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martes, 30 de mayo de 2023

Excursión 700: De Kučište a Orebić. Croacia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Kučište. Croacia
Final: Orebić. Croacia
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 6,6 Km 
Desnivel [+]: 165 m 
Desnivel [--]: 165 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 26+24

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Ha llegado la 700. Un paso más, en nuestra meta de realizar 1000 marchas de senderismo desde el año 2008. En la crónica de la excursión 600, que tuve la satisfacción de realizar, cité la posibilidad de alcanzar la meta en 7-8 años.

Hemos visto que en 16 meses, hemos realizado 100 excursiones, por lo que si no hay “cataclismos nucleares ni pandemias asesinas” (Copiando expresiones de mi amigo Jorge M) podríamos alcanzar nuestro objetivo en 48 meses, es decir en JUNIO de 2027. Espero estar en buena forma física para esa fecha y hacer también la crónica de tan memorable ruta.

Bueno, estamos en Croacia. El GMSMA ha organizado un viaje a este país, para realizar 5 marchas, por sus preciosas islas, sus fabulosos parques nacionales, y disfrutar de sus ciudades, costumbres y gastronomía.

Debido al elevado número de senderomagos, que se apuntaron al viaje (más de 50), se formaron dos grupos de unas 25 personas, que salieron de Madrid con una diferencia de 10 días. Yo pertenezco al primer grupo que voló desde Madrid el 29 de mayo y el segundo grupo lo haría el 8 de junio.

Con objeto de recordar y celebrar la excursión 700, José María P.B, (A la sazón” Director General de Estadística y Equipamiento del GMSMA” había coordinado y dirigido la adquisición de equipamiento (camisetas y chalecos de forro polar), con los emblemas del GMSMA, y con inscripciones alusivas al evento.

Todos los miembros del grupo, nos embutimos los ropajes conmemorativos y nos hicimos las fotos de rigor, en parajes seleccionados. Gracias José María, por tu dedicación altruista.

Como anticipo de la marcha de hoy, ayer estuvimos visitando la ciudad de Dubrovnik, donde pudimos disfrutar de sus murallas, y sus calles medievales. Es una ciudad del sur de Croacia, situada frente al mar Adriático, declarada Patrimonio de la Humanidad, El azul intenso del mar, en contraste con sus tejados rojos, envuelve a esta preciosa ciudad en una atmósfera llena de magia y encanto.

La marcha de hoy, de unos 7 kms de distancia y 165 metros de desnivel, transcurre por las laderas del monte de St Elías de 961m (Sveti llija en croata).

Este monte, en su parte alta, es conocido, por ser el hábitat de una de las serpientes más venenosas de Croacia (víbora cornuda). Habrá que tener cuidado!! De hecho nos encontramos en el camino con una pequeña serpiente con cara de pocos amigos, que no sabemos si era una culebra común o una víbora cornuda. ¡Yo cuernos no le vi!.

Fuimos desde el pueblo costero de Kučište en la península de Pelješac, hasta Orebić, (importante ciudad marinera del siglo XVI). El punto de inicio de la excursión, junto al mar, con barcas de pescadores, y pequeños yates de recreo, presentaban un aspecto bucólico y trascendental.

Comenzamos a caminar por un pequeño paseo, cercano al mar. A nuestra derecha, contemplamos la isla de Korčula, con la ciudad del mismo nombre en primer plano. También vemos piscinas naturales con agua del mar Adriático, donde han instalado escaleras, para salir cómodamente después del baño. 

Caminamos durante un par de kilómetros, por una pequeña senda, por la falda de la montaña, muy cerca del mar y con preciosas vistas de la isla de Korčula. La vegetación es muy parecida a la del mediterráneo español: acebuches, cipreses, vides, granados, pinos, encinas, etc. etc. Se observa la no existencia de cardo mariano, lo cual explicaría la posible mala salud hepática de los habitantes de la zona.

A mitad del camino y un poco antes de llegar al monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles, los componentes del segundo grupo encuentran un paradisiaco lugar, donde tomar el aperitivo de la mañana, con las cervezas frías de 50 cl, típicas de la zona. Qué suerte este descubrimiento.

