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miércoles, 7 de diciembre de 2022

Excursión 671: Las Praderas de Navacerrada

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada 
Final: Puerto de Navacerrada
Tiempo: 6 a 7 horas
Distancia: 15,5 Km 
Desnivel [+]: 707 m 
Desnivel [--]: 707 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 19

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Teníamos previsto ir a la Bola del Mundo desde el Puerto de Navacerrada para pisar nieve, pero una vez reunidos en el aparcamiento del puerto, vimos que la niebla lo tapaba todo y Antonio decidió cambiar la ruta, ya que carecía de sentido subir si no íbamos a poder disfrutar de las vistas.

Pensó en llevarnos por el Camino Schmid, pero le sugerí visitar los miradores de los Cogorros y desde allí bajar a las praderas, le pareció bien y me puso a tirar del grupo, encaminando nuestros pasos hacia la residencia del Ejército del Aire de los Cogorros, por la carretera que asciende paralela a la pista de esquí del Escaparate.

Con poca visibilidad, bordeamos la residencia por la izquierda y giramos a la derecha para remontar una pequeña cuesta, en dirección norte, en suave ascenso hasta alcanzar la estación meteorológica del puerto que tiene la AEMET.

Dejándola a la derecha, continuamos en busca del primer mirador, el de Gallarza, acondicionado con barandillas y asientos de granito, con excelentes vistas en días despejados de los bosques de Valsaín y de las cumbres que lo circundan, la Bola del Mundo al este, y Peña Citores, Dos Hermanas y Peñalara al norte, pero que permanecían ocultos por la niebla hoy.

Se llama así en honor al que fue pionero de la aviación española (realizó el primer vuelo Madrid-Manila en 1926) y llegó a ser ministro del Aire entre 1945 y 1957, Eduardo González-Gallarza.

Tras hacernos la foto de grupo, volvimos al camino y continuamos la línea de cumbres en pequeñas subidas y bajadas, rodeados de pinos, algunos de gran envergadura, que a saber los inviernos y nevadas que habrán soportado en su longeva vida.

Enseguida llegamos al mirador de Maravillas, que a pesar de no estar tan acondicionado como el anterior, tiene un fácil acceso a través de unos escalones naturales entre los bloques de piedra.

Aquí tuvimos más suerte, se retiraron en parte las nubes, aparecieron algunos claros y hasta se vio un poco el sol, lo que nos permitió disfrutar de las vistas que antes nos fueron negadas.

Hasta lamentamos no haber seguido el plan A de subir a la Bola del Mundo, que ahora nos hubiera hecho tener unas excelentes vistas. Resignados, continuamos con el plan B, dirigiéndonos en dirección noroeste, por una senda con inicio algo indefinido pero que enseguida se hace más evidente. Entre pinos y helechos secos, de color ocre, descendimos con bastante pendiente hacia la primera de las praderas que visitaríamos, la pradera de la Machorra.

Siempre que he estado en esta escondida y solitaria planicie me ha parecido una delicia y, cuando la hemos visto con nieve, es ya espectacular.

Hoy lucia un espléndido manto verde, que contrastaba con el resplandeciente azul del cielo. Junto al tronco de un árbol caído, posaron las cinco chicas de hoy, cuan aguerridas machorras, ja ja.

Era tan estupendo el día, que en lugar de iniciar el regreso hacia el puerto, decidimos continuar e ir en busca de la siguiente pradera, la de Navalazor. Dejamos atras la pradera, saliendo en dirección suroeste en busca del arroyo del Telégrafo, afluente del Eresma.

Por un puente de madera, instalado no hace mucho, lo cruzamos cómodamente, de otra forma hubiera sido imposible sin mojarnos, dado el caudal que llevaba. Este fue el punto de menor cota de la ruta, habíamos descendido casi 400 metros.

Seguimos por el Carril del Gallo, remontando una cuesta por un sendero que se torna algo pedregoso en su tramo final, antes de alcanzar la pradera. de Navalazor, en la que unos troncos de unos derrotados pinos siempre han servido de marco para las fotos de grupo en las ocasiones en las que hemos pasado por aquí, así es que aprovechando la presencia de un solitario senderista, nos acomodamos para no ser menos y hacernos otra foto, ésta con todos al completo.

