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miércoles, 22 de mayo de 2024

Excursión 781: Vuelta a la Pedriza por el Elefantito y el Indio

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino. La Pedriza
Final: Canto Cochino. La Pedriza
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 9,4 Km 
Desnivel [+]: 495 m 
Desnivel [--]: 495 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 30

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
En esta ocasión me ha tocado documentar una ruta circular por la Pedriza en un día primaveral y con una temperatura perfecta para ello. No es fácil este encargo, pues este enorme laberinto de piedras con formas inspiradoras, nos confunde y nos hace perder la orientación. En gran parte porque nos dejamos llevar por la imaginación que incita a los senderistas a dar nuevos nombres a las curiosas formaciones de piedra; y a mí a no saber distinguir cuales son reales y cuales son inventados.

Vamos a ello y para no perderme entre las piedras usaré todos los medios a mi alcance ;-)

A las 10:30 nos reunimos en Canto Cochino 28 senderomagos. Iniciamos nuestra andadura bajando hasta cruzar por un puente de madera el río Manzanares y, girando a la derecha, a pocos metros, el puente del arroyo de la Majadilla. Siguiendo la GR-10 iniciamos una exigente subida hasta llegar a 1427 metros, máxima cota alcanzada en la ruta de hoy.

Para hacerla más llevadera la abordamos en dos tramos. El primero nos llevó hasta la Gran Cañada y el mirador del Tranco, donde aprovechamos para hacer un pequeño descanso, muchas fotos y esperar el deseado encuentro con dos senderomagos más: Paco Cantos, quien no pudo resistirse a venir a su amada Pedriza; y su yerno Mario, que lo acompañó por un camino que supuestamente era más sencillo, pero que los obligó a echar manos para trepar por enormes piedras. La alegría del encuentro fue tal que no hay palabras para describirlo. Aquí hicimos la foto de grupo.

Ya en el segundo tramo de subida tomamos la senda de las Cerradillas y llegamos hasta El Elefantito.

Espectacular lugar que llevó a más de uno a encaramarse hasta su pétrea trompa para obtener una bonita foto de recuerdo. De todas las formas que la naturaleza ha labrado por aquí, esta es una de sus mejores obras.

Deseosos por empezar a bajar, continuamos hasta alcanzar el Risco de los Martes y coger la senda Maeso. Íbamos con mucho cuidado, pues la arenilla hace que sea muy fácil resbalar y caer.

Pasamos por el Risco del Ofertorio, también llamado de las Mozas porque allí dejan ellas las piedras como ofrenda para que se cumplan sus deseos.

Avanzamos y vemos el simpático Caracol, al que ni los cuernecillos le faltan, con el Candelabro de fondo, otro referente de la siempre sorprendente Pedriza..

Un poco más abajo, en el Collado de Cueva, paramos a dar cuenta de los bocadillos, mientras disfrutábamos de unas excelentes vistas del embalse de Santillana, con nuestro carismático Cerro de San Pedro de fondo.

Tras el descanso y sin acercarnos a ver la Cueva del Ave María, continuamos el descenso por la Senda Maeso. Por aquí se inició otra controversia ¿Senda de Maeso o de la Rinconada? Carlos R. resuelve el entuerto con la explicación que nos da este enlace.

Enseguida llegamos al Collado del Alcornocal, donde unos pocos siguieron hacia Manzanares el Real, el resto descendimos hacia El Tranco, pasando por el Alcornoque del Ortigal o del Bandolero que guardaba aquí su botín en una cueva que hay detrás de él. 

Este anciano Quercus Suber de unos 500 años y 11 metros de altura, cuyas raíces se agarran desesperadamente a la roca para sobrevivir, es el protagonista en una ruta con pocos árboles.

Es cierto que quizá no nos hayamos fijado demasiado en ellos dada la profusión de flores e intrépidas cabras que vimos. Y es que todo el camino ha estado salpicado de margaritas blancas y amarillas, jaras, cantueso, tomillo, sabinas y otras mil plantas más. Y las cabritillas se dejaron ver a menudo y sólo se pusieron un poco nerviosas cuando vieron que Twitter se interesaba por ellas.

