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miércoles, 8 de febrero de 2017

Excursión 333: El Elefantito de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco
Final: El Tranco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  10,1 Km
Desnivel [+]: 521 m
Desnivel [--]: 521 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 37

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Esta vez el inicio de la excursión estaba ubicado en el Tranco, en Manzanares el Real, donde comenzaba la marcha a las 10,30 horas. Deciros que en realidad a esa hora debía estar volando en un avión de Iberia, con destino final, en la isla de La Gomera, donde seguramente haría una temperatura caribeña. Aquí en el Tranco, hacía un viento frío que “cortaba el cutis”. No tuve más remedio que anular el viaje por una causa de fuerza mayor. ¡Había nacido mi tercera nieta! a la que no se esperaba hasta un mes después y había que estar en primera línea de combate.

Así que ¡a La Pedriza!  ¡Vaya con La Pedriza¡ Esperaba, que en esta ocasión, “la cortita marcha” de 8 kms y 500 metros de desnivel, que nos había propuesto Antonio por mail, para ver una serie de animalitos, un indio y una cueva, iba a ser “sencillita”. Lo esperaba, porque iba a ser por “la parte baja” de la Pedriza anterior, porque la climatología parecía favorable y por los comentarios recibidos del “boca a boca”. Pues nada más lejos de la realidad, porque para empezar, un grupo de “avanzadilla” en el que me encontraba y donde casi nunca estoy, sin saber muy bien a quien seguíamos, ascendimos por una zona equivocada que luego tuvimos que descender con algún riesgo para nuestra integridad física.

Comenzamos a andar por el Canchal de la Pedriza (parte baja de la Pedriza anterior) para ver “el Indio” y conocer el que dicen es el alcornoque más anciano de la Comunidad de Madrid con 750 años de edad, llamado del Bandolero, por una leyenda en la que se cuenta que este árbol lo utilizó un bandolero muy conocido en el siglo XIX, Pablo Santos, llamado el Bandido de La Pedriza, como cobijo y para esconder los botines obtenidos en sus robos. Eran tiempos en los que bandoleros como Luis Candelas y los integrantes de su banda, la de Paco el Sastre gozaban de cierta fama.

La verdad es que el alcornoque sí, pero el indio no se sabe muy bien si es sioux o cherokee. Por aquí, es donde algunos nos hemos despistado, y hemos realizado un ejercicio extra, no previsto en los planes iniciales. De allí hemos ascendido hasta alcanzar el PR1, el cual hemos seguido hasta la desviación de la cueva del Ave María. Interesante cueva con “pinturas rupestres” del siglo XX, en las que aparece un portal de belén con vaca y burro incluidos. Además es un buen lugar donde resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Volvimos al PR1, para observar de cerca el Caracol, al que varios senderomagos se preocuparon de ponerle cuernos, y cantar la famosa canción de sacar los cuernos y ponerlos al sol.

Más adelante, nos encontramos con el Cancho de las Mozas, también llamado o Risco del Ofertorio, donde se ubica un lugar muy agradable con una protectora pared de piedra, que está muy resguardado de los fríos vientos del norte, y que se denomina de las “mozas casaderas”. En este lugar, tengo constancia, que un senderomago “encargó” su primer retoño (hace ya una pila de años) y al que acude cada aniversario, para tratar de repetir “la hazaña”, sin éxito aparente. Ojo me contaron la anécdota, pero no me preguntéis, porque no sé quién es el protagonista.

Nosotros, hemos recuperado fuerzas en este lugar, tomando el tentempié de las 12 de la mañana. “Algo es algo”.

Continuamos subiendo y subiendo, piedra tras piedra, por la Gran Cañada hasta un desvío que nos dirigía hacia las Serradillas, donde íbamos a ver “el elefantito”. Algunos ya lo conocíamos de anteriores marchas, y aunque el camino es bastante complicado, el animalito se encuentra en una agradable pradera, y lo mejor de todo es que parece realmente un elefante con trompa y todo. Algunos senderomagos han ascendieron a la trompa y saludaron desde allí al resto de la expedición.

Después de un rato disfrutando de las espectaculares vistas del lugar, descendimos hasta llegar a la Gran Cañada, a un lugar conocido como el Mirador del Tranco, donde aprovechamos para reponer fuerzas y comer. Las vistas hacia Manzanares el Real y su embalse eran impresionantes. En la comida, Ana Ch. nos agasajó con un rico bizcocho artesano de chocolate, y Santiago P, con su siempre anhelada y deseada bota de buen vino. Felicidades a los citados y agradecerles la celebración de sus cumpleaños con el GMSMA.

