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jueves, 19 de febrero de 2026

Excursión 901: Puerto de la Fuenfría y Casa Eraso desde el Puerto de Navacerrada con mucha nieve

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada 
Final: 
Puerto de Navacerrada
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 16,4 Km 
Desnivel [+]: 338 m 
Desnivel [--]: 338 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 28

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
La mañana había empezado con retraso en el Puerto de Navacerrada, pero pronto el grupo encontró su ritmo tras alcanzar la pista de El Escaparate y el Camino Schmidt.

El día, luminoso e inesperadamente benévolo, nos permitió alcanzar sin grandes dificultades la Senda de los Cospes, tras cruzar la pista el Bosque y el arroyo del Telégrafo. Pasamos junto a la helada fuente de la Fuenfría y llegamos al Puerto de la Fuenfría, donde la nieve sin pisar marcó el comienzo de la verdadera aventura.

Aquí surgió la propuesta: continuar hasta el Convento de Casarás (Casa Eraso) o volvernos. La decisión estaba tomada; faltaba elegir el camino. Algunos optaron por la antigua Calzada Romana de la Fuenfría (Cordel de Santillana), más directa y más histórica… y, ese día, mucho más dura.

La nieve acumulada obligaba a hundirse hasta las rodillas. Cada paso era una pequeña batalla blanca. Otros, más pragmáticos, descendieron por la Carretera de la República, que discurre algo más baja, buscando terreno bastante más amable.

Poco a poco, entre resoplidos y bromas para disimular el esfuerzo, tras cruzar, como pudimos, el arroyo Minguete y el de la Argolla. El grupo volvió a reunirse en las ruinas del literario convento, ligado a historias de caballeros templarios.

Allí dimos cuenta de los bocadillos, al abrigo de los muros centenarios, que realidad fueron de la fonda real, construida en 1565 por encargo de Felipe II a su secretario Francisco de Eraso, para lugar de descanso y parada en el camino hacia el palacio de la Granja de la que hoy solo quedan ruinas.

Comimos con ese apetito que solo se gana en la montaña. La comida supo a gloria. El sol seguía acompañando y, por un momento, todo parecía sencillo. Pero quedaba lo más exigente: la vuelta.

La nieve, que por la mañana estaba más firme, se había vuelto blanda y traicionera. Cada paso se hundía más que el anterior. El avance se hizo lento, pesado, casi interminable. Empezaron a aparecer las primeras caras de agotamiento, las miradas largas al horizonte, los silencios. Y esa pregunta que todos, en algún momento, nos hacemos en mitad del esfuerzo: “¿Qué narices hago yo aquí?”

Sin embargo, se seguía andando. Paso a paso. Sin épica grandilocuente, sin discursos heroicos. Simplemente avanzando. La montaña enseña eso: no se conquista de golpe, se supera a base de constancia.

Finalmente, tras algo más de dieciséis kilómetros de nieve, desnivel y voluntad, el grupo regresó al Puerto de Navacerrada, siguiendo el mismo recorrido de la ida.

Exhaustos. Cansados. Con las piernas cargadas y las botas empapadas. Pero también con esa satisfacción íntima que solo deja una jornada dura y compartida.

Fue una excursión de esfuerzo y belleza, de dudas y risas, de historia bajo la nieve y compañerismo en cada huella.

De esas que, mientras las haces, parecen interminables… y que, al recordarlas, se convierten en pequeñas hazañas personales. Por todo ello le otorgo 4 sufridas sicarias.
Antonio López



miércoles, 21 de agosto de 2024

Excursión 796: La Camorca desde el Puente de la Cantina

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Cantina. Valsaín 
Final: Puente de la Cantina. Valsaín 
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 14,1 Km 
Desnivel [+]: 665 m 
Desnivel [--]: 665 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

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RESUMEN
Parece que la palabra Camorca tiene cierta relación etimológica con la palabra camorra del latín camurus o torcido.

Como presagio de estas torceduras o engaños que nos iban a suceder durante la excursión y haciendo honor al nombre de la montaña de La Camorca que nos emprendíamos a alcanzar, en el punto de salida del Puente de la Cantina se nos apareció un zorro. El animal creo que nos echó un mal de ojo para el resto del día, que Jorge en vano intentó inmortalizar con su fotos pero eso sí no logró escaparse de las mías.

Aunque Antonio nos planteó la excursión en modo autoguiado siguiendo el track de la excursión 416_Montes de Valsaín realizada por el GMSMA hace ya seis años, nos reunimos un número mayor de guías y potenciales guías que senderomagos que se dejasen llevar. Suerte que no nos acabáramos perdiendo con tanta mente interprete de OruxMaps y Wikiloc.

