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viernes, 8 de marzo de 2024

Excursión 760: Albaicín, Sacromonte y la Silla del Moro. Granada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Granada
Final: Granada
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 9,6 Km 
Desnivel [+]: 410 m 
Desnivel [--]: 410 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 
Participantes: 33

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta





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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
Habíamos quedado en la plaza Nueva como punto de partida para esta última marcha por la bonita ciudad de Granada, justo enfrente del edificio de la Chancillería.

A la hora señalada, emprendemos la marcha y tomamos la cuesta de San Gregorio en dirección a la zona del Sacromonte. Durante la subida fuimos haciendo paradas en los distintos puntos de interés.

Lo primero que visitamos fue la iglesia de San Gregorio Bético, del siglo XIV. Siguiendo la ascensión por esta calle empedrada de guijarros, pudimos admirar las blancas fachadas de casas solariegas, con sus jardines interiores, sus rejas en ventanas y robustos portones.

Siguiendo la ascensión por la calle, llegamos a un curioso lugar; el aljibe del Rey, o también el aljibe grande de la Alcazaba. Es el aljibe más grande de Granada. Construida para abastecer de agua a la parte alta de la ciudad, donde se encontraba el palacio del rey Badis.

Ya en la parte alta de la ciudad entramos en el Albaicín por la Puerta Nueva, también llamada Puerta de las Pesas, llamadas así, porque allí se exhiben las pesas trucadas decomisadas a los comerciantes de los establecimientos en torno a la Plaza Larga.

Seguimos subiendo, esta vez por el Carril de San Miguel en dirección al Sacromonte, ya junto a las murallas que rodean la ciudad de Granada. Llegados al punto más alto, junto a la muralla, encontramos la ermita de San Miguel Alto. ¡Qué vistas más estupendas!. A nuestros pies toda la ciudad de Granada.

Comenzamos el descenso, serpenteando por un sendero que nos conduce a las casas cuevas del Sacromonte.

Vemos como la mayoría de estas cuevas van siendo abandonadas por sus ocupantes, buscando unas condiciones mejores de vida, en otra parte de la ciudad, dejando atrás la huella de lo que fue.

Continuamos la bajada, metiéndonos de lleno, en las callejuelas del Albaicín, encontrándonos de golpe con la fuente de la Amapola. Junto a la fuente, hay un azulejo impreso que dice: “Cuánto me gustaría ser la fuente de mi barrio, pa cuando tu pases y bebas, sentir muy cerca tus labios”.

Seguimos bajando la cuesta del Sacromonte, llamado así porque en una cueva se encontraron las reliquias de San Cecilio, y unas placas de plomo donde se relataban en árabe, el martirio de los cristianos.

Llegamos al palacio de los Córdova, donde se encuentra la escuela de estudios árabes. Entramos, y de paso, algunos aprovecharon para sacar fotos.

Siguiendo nuestro recorrido, de la mano de nuestro guía Luis, nos acercamos al río Darro, que atravesamos por un puente. El Darro es el río que recorrimos en una de las marchas anteriores, cuando andamos por la Sierra de Huétor, y vimos el lugar donde nacía.

Empezamos la ascensión a la cima donde se encuentra la Alhambra. Cogimos un sendero que en su recorrido nos iba enseñando el azud del siglo XIII, y la acequia real, que abastecía y creo que aún abastece al conjunto monumental de la Alhambra y del Generalife.

Llegados a lo alto, divisamos a nuestra derecha nuestro final de la ruta; la Alhambra.

Y así terminó esta bonita marcha, por la ciudad de Granada, a la que puntúo con 3,5 sicarias.
Lucio Hebrero

FOTOS

jueves, 9 de marzo de 2023

Excursión 684: Las Cárcavas de Patones y del Cerro Negro

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pontón de la Oliva. Patones 
Final: Pontón de la Oliva. Patones
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 13,3 Km 
Desnivel [+]: 451 m 
Desnivel [--]: 451 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 45

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















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* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

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RESUMEN
En esta ocasión nos fuimos al este de Madrid, frontera con Guadalajara para rememorar las rutas que habíamos realizado por Patones y sus cárcavas, que aunque no están en su término municipal, son accesibles desde esta población más cómodamente que desde otros lugares.

A las 11 de la mañana ya estábamos en el aparcamiento cercano al Pontón de la Oliva, mientras esperábamos a Antonio, José María nos enseñó unas muestras con diferentes tallas, de la equitación que estaba gestionando para conmemorar la futura, pero ya cercana, excursión 700.

