miércoles, 8 de abril de 2015

Excursión 227: El Tajo por Toledo

FICHA TÉCNICA
Inicio: Toledo
Final: Toledo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,3 km
Desnivel [+]: 273 m
Desnivel [--]: 273 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 36

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta





















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Nos encontramos, no por casualidad, en el aparcamiento de Safont, junto a la estación de autobuses de la bella ciudad de Toledo. Besos, abrazos y saludos de rigor. Cercano al aparcamiento se encuentra el pantano y el molino de Safont.

Como de costumbre y sin mucho preámbulo, el boss comienza a caminar, dirigiéndose al margen derecho del río Tajo, hacia el puente de Alcántara, de origen romano y uno de los más emblemáticos de la ciudad.

Accedemos por
la llamada Puerta de Alcántara, cruzamos el puente para alcanzar la margen izquierda del río. Empezamos a descubrir la ciudad, desde el mirador junto al río, disfrutamos de una bonita estampa, el puente, la puerta y el Alcazar.

Bajo el puente y por el sendero que transcurre junto al río, divisamos alguno de los antiguos molinos ribereños. Unos maltrechos y otros restaurados.

Dejamos el sendero, pisamos un poco de asfalto (ruta de Don Quijote) y campo a través por un pequeño barranco, nos topamos con un arroyo y su leyenda, la de la Degollada. Y como no podía ser de otra manera, nuestro narrador oficial del GMSMA, Antonio V, en el mismísimo arroyo y junto al puente del mismo nombre, nos deleitó con esta mágica y antigua leyenda.

Ni que decir tiene que todos estábamos ensimismados con la historia, a pesar de su final. “bla,bla,bla…. y salieron al encuentro de Rodrigo y Zahira dos jinetes sarracenos y al llegar al arroyo la degollaron”.

Una lástima que el propio narrador nos confesara que ni él mismo se creía la historia. No importa, soy un soñador, me creo la leyenda tal y como se cuenta.

Dejamos el arroyo y vuelta al Tajo (me refiero al río), nos espera en su parcela y junto al embarcadero del transbordador que cruza el río, un caballero de hojalata, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Saludo y foto de rigor al caballero mientras contemplamos las bonitas vistas de Toledo que desde aquí se tienen.

Siguiendo la marcha, llegamos a un molino ya desmantelado, los de por aquí no son de viento, estos son  hidráulicos. Algunos de ellos convertidos en centrales eléctricas a principio de los años 90.

Cambiamos de tercio y volvemos a las alturas, nuestro próximo objetivo era la peña de Rey Moro, a la que había que ascender siguiendo una senda zigzagueante.

De camino  a la peña, pasamos junto al cerro del Bu, donde actualmente se realizan trabajos arqueológicos. Visita rápida a  la Ermita de Nuestra Señora del Valle, donde muchos intentaron conseguir dar los tres toques de campanas que manda la tradición.

Llegamos con viento fresco, a la famosa peña, que se encuentra por encima de la ermita, desde aquí, la vista de la ciudad es un lienzo impresionante. La Catedral, el Alcázar, la Academia de Infantería, el Castillo de San Servando, las torres de las iglesias, los tejados, etc,etc. Ahora entendemos el por qué el Greco inmortalizó esté mosaico allá por el siglo XVI.

Aquí un descansito y aperitivo montañero como de costumbre. Por cierto José Luis, que sea la última vez que te dejas la bota de vino en casa, sin bota, no vienes más. No sé si me explico.

Se acabó el descanso, que nos quedamos fríos, rumbo al Parador. Mini estancia, una ojeada a las magníficas vistas de la ciudad desde la amplísima terraza, mientras que algún que otro senderomago se castigó con unas refrescantes cervecitas.

Ahora sí, ya toca ir pensando en conquistar la ciudad e ir bajando de las alturas. Vuelta al río hacia el puente de San Martín, no sin antes tener que ir barranco abajo y barranco arriba, y aunque para este grupo andarín, esto parecería un camino de rosas, coser y cantar, pues menudo chasco, porque al parecer los moradores de la ciudad, querían vender caro el asalto y nos tenían preparada una sorpresita, que por momentos dejó algo mermada nuestra moral.