El primer contratiempo vino de fallarnos Nicolás con lo que esta excursión la realizamos tan solo seis senderomagos en vez de los siete que estaban previstos, más Mecha como representante del sector perruno. Total un senderomago menos que hace seis años y un perro menos también.

Vamos, que todo iba ser de otra manera a lo que parecía en un principio. Camurus, camura, camurum, Camorca a tutiplén.

Resulta que el Puente de la Cantina donde habíamos quedado es o era en realidad el Puente de los Mosquitos. La Fuente de la Canaleja que está donde aparcamos el coche, parece que no tiene otro nombre, pero más adelante nuestro primer objetivo de alcanzar, la Fuente de la Reina, en realidad era la Fuente Fría, Fuenfría que da nombre al puerto y valle cercano. Lo del Casarás pues igual, que no hay tal monasterio.

La siguiente torcedura o desvío, resultó tras cansarnos de ir por pista asfaltada por lo que era la antigua carretera de Segovia y al poco de pasar el arroyo del Telégrafo nos echamos campo a través en busca del sendero que sube junto al arroyo de la Royonda, hasta la Fuente de la Reina.

El resto de la ruta coincide íntegramente con el track propuesto, por lo que en esta crónica pasaré de forma más ligera por los caminos seguidos.

Una vez descansados en la Fuente de la Reina disfrutando de su rica agua, nos dirigimos hacia la Casa de Eraso y en busca del tesoro de los Templarios escondido en el Convento de Casarás. Bueno en realidad este es otro de los engaños del día pues ni existe tesoro ni convento.

Todo forma parte de la leyenda en la que también se ve involucrado la Cueva del Monje, que esta sí es real pero lo del monje pues parece que tampoco.

A falta de tesoro, Ricardo nos prometió entregar su estadística personal de los números de la bonoloto de forma que pudiéramos apostar por aquellos que son más probables que se repitan, pero con tan mala suerte como no podía ser de otra forma en el día, que su trabajo le lleva a la conclusión de que todos los números han salido aproximadamente las mismas veces. No hay forma de hacerse rico.

En fin, que un poco decepcionados con lo de Casarás, que realmente proviene este nombre de la degeneración popular del vocablo de la Casa de Eraso o abreviando Casa Eras o Casarás para ahorrarnos otra palabra, pues retomamos nuestros pasos hacia la Fuente de la Reina para poco más adelante, tras alcanzar la Praderas de la Venta o praderas de las Camorcas, emprender la subida a esta redondeada montaña.

Paseando por las praderas de la Camorca, Juan Martínez nos llevó a ver las ruinas de lo que fuera en su día la Venta de la Fuenfría. Allí los temporeros gallegos que venían a segar a Segovia siglos atrás paraban a descansar. Parece que los pobres no lo pasaban muy bien y Rosalía de Castro se ensaña con el trato que recibían de los castellanos.

En La Camorca se mantiene un puesto de vigilancia forestal desde donde se domina un amplio espacio de la Sierra de Guadarrama. Lo que más me gusta es lo bien que se ve el camino de la Fuenfría que antes comunicaba las dos mesetas así como el de Navacerrada por donde va la actual carretera, atribuido al ilustre Juan de Villanueva.

Paramos a comer una vez descendimos del camino que baja hacia la Camorquilla y para hacernos más ameno el rato, Raquel nos plantea la paradoja de Monty Hall.

Aquí ocurre el siguiente engaño. Se trata de elegir una de las tres puertas detrás de una de las cuales hay un coche y mantenernos en esa elección o cambiar a una segunda elección si nos descubren una de las puertas que no tiene coche. Hete aquí el siguiente engaño del día, pues ninguno es capaz de explicar matemáticamente porqué es mejor cambiar de elección, incluso parece incongruente.

En fin, que con el calentón mental que nos damos y los calores que empiezan a apretar un poco, nos disponemos a ver si nos podemos refrescar en el río Eresma.

Desde el collado donde comimos giramos abruptamente a la derecha en dirección Este descendiendo por entre helechos, suelo blando de bosque y rama suelta en busca del arroyo del Tesoro.

De nuevo se nos engatusaba con los tesoros de los que ya decepcionados no prestamos mayor atención salvo a ver por dónde poníamos el pie. Poco más adelante giramos hacia el Eresma a la altura del Puente de los Vadillos

Nuevo engaño del día, pues está prohibido bañarse en el río y alcanzado el espacio de los Baños de Venus, un cartel bien grande así lo indica, con lo que no hay más posibilidad que la de mojarse un poco la cara y los pies.

Seguimos río arriba de nuevo al Puente de la Cantina, y el infortunio se ceba esta vez con Raquel, que engañada por una mata en el suelo poco firme, para nuestra sorpresa, se cae al río desde dos o tres metros de altura.