Nos pusimos de nuevo en marcha descendiendo hacia el Hueco de las Hoces donde pudimos observar un grupo numeroso de cabras, con un macho alfa de considerable cornamenta. No se asustan y cada vez están más cerca de los visitantes. Continuamos descendiendo, siguiendo el curso de un riachuelo, que nos llevó rápidamente hasta las cercanías de Canto Cochino, donde desgraciadamente, no teníamos nuestros vehículos. Alguien me comentó que desde allí los conductores irían en taxi a recoger sus coches y vendrían a recoger al resto de la expedición. Menos mal que era una broma, pues lo que nos quedaba hasta el Tranco, era un agradable y bonito paseo, siguiendo el curso del rio Manzanares, que por este lugar en esta época discurre con gran fuerza y belleza.

En total y como resumen una bonita excursión, aunque algo dura, como todas las de la Pedriza, de 10 kms de longitud y 521 metros de desnivel acumulado.

Tomamos las acostumbradas cervezas en la plaza de Manzanares el Real, invitados por su cumpleaños Ana Ch., Santiago P., Paco R. y Ricardo T. Muchas felicidades para los cuatro.

A pesar de la dureza de la marcha y por las extraordinarias vistas en un día despejado, y lo bonito del lugar, otorgo 5 sicarias a esta excursión.
Nicolas

miércoles, 15 de abril de 2015

Excursión 228: La Pedriza por Peña Sirio

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco. Manzanares El Real
Final: El Tranco. Manzanares El Real
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,3 km
Desnivel [+]: 646 m
Desnivel [--]: 623 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 29

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A pesar de los agoreros partes meteorológicos, que  pronosticaban lluvia y frío… a pesar de que  el día había amanecido nublado, a pesar de que unos minutos antes, Melchor (a traición) me había anunciado que esta vez no me libraba de la crónica…a pesar de todo,  al llegar  y ver las caras sonrientes de los compañeros, al encontrarme con Raquel, Rosa y Nines, a las que hacía tiempo que no veía,  al comprobar que  ni el frío, ni el viento ni la lluvia parecían amenazar….casi  me olvidé de la maldición que había caído sobre mí y me dispuse a disfrutar de la excursión, que, al fin y al cabo, a eso habíamos ido.

Así que iniciamos 
29 senderomagos la marcha a las diez y media en punto desde el aparcamiento de El Tranco, con nuestras mascotas Mecha y Teo, que no paraban quietos.

Empezamos subiendo por la senda junto al río Manzanares hasta llegar a la pasarela que cruza el arroyo de La Majadilla. Una vez al otro lado, seguimos un tramo  del camino de La Autopista y, al poco, tomamos una senda  medio escondida con una fuerte pendiente hacia arriba (aquí, la poca ropa de abrigo que llevábamos empezó a sobrar).

Enseguida conseguimos nuestro  primer objetivo, el Chozo Kindelán.

Tan singular refugio debe su nombre a los tres hermanos Kindelán, que a principios del siglo XX, cuando ir desde Madrid a la Pedriza era imposible en un sólo día, decidieron construirlo aprovechando un hueco en la roca, usado como refugio los pastores.

Está frente al Cancho del Postigo, al que los hermanos Kindelán cambiaron el nombre por el de Peña Sirio después de observar que en las noches de verano la estrella Sirio aparecía justo  por encima de la peña. Todo esto lo contó muy bien Paco C. que, aún no lo he dicho, fue quién preparó la excursión.

Aquí descansamos un poco, nos hicimos la foto de grupo y volvimos a bajar para cruzar de nuevo el arroyo de La Majadilla, 
esta vez sin pasarela, y llegar a la pradera donde está situado "El Cerdito", una gran roca a la que por más que miramos no le encontramos el parecido, tras intentarlo, continuamos la senda aguas arriba. Pasamos cerca de la Charca Kindelán, que, según parece,  los hermanos utilizaban de piscina (y Paco N. también cuando se lleva la toalla).

Poco después tomamos una senda  de pendiente considerable (otra vez) con el 2º objetivo: rodear
Peña Sirio y llegar a su mirador. En este tramo pasamos por debajo de la Cueva de la Mora, que nos esperaba bailando la danza de los siete velos según contó Paco D. Joaquín añadió que él mismo la había subido en brazos hasta allí. Pero la Mora ¡qué poco agradecida!, no se dignó salir a saludar (o no se atrevió, quien sabe).

En el camino, nos encontramos con impresionantes paredes de piedra y formaciones tan curiosas como la de Snoopy o ésta que fotografió José María: Alguien dijo: ¡qué buena encimera, con el hueco para el fregadero y todo!