En el canchal que hay en su extremo más al norte paramos a tomar el tentempié de media mañana, reconfortados con las magníficas vistas que teníamos del valle del Eresma, los pinares de Valsaín, con las casas del pueblo al fondo, las estribaciones de Peñalara y Peña Citores, todo un espectáculo.

Después de la pequeña parada continuamos ascendiendo por el Carril del Gallo, en dirección suroeste.

Unos cuantos pinos cortados nos permitieron contemplar sus anillos, de color claro y anchos cuando los desarrollan en primavera-verano y oscuros y estrechos en otoño-invierno. La dendrocronología, del griego δένδρον (dendron, árbol, χρόνος, crónos, tiempo, y λόγος, logos, estudio), es la ciencia que se ocupa de la datación de los anillos de crecimiento de las plantas arbóreas. Más de cien años calculamos que tenía uno de los troncos.

La senda, con moderada pendiente, trepa entre pinos y rocas cubiertas de verde musgo en busca del arroyo de Lumbralejos, coincidente con el GR-10.4. Antes de llegar al arroyo, nos desviamos a la izquierda para subir a la recoleta y bella pradera de Navalviento.

Fue aquí donde el cielo comenzó de nuevo a ponerse plomizo y la niebla se hizo más presente, por lo que enseguida, una vez reunidos todos, continuamos la marcha. Había que descender para reencontrarnos con el Carril del Gallo, pero vi una senda que sin grandes desniveles, al discurrir a media ladera, conecta con él, así es que la seguimos.

Nunca habíamos pasado por ella y fue todo un descubrimiento, porque aparte de preciosa, se hacía muy cómodo seguirla hasta dar con el Carril del Gallo, por el que continuamos en suave pendiente.

El nombre de este camino aseguran algunos que alude a lo encajonado que marcha en ocasiones entre la vegetación, mientras que su apellido hay quien señala su raíz celta del topónimo Kaillu, que significa piedra, que castellanizada queda como callo, palabra que popularmente transmutó en gallo y que remite a los abundantes guijarros que tiene el camino.

El camino asciende por un frondoso pinar, dejamos a la derecha un ramal, hace una zeta y se allana llegando al cruce con la Senda de los Cospes.

Un poco más adelante alcanzamos la fuente de la Fuenfría, donde esperamos a que llegaran todos, algo rezagados, mientras probábamos su fresquita agua a la que le debe el nombre.

Como era un poco pronto para comer, decidimos hacerlo en el Collado Ventoso, por lo que continuamos hacia otra praderita del recorrido, la que hay en el puerto de la Fuenfría, donde caía una ligera llovizna y la niebla ya era tan espesa que no dejaba ver ni el Montón de Trigo.

Tras la breve pausa, enfilamos hacia la carretera de la República, desviándonos a la izquierda para subir por la preciosa senda que bordea la loma sur del Cerro Ventoso.

La senda discurre en dirección sureste hasta alcanzar el Lanchazo, donde gira hacia el noreste en busca del Camino Schmid, creado por el austriaco Eduardo Schmid Weikan, quien en 1926 lo señalizó para unir de la manera más rápida y cómoda posible dos refugios de la Real sociedad Peñalara: el refugio situado en las proximidades del puerto de la Fuenfría, en Cercedilla, con el refugio del puerto de Navacerrada.

Por la niebla nos perdimos las estupendas vistas que desde ella se tienen del Valle de la Fuenfría, pero lo compensó el atravesar filas de pequeños pinos que parecían de Navidad. Una cuesta siguiendo el Camino Schmid no puso enseguida en otra pradera, la del Collado Ventoso, hoy inusualmente sin viento.

Unos mojones de piedra indican en el collado las lindes entre Segovia y Madrid, lo que aprovechamos para hacernos una foto con los segovianos del grupo a la derecha, los madrileños a la izquierda y como no soy ni de unos ni de otros, me quedé en el centro, donde dicen está la virtud, ja, ja.