Nos vimos sorprendidos por cientos de espinas  que astutamente estaban amontonadas en el suelo y que parecía que tenían vida propia. Taladraban toda clase de calzado, deportivas, botas, suela de goma, cuero. Imposible deshacerse de ellas sobre la marcha y menos sin ayuda.

Espinas como anzuelos, penetraban como en manteca y se suicidaban dentro.

Dicen las malas lenguas, que quien más se empleó en la ayuda, fue nuestro Joaquín, que con gran destreza quitó una a una las espinas clavadas en el calzado de Rosa C, todo un caballero.

Si nos hubiesen acompañado nuestras queridas mascotas, aún estaríamos paseándolas a hombros y en procesión, menos mal que no fue así.

Al finalizar la cuesta y dejar atrás el campo de batalla, sentaditos en un muro, nos entretuvimos quitándonos las espinitas, cada cual como pudo, algunos hasta tuvieron que emplear alicates para arrancar estas espinas de las chumberas.

De los tallos salen los artejos o palas y en estas palas están las dichosas espinas. Se podían haber esperado para podar. Sin duda, fue la anécdota de la jornada. A los documentos gráficos me remito.

Recuperados del ataque y pensando más en la comida que en cualquier otra cosa, reanudamos la marcha, rumbo a la ciudad por el oeste, puente de San Martín.

Obligada foto de grupo en dicho puente. Esta vez el fotógrafo no fue José María, nos retrató un joven turista argentino de la provincia de Santa Fe ciudad de Rosario.

Una de las leyendas que nos envío Paco Nieto se refería a este puente. Al cruzarlo, a la izquierda hay una placa cerámica en alusión a La mujer del Alarife “El valor de una mujer salvó el honor del alarife incendiando el puente de San Martín”.

En el lateral del puente, en el arco central, hay una talla, dice la leyenda que en honor a la mujer, otra leyenda más de las muchas que hay en la ciudad.

Seguimos caminando y  alguno de nosotros reparó en unos pequeños azulejos incrustados en el suelo y con motivos claramente referidos a los antiguos moradores del barrio de la  judería.

Jesús S. me ha pasado información al respecto. Al parecer los alumnos de albañilería de la Escuela Taller, elaboraron las placas o azulejos con tres logotipos distintos, uno con el símbolo de la Red de Juderías de España, que recuerda un mapa de la Península Ibérica, otro con la palabra *vida* escrita en hebreo y una tercera con el símbolo de un candelabro, muy destacado en la cultura sefardí.

De camino, pasamos por el convento de San Pedro Mártir, de nuevo otra placa haciendo alusión a otra de las leyendas enviada por Paco, la leyenda de “El Beso”. Ésta mucho más reciente, de la época de la toma de la ciudad por los franceses (1808-1812).

Parada y gran vista panorámica de la ciudad, desde las torres de la iglesia de San Ildefonso (Los Jesuitas), incomparable mirador de la ciudad, previo pago de 2,50 euritos, alguno de nosotros preferimos tomamos una cañita y ver la panorámica después en los distintos reportajes que harían.

Caminando y caminando, por fin llegamos junto al ayuntamiento y catedral, donde, de nuevo Antonio V. nos cuenta una historia, esta vez verdadera y de su familia, referida a su abuelo, que fue seminarista en Toledo y estuvo presente e incluso cruzó una mirada con Hirohito emperador de Japón, cuando éste entraba por la puerta de la catedral, o al menos eso nos había contado en otras ocasiones, aunque al parecer, el emperador jamás estuvo en Toledo. En fin otro mito roto.

Continuamos por la calle Cardenal Cisneros ¡que estrechita!, hasta darnos de bruces con el restaurante Los Cuatro Tiempos. Qué bien, y a comer! Gran mesa corrida en salón privado, cervecita y a dar buena cuenta del menú. Cada grupito con sus chascarrillos, risitas, chistecitos, vamos lo habitual en estos casos y con buen rollito, menos Antolín y Antonio, que estuvieron un ratito con cara de niños cabreados porque el camarero no les servía el segundo plato, ni caliente ni frío, ¿qué le habrían hecho al pobrecillo?.