El lugar, servido por una señora de gran amabilidad, se llama Konoba Panorama y tiene una preciosa terraza, cubierta con toldos blancos, mesas y bancos corridos, enfrentados a la preciosa vista de las islas del Adriático.

Llegamos con las campanas del monasterio tocando a “rebato”. No se, si para darnos la bienvenida o por otra razón. Fue construido en el s. XVI, y se levanta sobre una roca de 152 metros de altura, con vistas al canal de Pelješac, y a la isla y ciudad de Korčula.

El monasterio alberga un museo, donde se pueden observar, distintos equipos litúrgicos y barcos en miniatura característicos de la zona. También se exponen muchos objetos relativos a la historia de Orebić. El monasterio tiene un precioso claustro, con arcos de medio punto y un jardín central con varios pozos y grandes vasijas de piedra con tapa, que creemos servirían en su momento para guardar el vino o el agua.

Después de realizar multitud de fotos individuales y de grupo del monasterio y su entorno, continuamos la marcha y llegamos a los lujosos hoteles turísticos, de alto nivel para los veraneantes de la zona. 

Existen varias playas de aguas cristalinas, entre ellas la llamada Grand Azur. En esta zona del Adriático hay playas privadas, y puntos de atraque de pequeños yates, cuyos propietarios pueden prohibir el acceso a los visitantes no deseados.

Llegamos al final de la ruta, donde varios miembros del GMSMA se zambulleron en las frías aguas del Adriático. A pesar del calor de la jornada, las aguas estaban todavía un poco frías. Yo en esta ocasión sólo me atreví a mojarme hasta las rodillas.

En resumen: una sencilla y tranquila marcha, con sol espléndido, para disfrutar de la naturaleza, con impresionantes vistas de las islas croatas, y especial mención a la isla de Korčula y final con refrescante baño de algunos en el mar Adriático.

Recordando que en este día se celebra en España la festividad de San Fernando, aprovechamos la ocasión para felicitar en el día de su onomástica a Fernando D.H y a Fernando R, los únicos representantes del viaje. Les dimos un fuerte abrazo en el día de su santo.

Ha sido una buena ocasión para celebrar y conmemorar nuestra excursión 700. Califico la marcha con 4,5 sicarias por sus panorámicas y preciosas vistas.
Nicolas Pizarro


miércoles, 30 de mayo de 2018

Excursión 406: Hornos, fortines y búnkeres de Quijorna

FICHA TÉCNICA
Inicio: Quijorna
Final: 
Quijorna

Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  14 Km
Desnivel [+]: 311 m
Desnivel [--]: 311 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 49

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Con la idea de recorrer algunos de los escenarios de la Batalla de Brunete, nos dirigimos a Quijorna, situado al este del mismo.

A pesar de las nieblas de primera hora, al llegar al destino tenemos buena visibilidad, aunque el cielo está muy nublado, e incluso hay riesgo de lluvia para la tarde lo que no ha impedido que la asistencia haya sido masiva, ya se sabe que la combinación de poco desnivel y comida siempre es sinónimo de mucha asistencia.

Iniciamos la ruta por la calle Virgen del Pilar, pasando junto a una fuente dedicada a ella, de la que desgraciadamente han arrancado su placa descriptiva.


Cruzamos por un puente del mismo nombre el arroyo de Quijorna, producto de la unión del Arroyo de la Palanquilla y del Cantizal. Giramos a la derecha para, en dirección noreste, remontar este arroyo mientras cruzamos un parque vacío de gente.

Al terminarse el parque, encauzamos nuestros pasos por la pista de tierra que nos sale a la derecha, antigua Cañada Real Segoviana, que discurre paralela al arroyo, que a partir de aquí estaba lleno de maleza. zarzas y arbustos en plena floración, pero la pista está despejada, aunque con frecuentes charcos de agua que hacen las delicias de los peludos.

Cruzamos un arroyo con algo de agua y al pasar por la Vega de la Viñas el paisaje se vuelve multicolor, repleto de amapolas, cantuesos, gamones, cardos floridos, la explosión de la primavera ante nuestros ojos.