Vimos de cerca la inconfundible silueta de El Indio y al llegar a la Pradera del Tamboril tuvimos que detenernos de nuevo por dos motivos muy diferentes.

El primero, lo increíble de la estampa que formaba el manto de flores que cubría el suelo con los buitres que planeaban muy cerca de nosotros.

El segundo, lo inquietante que resulta ver tan cerca del Parque Natural las construcciones que se extienden desde el pueblo de Manzanares el Real. Hace poco oí a un filósofo decir que el sentido de la vida es simplemente “llevar el testigo para cederlo a las siguientes generaciones”. No estoy muy segura de que en este tiempo privilegiado que nos toca vivir estemos cumpliendo del todo con ese propósito.


Ya caminando casi en llano llegamos a El Tranco y yendo por la orilla izquierda del río Manzanares vemos dos sitios ya inexistentes, lo que fue el embalse de la Garganta, del que apenas queda rastro, y un poco más adelante, la explanada donde estuvo el Chiringuito de la Foca, desmontado hace poco más de un par de años, aquí más detalles.

Mirando hacia la roca con forma de foca, la gente se tomaba sus cervezas después del baño en el rio. Eso era antes de la resolución de 13 de julio de 2017 de la CAM, que sanciona con hasta 3.000€ si se te ocurre dejar tus gérmenes en el agua del rio y perturbar el Patrimonio Natural y la biodiversidad de tan increíble paraje.

Pronto alcanzamos el puente de madera que cruza el río Manzanares y llegar de nuevo al parking de Canto Cochino. Cervecitas en el pueblo de Manzanares para rematar un día perfecto.

Habiendo tenido como estrella protagonista, y fugaz a ratos, a Paco Cantos, y teniendo en cuenta lo espectacular del paisaje y lo satisfechos que todos hemos quedado con el esfuerzo realizado, no hay duda de que esta ruta se merece las 5 sicarias.

Y si ha quedado un poco larga la crónica, buscad como responsables a la grandiosidad y belleza de este incomparable entorno, que amamos y tememos en la misma medida. Y agradeced que no haya recogido ni la mitad de los nombres que entre todos habéis puesto “a mi alcance”. Pero si quieres más, visita este enlace o este otro.

¡Gracias a todos por tan fantástico día!
Mariola Prieto

miércoles, 8 de febrero de 2017

Excursión 333: El Elefantito de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco
Final: El Tranco
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  10,1 Km
Desnivel [+]: 521 m
Desnivel [--]: 521 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 37

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Esta vez el inicio de la excursión estaba ubicado en el Tranco, en Manzanares el Real, donde comenzaba la marcha a las 10,30 horas. Deciros que en realidad a esa hora debía estar volando en un avión de Iberia, con destino final, en la isla de La Gomera, donde seguramente haría una temperatura caribeña. Aquí en el Tranco, hacía un viento frío que “cortaba el cutis”. No tuve más remedio que anular el viaje por una causa de fuerza mayor. ¡Había nacido mi tercera nieta! a la que no se esperaba hasta un mes después y había que estar en primera línea de combate.

Así que ¡a La Pedriza!  ¡Vaya con La Pedriza¡ Esperaba, que en esta ocasión, “la cortita marcha” de 8 kms y 500 metros de desnivel, que nos había propuesto Antonio por mail, para ver una serie de animalitos, un indio y una cueva, iba a ser “sencillita”. Lo esperaba, porque iba a ser por “la parte baja” de la Pedriza anterior, porque la climatología parecía favorable y por los comentarios recibidos del “boca a boca”. Pues nada más lejos de la realidad, porque para empezar, un grupo de “avanzadilla” en el que me encontraba y donde casi nunca estoy, sin saber muy bien a quien seguíamos, ascendimos por una zona equivocada que luego tuvimos que descender con algún riesgo para nuestra integridad física.