En cuanto llegó Antonio, pusimos rumbo a la presa del Pontón de la Oliva, pero antes de llegar a su imponente muro, nos desviamos a la derecha para descender por una rampa que nos deja a los pies del puente que cruza el río Lozoya, desde el que, sin duda, el enorme muro se hace aún más presente.

Tiene una altura de 27 metros y sección trapezoidal, con una anchura de 39 metros en la base y de 6,72 metros en la coronación, que mide 72,44 metros de longitud.

Se construyó en 1857. Es la sexta y última presa en el curso del río Lozoya, y la más antigua de todo el sistema de presas y canalizaciones del Canal de Isabel II,​ red que suministra el agua potable a Madrid y a buena parte de la Comunidad. La vida de la presa fue corta. Los ingenieros habían elegido mal el lugar donde erigieron el muro y pronto aparecieron filtraciones que arruinaron su capacidad de embalse. En 1860 se construyó urgentemente la pequeña presa de Navarejos para poder tomar el agua del río. Pocos años después la presa del Pontón de la Oliva cayó en desuso y fue sustituida por la del embalse de El Villar, ubicada 22 km aguas arriba e inaugurada en 1882.​

Proseguimos por la carretera, para enseguida abandonarla por una senda que entre olivos y encinas nos sale a la derecha. en busca del arroyo de la Lastra, por el que se desagua la primera de las cárcavas que visitaremos, la que está en el término municipal de Valdepeñas de la Sierra.

Remontamos el arroyo, prácticamente seco, pero con evidencias de haber arrastrado bastante agua recientemente.

Poco a poco nos fuimos introduciendo en el laberinto arenoso de enormes muros que ha formado el agua en su lenta tarea de erosionar los terrenos arcillosos, produciendo socavones en lugares con pendientes a causa de las avenidas del agua al llover con cierta intensidad, excavando largos surcos con abruptos bordes, que con la neblina que teníamos, le daba un aspecto fantasmal.

Por sus tortuosa orografía nos fuimos dispersando, unos por un canal otros por el siguiente hasta dar la con las paredes finales, muy embarradas y verticales, por las que incluso un grupo trepó. El resto nos dimos la vuelta ante lo dificil que era poder avanzar más y, tras intentarlo por otros socavones, finalmente regresamos al punto de unión de todos ellos, para remontar, ahora de forma más sencilla el paredón situado más al norte, por el ascendimos a la parte superior de las cárcavas.

Aunque no habíamos andado mucho, pasaban las 12 de la mañana, y fieles a nuestra costumbre, paramos a tomar el habitual tentempié de esta hora y al que llamamos el ángelus. De nuevo en movimiento, fuimos bordeando la cara norte de las cárcavas, disfrutando de la visión de sus curiosas formas que asemejan esbeltas chimeneas, producto de la erosión alrededor de una piedra, que queda suspendida en lo más alto mientras el agua excava sus alrededores.

Una vez reunidos con los que subieron por uno de los socavones, continuamos ascendido, en dirección este, hacia el Cerro Guadarrama, el punto más alto del recorrido.

Desde allí iniciamos un lento descenso, en dirección sur, por una ancha pista que cruza una zona quemada por algún pasado incendio.

Más adelante pasamos junto al Reguero de la Cabeneja y, más adelante, del Estepar, dos pequeñas cárcavas aún en proceso de formación.

El siguiente, el Reguero de la Casa Nueva, ya presenta unas cárcavas más desarrolladas, pero mucho más pequeñas que las primeras.

Las que se llevan la palma son las que vimos a continuación, las Cárcavas del Cerro Negro, situadas en el término municipal de Uceda, en su frontera norte con Valdepeñas de la Sierra.

Sin duda las más extensas de la zona, aunque tienen una notable mayor extensión que las primeras, a mi parecer, no le ganan en belleza.

Frente a lo que queda del Corral de las Palomas, unos cobertizos para guardar el ganado, nos hicimos la foto de grupo, antes de continuar bordeando la cárcava e iniciar un fuerte descenso, campo a través, hacia el arroyo de la Pica.

Junto a él paramos a tomar los bocadillos y, de postre, unos pestiños que había hecho Ángel R. al parecer típicos de su tierra gallega.

Tras el descanso, continuamos el regreso al punto de origen siguiendo una pista que, paralela al arroyo, pasa junto a un olivar y unas colmenas.

Un poco antes de alcanzar el río Lozoya propuse a Antonio desviarnos a la derecha por una senda que figuraba en los mapas y que prometía unas buenas vistas del río.

