; este artificio está diseñado para capturar plagas de insectos forestales como los escolítidos (pequeños escarabajos barrenillos), utilizando feromonas como atrayente, y evitando que éstos perforen la corteza y la madera, creando galerías que debilitan y pueden matar los pinos.
Aproximadamente 1,2 km después llegamos a una intersección de caminos donde nos detuvimos para reagruparnos y proseguir tomando el camino de la derecha.
A escasos metros del citado cruce el grupo se detuvo para adentrarnos en la vegetación y conocer la lagunilla de Matalascuevas.
Cumplida la visita a la lagunilla, retomamos nuestros pasos; el recorrido continúa en dirección sureste hasta alcanzar el puente del Arroyo de la Umbría, situado en el kilómetro 3,5.
En este tramo se transita por un sendero con vegetación cerrada y ligera pendiente, donde el microclima húmedo generado por el arroyo favorece la presencia de especies ribereñas. El puente facilita un cruce seguro del cauce y constituye un hito estructural del recorrido.
Tras superar este punto, el itinerario, en dirección norte, ascendía progresivamente y a unos 400 m encontramos una nueva intersección, nada más cruzar el Regajo Malo por un puente, donde nos detuvimos para reagruparnos. José María aprovechó este hito para separarse del grupo y continuar el camino en solitario; no en vano es perro viejo y supo olfatear el peligro, que en forma de empinada subida (pendiente del 44% dicen las malas lenguas), sobrevolaba al grupo.
Nuevamente en marcha, a escasos metros del punto de “despedida” el grupo se topó con el Arroyo de la Pedriza, que puso a prueba las habilidades de los senderomagos, adquiridas marcha tras marcha, para salvar obstáculos en forma de corriente de agua.
Nada más salvar el obstáculo, en la otra orilla surgió la sorpresa en forma de boletus; éste fue “cazado” de forma instantánea y colegiada entre Carmen M y Lucio, aunque fue este último quien le dio cobijo en su mochila.
Contentos por el hallazgo, uno más que otros, seguimos caminando hasta que a aproximadamente 500 m nos detuvimos, en una curva cerrada del camino, a “celebrar” el Ángelus para recuperar fuerzas….las íbamos a necesitar.
Una vez dado cuenta del refrigerio nos dirigimos, en dirección noroeste, hacia el principal reto de la jornada, la subida antes anticipada. Después de darle muchas vueltas no me he puesto de acuerdo conmigo mismo, cosa que no es difícil, en qué calificativo darle.
En mi calidad de senderista, grupo muy dado a poner nombre a todo lo que encuentra, dudo entre llamarla subida “Esencia” por su alta concentración (210 metros de desnivel en 600 m lineales) o subida “Excitación” por la cantidad de improperios que provocó en el grupo y que iban siempre dirigidos a la misma persona y allegados: Carlos R el “Pastelero”. Gracias a la ración de tarta ingerida al inicio de la ruta y al socorrido argumento de “si hubiésemos ido por otro lado la cosa hubiese sido mucho peor”, se evitó la tragedia.
Desde el final de la subida, situado justamente en el límite del Parque Nacional, y olvidado el mal trago, nuestros pasos se dirigieron hacia el norte, campo a través, hasta alcanzar el Arroyo del Brezal, donde encontramos una senda que nos llevaría hasta el Arroyo de la Laguna de los Pájaros.
El camino nos conducía hacía el "Pino de Hoyo Claveles", que es un punto de referencia natural y un destino popular de senderismo en la zona de Rascafría, ubicado aproximadamente en el kilómetro 7,6 de esta ruta.
Este ejemplar (Árbol Singular Nº 307 de la Comunidad de Madrid) destaca por su majestuoso porte y representa un elemento botánico de interés. La zona circundante está caracterizada por un bosque maduro de pinar y sotobosque bien desarrollado.
Iniciamos la segunda mitad del trazado, que cruza el Arroyo de Hoyo Claveles y desciende de manera suave hacia el puente sobre el Arroyo de la Umbría, situado en el kilómetro 13,5. Antes de llegar a este punto la senda cruza, en dos ocasiones cada uno de ellos, los Arroyos de la Nevera y de la Cantera y posteriormente el Arroyo del Pedrosillo, un poco después de conectar con la pista del GR-10.
Lugar donde un veterano senderomago, acostumbrado a perder cosas, casi se pierde por seguir la pista en sentido contrario.
Este segundo cruce del cauce del Arroyo de la Umbria confirma la transición hacia una zona más abierta y de menor desnivel, lo que facilita un avance más uniforme en la fase final y que nos permitió reintegrar al grupo al fugado José María. Desde este punto, el sendero retorna al área de aparcamiento completando así el circuito.
Por lo bonito del recorrido le daría 5 sicarias a esta ruta, pero la endemoniada cuesta le resta puntos, así es que se queda en 4.
José Luis Benavente
FOTO REPORTAJES















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