Con gran susto para todos acudimos a ayudarla con la tranquilidad de ver que estaba bien aunque empapada con su ropa en el agua y pese al desnivel desde el que había caído. Juan y Jorge acuden a ayudarla a buscar su terminal móvil por el fondo de la poza sin mucho éxito.

Al final nos salieron algo más de catorce kilómetros y pese a los torceduras del día haciendo honor a la etimología de la Camorca, acabamos celebrando el reciente cumpleaños de Juan, el que a Raquel no le hubiera pasado nada además de encontrase con la oportunidad de renovar su móvil, el llegar igual de pobres que salimos pero con una excusión más, sin tesoro alguno, sin ventajas estadísticas en la lotería y con deberes para casa para dar explicación al paradigma de Monty Hall. Si te rindes, la solución la puedes encontrar aquí.

Por todo ello, a esta excursión con un IBP INDEX de unos 75 puntos, de esfuerzo medio para una forma física media, le otorgo la máxima calificación posible de cinco sicarias.

Esperemos que, cuando la volvamos a repetir en el futuro, seamos como poco igual de afortunados que en este día porque mirando lo positivo todo resulto bastante bien.
César Rodríguez

FOTOS

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Excursión 743: Convento de Casarás desde el Puerto de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 17,6 Km 
Desnivel [+]: 374 m 
Desnivel [--]: 374 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Había ganas de pisar las primeras nieves de este invierno. La elección fue recorrer dos de los puertos más importantes de esta cordillera tan querida por nosotros, el de Navacerrada y el de la Fuenfría.

Con un día espléndido, algo fresquito a primera hora de la mañana, nos reunimos en Venta Dos Castillas para iniciar la subida, bien abrigados, hacia la pista de El Escaparate, de momento sin mucha nieve, desplazada a los laterales por las máquinas quitanieves.

Como era de esperar, no éramos los únicos en buscar la primera nevada, había bastante gente cuando llegamos al final de la pista, donde está la barrera de la
residencia de los Cogorros.

Proseguimos por el camino Schmid, para enseguida detenernos a ponernos los pinchitos o mini camprones, en prevención de que más adelante hubiera tramos helados.

Un poco más adelante, cruzamos la pista de El Bosque, que sin mucha nieve, lucía eso sí, su pedregosa pendiente cubierta de un manto blanco, como si de un enorme tobogán se tratase.

El tendido del telesilla que le sigue, parecía estar esperando la algarabía de los esquiadores, que le dan vida en los nevados inviernos, que cada vez duran menos.

Seguimos la estupenda senda, que poco a poco se va internando en el espeso bosque de pinos, que en dirección sureste, va ganado suavemente altura por la sombría loma de Siete Picos.

A partir de aquí, la nieve se hizo más presente. Llegamos al arroyo del Telégrafo, que se quedó con ese nombre desde que, hacia 1846, el ingeniero José María Mathé Aragua diseñara la línea de telegrafía óptica Madrid-Irún, ubicando una torre cerca de donde nace este arroyo, unos riscos de la pradera de Siete Picos, que por la misma razón, comenzaron a ser conocidos como Cerro del Telégrafo. Hoy día, unas antenas de telefonía ocupan su lugar.

Nada más vadear el arroyo, con cuidado porque el agua casi helada lo hacía resbaladizo, la senda hace una "V" y cambia a dirección noreste, entre pinos de gran porte.

Pasamos junto al tronco del gran pino seco que durante años resistió los envites climatológicos y que no sé muy bien el porqué, acabaron talando, no hace mucho. 

Una placa lo recuerda:

En la umbría de Siete Picos 
un pino Hermoso, descortezado y muy blanco,
Gigante erguido, solo en el barranco,
Muestra orgulloso su fatal destino.
Su lado no tiene algún vecino
Que le guarde confiado su flanco,
Del fuerte viento que le deja manco,
Cuando sopla inclemente en torbellino.
Ayer me conmovió que tal hazaña,
Enfrentándose a una fuerza tan brutal,
Luchando sin descanso en la montaña,
Quede oculta entre el bosque y su maraña.
Admiro, viejo luchador, que esfuerzo tal,
Aúne la fuerza bruta y la maña.
Soneto de un árbol solo.
 
En alargada hilera fuimos superando varias pedreras, lanchares y angostos pasos entre retorcidos pinos que hablan por sí solos de los penosos inviernos que soportan y que con la nieve por encima aún eran más heroicos.

Con apenas un momento de descanso para beber, por fin alcanzamos la Senda de los Cospes, que nos llevaría al encuentro de la fuente de la Fuenfría. Su más que fresquita agua durante todo el año le da su merecido nombre.

Poco paramos en ella porque la intención era hacerlo en el puerto de la Fuenfría, que curiosamente estaba bastante despejado de nieve. Allí tomamos el tentempié de media mañana.