 Había pasado de sobra la hora del tentempié y a algunos nos rugía el estómago, así que,  justo cuando empezaba a chispear, encontramos una cueva y allí que nos metimos unos cuantos en plan troglodita para dar cuenta de los bocatas, que ya no sabíamos si tocaba tentempié o qué.

Para entonces, los que iban delante debían haber  llegado ya a lo que se conoce por  El Jardín de Peña Sirio, un poco más arriba, que era el sitio previsto para “El Angelus”, como  llama Santi a la parada del aperitivo. Y allí se quedaron aguantando el chaparrón sin querer acercarse a nuestra cueva. Creo que alguno echó de menos la bota de José Luis e hizo una escapadita…

Y hay que decir que este pequeño chaparrón fue el único de toda la excursión. Cuatro gotas bastaron para que al rato luciera un sol esplendoroso, en contra de lo previsto.

Con el bocata a medio comer por la prisa de los que se estaban mojando, subimos a todo correr y al llegar arriba nos encontramos con un amago de secesión, unos por un lado, otros por otro, que si Paco C. va por aquí, Antonio por allá...que si dicen que es por ahí, que no… que cómo nos vamos a dividir…. 

Así que con un ojo puesto en la senda por la que habían empezado a descender buena parte del grupo, otros nos fuimos en dirección contraria subiendo hasta el  mirador: preciosas vistas y un grupo de cabritas casi mimetizadas con el color de las piedras.

Bajamos  corriendo para alcanzar a los demás  por el Arroyo de los Huertos, entre piedras enormes, pedruscos y zarzas.

Cuando nos reencontramos con el grupo, Antonio nos anunció que, como no habíamos andao ná, íbamos a alargar un poquito la cosa, así que de nuevo a subir, a bajar y  a volver a subir por  medio de la “selva”. 

Por aquí fue donde a Paco N. empezó a molestarle el riñón, afectado por un principio de cólico nefrítico, pero aguantó  subidas y bajadas como un jabato.

Y llegamos a la Gran Cañada, un valle por el que antiguamente pasaban los rebaños. El paisaje desde aquí es una maravilla: el verdor  y la luminosidad de la enorme pradera entre las moles de granito es verdaderamente  espectacular.

Desde allí bajó Paco N. por la senda de las Carboneras directo al pueblo acompañado por los que tenían que volver pronto.

El resto subimos hasta el risco de Las Mozas y bajamos luego hasta la senda Maeso. Por esta zona hicimos el segundo descanso vigilados por unos machos cabríos que, vistos de cerca, impresionaban lo suyo. 

Pero cuando Joaquín se acercó a darles de comer salieron huyendo, así que no se yo …

Volvimos de nuevo a descender en dirección al pueblo, pasando junto a “El Caracol”, otra de las curiosas formaciones rocosas de las muchas que encontramos,  y  otro  desvío: una subidita para visitar la cueva Ave María, oscura como la boca de un lobo. Gracias a los que llevaban linterna no nos dimos de morros contra las piedras del suelo.  ¡Suerte que siempre hay alguien que va preparado para un imprevisto!

Otra vez en la senda Maeso. En lugar de bajar directamente al pueblo y tener que atravesarlo por el asfalto, Antonio tuvo la buena idea de llevarnos de nuevo, subiendo, bajando  y vuelta a subir  hasta desembocar en una mullida pradera donde los que teníamos prisa no pudimos parar a echar una siestecita al sol, ¡qué envidia!

Así que allí los dejamos a todos disfrutando de unas vistas impresionantes y, siguiendo las indicaciones de Antonio, bajamos de nuevo al Tranco pasando por “El Indio” con su pose de Gran Jefe.

Y cansados pero muy contentos, aunque echando de menos la cervecita que seguro se tomaron los demás,  llegamos finalmente al punto de partida-llegada.

Esta excursión, según la agencia Madi esa, merecería 5 sicarias de sobra, pero creo que, por solidaridad con Paco N. deberíamos dejarla en 4,5.
Rosa Pérez

PD: Tengo que agradecer la ayuda de mi “guionista” Melchor y la de José María, que con su precioso reportaje fotográfico me ha refrescado la memoria.


