martes, 20 de junio de 2023

Excursión 708: Collado de Causiat. Candanchú

FICHA TÉCNICA
Inicio: Estación de esquí de Candanchú
Final: Estación de esquí de Candanchú
Tiempo: 1 hora
Distancia: 3,4 Km 
Desnivel [+]: 127 m 
Desnivel [--]: 127 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 3
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













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RESUMEN
Otra escapada a Pirineos, de nuevo de la mano de Juan, lo que nos aseguraba paisajes de ensueño y días de aventura.

No madrugamos mucho, para evitar así los atascos de Madrid, y tras parar a comer en el restaurante Monrepós, en Nueno, a unos 20 Km pasado Huesca, llegamos al Hotel Petit Spa Santa Cristina, edificio construido a finales del siglo XIX como Aduana del Cuerpo de Carabineros y reconvertido en hotel en 1991.

Tras dejar el equipaje, nos prepararnos para acometer la primera ruta, a modo de aperitivo de lo que nos esperaba por las cercanías de Canfranc Estación, nuestra "base de operaciones".

Con mucha incertidumbre por el tiempo, que amenazaba lluvia y con el cielo muy cubierto de nubes pardas, nos acercamos en los coches a la estación de esquí de Candanchú, donde comenzamos el paseo desde su zona de aparcamiento, dirigiéndonos hacia las taquillas, donde enseguida se ve el inicio de una pista de tierra, por la que seguimos.

Durante un buen trecho vamos dejando a nuestra derecha diferentes remontes mecánicos de la estación y enseguida llegamos al circuito de fondo (Pista Grande), coincidente con el muy famoso GR-11 que cruza de punta a punta los Pirineos, de Oeste a Este. Sale del cabo Higuer en el mar Cantábrico, y llega hasta el cabo de Creus en el mar Mediterráneo.

Pasamos junto a un puente y continuamos por el sendero que sale a nuestra derecha y que nos llevó hasta la imperceptible frontera con Francia. Un poco más adelante, en suelo francés, alcanzamos el collado de Causiat.

Desde aquí teníamos unas vistas impresionantes, destacando, por su singularidad La Zapatilla, una gigantesca mole blanca inclinada, que parece una zapatilla puesta del revés, y con una altitud de 2.225 metros. Junto a ella El Tobazo y la Tuca Blanca. Mirásemos para donde mirásemos, todo era un mar de montañas con puntiagudos picos sobresaliendo en el horizonte. Imposible darle nombre a todos.

Por aquí nace el río Candanchú, que recoge la escorrentía y varios manantiales del tubo de la Zapatilla, y de la escorrentía del collado donde nos encontramos.

Tras las fotos de rigor, nos dirigimos hacia la Ciudad de Piedra, unos cúmulos rocosos blanquecinos de origen kárstico originados por meteorización química de las caliza, dominantes en la zona, compuestas por minerales solubles en agua.

Resultaba sorprende contemplar la rocas sobresaliendo de las extensas praderas de un verde insultante para los que venimos de tierras ya secas. En algunas de ellas nos subimos para disfrutar de mejores panorámicas de las extraordinarias vistas del valle de Astún, con su pico de 2.283 metros de altura destacando en la lejanía.

Al llegar a la senda que rodea las pistas de esquí de la zona este, unos la siguieron para descender al aparcamiento mientras otros las rodeamos por detrás para alargar un poco más la caminata.

De vuelta al hotel, cenamos el equipo ya completo, al haber llegado las más rezagadas por motivos laborales. Y como a algunos nos supo a poco el paseo y no llovía, tras los postres nos fuimos caminando por la carretera, frontal y linternas en mano, hasta la estación de Canfranc.

Fue todo un espectáculo contemplar lo bien que ha quedado tras su reconversión en hotel de lujo a primeros de año, salvándola del progresivo deterioro sufrido tras dejar de prestar servicio con Francia, suspendido en 1970 cuando un tren de mercancías descarriló del lado francés provocando el derrumbe del puente de L'Estanguet, con la consiguiente interrupción del servicio entre ambos países.​ Desde entonces, el transporte de viajeros se hace por carretera.

Tras cinco años de obras, el 18 de julio de 1928 el nuevo edificio fue oficialmente inaugurado en presencia de Alfonso XIII y Gaston Doumergue, rey de España y presidente de la República Francesa respectivamente.