Así lo hicimos, con la sorpresa de que la senda terminaba en las ruinas de la llamada Casa del Cura, teniendo que improvisar los siguientes tramos campo a través. Cruzamos las Hazas de la Virgen un terreno que antaño sería de cultivo, pero que ahora está abandonado.

Tras cruzar un barranco, con cierta pendiente, llegamos a las casas que surgieron para cobijar a los obreros que construyeron la presa y que por ello se las conoce como El Muro, hoy día algo descuidadas.

Al llegar al Portón de la Oliva, Paco Cantos propuso visitar la Cueva de la Escarihuela, situada encima del Pontón, en la pared izquierda del Cañón conforme se sube en dirección norte, como a mitad de camino de la entrada posterior (artificial) de la Cueva del Reguerillo.

Tras una empinada subida junto al muro del farallón, alcanzamos la escondida entrada de la cueva.

Tiene una longitud de 780 metros, su entrada es una corta galería de techo bajo hasta llegar a una sala confortable donde se percibe que ha habido algún tipo de excavación en el suelo.

A la izquierda sale una estrecha fractura con una pequeña gaterilla que se hace impenetrable. Siguiendo de frente, llegamos a una galería que hacia la izquierda se acaba a los pocos metros. Hacia la derecha se inicia una fuerte y peligrosa bajada que no nos atrevimos realizar.

Según Paco Cantos, buen conocedor de la cueva, a partir de ahí hay que llevar material adecuado para descender por una estrecha ranura que baja a otras cavidades y que en algunas de sus incursiones les dio más de un susto.

Nos mostró unas fotos suyas en la cueva de aquella época en la que él era un chaval  y nos contó algunas anécdotas de ella.

Salimos de la cueva, pasamos de nuevo por la pasarela de la presa y, al poco de llegar al aparcamiento, nos desviamos a la derecha para contemplar las ruinas de la que fue la Ermita de la Virgen de la Oliva, construida en los siglos XII-XIII. Es de estilo románico-mudéjar, de ladrillo, aunque con rasgos característicos de la arquitectura rural de la zona. Lamentablemente, se encuentra en estado de ruina progresiva.

Desde allí, nos fuimos a tomar las cervezas de fin de ruta al bar Manolo de Patones, lugar habitual de nuestras celebraciones por la zona, dando así por finalizada esta bonita ruta llena de atractivos y a la que le otorgo una puntuación de 4,5.
Paco Nieto

miércoles, 8 de marzo de 2017

Excursión 337: Peñalara y su Laguna

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Cotos
Final: Puerto de Cotos
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia:  12,8 Km
Desnivel [+]: 579 m
Desnivel [--]: 579 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 38

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Antonio se buscó una excusa para volver a pisar nieve: había que ir a busca el lugar donde se encuentra una plaquita en recuerdo de un militar de la Guerra Civil en Peña Citores y de paso subir a Peñalara (ahí es nada!) y de paso bajar al refugio Zabala y a la Laguna Grande, para remate de la fiesta blanca, por si no había bastante.

En el aparcamiento de Cotos iniciamos la aventura propuesta para esta ruta de marcado ambiente invernal, con cielo algo nublado y mucha nieve por la mayoría de su recorrido.

Remontamos el aparcamiento hasta llegar a la fuente Bernaldo de Quirós, erigida aquí en honor del que fuera símbolo del excursionismo y montañismo en el Guadarrama. Está situada frente a la Venta Marcelino, que con su tejado de pizarra a dos aguas semicubierto por la nieve y sus travesaños de madera, nos hace trasladarnos a los Alpes.

Dejamos a nuestra izquierda el que fue el Albergue de la Real Sociedad Española de Alpinismo, de los más antiguos de España, desgraciadamente abandonado hoy día a su suerte, y a la derecha, el centro de Interpretación del Parque, para dirigirnos al comienzo de la exigente Senda del Batallón Alpino.

Pasamos junto al Mirador de Lucio, con estupendas vistas, y nos internamos en el denso bosque, comenzando así un ascenso constante por la loma de Dos Hermanas. La senda discurre por un bosque de pino silvestre, en dirección noroeste, con vistas a la Bola de Mundo y las pistas de Valdesqui, hoy
aparentemente fuera de servicio, y está marcada con algún que otro hito y círculos amarillos.

El Batallón Alpino, fue organizado en septiembre de 1936 para mantener a raya desde las cimas más altas de Madrid a las fuerzas rebeldes acantonadas en La Granja. Ellos abrieron desde el puerto de Cotos (1.848 metros) esta senda para abastecer las posiciones de Peña Citores (2.181), Dos Hermanas (2.285) y Peñalara (2.428), superando aquí los tres peores inviernos que nadie haya pasado jamás en la sierra de Guadarrama.

