sábado, 2 de mayo de 2026

Excursión 913: Monasterio de la Santa Trinidad. Grecia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Kalambaka
Final: Kalambaka
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 6,6 Km 
Desnivel [+]: 346 m 
Desnivel [--]: 346 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 19

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

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RESUMEN
El viaje a Grecia ha sido una sorpresa tras otra porque el paisaje no dejaba de sorprendernos. Este país es muy montañoso y nos quedó más claro después de encontrarnos con la nieve en la excursión matutina, en la zona del Monte Olimpo. Al acabar, nos desplazamos en el autobús, como siempre bien dirigido por nuestro conductor Dimitri, que era un encanto.

Según nos comentó la guía, Bea, él no había estado por esta zona del Olimpo y era una novedad.

A nosotros, desde el autobús, la novedad era ver una parte de la carretera que estaba muy dañada por las lluvias y parecía que se iba a abrir bajo el peso del autobús. Y por lo menos pasó seis veces por esa calzada. Cuando nos fuimos al final de la mañana, respiramos aliviados.

En el camino hacia Kalambaka, vimos todas las montañas con las cumbres nevadas, desde luego era espectacular. Según nos dijeron, hacía muchísimos años que no nevaba en mayo. La cordillera de los Montes Pindo aparecía ante nosotros y no dejábamos de fotografiarla.

Estas montañas están situadas en la zona de el Épiro de Grecia y en el sureste de Albania y sureste de Macedonia del Norte, países limítrofes (en Grecia hay una región llamada Macedonia y para diferenciarse se llamó al país Macedonia del Norte, ya que nadie quería renunciar al nombre). Y en la antigüedad, estos montes eran la frontera entre el Épiro y Tesalia.

Es un Parque Nacional creado en 1966, que visitaríamos en los siguientes días.

Y ya según nos acercábamos al destino, empezaron a aparecer las rocas monumentales que nos dejaron impresionados. Son imponentes y únicas en el mundo. Y en lo más alto, se distinguía algún monasterio que realmente parecían suspendidos en el aire.

Al día siguiente teníamos programada la excursión a Meteora pero esta tarde, nuestra guía Bea, nos propuso un acercamiento desde el pueblo hasta el Monasterio de la Santísima Trinidad (Agia Triada) ya que de esa manera, completábamos el día con dos excursiones. Aceptamos encantados.

Una vez instalados y tras aprovisionarnos en un Lidl cercano para las siguientes excursiones, salimos andando desde el hotel. Fuimos recorriendo las calles del pueblo, siempre cuesta arriba, buscando las rocas y dejando las casas atrás.

Seguimos una vereda entre campos de olivos y enseguida empezó un camino empedrado, que a ratos tenía buna construcción y en otros se desdibujaba. Caminábamos hacia los collados por un pequeño valle entre los acantilados de roca que por momentos se iban haciendo cada vez más presentes y cercanos.

Al momento, la subida dejó de ser suave y empezó a internarse en un bosque. El camino se transformó en una subida serpenteante con escalones de piedra y laderas terrosas que nos llevaba sin remedio hacia arriba.

El final no se veía entre los árboles. De vez en cuando se abría el paisaje en la subida y contemplábamos el valle y la altura que íbamos cogiendo.

Por fín, terminó la subida ininterrumpida y aparecimos en un camino adoquinado, bien trabajado y a nuestra derecha, arriba del todo se veía el Monasterio.

Seguimos ilusionados, aunque yo iba pensando: Todavía queda mucho subida hasta el edificio. Pero cuando llegamos a su puerta, situada después de una escalera, estaba cerrado el acceso secundario al que nos estábamos dirigiendo.

En realidad, el acceso principal se realiza desde Meteora (nombre genérico de la zona turística), que es donde se concentran los monasterios que se visitan.

Para acceder a este monasterio que queríamos visitar hay que subir más de 100 escalones, pero eso no es nada comparado como tenían que subir los monjes ortodoxos griegos que allí vivían.

Construido en 1475, fue remodelado y ampliado a finales del S XVII por otros ermitaños bizantinos de la zona. Y en la actualidad, apareció en una película de James Bond, en “Solo para tus ojos”.

Así pues, lo contemplamos desde el final de nuestro recorrido. Es grandioso ver esas paredes verticales y en la pequeña meseta superior, un monasterio que lo ocupa todo. De momento, fue suficiente, un pequeño adelanto, ya que al día siguiente nos acercaríamos a Meteora y volveríamos a ver estas maravillas.

Subió el grupo completo, aunque en algunas fotos no aparezcan algunas compañeras. Es que al llegar a la calzada de arriba, en lugar de ir hacia el Monasterio, fueron hacia la izquierda y siguieron andando hasta que se dieron cuenta de que iban solas y se dieron la vuelta. En su recorrido, tuvieron el privilegio de ver el Monasterio desde otra perspectiva, y con luz de atardecer, con lo que disfrutaron de estupendas vistas.

Ver sobre un acantilado un Monasterio, verlo desde abajo es algo increíble. Siempre piensas: ¿Cómo se les ocurrió? ¿Cómo lo construyeron? ¿Cómo vivían en esos Monasterios? Y sobre todo, ¿Cómo se formaron estas rocas tan inmensas? 

La zona era un delta fluvial en el Terciario (30-60 millones de años) y el terreno estaba formado por los depósitos del rio acumulados durante milenios formando “conglomerados”, material endurecido que formó rocas.

Posteriormente movimientos tectónicos elevaron el terreno y la erosión hizo que desaparecieran los elementos más débiles, quedando a la vista la parte más sólida, como acantilados.

A muchos de nosotros, la zona nos recordaba a los Mallos de Riglos, salvando las grandes diferencias.

Cuesta imaginarse como se transforma el terreno con el paso del tiempo.

Lo mismo nos pasó en el segundo día en Grecia, cuando nos desplazábamos a Tesalónica y paramos para ver la estatua homenaje a Leónidas, por la batalla de las Termópilas.

En aquellos tiempos en que tuvo lugar la famosa batalla que ganaron a los persas, la zona era un paso angosto entre la montaña y el mar. Ahora, los sedimentos del río Esperqueo han creado una inmensa llanura que hace que la costa esté lejana y que cueste imaginarse el escenario de la lucha.

Volvimos por el mismo camino y ya pude fijarme un poco más en el bosque: era un bosque de Coscojas (Quercus) que es una especie arbustiva mediterránea que suele alcanzar porte de árbol. Sus ramas estaban llenas de hojas que formaban bloques densos y prietos y pinchudos, casi como hojas de acebo.

Ya en el pueblo, Kalambaka, nos dirigimos a visitar una iglesia bizantina dedicada a la Virgen María.

Es famosa por sus frescos del S. XI y su construcción es del S.VII. La señora que lo custodia me cobró dos euros por visitarla y mereció la pena. Aunque no suelen dejar hacer fotos en el interior de las iglesias, alguna hice para conservar el recuerdo.

Y ya desde ese punto, dimos por finalizada la ruta de montaña-histórica-artística, realizada a buen paso, en buena compañía y con mejor temperatura que a la mañana en el Monte Olimpo.

Habiendo visto sólo una pequeña muestra del paisaje de rocas y monasterios, ya esperábamos expectantes la ruta del día siguiente, con una mayor inmersión en el conocimiento de los fabulosos monasterios suspendidos en el aire. Le otorgo un 4, por no ser una ruta larga.
Angelines Sánchez

FOTOS

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