Giramos ligeramente a la izquierda para continuar en dirección norte, pasamos por la zona conocida como las Caleras, preludio de la que nos encontramos a continuación, las ruinas un horno de cal, bajo un montículo medio oculto por una higuera, cargada de futuras brevas.

De frente las de otro horno en mejor estado de conservación, aunque le falta la chimenea de la parte superior, y un poco más adelante, girando a la izquierda, junto a una pista, se encuentra el mejor conservado de la zona, el horno del Velago, a 3,5 km del inicio de la ruta, y que ya visitamos en la excursión 330.

Desde el siglo XVII hasta principios del XVIII hay numerosas referencias al empleo de la cal de Quijorna en edificios, palacios y otras obras de la provincia de Madrid, así como en zonas limítrofes, tal es el caso del puente de Segovia (Madrid) o la catedral de Toledo, en la época de esplendor de las caleras.

A mediados del siglo XVIII se inició el declive productivo de la cal en la zona. Según el catastro del Marqués de la Ensenada (1752) solo funcionaban en Quijorna 6 hornos que proporcionaban a sus dueños 6.200 reales/año.

En el XIX funcionaban en Quijorna sólo algunos hornos, mientras que en Valdemorillo, donde habían trabajado a la vez 12 hornos, con 60 personas, las caleras se encontraban casi en pleno abandono al final de la centuria, por la falta de rentabilidad. En la zona de Quijorna los últimos hornos de cal dejaron de funcionar hacia 1950. Los hornos industriales modernos (procesos continuos), instalados en la segunda mitad del siglo XX, acabaron con las caleras históricas (procesos discontinuos).

En el interior de la calera el cielo se deja ver a través del circulo de su chimenea. A pocos metros del mismo se hallan las canteras de donde se extraían los materiales para la combustión, a las que nos acercamos.

Discordante sobre el zócalo metamórfico aparece una formación arenosa, denominada por los geólogos facies Utrillas, que se distingue con facilidad por su luminosidad. Dichas arenas se han explotado históricamente para la producción de loza y refractarios. A techo de estas se presentan niveles margosos que dan paso enseguida a las calizas del Cretácico Superior. En esta zona las calizas cretácicas son de tono azulado o amarillento, aparecen algo alteradas, siendo su espesor escaso (2 a 4 m) y su extensión lateral no muy grande.

Se han localizado en la zona de Jarabeltrán-Camino de las Rentas (Valdemorillo) cerca de 20 hornos, así como dos molinos, mientras que en la zona del Vétago (Quijorna-Valdemorillo) quedan al menos restos de 13 caleras. Estos vestigios industriales ponen en evidencia la importancia productiva histórica de este territorio.

Tras la visita a las canteras, continuamos por la pista, en dirección noreste hacia el Cerro del Castillejo, desviándonos a la derecha para contemplar los restos de otro horno de cal, al que le falta la chimenea y un poco de limpieza. Es una pena que se dejen a su suerte, sin un plan de conservación y aprovechamiento turístico, todos estos testigos de nuestra historia cultural.

Remontamos el cerro para acercarnos a ver uno de los 16 búnkeres existentes en la zona. Como casi todos ellos, es un búnker que cuenta con una forma cilíndrica por delante, con un ligero biselado en la parte alta y extrañamente en la parte trasera es por donde tiene el acceso. Poseen dos grandes aperturas colocadas en la parte frontal del búnker, para así cumplir con su función de nidos de ametralladora.

La mayoría de ellos están instalados en las colinas, en las que dada su escasa vegetación proporcionaban amplias vistas desde los búnkeres. En su alrededores se pueden observar los restos de las trincheras escavadas en zigzag, para evitar en la medida de lo posible los ataques aéreos y que facilitaba el acceso a los fortines.

Remontamos el Cerro del Castillejo, visitamos lo que parece un nido de ametralladora, bastante derruido, y proseguimos por su cuerda hasta llegar a un refugio que ya conocíamos, pero que por desgracia ésta vez estaba cerrado.

Desde su privilegiado promontorio de amplias vistas descendimos hacia el arroyo de la Fuente Villanos, desviándonos a la izquierda para visitar un puesto de mando y un refugio antiaéreo, unidos entre sí por un túnel de corta longitud, que merece la pena recorrerlo por su buen estado de conservación.