Llegó el gran momento, el de las estrellas y, como de costumbre, Antonio organizó el cotarro, en esta ocasión con Rosa C. como ayudante, pero con la cosa de la crisis, nos hemos quedado sin material, así es que, una vez que uno tiene el honor de cambiar de color, ya está devolviendo la estrella que tenía en depósito, para que otro compañero pueda disfrutarla, je, je, y eso que la economía va mejor.

A Javier M como primer estrellado, Rosa le hizo la pregunta del millón ¿dónde quieres que te la ponga? sin comentarios, risas, aspavientos, que alborozo, el respetable se viene arriba y la estocada acaba en el glúteo derecho del condecorado. Estrella negra.

Para José Luis F no hubo  pregunta, él solito se descubrió, mostró su ombligo, y fue condecorado en el pecho como Dios manda. Estrella negra.

Julián S fue condecorado como es debido, con la seriedad que requiere el acto. Estrella verde.

Vicente A, ni pregunta ni le preguntan dónde quiere ser condecorado porque su esposa estaba muy cerca y atenta. Estrella verde.

Para Tomy, tampoco hubo pregunta, y fue condecorada por Antonio, con mucho cuidado de dónde ponía las manos, digo la estrella, su esposo, con cara de guardia civil no le quitaba ojo. Estrella blanca tras seis largos años para conseguirla.

Pepe M, valiente y torero, afrontó la faena a pecho descubierto. Rosa se contuvo y le condecoró sin la efusividad que todos esperábamos. Estrella blanca.

Ricardo T, el último estrellado fue el más osado y, abusando de la dudosa confianza que le daba ser paisano de Rosa, le pidió ser condecorado en ciertas zonas delicadas, con el consiguiente estupor de Rosa y el griterío del personal, aunque finalmente fue su tripa la galardonada. Estrella blanca.

Por un error, nuestro querido Marcelo también debió ser condecorado como caballero estrella azul, y ha jurado venganza si no lo es en el próximo acto.

Y con este apoteósico fin de fiesta, continuamos la ruta para abandonar la ciudad de Toledo por la calle Carretas, puerta del Sol y puerta de la Bisagra, hasta llegar de nuevo al aparcamiento donde dejamos los coches.

Por lo compartido, comido y aprendido en esta excursión, le concedemos a la misma cuatro toledanas sicarias.
Paco Rodríguez

miércoles, 25 de marzo de 2015

Excursión 226: Azud del Tenebroso

FICHA TÉCNICA
Inicio: Serrada de la Fuente
Final: Serrada de la Fuente
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13 km
Desnivel [+]: 475 m
Desnivel [--]: 485 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 28

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta















TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
¡Esperaba yo que no me tocara tan pronto hacer de cronista!, y menos hoy que no había venido el cronista oficial, reconvertido a nominador de reporteros improvisados, pero para eso estaba el jefe, que se acordó de mí. Intenté chantajearle, pero  no tuve éxito, así es que aquí estoy con el folio en blanco intentando salir del paso.

Y es que ya había signos de que se mascaba algo desde el momento que leí el nombre de la excursión: “Azud del Tenebroso”, seguido de un cielo igualmente tenebroso al llegar a Serrada de la Fuente, donde acudimos 28 senderomagos a los que no nos asustó el sugerente título.

Salimos del pueblo por una calle que pronto se convirtió en pista, y enseguida  en un barrizal. Esto aún se puede poner peor, pensé, agraciada ya con la noticia de mi nombramiento, y efectivamente, al poco comenzó a nevar, y cada vez había más barro, inundándome una sensación de desesperación que sólo aliviaron las reconfortantes vistas de los recodos del río Lozoya, en el embalse del Villar.

Para paliar el tener que seguir enfrentándonos a tanto lodazal, el jefe tomó la sabia decisión de atrochar campo a través, lo que, al contrario de lo habitual, fue muy bien acogido, a pesar de que el peaje fue tener que cruzar un par de arroyos y sus correspondientes vallas.

Fue al cruzar el
arroyo de las Quebradas y remontar una loma, cuando tuvimos las primeras vistas de la presa de Puentes Viejas y de su impactante aliviadero soltando agua. Al poco, llegamos al esperado Azud del Tenebroso, que toma su nombre del cerro cercano. El azud fue construido para desviar las aguas turbias que se producían aguas arriba del embalse del Villar, y conseguir que ésta se autodepurase.

