lunes, 18 de mayo de 2026

Excursión 921: Paseo entre Galizano y Carriazo. Cantabria

FICHA TÉCNICA
Inicio: Galizano 
Final: Galizano
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 6,7 Km 
Desnivel [+]: 72 m 
Desnivel [--]: 72 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable:
Valoración: 4
Participantes: 40

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

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RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Este lunes comienza una semana que, un número importante de miembros de este grupo de senderismo, tenían anotada en su agenda desde hace meses.

El 2 de abril, Rosa y Melchor inauguraban el chat “viaje a Cantabria 2026……”. “Hola a todos¡ Ahí va el plan para nuestras jornadas en Cantabria del 18 al 23 de mayo, con la confianza de disfrutarlas a tope.” Y a fe que así ha sido.

Aquí, en Cantabria, llevábamos soportando, con ese estoicismo que da el saber y asumir que “Cantabria es así”, más de 3 semanas de lluvias ininterrumpidas, día tras día, “ los prados no aguantan más agua”, decía José, ganadero de La Cavada

Cercana ya la fecha de inicio de estas jornadas, no éramos pocos los que teníamos nuestras reservas sobre si el tiempo iba a ser generoso con los senderistas.

Pero Melchor, organizador de estas jornadas, no ha dejado nada al azar, tampoco la meteorología, y este martes se inaugura una semana de cielos despejados, aires limpios, temperaturas en ascenso que anticipan posibilidades de bien andar e incluso darse un chapuzón en las cada vez menos frías aguas del Cantábrico.

A las 18:30, tal como nos había convocado el organizador, casi medio centenar de senderistas desembarcan en la Iglesia de Galizano, punto de encuentro por él fijado.

Galizano
, encantador rincón de Cantabria, es una localidad del municipio de Ribamontán al Mar. Con cerca del millar de habitantes, que disfrutan, ante todo de tranquilidad, y por demás de un espectacular paisaje. En sus alturas, atesoran miradores con impresionantes panorámicas tanto de sus verdes prados como de playas y de esa línea de horizonte del Mar Cantábrico. Su cercanía al mar, con 20 metros de desnivel sobre el mismo, le permite acceder a varias playas, la espectacular Langre y la doméstica Playa de Galizano, que abraza la desembocadura del río Herrera.

En los acantilados de Galizano, como los de Quintres y San Pantaleón, se encuentran abrigos naturales, como la cueva de Cucabrera, refugio de ganado que tradicionalmente utilizaban los pastores de la zona, pero que hoy no puede visitarse por razones de seguridad.

Galizano tiene historia; antes de irse allí Melchor y Rosa, ya era lugar que atraía moradores foráneos. “Galitius” era un general romano del ejercito del famoso general Agripa, en tiempos de Augusto. Este Galitius, que da nombre a la localidad, contaba con un “fundus”, lo que venía a ser su casa de campo frente al mar. Y por aquí pasaba la Vía Agripa, para llegar bien a la finca.

En la Edad Media, Galizano ya aparece documentada en el “Becerro de las Behetrias”, especie de censo patrimonial que, en 1.342, ordena elaborar Pedro I, rey de Castilla, por aquello de dejar claro qué era de quién, y especialmente qué pueblos y territorios eran suyos, para que no se escaparan los diezmos, ya se sabe…

Ganadería, con una importante cabaña de Frisonas, agricultura y marisqueo, son las principales actividades de sus gentes “ galizaneros”, aunque coloquialmente se les conoce como “paseantes”.

En cuanto al patrimonio, Galizano contaba hasta con 5 ermitas, eran muy suyos, cada barrio tenía su parroquia. Actualmente solo queda oficiando misas la Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, patrona de la localidad, de estilo gótico ya tardío, con su robusta torre campanario, siglo XVII. 

Además, hay que destacar las venerables ruinas de la ermita de San Pantaleón, ubicada en el alto del Castillo, del siglo XVI-XVII, cuyos devotos feligreses, que los tiene, celebran una tradicional romería, el 27 de julio, con comida campestre, concurso de tortillas, juegos, demostración de baile tradicional y verbena; no es extraño que suban allí, las vistas desde San Pantaleón son impresionantes.

Y además de Galizano, su historia, su patrimonio arquitectónico y paisajístico, habría que hablar de la ruta, pero lo cierto es que, como dijo el propio Melchor, es un paseo “para desentumecerse”, un par de horas de suave recorrido, circular entre Galizano y Carriazo, capital del municipio, con su ermita de San Antonio, Siglo XVI-XVII, de bonita fachada barroca.

Carriazo tiene aires de barrio residencial y de alto “standing”, con exclusivos vecinos como los Sautuola y los propios Botín, que cuentan allí con su residencia veraniega.

Dicha residencia es colindante con la citada iglesia de San Antonio, con la iglesia y sus campanas, cuyo sonido es apreciado por los vecinos de Carrizo, pero pareciera que no tanto por la familia Botín, y sus muy próximos aposentos.

El caso es que, allá por el 2006 el párroco de Carriazo decidió automatizar el tañido de campanas, y puntualmente, a las 7:00 horas a.m. las campanas y su badajo comenzaban su sonata, repicando hasta 33 veces seguidas (sería por la edad de Cristo, digo yo).

Entendible es pensar que esto no gustó mucho a la vecina más próxima al templo, doña Patricia, quien interpuso una denuncia por considerar vulnerado su sueño y reparador descanso; es entendible, aunque parece que párroco y vecinos no estaban tan de acuerdo, y el país, prensa por medio, se enzarzó en el sempiterno debate entre la inalterabilidad de tradiciones rurales, religiosas y el derecho al descanso vecinal; no sé cómo acabó la cosa, pero creo que perdieron las campanas. Aquí más información.

Y volvemos a la ruta... Por poco tiempo, pues tras ameno y tranquilo paseo de 6 a 7 km. por la campiña de Galizano, sus verdes pastizales, praderías atlánticas y bosques autóctonos con castaños y robles, y de ribera, con sus alisos, avellanos y fresnos que festoneaban el camino, y por supuesto su siempre admirable arquitectura tradicional cántabra.

Ya anocheciendo, llegamos al restaurante “Donde Peli”, destino último de nuestra andada, donde se degustó una muy agradable cena, tanto por la compañía, como por el buen yantar y buen beber, que se puso a nuestra disposición, excesiva, he de decir, para tan poco dispendio energético que la andada había tenido, lo que provocó, por ello y porque era cena, que los torreznos, colofón del menú, quedaran, con todo el dolor de mi corazón, aunque no de mi estómago, casi sin probar.

Y como diría Melchor, tras el postre, cada mochuelo se fue a su olivo…Le otorgo un 4 a la ruta.
Isaac Sánchez

FOTOS

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