Las considerables dimensiones de la estación y del complejo ferroviario se justifican por albergar en el mismo espacio todas las necesidades de un paso internacional de la época.

Disponía de playas de vías de ancho internacional a un lado (1435 milímetros) electrificadas a 1500 V de c.c. y de ancho ibérico al otro (1668 milímetros), con locomotoras de vapor y la correspondiente placa giratoria y depósito de locomotoras.

Dado que el ancho de vía de ambos países era diferente, todas las mercancías tenían que ser trasbordadas de los trenes de un ancho a los del otro para continuar, al igual que ocurría con los viajeros.

Por el túnel internacional, de 7.875 metros de longitud, discurría la vía única de 1435 mm de ancho, y estaba electrificada, al igual que todo el recorrido hasta Pau.

El 15 de abril de 2021 se inauguró la nueva estación de viajeros, rehabilitando parcialmente dos antiguos hangares de mercancías, pero el paso a Francia sigue esperando, tras varios intentos de reapertura. 

En este estupendo documental se cuenta muy bien su historia y situación actual.

Tras realizar numerosas fotos de la estación y su entorno, volvimos ya tarde al hotel.

Nos esperaban, si la lluvia lo permitía, un par de rutas con las que saciar nuestras ansias pirenaicas, porque las de hoy nos habían sabido a poco., por lo que le otorgo 3 sicarias.
Paco Nieto

miércoles, 14 de junio de 2023

Excursión 707: El Espinar - Collado de las Lagunas

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Espinar. Segovia
Final: El Espinar. Segovia
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 12,7 Km 
Desnivel [+]: 591 m 
Desnivel [--]: 591 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 22

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RESUMEN
En esta ocasión nos desplazamos a El Espinar para subir al Collado de las Lagunas de mano de Carolina. Dejamos los coches al lado de la plaza de toros del pueblo y comenzamos a caminar con el fresco de un día que amenazaba lluvia.

Nada más empezar, y, sin ninguna concesión, empezamos a subir por un camino que nos llevaría al prado Quinto. No llovió en ningún momento (bueno, chispeó un poquito, pero casi ni nos enteramos), y la temperatura era excepcionalmente buena, con fresquito, sin calor.

Así, fuimos subiendo entre pinos, disfrutando de los rayos de sol que se colaban entre sus ramas. Pinos rojos, los altos que viven en estos montes. Y, subiendo, subiendo, llegamos al refugio de Peña la Casa, una construcción que nos recordaba a algunos senderomagos a la cabaña de Astérix, en aquel bosque celta.

Allí nos hicimos varias fotos, dentro y fuera y bebimos de una fuente con el emblema de los forestales, que se encuentra a la entrada del refugio. La verdad es que parecía un paisaje de cuento, con una gran piedra ortogonal casi suspendida en el aire, el musgo que cubría las rocas y la casa, un árbol cubriendo el techo, el agua… Así que nos sentamos un rato a disfrutar del entorno y a recuperar fuerzas. Y, justamente, delante de la cabaña, nos hicimos la foto de grupo.

Seguimos subiendo. El verdor del campo, los helechos altísimos, las flores contrastando con su color amarillo, todo estaba precioso, gracias a las lluvias de los días anteriores.

Y, a las 12, como debe ser, paramos para el Ángelus. Nos tomamos nuestro tentempié y hala, otra vez para arriba, esta vez por un sendero más estrecho, hasta la fuente del Esportón.

Y, al final, ¡la recompensa!. Llegamos a la Pradera de las Lagunas. Qué preciosidad, un prado enorme, con lagunillas de agua, vacas, terneritos, caballos, potrillos. Nuestras mascotas se bañaron (las de Carlos no, porque es un padrastrón y no las dejó). Y nosotros disfrutamos muchísimo del paisaje y hasta le perdonamos a Carolina la subida que nos había llevado hasta allí, porque merecía la pena.

Y, con desgana, tuvimos que alejarnos del paraíso y seguir nuestro camino. Paramos a comer en un par de troncos tirados que nos hicieron las veces de bancos en los que cabíamos todos. Aunque uno de nosotros, no diré quién, hizo que una rama se partiera al sentarse (¿?).