A poco más de una hora, dejamos la emboscada y sombría ascensión por el pinar para continuar por el piornal, semicubierto de nieve, alcanzando enseguida un collado raso donde nace el arroyo del Infierno, paradójicamente en un manantial con nombre mucho más angelical: la Fuente de los Pájaros.


Sin pararnos en ella, continuamos en dirección oeste, directos a nuestro objetivo, la posición fortificada circular, del tamaño de una plaza de toros, situada a caballo entre Peña Citores, a nuestra izquierda, y Dos Hermanas, a la diestra, por allí teníamos que buscar la placa, faena en la que puso gran empeño nuestro único zapador gallego, que pala en mano cavó en los puntos que le iba indicando nuestro pintor, más guiado por la intuición que por el acierto. Hubo que esperar a que llegara Antonio para acertar, gps en mano, con el lugar exacto.

Mientras tanto, fuimos tomando el aperitivo contemplando desde privilegiado espolón cómo se señorean las más altas cumbres de la sierra: desde Peñalara, Dos Hermanas, hasta la Mujer Muerta, pasando por Cabezas de Hierro, las Guarramillas, Siete Picos, Montón de Trigo...un festín para nuestra vista.


No es de extrañar que eligieran este excepcional lugar de vigilancia quienes llenaron esta cresta de trincheras y parapetos durante la guerra civil, con excelentes vistas además de Valsaín y su pinar, La Granja y todas las tierras de Segovia.

Tras encontrar la emotiva placa homenaje al capitán Leatherdale que su hijo le dedicó, nos asomamos a la vertiente segoviana, que con la claridad del día dejaba ver, como si de maquetas se tratase, Segovia y todos los pueblos de sus alrededores. Tras la fotos de rigor, iniciamos la subida a Peñalara, ascendiendo con bastante nieve buscando el PR-32, que discurre por la cuerda de la misma.


En el collado antesala de la gran subida nos abandonaron los que tenían prisa para regresar a Madrid, o al menos eso dijeron, mientras miraban de reojo la empinada planicie de subida a la cumbre más alta de la Sierra de Guadarrama.

Fatigados por el sobresfuerzo de caminar con nieve, alcanzamos los 2.428 metros de su cumbre, coronada por un vértice geodésico junto al cual paramos a comer los bocadillos y alguno hasta se echó una cabezadita.


El descenso lo realizamos, volviendo sobre nuestros pasos hasta llegar a Hermana Mayor (2.284 m) donde nos desviamos para seguir por ella y continuar por Hermana Menor (2.269 m) en busca de las zetas del PR-3 y su continuación, hasta llegar a una de las revueltas de donde sale la senda que va al refugio Zabala, tramo con mucha nieve y donde muchos hundimos el pie, la pierna y medio fuimos engullidos por la blanda nieve.

Tras deleitarnos con las vistas desde el refugio, bajamos al pie de la Laguna Grande, que estaba completamente congelada, excepto por la parte de su
desagüe, convertido en un gélido manantial.

Más fotos en el incomparable marco del Circo de Peñalara, donde es fácil ensimismarse ante tanta belleza, y comenzamos el regreso al Puerto de Cotos, descendiendo por el sendero, con tablas de madera que protegen el entorno, hasta el chozo de vigilancia que hay junto al arroyo de la Laguna, continuamos por el PR-15, disfrutando de las espectaculares vistas de la Cuerda Larga y el Valle de la Angostura a la que pasábamos por la fuente del Cedrón y nos internábamos en el pinar.

Alcanzada la pista de las zetas que habíamos dejado en el desvío al refugio de Zabala, en el Cobertizo del Depósito, descendimos por ella, parando en el Mirador de la Gitana, para ver si su reloj de sol estaba en hora, y que como era de esperar, así fue.


Sólo quedaba dejarse caer en cómodo paseo hasta el puerto, pasando por la fuente Cubeiro, que últimamente nunca tiene agua, y en línea recta de nuevo estábamos en Venta Marcelino, donde nos esperaban los hermanos Anaya, que de toda la ruta, no querían perderse la parte más gratificante de la excursión: las cervecitas al sol en su incomparable terraza.

Por todo lo anterior esta excursión, de nieve, sol, investigación, diversión, emoción y gratificación bien se merece la nota máxima: 5.
Una Rosa

FOTO REPORTAJES