En su tenebrosa presa de 26 metros de altura y 68 de longitud nos hicimos  las mejores fotos que este bonito lugar ofrecía, mientras que reponíamos fuerzas y,
 a la vez, tomábamos el aperitivo.

Iniciada de nuevo la marcha, por arte de magia (por eso debemos ser senderomagos),  pasamos a estar en las Cataratas de Iguazú.

Disfrutando de unas vistas asombrosas, en las que el estruendo del agua del aliviadero de Puentes Viejas acaparaba toda nuestra atención, y allí estuvimos un buen rato, contemplando y recreando la vista, haciendo todas las fotos posibles, desde los distintos ángulos. Hasta había dejado de nevar,  y salió un poco el sol.

Después,  nos tocó cruzar el arroyo Malillo, que haciendo honor a su nombre, no nos lo puso fácil por su abundante caudal, y a falta de la pértiga de José Luis R., hubo que aprovechar un árbol caído sobre su cauce para poder salvarlo. Estuvo muy divertido, con los fotógrafos atentos por si alguno se bañaba, pero el árbol aguantó y pasamos todos sin mayores sorpresas.

Continuamos hasta llegar al lateral de la cascada, más imponente de cerca, y que nada tenía que envidiar a Iguazú, comprobando cómo el agua salía con una fuerza inusitada al llegar a la barandilla de la presa de Puentes Viejas.

A pesar del hipnotismo de la escena, había que continuar la caminata. 

El camino de regreso a Serrada de la Fuente pasaba por Paredes de Buitrago,  donde se quedaron los hermanos Anaya, porque Vicente se lesionó su tocado tendón de Aquiles,  y optó por no seguir andando.

A la salida del pueblo, nada más cruzar de nuevo el arroyo Malillo, ahora por unas oportunas grandes piedras, paramos a comer, y lo hicimos rápido,  ya que empezó otra vez la ventisca de pequeñas bolas de granizo, que se parecían a las del poliespan al desmenuzarlo.

Remontando la loma del cerro de la Cabeza, dejó de granizar y hasta salió el sol, un poco antes de llegar a la estación de tratamiento de la Corta, donde un elevado vértice geodésico puso a prueba a los más cabras del grupo, entre los que me incluyo.

Tras sortear una nueva valla, sobrellevar otra ventisca y darnos un susto unos carneros de gran tamaño a la entrada a Serrada de la Fuente, nos reunimos en el único bar del pueblo para celebrar el cumpleaños de Nico y las nuevas estrellas negras de José Luis F. y Javier M.

A pesar de lo mal que empezó esta excursión, el viaje gratis a Iguazú bien merece 4 sicarias.
María Ángeles Peña

miércoles, 18 de marzo de 2015

Excursión 225: El Risco del Águila de Valdemaqueda

FICHA TÉCNICA
Inicio: Valdemaqueda
Final: Valdemaqueda
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 14,5 km
Desnivel [+]: 507 m
Desnivel [--]: 507 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 21

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN

Esta ruta se concibió al finalizar la famosa excursión número 204 Valdemaqueda - Puente Mocha - Río Cofio, conocida con el sobrenombre de "la de la valla" y el padre de la criatura es José María, que no pudo asistir al parto por encontrarse ausente disfrutando de su otra pasión, el esquí.

La participación fue bastante inferior a lo que se acostumbra en los últimos tiempos, lo que indica que demuestra que existe una relación proporcional y directa entre el número de senderistas y la predicción meteorológica para el día de la marcha; concretamente la asistencia fue de 21 senderomagos.


A esto, añadir la escasa presencia de "atléticos"; por determinar si debido a una noche de celebración por la victoria ante el Bayern Leverkusen, seguida de la consiguiente resaca, o a la amigdalitis provocada por la subida de los genitales a la altura de la garganta, por supuesto esto último solo de aplicación al género masculino.

Dicen que los animales barruntan los desastres naturales, como los terremotos, los tsunamis, etc, pero puedo asegurar que el ser humano tiene idéntico comportamiento ante otro tipo de situaciones. Me explico. En el coche comenté con los que me acompañaban que a última hora casi aborto mi participación en la marcha; mi mente creía que era por lo desapacible del día, pero el verdadero motivo se desveló nada más iniciar la marcha, al ser nombrado "cronista por un día" por Melchor.