Y, cuando creíamos que no había más subidas, pues héte aquí que tenemos que subir al punto de la Cruz de Pedro Álamo, una piedra impresionante, con una inscripción y una cruz en lo alto, que parece que puso un vecino de El Espinar cuando se salvó de una situación complicada en la montaña. Hay que trepar entre rocas para llegar arriba, pero las vistas son impresionantes.

Y ahora sí, tocaba una bajada a lo GMSMA, como diría José María. Es decir, trochando sin sendero conocido. Hasta llegar al Camino del Ingeniero.

Y vuelta al pueblo, donde algunos se tomaron las merecidas cervecitas.

Por la enorme belleza del paisaje, yo concedo a esta excursión, que me ha encantado, 5 sicarias.
Raquel Clabo


miércoles, 7 de junio de 2023

Excursión 706: De Alameda del Valle a la Majada del Cojo por el arroyo Santa Ana

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alameda del Valle 
Final: Alameda del Valle
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 14 Km 
Desnivel [+]: 511 m 
Desnivel [--]: 511 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 11

MAPAS 
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RESUMEN
Al término de la excursión de la semana anterior, se me acercó Celia para decirme con cierto tonillo irónico “la próxima semana te va a tocar llevar la excursión”. Al poco rato el que se acercaba era Paco N. para comentarme también con cierta guasa “la semana que viene vas a tener que hacer de guía y además elegir ruta, ji,ji,ji”. O sea, que ya advertido estaba, cuando el viernes recibí el correo de Antonio preguntándome si iba a estar disponible para este miércoles. Si Antonio, voy a estar y voy a la excursión. ¡Adjudicada!.

Con respecto a elegir ruta, rápidamente se me vino a la cabeza, una excursión que llevaba ya unos meses dándole vueltas …. Y que todavía no había tenido la oportunidad de poder realizarla.

Hacía tiempo, y en varias ocasiones, cuando regresaba en coche de alguna excursión desde el valle de Lozoya, y subía por la serpenteante carretera hacia el puerto de Morcuera, me llamaba la atención la impresionante bajada que va realizando el arroyo de Santa Ana desde el puerto, por la izquierda prácticamente pegado a la carretera. En algunos tramos se encajona de manera notable.

Según subía y podía ir echando un vistazo de vez en cuando al barranco que forma, pensaba, algún sendero tiene que haber que baje por esta zona. Efectivamente, cuando pude echar un vistazo a wikiloc, comprobé que dos o tres audaces autores se habían atrevido a explorar esa zona.

La idea inicial que tenía pensada para este miércoles, era realizar una ruta circular partiendo desde Alameda del Valle, y recorriendo el tramo bajo del arroyo, con la ayuda de alguno de esos track, subir hasta la Majada del Cojo, regresando por el bonito trazado del PRM-12, a falta de más tiempo para poder inspeccionar in situ el recorrido completo del arroyo.

Como nunca había subido antes por este arroyo, y no me apetecía meter a mis colegas de pateadas por alguna zona complicada que nos pudiera retrasar en exceso, el lunes conseguí convencer a dos de ellos para ir a echar un vistazo.

Ese día amaneció muy nublado y con formaciones de tormenta ya desde media mañana. Para más inri resulta que la noche anterior creía haber grabado alguno de esos track en mi GPS, pero cual fue mi sorpresa cuando comprobé ya en Alameda que no fue así.

Esto pasa por dejar casi siempre estas cosas para última hora. Como ya no quedaba otra, tocaba tirar para adelante, fuimos improvisando sobre la marcha, y como además nos cayó una granizada tremenda, decidimos acortar la ruta que teníamos previsto realizar, y así se cocinó la excursión de hoy.

Este miércoles, estábamos citados a las 10:30h en Alameda del Valle, junto al puente que cruza el río Lozoya.

No sé si debido a que muchos no se fiaban de este guía, o quizás porque a otros les tiró para atrás la previsión del tiempo, con una lluvia ligera durante toda la jornada, o quizás, porque este miércoles coincidían de regreso del viaje de Croacia un grupo nutrido de senderomagos, y otros tantos ya estaban velando armas para partir al día siguiente hacia el mismo destino, etc., fuere cual fuere el motivo, el caso es que acudimos a la convocatoria de hoy solo 11 participantes. Dos de los cuales, José María y Margarita bajaban por su cuenta desde el Puerto de Morcuera, ahorrándose así el tramo de subida y nos esperarían en la Majada del Cojo.