Comenzamos a andar por el Canchal de la Pedriza (parte baja de la Pedriza anterior) para ver “el Indio” y conocer el que dicen es el alcornoque más anciano de la Comunidad de Madrid con 750 años de edad, llamado del Bandolero, por una leyenda en la que se cuenta que este árbol lo utilizó un bandolero muy conocido en el siglo XIX, Pablo Santos, llamado el Bandido de La Pedriza, como cobijo y para esconder los botines obtenidos en sus robos. Eran tiempos en los que bandoleros como Luis Candelas y los integrantes de su banda, la de Paco el Sastre gozaban de cierta fama.

La verdad es que el alcornoque sí, pero el indio no se sabe muy bien si es sioux o cherokee. Por aquí, es donde algunos nos hemos despistado, y hemos realizado un ejercicio extra, no previsto en los planes iniciales. De allí hemos ascendido hasta alcanzar el PR1, el cual hemos seguido hasta la desviación de la cueva del Ave María. Interesante cueva con “pinturas rupestres” del siglo XX, en las que aparece un portal de belén con vaca y burro incluidos. Además es un buen lugar donde resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Volvimos al PR1, para observar de cerca el Caracol, al que varios senderomagos se preocuparon de ponerle cuernos, y cantar la famosa canción de sacar los cuernos y ponerlos al sol.

Más adelante, nos encontramos con el Cancho de las Mozas, también llamado o Risco del Ofertorio, donde se ubica un lugar muy agradable con una protectora pared de piedra, que está muy resguardado de los fríos vientos del norte, y que se denomina de las “mozas casaderas”. En este lugar, tengo constancia, que un senderomago “encargó” su primer retoño (hace ya una pila de años) y al que acude cada aniversario, para tratar de repetir “la hazaña”, sin éxito aparente. Ojo me contaron la anécdota, pero no me preguntéis, porque no sé quién es el protagonista.

Nosotros, hemos recuperado fuerzas en este lugar, tomando el tentempié de las 12 de la mañana. “Algo es algo”.

Continuamos subiendo y subiendo, piedra tras piedra, por la Gran Cañada hasta un desvío que nos dirigía hacia las Serradillas, donde íbamos a ver “el elefantito”. Algunos ya lo conocíamos de anteriores marchas, y aunque el camino es bastante complicado, el animalito se encuentra en una agradable pradera, y lo mejor de todo es que parece realmente un elefante con trompa y todo. Algunos senderomagos han ascendieron a la trompa y saludaron desde allí al resto de la expedición.

Después de un rato disfrutando de las espectaculares vistas del lugar, descendimos hasta llegar a la Gran Cañada, a un lugar conocido como el Mirador del Tranco, donde aprovechamos para reponer fuerzas y comer. Las vistas hacia Manzanares el Real y su embalse eran impresionantes. En la comida, Ana Ch. nos agasajó con un rico bizcocho artesano de chocolate, y Santiago P, con su siempre anhelada y deseada bota de buen vino. Felicidades a los citados y agradecerles la celebración de sus cumpleaños con el GMSMA.

Nos pusimos de nuevo en marcha descendiendo hacia el Hueco de las Hoces donde pudimos observar un grupo numeroso de cabras, con un macho alfa de considerable cornamenta. No se asustan y cada vez están más cerca de los visitantes. Continuamos descendiendo, siguiendo el curso de un riachuelo, que nos llevó rápidamente hasta las cercanías de Canto Cochino, donde desgraciadamente, no teníamos nuestros vehículos. Alguien me comentó que desde allí los conductores irían en taxi a recoger sus coches y vendrían a recoger al resto de la expedición. Menos mal que era una broma, pues lo que nos quedaba hasta el Tranco, era un agradable y bonito paseo, siguiendo el curso del rio Manzanares, que por este lugar en esta época discurre con gran fuerza y belleza.

En total y como resumen una bonita excursión, aunque algo dura, como todas las de la Pedriza, de 10 kms de longitud y 521 metros de desnivel acumulado.