Tras el descanso, proseguimos para alcanzar el objetivo de la excursión, siguiendo el Cordel de Santillana, importante ruta de la trashumancia en la Edad Media, en la que se ubicaron corrales y ventas junto a la Majada Minguete, y el arroyo del mismo nombre. por el que corría gran cantidad de agua.

Un poco más adelante, una fuente con pilón se desbordaba empapando el camino, y avanzando, al llegar al cruce con el arroyo de la Argolla, también dejaba correr un buen reguero de agua.

Poco antes de alcanzar la casa Eraso, contemplamos lo poco que queda de la que fue ermita de Nuestra Señora de los Remedios, levantada hacia 1571 por iniciativa de Felipe II.
Su advocación se debe a la conmemoración del triunfo en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, día de la festividad de la Virgen de los Remedios.

Tras el abandono de este camino por el desuso al habilitarse un nuevo paso por Navacerrada a mediados del siglo XVIII, se trasladó la imagen santoral a la localidad de Revenga.

Y unos metros más abajo, sin apenas nieve, las ruinas de la casa Eraso nos devuelven una romántica panorámica que nos hacen pensar en lo perenne que es el tiempo.

Fue ésta una venta o casa de propiedad real en los alrededores del puerto de la Fuenfría destinada a albergar los descansos de la nobleza en sus trasiegos al palacio de Valsaín.

Nada queda de su esplendor, más que un par de muros y un arco que asemeja una solitaria costilla.

Por mucho tiempo, los desplazamientos al palacio de Valsaín desde Castilla la Nueva pasaba necesariamente por el puerto de la Fuenfría.

Para mayor comodidad en los viajes reales, Felipe II encargó en 1565 a su secretario Francisco de Eraso la construcción de una casa para evitar a las personas reales el tener que descansar en la venta pública del puerto, de escasa seguridad e inapropiada para albergar a todo el personal de la corte.


La casa cumplió su función de posada real hasta 1768. 

En este año se finaliza la nueva carretera encargada por Carlos III y realizado en 1778, por el arquitecto real Juan de Villanueva, que partía de Villalba para llegar al Real Sitio de La Granja de San Ildefonso que pasaba por el puerto de Navacerrada y se abandonaba por tanto el paso real por el puerto de la Fuenfría.

No quedaría abierto al tráfico hasta diez años más tarde, bajo el reinado de Carlos IV.

Este singular lugar inspiró oscuras leyendas de novela, como la del escritor nacido en Valsaín en 1893, Jesús de Aragón, quien, en los años veinte del pasado siglo, plasmó en su novela “La sombra blanca de Casarás” cuentos de fantasmas y doncellas.

En él se relata la historia del Caballero Hugo de Marignac, en la que situaban el Convento de Casarás en esta casa, con tesoros escondidos y caballeros templarios, nacidas en un tiempo en que cruzar la Sierra era asunto de enjundia, tanto que eran más los fantasmas y espíritus que los propios caminantes los que se aventuraban a pasar por sus amenazantes trochas.

Poco queda ya en pie de la que fuera estancia real, solo la leyenda del fantasma y una oxidada reja, que ha soportado unos cuatrocientos cincuenta años de nevadas y lluvias.

Después de contemplar tan mágico lugar y hacernos la foto de grupo, retrocedimos hacia el puerto, solo que para no repetir camino, lo hicimos por por la amplia pista, que no es otra que lo que dejó la carretera de La República, que en este tramo vampirizó el antiguo trazado de la calzada romana y que discurre a pocos metros más abajo del Cordel de Santillana.

Tras cruzar el arroyo de la Argolla y el de Minguete, llegamos de nuevo al puerto de la Fuenfría, ahora sin apenas gente.

El regreso lo hicimos siguiendo el mismo recorrido que nos trajo hasta aquí. Continuamos en dirección a la fuente de la Fuenfría, seguimos por la senda de los Cospes, donde paramos a tomarnos los bocadillos, que fueron aderezados con vinos y dulces.

Repuestas las fuerzas, continuamos hasta dar con el camino Schmid, por el que bajaba un numeroso grupo de senderistas que nos acompañaron por la vertiente septentrional de Siete Picos, la que da a Segovia, llamada Umbría de Siete Picos.

Continuamos sin apenas perder altura, jalonando este tramo la pradera de Navalusilla, el arroyo del Telégrafo y la pista de esquí El Bosque, como únicas referencias entre el denso pinar de Valsaín.

Siguiendo así los pasos de Eduardo Schmid Weikan, el que fuera el socio n.º 13 de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, quien en 1926 señalizó esta ruta.

Conforme nos acercábamos al puerto de Navacerrada aumentaron las ganas de finalizar y celebrarlo con unas cervezas.

Por todo ello, esta excursión de reencuentros y llena de historia bien se 
merece una calificación de 4 sobre 5.
Paco Nieto

FOTOS