Tras dar cuenta de los bocadillos, nos pusimos de nuevo en marcha para regresar al puerto de Navacerrada. Unos lo hicieron continuando por el Camino Schmid, otros preferimos seguir la senda que bordea la Umbría de Siete Picos, mucho más agreste, aunque de mayor dificultad, con tramos en los que hay que estar atentos psra no perder el borroso sendero.

Con apenas una cuarte, encontramos el único retazo de nieve en toda la ruta, al que nos apresuramos a subir para poder afirmar que sí habíamos pisado nieve, ja ja.

Al final de su recorrido, la senda desciende hacia el encuentro de la pista del Bosque, por donde continuó un grupo, pero nos faltaba la última pradera por visitar, la de Siete Picos. Cogiendo un desvío que sale a la derecha, enseguida la alcanzamos los cinco que no quisimos piérdenosla.

Por ella continuamos para recorrer la cresta hacia el Cerro del Telégrafo, que con la espesa niebla era dificil de divisar, más aún la Virgen de las Nieves, que no la reconocimos hasta estar prácticamente debajo de ella, tras dar un pequeño rodeo intentando encontrarla.

Comprendimos lo fácil que es perderse en la niebla cuando faltan las referencias visuales y sólo el gps, con sus limitaciones, es capaz de guiarte entre la densa bruma.

La idea inicial de colocar en este lugar la imagen partió de un grupo de alumnos del colegio Claret de Segovia, durante una marcha de montaña que realizaron por esta zona.

Sin embargo fue llevada a la práctica posteriormente por la asociación de Antiguos Alumnos Claretianos de Segovia y Madrid, que encargaron la escultura al escultor José María García Moro.

Desde aquí, por camino amplio y reconocible llegamos a la pista de entrenamiento y bordeándola bajamos al puerto, donde nos esperaban el resto del grupo.

En el bar Dos Castillas, no sé que me sentó mejor, si la cerveza o el caldito caliente que me tomé, y que puso el broche final a esta excursión, que en palabras de Antolín fue un "paseíto" muy exigente pero, a toro pasado, muy bonito y satisfactorio, al que le otorgo un 5.
Paco Nieto

FOTOS

miércoles, 31 de enero de 2018

Excursión 386: Puente de la Cantina - Puerto de la Fuenfría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente de la Cantina
Final: 
Puente de la Cantina
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  15,1 Km
Desnivel [+]: 513 m
Desnivel [--]: 513 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 40

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Ha habido épocas en las que al llegar la temporada invernal, nos alejábamos de las montañas, cuan aves migratorias, para buscar parajes más cálidos, pero últimamente, como los osos polares, parece que nos hemos adaptado al tibio frío y a la nieve.

Esto explica que de nuevo Antonio programase otra excursión invernal, en esta ocasión para disfrutar de los nevados y sombríos pinares de Valsaín, que si ya son bellos sin nieve, con ella se realzan sobremanera sus atractivos naturales.

Pensando en mitigar el frí
o que pasaríamos, los de Torrelodones paramos en el bar de las Postas a tomar café y así entrar en calor. Por ello, al llegar al punto de encuentro, tras 
bajar del puerto de Navacerrada y superar las Siete Revueltas, el remozado aparcamiento del Puente de la Cantina ya estaba muy concurrido, y recordaba el gentío que en sus buenos tiempos hubo de tener, aunque hoy la única venta que había era de de la revista del grupo, que había traído José María. 

Con bastante nieve desde el primer momento, iniciamos la ruta cruzando el puente, 
obra debida a Carlos III, para seguir en dirección suroeste el rastro del GR-10.4, hacia la Pradera Venta de Araña.

Nada más pasar el portón que facilita su acceso, surgieron las primeras complicaciones porque teníamos delante unos 10 metros de nieve congelada que propició los primeros culetazos.

Superado el momento, porque ya se sabe que a veces hay que caer para levantarse con más fuerza, continuamos por la pista asfaltada, medio oculta por la nieve, 
cruzamos por un puente el arroyo del Telégrafo y en animadas conversaciones llegamos a la Pradera Venta de Araña, una praderita en la que aún se distingue la planta de la desaparecida casa de los Guardas de la Pesca.