Hay que especificar que la mayoría de esos 11 participantes habían llegado de viaje el día anterior, y aun así hicieron el esfuerzo de acompañar a un servidor en la ruta de hoy y como eso es de agradecer, desde aquí quiero darles las gracias a todos ellos (¡y al resto también, no se me vayan a enfadar! eh!).

Cuando ya estuvimos todos preparados, cruzamos el puente sobre el río Lozoya, que hoy venía con bastante agua después de las lluvias de los últimas dos semanas, para una vez pasado el helipuerto, tomar a la derecha el camino natural del valle de Lozoya. Camino que no abandonaríamos hasta la Ermita de Santa Ana. (Este camino comienza en la oficina de información de la población de El Cuadrón y llega hasta el puente del Perdón en el Paular a lo largo de 39 kms y 477 mts de desnivel.)

El día estaba encapotado, y caía una ligera llovizna. La humedad del entorno y una temperatura de unos 25º, hacia que a ratos dudáramos si era mejor llevar el chubasquero o la capa puesta o quitada, porque o nos empapábamos con el sudor o con la fina lluvia.

A ambos lados del camino, se deslizaban hacia el valle las nubes desde los cordales de los Altos del Hontanar y desde los montes carpetanos, impidiéndonos disfrutar de sus esplendidas vistas. Las praderas lucían un bonito color verde, aunque los pastos del ganado son todavía muy escasos.

En algo más de 2,5 kms alcanzamos el desvío a la Ermita de Santa Ana. A la izquierda de este cruce nos encontramos con una cruz de piedra, con unos versos de Vicente Alexandre en reconocimiento del pueblo de Alameda a los ganaderos y pastores que han trabajado en estos parajes.

En este punto abandonamos la pista, y nos encaminamos hacia la Ermita. Aquí dejo un enlace con información sobre este edificio en perfecto estado que data del siglo XVIII y cuya monumentalidad parece más propia de una iglesia que de una ermita.

Aprovechamos una breve parada frente a ésta para realizar algunas fotos, y quitarnos o ponernos ropa. Mas adelante hay un puente de madera sobre el arroyo Santa Ana, sobre el que posamos para realizar una foto con los 9 integrantes del grupo en este momento.

Continuamos ascendiendo siempre por la margen izquierda del arroyo, por pequeños senderos más o menos trazados que van atravesando las pequeñas praderas que van jalonando el arroyo en su curso bajo. Este nos va mostrando aquí y allá bonitas pozas que seguramente en la época estival contarán con bastante menos agua. Por el camino nos encontramos con alguna mata de gamón blanco en flor que no podemos resistirnos a inmortalizar con nuestros teléfonos.

Casi 2,5 kms desde la ermita, llegamos a la encrucijada entre los arroyos Santa Ana y el Arroyo de la Peña del Águila que se descuelga desde las Peñas de la Morcuera. Ya son las 12h y Jorge M. indica que ya es hora de reponer fuerzas.

Cerca del punto donde el sendero que traíamos hasta ahora cruza a la otra margen el arroyo de Santa Ana y debajo de unos arboles intentamos resguardarnos de la lluvia y damos cuentas de los bocatas y de las frutas que traemos.

Retomamos la marcha, sin cruzar al otro lado el arroyo de Santa Ana, ahora nos desviamos para acompañar desde este punto, en dirección sur, al arroyo de la Peña del Águila aguas arriba por su margen derecha.

A partir de este punto las sendas se tornan trochas, pero sin mayor dificultad para seguirlas que esquivar alguna que otra rama que se interpone en nuestro camino y sortear algún que otro tramo de ladera un poco inclinado.

Un poco más arriba, nos encontramos con un pequeño y coqueto salto de agua. Ya hemos subido casi 1,2 kms desde el ultimo desvío, y el arroyo de Peña el Águila empieza a encajonarse y se hace más complicado seguirlo.

Proseguimos nuestra andadura, pero como ya en los últimos metros que hemos superado, incluso las trochas de ganado han desaparecido y comienzan a aparecer bloques de piedra que con la lluvia están resbaladizos.

Desde aquí y para evitar esta parte rocosa, abandonamos el arroyo y viramos a nuestra izquierda, y campo a través, pero sobre buen piso vamos ascendiendo por la ladera en busca de los mejores pasos, al encuentro del ultimo tramo de pista que asciende desde la Ermita de Santa Ana hacia el refugio.

