* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
Cada vez que los senderomagos asoman por tierras cántabras, no me lo pienso dos veces. Como vecina de Comillas, a punto de cumplir 80 años (pero con las piernas entrenadas, ya que camino casi todos los días más de dos horas), no podía faltar a esta cita. Además, sumaba ya mi sexta marcha con el grupo, así que el estreno oficial de mi título de "senderomaga" merecía una jornada a la altura.
Nos reunimos 25 caminantes en Ajo dispuestos a completar una ruta circular de casi 13 kilómetros que prometía brisa marina, verde infinito y acantilados de postal, aunque al final nos hizo muchísimo calor, impropio de esta época por estas tierras. La mañana empezó con un ritmo alegre y el ambiente festivo de siempre.
Salimos del pueblo ganando altura suavemente entre praderas y senderos costeros, donde el Cantábrico nos regaló preciosas vistas. Muchos del grupo hacían fotos y más fotos para perpetuar el recuerdo. Siguiendo el perfil de los acantilados, nos acercamos hacia la zona de la ría de Ajo y la ensenada.
Descubrimos pequeñas pozas y rincones espectaculares como la cueva de la Ojerada, espectacular cavidad esculpidas por el mar en los acantilados de Ajo y que debe su nombre a dos aberturas naturales de la roca que miran directamente al mar, simulando un par de ojos gigantes. Allí nos tomamos el clásico ángelus, con tertulia animada, frutos secos y el mar de fondo.
Cuando llevábamos más de la mitad de la ruta, vimos la estampa inconfundible del faro de Cabo de Ajo con su colorido traje moderno, un contraste curioso entre tanto verde y azul que dio pie a los típicos debates entre los más puristas y los amantes del arte contemporáneo.
El regreso fue más cómodo pero con mucho calor: terreno sin grandes desniveles. Entre bromas y anécdotas de nuestras anteriores escapadas por Cantabria, fuimos cerrando el círculo hasta entrar de nuevo en Ajo, tras algo más de cuatro horas de marcha que se pasaron volando. Al ser el último días de las excursiones en Cantabria, los compañeros se iban ya marchando a sus destinos.
En resumen, una jornada redonda de mar, acantilados imponentes, risas compartidas y el placer inmenso de caminar en tan buena compañía por mi tierra. Para mí ha sido la mejor manera de celebrar mi sexta marcha y honrar ese título de senderomaga que luzco con tanto orgullo.
Le otorgo una calificación de 4,8 sobre 5 a esta preciosa ruta costera, solo empañada parcialmente por el excesivo calor.
Isabel Izquierdo












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