Momento en el que Antonio decidió desviarnos a la izquierda para visitar una pradera más grande, la
 de Navalazor, donde paramos a tomar el aperitivo a la "sombra" de un gran pino caído, cuyas peladas ramas nos son ya familiares.

Tras el breve descanso, continuamos en dirección suroeste por el Camino de Lumbralejos (GR-10.4) hasta enlazar, salvando un fatigoso repecho, con el Carril del Gallo, por el que el colorido largo tren que formábamos los 40 participantes de hoy, nos afanábamos en no perder el paso del siguiente.

Continuamos primero en dirección oeste y después hacia el suroeste, por la archiconocida Senda de los Cospes, señalizada con círculos de pintura amarilla.

Proseguimos hasta alcanzar el Puerto de la Fuenfría (1.792 metros), pasando primero por la fuente de la que recibe su bautismo, y que en efecto, da un agua muy fría, además de fotogénicas fotos a su vera.

En el puerto paramos a comer los bocadillos, el mío tamaño familiar, y de casualidad y para nuestra sorpresa nos encontramos con Rosa C, a su paso hacia el Montón de Trigo. A los postres, Paco C. le prestó su estrella negra a María Ángeles P, que había alcanzado tan
honorífico título en su centenaria pasada excursión.

A pesar de lo bien que se estaba en el collado, había que seguir, y lo hicimos descendiendo por la amplia y muy nevada carretera de la República.

Nos dirigimos hacia la vertiente segoviana, en dirección noroeste, cruzando el arroyo Minguete, donde la carretera gira a dirección noreste, cruza el arroyo de la Argolla y llega junto a las ruinas del convento templario de Casarás, según la leyenda,
 en realidad, casa de postas que mandó construir Felipe II a su arquitecto Eraso para facilitar su estancia por este puerto en sus constantes trasiegos de Madrid a Segovia.

En la explanada de lo que tristemente queda de lo que fue estancia real, nos echamos una monumental guerra de bolas de nieve, que como casi todas, no sabemos por qué ni quién la empezó, pero de la que Sol, y unos cuantos más seguro no se olvidarán, incluido yo, que todavía tengo nieve hasta en las orejas. 

Tras disfrutar como lo que somos, unos niños, bajamos por una helada y resbalosa trocha para continuar por la nevada carretera en dirección noroeste hasta la Fuente de la Reina, en la que apenas paramos, y 
donde giramos en dirección este, para continuar el nevado descenso entre pinos al amparo del murmullo del arroyo de Casarás, por el GR-10-1 hasta llegar de nuevo a la Pradera Venta de Araña, tras cruzar de nuevo el arroyo Minguete.


Desde allí, regresamos al Puente de la Cantina siguiendo el mismo recorrido que a la ida, teniendo de nuevo que salvar el tramo helado cercano al portón, y en el que más de uno resbaló, por más cuidado que se ponía, pero afortunadamente sin mayores consecuencias y con las inevitables risas.


Por el buen tiempo, la compañía, la nieve, las vistas, el cielo y la luz de esta excursión, se merece 5 sicarias.

Paco Nieto

FOTO REPORTAJES

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Excursión 328: Praderas Altas de Valsaín

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Puerto de 
Navacerrada
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  11,6 Km
Desnivel [+]: 462 m
Desnivel [--]: 462 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 20

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RESUMEN
Primero, quiero “agradecer” a Melchor el gran honor que supone haberme “elegido” para hacer la última crónica del año 2016 y primera del nuevo sistema de nombramiento de cronistas... !a pesar de haber hecho yo ya unas 58 crónicas!!!!!!!!! grrr - jajaja.

Bonito cierre de temporada 2015/2016 con una excursión circular, de unos 13 kms, por las Praderas Altas de Valsaín con todos los alicientes de una clásica marcha invernal: nieve, niebla y mucho frío.