La comunicación de tal honor va seguida de un cursillo intensivo sobre las técnicas necesarias para su elaboración, lo que facilita las cosas y evita los correspondientes exabruptos hacia el "cronista titular"; todo está estudiado y ante tales muestras de empatía por su parte se pasa, en décimas de segundo, del "me acuerdo de toda la familia de Melchor" al "pero cómo no se le va a querer". Lo dicho, todo está estudiado.

Mi primera intención, después de ser testigo de ciertas intimidades, fue darle cierto tinte rosa a la crónica, pero al ser víctima de chantaje y extorsión por parte de la "doble A", he preferido la opción más tradicional y llevarme el secreto a la tumba. Por cierto, "doble A", ese tipo de prácticas no son licitas.....y lo sabéis. 

Venga, vamos "al turrón" que se hace tarde y aún no hemos empezado a andar.

Con un día fiel a las predicciones meteorológicas, es decir, lluvioso “hasta decir basta” salía la “serpiente multicolor” del GMSMA de Valdemaqueda por su calle principal (Calle de San Guillermo), que dentro de la localidad coincide con la carretera M-537; escasos metros más allá dejamos de transitar por el asfalto para adentrarnos en las estribaciones más occidentales de la sierra de Guadarrama y las primeras al este de Gredos. 

Los riscos que hoy son nuestro primer objetivo (Riscos de Valdecatones, del Águila, del Chaparral, Valdeparaíso y Gelechal), al sur de Valdemaqueda, fueron a finales de agosto de 2012 miraderos privilegiados desde donde se vieron saltar las llamas sobre la cresta del Santa Catalina. El incendio que devastó más de 2.000 hectáreas de bosques y montes, cuya ausencia, tanto tiempo después, la siguen señalando las zonas desnudas y renegridas de gran parte de este monte que se alza justo encima de Valdemaqueda. 

Siguiendo el camino, siempre rumbo al sur, bordeamos el Cerro de la Cruz Colorada (948 m) y a continuación hicimos lo mismo con el Cerro de Valdecantones (1.061 m). Después de “evitar” los cerros anteriormente mencionados tocaba acometer la ascensión al Risco del Águila (1.047 m), que da nombre a la excursión, para lo cual giramos a la derecha para abandonar la senda que transitábamos. 

Finalmente alcanzamos la cima, punto emblemático de estos lares, declarada zona de especial interés para las aves, ZEPA.
Estas zonas son catalogadas por los estados miembros de la Unión Europea, como zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción, y por tanto han de ser protegidas con las diferentes gestiones para que se proteja su hábitat, por lo que es obligatorio conservar las condiciones medio ambientales requeridas por estas aves. 



En Madrid existen un total de siete zonas ZEPA distintas, ocupando una superficie total terrestre de 185.331 hectáreas. La que hoy visitamos, la ZEPA 56, de los Encinares del río Alberche y río Cofio, fue declarada como tal en el año 1989, y es la más extensa de la Comunidad de Madrid, ocupando el 45% de la superficie total de las zonas declaradas como ZEPA en toda la Comunidad.

Tan al pie de la letra se han tomado las aves eso de la protección que no se dejaron ver en nuestra estancia en el Risco del Águila.

Lo que si divisábamos era el Risco del Chaparral al que dirigimos nuestros pasos después de recrear nuestra vista con el valle formado por el arroyo de La Hoz.

Iniciamos el descenso, fuera de caminos “oficiales”, que nos llevó tras un pequeño repecho a las proximidades del Risco del Chaparral (1.029 m) y de ahí a buscar la coronación del siguiente hito de la cuerda: El Risco de Valparaiso (984 m), considerado por el grupo lugar idóneo para la breve pausa correspondiente al desayuno.

En esta ocasión las viandas fueron regadas con un vino francés, gentileza de Santiago, que a buen seguro pronto formará parte de las guías de vinos más prestigiosas: Peñin y Robert Parker. Las notas de cata puestas de manifiesto por aquellos que lo probaron hablan de “vino difícil en los aspectos gustativos, con mucho cuerpo y sobre todo mucho bouquet”.