FOTOS

miércoles, 30 de mayo de 2012

Excursión 096: La pedriza por El Yelmo y La Gran Cañada

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco. Manzanares El Real
Final: El Tranco. Manzanares El Real
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 12,6 Km
Desnivel [+]: 908 m
Desnivel [--]: 895 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 16

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


































PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Otro día memorable, otra gran gesta del GMSMA: paseo extenuante por la ladera de la Pedriza anterior con apoteosis en la cumbre de El Yelmo, que es, como ha dicho Juan “lo más de lo más en las ascensiones clásicas a las cumbres de Guadarrama”, aunque continua “Hay otro clásico y es... una siesta en La Pradera del Yelmo” y ahí, algunos se esmeraron en sacar nota.
La marcha tuvo dos fases: 

La primera parte, interesante, digamos turística: desde El Tranco (970 m) recorrimos la ladera oriental de La Pedriza pasando delante de Rocas con nombres propios como El Indio o El Caracol, visitando la cueva del Ave María y terminando al pie del Elefantito (1275 m). Cuando digo “terminando”, no es exactamente así, más bien todo lo contrario, ya que ahí empezó lo más duro del día.

Desde ahí quedaba un buen trecho hasta El Yelmo (1717 m) pues nos habíamos desviado bastante del objetivo, y todo cuesta arriba. 

Nuestro leader del día, Joaquín, nos estaba exigiendo mucho y pronto hubo conatos de motín, pero no precisamente como el del Bounty que fue porqué la tripulación quería quedarse en la isla con las bellas isleñas sino más bien al estilo Cristóbal Colón, cuyos marineros, ya hartos de oír que “faltaba poco” estuvieron a punto de tirar por la borda al Gran Almirante.


Joaquín tuvo que tranquilizar y animar a la tropa varias veces con: “Chicos, ya falta poco para El Yelmo” “¿Somos espartanos o no? AU-AU-AU”… y El Yelmo no aparecía. Se escuchó de todo, “desobediencia al jefe”, “sicarios para romperle las piernas” hasta que uno de cuyo nombre no puedo acordarme gritó “Yelmo a la vista” y pronto llegamos a la Pradera del Yelmo (1561 m), en la cara sureste del enorme risco de granito.

Ahí, todos caímos rendidos en el frescor de una verde pradera a la sombra de unas rocas y además había una fuente de agua fresquísima muy cerquita. Como se suele decir, a Joaquín, le salvó la campana.

En la segunda parte, Joaquín triunfó, salió a hombros. Todos le aclamaron. Unos, porque les había guiado hasta la mismísima cumbre del mítico El Yelmo por la increíble chimenea y otros porque les había dejado en un sitio idílico para echarse una siesta de campeonato, una verde praderita sombreada con fuente incluida, y además desde ahí, podían observar a los escaladores de El Yelmo en pleno esfuerzo y seguir la vista a los valientes que habíamos subido a la cima (En honor a la verdad, los que no subieron, era porque ya lo habían hecho antes e incluso, algunos, en varias ocasiones).

Como fui uno de los afortunados que hicieron la ascensión por primera vez, diré que fue una experiencia inolvidable, de esas que nos gustará contar. La dificultad del paso por la grieta es toda una hazaña que requiere de un trabajo en equipo.

Cuando finalmente conseguimos salir de la chimenea y hacer cumbre, nos invadió una gran euforia, aplausos, gritos, abrazos, las fotos de rigor… Estábamos “en la cima del mundo” con unas vistas increíbles y con la única compañía del pequeño roble de la cumbre y un par de cabras que parecían estar allí para dar fe de nuestra gran proeza.

Hubo los típicos cánticos con los que se quedaron abajo: “Hola, fondo sur“…”Hola, fondo norte”, toda una fiesta…

Joaquín, para la vuelta, se cuido bien de no llevarnos por una de las rutas que realizó con su hija cuando ésta tenía 4 años, eso podría haber roto el embrujo del momento.

La Agencia Madi Senderismo, ha decido premiar esta gran excursión con su máxima nota: 5 Sicarias en su escala de 5 Sicarias.

Joaquín entra así, con Antonio, en el selecto grupo de leaders que han conseguido esta máxima nota.

miércoles, 14 de abril de 2010

Excursión 038: La Pedriza por La Gran Cañada y Cueva del Ave María

FICHA TÉCNICA 
Inicio: El Tranco. Manzanares El Real
Final: El Tranco. Manzanares El Real
Tiempo: 7 a 8 horas
Distancia: 6,7 Km
Desnivel [+]: 430 m
Desnivel [--]: 434 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 4


MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Excursión que nos llevó a la Cueva del Ave María, en la Pedriza, comenzando la ruta en el Tranco, ascendiendo con gran pendiente hasta el Mirador del mismo nombre, continuando por la Gran Cañada, que la recorrimos en dirección este, descendiendo a continuación hasta la Cueva del Ave María.

El regreso lo hicimos descendiendo por el collado de la Cueva, pasando por la formación rocosa conocida como El Indio hasta llegar de nuevo al Tranco.
Paco Nieto