Creo que los avisos de Antonio de que fuéramos preparados para lo peor en cuanto a climatología - “ir bien abrigaditos” - hizo mella en algunos senderomagos que sufrieron de repente males como “torticolis”, “lumbalgia” etc… A pesar de eso, 20 fuimos los valientes que acudimos a la llamada de nuestro Boss.

La verdad es que cuando llegamos al Puerto pensamos que tal vez teníamos que haber buscado nosotros también una buena excusa para quedarse en casa.

El suelo era una auténtica pista de hielo y tuvimos que ir patinando para poder llegar a la cafetería. Después de los besos y abrazos y los cafés de costumbre, Antonio, con puntualidad británica, cogió su mochila y dio el pistoletazo a las 10h30.

El termómetro de la cafetería marcaba -1º cuando emprendimos la marcha envueltos en una niebla que no nos dejaba ver ni las pistas de esquí de la estación de Navacerrada. Menos mal que, a la vuelta, fuimos recompensados con un escenario totalmente diferente.

Al llegar a la Residencia Militar de los Cogorros, giramos al oeste y pisando una nieve helada que dificultaba mucho nuestro andar, emprendimos una larga bajada.


Viendo cómo iba desapareciendo la nieve a medida que perdíamos altura, llegamos a la primera Pradera del día, la de la Machorra donde aún quedaba un gran círculo blanco impoluto formado por una fina capa de nieve.

Seguimos por la senda descendente y pronto nos topamos con una carretera asfaltada. La cruzamos y ahí, en una pequeña pradera llamada “Cargadero de la Cuesta de los Muleros”, aprovechamos para tomar el tentempié en su bonito mirador y hacer la foto de grupo, pues este punto era la meta que se habían marcado las cuatro estrellas fugaces.


Con las “pilas” bien recargadas y aún con las quejas de que no hubiese ningún botero de guardia, reemprendimos la marcha y a unos pocos metros nos encontramos con el obstáculo del Arroyo del Telégrafo que nace cerca de la pista de esquí del mismo nombre, arriba, en Navacerrada.

Sus aguas bajaban con buen caudal y mucho ímpetu pero otros colegas senderistas ya habían construido anteriormente un “puente” artesanal hecho de varios troncos lo que nos permitió atravesar sin mucha dificultad este vado aunque, como siempre, hubo uno que se mojó un pie.


Este punto marcaba la cuota más baja del recorrido. A partir de ahí, todo sería subir. Tras una pendiente de más de medio kilómetro, llegamos a la segunda Pradera del día: la de Navalazor y su famoso árbol caído en cuyo tronco Jorge no se pudo resistir a marcarse otra de su habitual postura.

A parte del árbol caído, este bonito claro dentro del pinar esconde también un impresionante mirador (del mismo nombre que la pradera) sobre un profundo barranco.

Las vistas, impregnadas en las alturas de una intensa niebla que envolvía todo de un halo de misterio, dejaba disfrutar, y a veces solo adivinar, el Pelado Matabueyes, Peña Citores, Dos Hermanas, el Cerro del Puerco y al fondo tierras de la Granja.

Reanudamos la marcha y después de un par de duros kilómetros viendo cómo, a medida que íbamos cogiendo altura, reaparecían la nieve y el frío, llegamos a la tercera pradera del recorrido, la de
Navalviento.

La hallamos cubierta de un manto blanco inmaculado y la dejamos como si una piara de jabalíes hubiese pasado por allí. Todo comenzó con una bola de nieve “perdida” y terminó en una auténtica batalla campal (las malas lenguas culpan del origen de la pelea a las chicas, Pepa y María Ángeles...).

Una vez se calmaron los ánimos y volviera la tranquilidad, el Boss retomó la marcha y pronto nos encontramos con el conocido Camino Schmid que estaba totalmente helado, lo que hizo la progresión tremendamente dificultosa.


Al poco tiempo, nos detuvimos en un precioso paraje que parecía más salir de un documental de Siberia que de la Sierra de Guadarrama. Allí, como en un igloo, dimos buena cuenta de nuestros bocadillos montañeros: fríos, fríos!!! De nuevo, se echó mucho de menos a los boteros!