Tomamos las acostumbradas cervezas en la plaza de Manzanares el Real, invitados por su cumpleaños Ana Ch., Santiago P., Paco R. y Ricardo T. Muchas felicidades para los cuatro.

A pesar de la dureza de la marcha y por las extraordinarias vistas en un día despejado, y lo bonito del lugar, otorgo 5 sicarias a esta excursión.
Nicolas

miércoles, 15 de abril de 2015

Excursión 228: La Pedriza por Peña Sirio

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Tranco. Manzanares El Real
Final: El Tranco. Manzanares El Real
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,3 km
Desnivel [+]: 646 m
Desnivel [--]: 623 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 29

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
A pesar de los agoreros partes meteorológicos, que  pronosticaban lluvia y frío… a pesar de que  el día había amanecido nublado, a pesar de que unos minutos antes, Melchor (a traición) me había anunciado que esta vez no me libraba de la crónica…a pesar de todo,  al llegar  y ver las caras sonrientes de los compañeros, al encontrarme con Raquel, Rosa y Nines, a las que hacía tiempo que no veía,  al comprobar que  ni el frío, ni el viento ni la lluvia parecían amenazar….casi  me olvidé de la maldición que había caído sobre mí y me dispuse a disfrutar de la excursión, que, al fin y al cabo, a eso habíamos ido.

Así que iniciamos 
29 senderomagos la marcha a las diez y media en punto desde el aparcamiento de El Tranco, con nuestras mascotas Mecha y Teo, que no paraban quietos.

Empezamos subiendo por la senda junto al río Manzanares hasta llegar a la pasarela que cruza el arroyo de La Majadilla. Una vez al otro lado, seguimos un tramo  del camino de La Autopista y, al poco, tomamos una senda  medio escondida con una fuerte pendiente hacia arriba (aquí, la poca ropa de abrigo que llevábamos empezó a sobrar).

Enseguida conseguimos nuestro  primer objetivo, el Chozo Kindelán.

Tan singular refugio debe su nombre a los tres hermanos Kindelán, que a principios del siglo XX, cuando ir desde Madrid a la Pedriza era imposible en un sólo día, decidieron construirlo aprovechando un hueco en la roca, usado como refugio los pastores.

Está frente al Cancho del Postigo, al que los hermanos Kindelán cambiaron el nombre por el de Peña Sirio después de observar que en las noches de verano la estrella Sirio aparecía justo  por encima de la peña. Todo esto lo contó muy bien Paco C. que, aún no lo he dicho, fue quién preparó la excursión.

Aquí descansamos un poco, nos hicimos la foto de grupo y volvimos a bajar para cruzar de nuevo el arroyo de La Majadilla, 
esta vez sin pasarela, y llegar a la pradera donde está situado "El Cerdito", una gran roca a la que por más que miramos no le encontramos el parecido, tras intentarlo, continuamos la senda aguas arriba. Pasamos cerca de la Charca Kindelán, que, según parece,  los hermanos utilizaban de piscina (y Paco N. también cuando se lleva la toalla).

Poco después tomamos una senda  de pendiente considerable (otra vez) con el 2º objetivo: rodear
Peña Sirio y llegar a su mirador. En este tramo pasamos por debajo de la Cueva de la Mora, que nos esperaba bailando la danza de los siete velos según contó Paco D. Joaquín añadió que él mismo la había subido en brazos hasta allí. Pero la Mora ¡qué poco agradecida!, no se dignó salir a saludar (o no se atrevió, quien sabe).

En el camino, nos encontramos con impresionantes paredes de piedra y formaciones tan curiosas como la de Snoopy o ésta que fotografió José María: Alguien dijo: ¡qué buena encimera, con el hueco para el fregadero y todo!

 Había pasado de sobra la hora del tentempié y a algunos nos rugía el estómago, así que,  justo cuando empezaba a chispear, encontramos una cueva y allí que nos metimos unos cuantos en plan troglodita para dar cuenta de los bocatas, que ya no sabíamos si tocaba tentempié o qué.