Repuestas las fuerzas y el espíritu, retomamos el camino, siempre en dirección sur, por una loma que nos permitió contemplar las vistas de dos valles: a la derecha, el mencionado del arroyo de la Hoz y a nuestra izquierda, el que forma el río Cofio. La lluvia, que cayó de forma intermitente a lo largo de toda la jornada, hizo acto de presencia y nos acompañó mientras comenzamos el descenso por la loma del cerro Castillejos, para llevarnos a los pies del Risco del Gelechal (936 m), que bordeamos dejándolo a la derecha. 

La siguiente tirada consistió en recorrer la pista, también en descenso aunque de pendiente más pronunciada, que nos condujo al valle del Rio Cofio. El río discurría con bastante ímpetu, consecuencia de las últimas lluvias y el deshielo, y se une al grupo, como un senderomago más, en este caso hostil porque según las indicaciones del boss era preciso cruzar el río para poder seguir nuestro camino.

Confiando en las habilidades de José Luis R con la pértiga para alcanzar ese objetivo, continuamos nuestra marcha paralelos al río hasta encontrarnos con el puente Mocha, que desveló que todo se trataba de una broma del jefe. ¡Cuanta ingenuidad cabe en las inocentes mentes de los senderomagos!

El Puente Mocha, a pesar de una excesiva restauración, aún conserva sus hermosos modos y tiende sus cinco ojos tres kilómetros al sur de Valdemaqueda.

Junto al puente, el área recreativa, cuyas mesas y bancos hubiesen dado un buen soporte para nuestra comida, pero continuaba lloviendo y todos buscamos cobijo en uno de sus ojos; bueno, todos menos dos que prefirieron utilizar el ojo contiguo…ellos sabrán por qué!!! Y no digo más ná!!

Tras la comida, y una vez realizada la consabida foto de grupo, nos dispusimos a cubrir la última etapa de la jornada, el ascenso al Cerro de San Pedro (1.021 m), “cerro hermano” del emblemático para el GMSMA situado en Colmenar Viejo. 

Siguiendo el curso de una amplia senda que discurre, como todo nuestro camino de hoy, entre una tupida masa forestal que cubre esta pequeña serrezuela en toda su superficie y esporádicos roquedos que salpican el horizonte con su dentellada de granito, llegamos a la bifurcación con un “camino ancho”, término utilizado al estar prohibido dentro del vocabulario del GMSMA el de cortafuegos. 

En ese punto giramos a la izquierda, rumbo norte, y comenzamos la subida al “cerro hermano”, pasando, como paso previo y antesala de su coronación, por el Cerro Boquerón (908 m). 

En las proximidades de la cima fuimos recibidos, como en los documentales de Félix Rodríguez de la Fuente, por toda la fauna de la zona, que hasta el momento había permanecido “protegida” de la lluvia: decenas de aves rapaces, fueran éstas buitres, águilas o vaya usted a saber, cientos de cabras y los mastines que cuidaban de éstas. 

San Pedro
había obrado el milagro una vez pusimos nuestros pies en “su cerro”, haciendo que cesara la lluvia y pudiéramos recrearnos más gratamente con las vistas del lugar, lo cual entendimos como una buena señal y nos consideramos “bendecidos” para el resto del camino.

Sólo restaba bajar a Valdemaqueda, algo que hicimos levitando, no sé si por la paz interior fruto del milagro del santo, o porque las fuerzas siempre flaquean al final de la jornada. Una vez en el pueblo, y siguiendo la tradición, dimos buena cuenta de las correspondientes cervezas en el único bar que vimos abierto. Joder, como me suena esto último a J. Sabina!!!

De vuelta a casa, y después de un día idílico, pues no en vano estuvimos entre “Ángeles” y “Rosas”, a algunos nos tocó darnos de bruces con la cruda realidad; la de una administración en forma de radar móvil, que con claro afán recaudatorio, acecha en nuestras carreteras y la de la intransigencia más radical en forma de Kalashnikov, que atenta de forma indiscriminada contra las libertades en Túnez, en fin...siempre nos quedarán los miércoles.

Por todo ello, esta excursión es calificada con 4 sicarias, ni una más ni una menos.
José Luis Benavente