Continuamos remontando el arroyo en suave pendiente por la zona conocida como Las Rentas, primero dejándolo a nuestra derecha y tras cruzarle, dejándolo a nuestra izquierda, recorridos 6 Km desde el inicio, giramos a la derecha, siguiendo un sendero que al cabo de 100 metros nos deja a las puertas de entrada de una sorprendente cueva que fue construida por los soldados republicanos a pico y pala para ser utilizada como cuartel y refugio antiaéreo, en la que cómo mínimo caben más de 200 personas.

Todos nos introducimos en ella, sorprendiéndonos la gran cantidad de galerías que salen a derecha e izquierda de la principal, en las que aún se perciben las señales dejadas por los picos en su construcción. Toda una maravilla en perfecto estado de conservación que es utilizada ahora como morada de algunos murciélagos.


Salimos más que fascinados de la cueva y en sus inmediaciones paramos a tomar el aperitivo y reponer fuerzas. Aquí nos dispusimos a hacernos la foto de grupo, cuando recibimos la grata sorpresa de ver cómo aparecían Antonio y Jesús C, que se habían acercado en coche hasta el horno del Velago y desde allí a pié hasta nuestro encuentro.

Les dejamos a ello camino de la cueva, mientras el grupo continuó remontando el arroyo hasta alcanzar los casi 800 metros de altura de El Madroñal, con magníficas vistas de toda la Sierra de Guadarrama, destacando la Maliciosa y el Cerro de San Pedro.


Un poco antes Antolín, que tenía que volver pronto a Madrid, se dio la vuelta con la intención de regresar por donde habíamos venido...tres horas más tarde apareció en una gasolinera cercana a Villanueva de la Cañada, alguien a propuesto quitarle la estrella negra.

Giramos a la derecha y nos acercamos a una chimenea sifón de la conducción del embalse de Picadas a Majadahonda, para al poco enlazar de nuevo con la Cañada Real Segoviana, que enseguida abandonamos para continuar por el Camino de los Llanos, llegando a una casa con una estupenda mesa bajo chozo y unas vistas impresionantes de toda la llanura de los alrededores de Quijorna, de la que nos habíamos separado 9 km desde el inicio de la ruta.


En ella nos hicimos muchas fotos y fantaseamos con la posibilidad de comprarla para nuestras escapadas románticas, porque el sitio bien lo merecía.


Continuamos en dirección suroeste hacia el Alto de los Llanos, al que llegamos tras pasar una cancela cerrada con un cerrojo pero sin candado. En la cima se encuentran las ruinas de lo que fuera el Cuartel de Mando del ejército republicano, en un más que penoso estado de conservación, y un poco más adelante, el vértice geodésico de este cerro, situado a 746 metros de altura, lo que le da unas magníficas vistas, y al que me faltó tiempo para subirme. Estamos a poco más de los 10 km desde el inicio.

Desde allí, continuamos por el Camino de los Llanos, iniciando un descenso hacia Peñas Pardas, desviándonos enseguida momentáneamente un poco a la izquierda para asomarnos a un mirador natural de amplias panorámicas.

En la cima de Peñas Pardas contemplamos los restos de un nido de ametralladora y en sus proximidades trincheras que el paso del tiempo no ha logrado ocultar, como las heridas abiertas por esa guerra que solo en la batalla librada aquí dejó unos 20.000 muertos en cada uno de los bandos.


Desde esta cima descendimos en dirección sur siguiendo una empinada y resbaladiza senda hasta enlazar con camino rodeado de coloridos prados de avena, por la zona de el Colmenar, que nos llevó a las primeras casas de Quijorna, descendimos por la calle del Camino del Olivar.

Sólo quedaba llegar al parque junto al arroyo de Quijorna, cruzar de nuevo el puente de la Virgen del Pilar y celebrar el fin de etapa en el restaurante El Águila con un reconfortante cocido, al que se unió Juan M, bastante recuperado de su accidente, y la mujer, hijo y nieta de Marcelo.


Por la singularidad de la zona, cargada de historia, las bonitas vistas y el buen tiempo, ésta ruta se ha merecido 4 estrellas.

Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

miércoles, 30 de mayo de 2012

Excursión 096: La pedriza por El Yelmo y La Gran Cañada

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco. Manzanares El Real
Final: El Tranco. Manzanares El Real
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 12,6 Km
Desnivel [+]: 908 m
Desnivel [--]: 895 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 16

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Otro día memorable, otra gran gesta del GMSMA: paseo extenuante por la ladera de la Pedriza anterior con apoteosis en la cumbre de El Yelmo, que es, como ha dicho Juan “lo más de lo más en las ascensiones clásicas a las cumbres de Guadarrama”, aunque continua “Hay otro clásico y es... una siesta en La Pradera del Yelmo” y ahí, algunos se esmeraron en sacar nota.
La marcha tuvo dos fases: 

La primera parte, interesante, digamos turística: desde El Tranco (970 m) recorrimos la ladera oriental de La Pedriza pasando delante de Rocas con nombres propios como El Indio o El Caracol, visitando la cueva del Ave María y terminando al pie del Elefantito (1275 m). Cuando digo “terminando”, no es exactamente así, más bien todo lo contrario, ya que ahí empezó lo más duro del día.

Desde ahí quedaba un buen trecho hasta El Yelmo (1717 m) pues nos habíamos desviado bastante del objetivo, y todo cuesta arriba. 

Nuestro leader del día, Joaquín, nos estaba exigiendo mucho y pronto hubo conatos de motín, pero no precisamente como el del Bounty que fue porqué la tripulación quería quedarse en la isla con las bellas isleñas sino más bien al estilo Cristóbal Colón, cuyos marineros, ya hartos de oír que “faltaba poco” estuvieron a punto de tirar por la borda al Gran Almirante.


Joaquín tuvo que tranquilizar y animar a la tropa varias veces con: “Chicos, ya falta poco para El Yelmo” “¿Somos espartanos o no? AU-AU-AU”… y El Yelmo no aparecía. Se escuchó de todo, “desobediencia al jefe”, “sicarios para romperle las piernas” hasta que uno de cuyo nombre no puedo acordarme gritó “Yelmo a la vista” y pronto llegamos a la Pradera del Yelmo (1561 m), en la cara sureste del enorme risco de granito.

Ahí, todos caímos rendidos en el frescor de una verde pradera a la sombra de unas rocas y además había una fuente de agua fresquísima muy cerquita. Como se suele decir, a Joaquín, le salvó la campana.

En la segunda parte, Joaquín triunfó, salió a hombros. Todos le aclamaron. Unos, porque les había guiado hasta la mismísima cumbre del mítico El Yelmo por la increíble chimenea y otros porque les había dejado en un sitio idílico para echarse una siesta de campeonato, una verde praderita sombreada con fuente incluida, y además desde ahí, podían observar a los escaladores de El Yelmo en pleno esfuerzo y seguir la vista a los valientes que habíamos subido a la cima (En honor a la verdad, los que no subieron, era porque ya lo habían hecho antes e incluso, algunos, en varias ocasiones).

Como fui uno de los afortunados que hicieron la ascensión por primera vez, diré que fue una experiencia inolvidable, de esas que nos gustará contar. La dificultad del paso por la grieta es toda una hazaña que requiere de un trabajo en equipo.

Cuando finalmente conseguimos salir de la chimenea y hacer cumbre, nos invadió una gran euforia, aplausos, gritos, abrazos, las fotos de rigor… Estábamos “en la cima del mundo” con unas vistas increíbles y con la única compañía del pequeño roble de la cumbre y un par de cabras que parecían estar allí para dar fe de nuestra gran proeza.

Hubo los típicos cánticos con los que se quedaron abajo: “Hola, fondo sur“…”Hola, fondo norte”, toda una fiesta…

Joaquín, para la vuelta, se cuido bien de no llevarnos por una de las rutas que realizó con su hija cuando ésta tenía 4 años, eso podría haber roto el embrujo del momento.

La Agencia Madi Senderismo, ha decido premiar esta gran excursión con su máxima nota: 5 Sicarias en su escala de 5 Sicarias.

Joaquín entra así, con Antonio, en el selecto grupo de leaders que han conseguido esta máxima nota.