Para entonces, los que iban delante debían haber  llegado ya a lo que se conoce por  El Jardín de Peña Sirio, un poco más arriba, que era el sitio previsto para “El Angelus”, como  llama Santi a la parada del aperitivo. Y allí se quedaron aguantando el chaparrón sin querer acercarse a nuestra cueva. Creo que alguno echó de menos la bota de José Luis e hizo una escapadita…

Y hay que decir que este pequeño chaparrón fue el único de toda la excursión. Cuatro gotas bastaron para que al rato luciera un sol esplendoroso, en contra de lo previsto.

Con el bocata a medio comer por la prisa de los que se estaban mojando, subimos a todo correr y al llegar arriba nos encontramos con un amago de secesión, unos por un lado, otros por otro, que si Paco C. va por aquí, Antonio por allá...que si dicen que es por ahí, que no… que cómo nos vamos a dividir…. 

Así que con un ojo puesto en la senda por la que habían empezado a descender buena parte del grupo, otros nos fuimos en dirección contraria subiendo hasta el  mirador: preciosas vistas y un grupo de cabritas casi mimetizadas con el color de las piedras.

Bajamos  corriendo para alcanzar a los demás  por el Arroyo de los Huertos, entre piedras enormes, pedruscos y zarzas.

Cuando nos reencontramos con el grupo, Antonio nos anunció que, como no habíamos andao ná, íbamos a alargar un poquito la cosa, así que de nuevo a subir, a bajar y  a volver a subir por  medio de la “selva”. 

Por aquí fue donde a Paco N. empezó a molestarle el riñón, afectado por un principio de cólico nefrítico, pero aguantó  subidas y bajadas como un jabato.

Y llegamos a la Gran Cañada, un valle por el que antiguamente pasaban los rebaños. El paisaje desde aquí es una maravilla: el verdor  y la luminosidad de la enorme pradera entre las moles de granito es verdaderamente  espectacular.

Desde allí bajó Paco N. por la senda de las Carboneras directo al pueblo acompañado por los que tenían que volver pronto.

El resto subimos hasta el risco de Las Mozas y bajamos luego hasta la senda Maeso. Por esta zona hicimos el segundo descanso vigilados por unos machos cabríos que, vistos de cerca, impresionaban lo suyo. 

Pero cuando Joaquín se acercó a darles de comer salieron huyendo, así que no se yo …

Volvimos de nuevo a descender en dirección al pueblo, pasando junto a “El Caracol”, otra de las curiosas formaciones rocosas de las muchas que encontramos,  y  otro  desvío: una subidita para visitar la cueva Ave María, oscura como la boca de un lobo. Gracias a los que llevaban linterna no nos dimos de morros contra las piedras del suelo.  ¡Suerte que siempre hay alguien que va preparado para un imprevisto!

Otra vez en la senda Maeso. En lugar de bajar directamente al pueblo y tener que atravesarlo por el asfalto, Antonio tuvo la buena idea de llevarnos de nuevo, subiendo, bajando  y vuelta a subir  hasta desembocar en una mullida pradera donde los que teníamos prisa no pudimos parar a echar una siestecita al sol, ¡qué envidia!

Así que allí los dejamos a todos disfrutando de unas vistas impresionantes y, siguiendo las indicaciones de Antonio, bajamos de nuevo al Tranco pasando por “El Indio” con su pose de Gran Jefe.

Y cansados pero muy contentos, aunque echando de menos la cervecita que seguro se tomaron los demás,  llegamos finalmente al punto de partida-llegada.

Esta excursión, según la agencia Madi esa, merecería 5 sicarias de sobra, pero creo que, por solidaridad con Paco N. deberíamos dejarla en 4,5.
Rosa Pérez

PD: Tengo que agradecer la ayuda de mi “guionista” Melchor y la de José María, que con su precioso reportaje fotográfico me ha refrescado la memoria.


FOTOS