Y para no quedarnos hechos unos témpanos de hielo, acortamos la parada y salimos de nuevo al famoso Camino que une el Puerto de Navacerrada con el Albergue del Valle de la Fuenfría y que toma su nombre de un Austriaco llamado Eduardo Schmid Weikan que lo señalizó allá en 1926.


Poco después, lo abandonamos girando de repente a la izquierda y bajando un corto desnivel hasta llegar a la última pradera que teníamos en el programa, la Pradera de la Navalusilla, toda cubierta de una espesa capa de nieve.

Quedaban aún muchas rencillas, heridas mal curadas de la última pelea de bolas de nieve, así que, sin preámbulo y sin aviso previo, todos volvieron a enfrascarse en otra batalla sin cuartel todos contra todos donde no se respetaba ni al Boss ni al reportero gráfico que aquí escribe.

Otra vez, las dos chicas tuvieron un protagonismo muy destacado!!!. Lo dejamos todo como un patatal pero como diría Gila: “!lo que nos hemos divertido!”.

El cansancio y las ganas de llegar a las cervezas, cafés y sobre todo el rico caldito de la cafetería “Dos Castillas”, puso fin a la diversión y volvimos al Camino Schmid para realizar su tramo final.

Todos temíamos la última dificultad: cruzar la pista de esquí de El Bosque. Aún teníamos en la memoria las últimas veces que tuvimos que atravesarla y que pudieron terminar en tragedia por lo resbaladiza que se pone.

Pero esta vez, la pista no estaba abierta y la nieve no estaba pisada y no resbalaba con lo que la pudimos cruzar sin ningún problema aunque Pepa se las ingenio para caerse y como no era capaz de levantarse, varios senderomagos acudieron en su ayuda, pero no había manera de ponerla en pie... Después confesaría que lo había hecho adrede.


Ya nada se interponía entre nosotros y la meta final, llegando pronto a pie de la pista de esquí del telégrafo o del Escaparate.

En la carretera de la residencia militar, llegando a al Puerto de Navacerrada, tuvimos la mejor recompensa a nuestro esfuerzo, una vista impresionante de las pistas de esquí, blancas inmaculadas, iluminadas por un sol radiante que nos dejó a todos fascinados.


La Agencia Madi Senderismo ha otorgado a esta bonita y divertida jornada, su nota máxima de 5 Sicarias en su escala de 0 a 5.

AGRADECIMIENTOS:
A Antonio, el alma del GMSMA, sin él, el grupo no existiría y difícilmente perduraría.

MENCIONES:
A sus subalternos ocasionales: Joaquín, Juan, Paco Cantos y Paco Nieto. A este último, también felicitarle y agradecerle su impagable labor de divulgación de nuestra actividad, de la inestimable fuente de información que supone su Blog para miles de seguidores amantes del senderismo.

A José María, notario de nuestras estadísticas, responsable de las fotos de grupo, editor de nuestra revista y hasta sastre del GMSMA (Aunque la última vez, se le fue un poco la mano con las medidas de las camisetas!!!).

Bueno, vale..., y también agradecimientos a Melchor por “encontrar” cada semana un cronista “voluntario” y las veces que no lo consigue, hacerlas él mismo.

Una caricia especial para nuestras mascotas; Teo, Mecha, Quer y Lucas, al que echamos de menos últimamente.

Dar la bienvenida a todos los nuevos senderomagos que se han unido al grupo este año.

El Observatorio estadístico del GMSMA, osease José María, informa que en las 57 excursiones de 2016 hemos recorrido aproximadamente 803 km.

Se han movilizado entre senderomagos, candidatos e invitados 130 personas. Resto de datos faltan por elaborar.

Y para terminar, una bonita cita de Paco Nieto, allá en 2012:
"La riqueza de todo ser humano se mide por la cantidad y calidad de los amigos que tiene".... creo que con el GMSMA, tenemos todos una fortuna.


FELICIDAD Y PROSPERIDAD PERO SOBRE TODO, MUCHA SALUD PARA TODOS EN EL NUEVO AÑO 2017

Besos y abrazos
Antolín