Alcanzada la pista, seguimos ya de forma suave ascendiendo por ella. En una de las curvas alcanzamos a ver emerger entre los arboles el refugio de El Palancar, situado en la carretera de ascenso al puerto de Morcuera. Mas abajo vemos también la Ermita de Santa Ana por la que hemos pasado ya hace bastante rato.

A la altura de una fuente/pilón, cogemos un atajo para salvar una de las curvas de la pista que prosigue su ascenso.

Cuando llegamos de nuevo al encuentro de esta, la atravesamos para proseguir por un pequeño sendero que a los pocos metros ya deja entrever la silueta del Refugio de la Majada del Cojo, al cual nos encaminamos con paso decidido a la busca de su abrigo.

Allí nos encontramos con José María y Margarita que ya llevaban un buen rato esperándonos al resguardo de la lluvia. Son las 13:30h y bajo su protección nos disponemos a realizar el almuerzo.

Antes de reanudar la marcha y aprovechando que ya estábamos todos, realizamos la foto de grupo junto a la puerta del refugio, aprovechando la tregua que nos había dado la lluvia.

Salimos de la Majada, y tomando la pista que hemos traído anteriormente, pero ahora en ligero descenso, vamos al encuentro del PRM-12., camino tradicional que une Alameda del Valle y Soto del Real, y paso natural antes de que se abrieran otros pasos de montaña por estos lares.

Este camino es espectacular, da igual en la estación del año en que nos encontremos, siempre tiene un encanto especial. En sus primeros metros va bajando entre robles, con algunas zonas donde las últimas lluvias han cubierto el suelo de un manto verde.

En cada curva que va trazando el camino, se pueden observar los muros de mampostería que se construyeron para sustentar el mismo. Un poco mas adelante nos paramos para admirar en la ladera izquierda del camino, al otro lado del arroyo de la Iruela un bonito bosque de robles que alberga en su parte central un pequeño tesoro. 

Tras preguntar a mis compañeros que es lo que les llama la atención de este robledal, les indico que se fijen bien en el centro de este. Concretamente en un abeto que ha crecido en solitario rodeado de robles. Se distingue por su tonalidad mas oscura y por tener una altura y un porte que le hace sobresalir del resto del arbolado.

Al final del otoño, cuando los robles han perdido sus hojas, solo queda él, aportando una nota de color sobre el paisaje gris de troncos y ramas.

Continuamos nuestro camino, y más adelante a la altura de El Cabezuelo, abandonamos momentáneamente el PR para pasar por dos abrevaderos de ganado.

Un poco más abajo retomamos el sendero y nos dirigimos hacia la zona de Los Tercios.

Desde este punto ya solo nos quedan unos pocos metros para alcanzar de nuevo el helipuerto por el que nos desviamos esta mañana, y por último el puente sobre el rio Lozoya.

Pasado el río, a nuestra izquierda en medio de una era, podemos apreciar un edificio con un toque modernista. Se trata del centro de interpretación de la vida tradicional del valle. Rodeando el exterior de sus muros hay paneles explicativos que relatan las actividades tradicionales que realizaban en su día a día de los habitantes que poblaban el valle, no hace tantos años.

Una vez que llegamos a los coches, algunos aprovechamos para dejar nuestros macutos en los vehículos y cambiarnos de calzado y ponernos ropa seca, y sin necesidad de mover éstos, nos fuimos a ver si alguno de los bares que tiene el pueblo estaba abierto para tomarnos unas cervezas, bien ganadas hoy.

El primer bar que encontramos en la plaza estaba abierto, pero parece ser que la señora que lo regentaba no estaba por la labor de que le ensuciáramos el suelo recién fregado, por lo que decidimos no incordiarla más y seguimos nuestra búsqueda. Nos acercamos hasta el bar-restaurante El Colorao que hoy encontramos abierto gracias a que un nutrido grupo de militares estaban terminado de comer en el comedor.

Me queda en el debe de esta excursión, continuar la subida por el arroyo de Santa Ana, aguas arriba para ver que nos depara su trazado y estudiar si es factible realizar una excursión lineal desde Morcuera hasta Alameda, sin mayores complicaciones, pero esto ya será otra aventura.

Por la compañía y por los paisajes que hemos podido disfrutar hoy, otorgo a esta marcha una puntuación de 4,5.
Carlos Revilla