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miércoles, 19 de agosto de 2026

Excursión 940: Del puerto de Navacerrada a Navacerrada por la Garganta del Infierno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de Navacerrada
Final: Navacerrada
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,3 Km 
Desnivel [+]: 115 m 
Desnivel [--]: 790 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Alta
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 21

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta















lunes, 19 de agosto de 2024

Excursión 795: Nocturna al Cerro del Mostajo con luna llena

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alto del León 
Final: Alto del León 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 10,5 Km 
Desnivel [+]: 464 m 
Desnivel [--]: 464 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 20

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Son muchas las rutas que hemos realizado por la cuerda que une el Alto del León con La Peñota, pero nunca la habíamos recorrido de noche, y como íbamos a tener luna llena, aproveché para hacer aún más emocionante vivir esta experiencia.

Como llegar a la Peñota supone pasar un cortado bastante aéreo, que de noche no es muy recomendable, por prudencia nos íbamos a quedar en la cumbre anterior, el Cerro del Mostajo.

Para disfrutar de la puesta de sol y salida de la luna llena desde su cima, quedamos a una hora poco habitual para el grupo, las 19:00, en el aparcamiento del restaurante del Alto del León.

Allí nos nos reunimos 13 veteranos y 7 invitados, tres de ellos futuras promesas senderistas.

Echamos a andar, cruzamos con cuidado la carretera, y en lugar de seguir el GR-10 en dirección a la Peñota, como otras veces, doblamos a la derecha para seguir un bonito y sombrío sendero que bordea el Cerro de la Sevillana por su cara este, por el que nunca había ido el GMSMA, con la ventaja de que por aquí no nos da el sol, que todavía se hacía notar.

Cruzamos una charca, en sus comienzos, ahora seca, pasamos bajo dos tendidos eléctricos, el segundo de alta tensión, con chisporroteo incluido. Al llegar al Collado de la Sevillana, en lugar de seguir por la cresta y el GR-10, continuamos por la Senda del Arcipreste de Hita, que en ligero y agradable descenso, se dirige hacia el nacimiento del río Gudillos.

Al alcanzar las ruinas de lo que fue una casa, dejamos la senda, desviándonos a la derecha. Pasamos junto a una fuente con bañera e iniciamos el ascenso por la loma. Atravesamos la Majada del Pericón en agradable paseo, entre pinos y arbustos, sorteando las ramas cortadas recientemente de los pinos y que todavía no habían recogido.

Pasamos una portilla, cruzamos un cortafuegos, para continuar por la umbría de un denso pinar hasta alcanzar la fuente del Mostajo, de la que manaba un pequeño chorro de agua.

Giramos a la derecha y ascendimos con fuerte pendiente al Collado del Mostajo, con el sol preparándose para irse a dormir. Sin tregua, comenzamos a subir los pocos más de 60 metros que nos separaban del Cerro del Mostajo, siguiendo una pista ancha.

Alcanzada su mocha cima, contemplamos al norte el desafiante amasijo de rocas que forman La Peñota, que desde aquí se perciben como un reto imposible de conseguir, por lo impresionante de su altura y su afilada silueta. Al este, la llanura madrileña, con sus pueblos serranos en primer plano y la gran urbe al fondo. Al oeste, el sol vistiéndose de colores anaranjados que se fueron enrojeciendo poco a poco entre la Mujer Muerta y Cueva Valiente, a lo largo de la planicie segoviana.

Fue todo un espectáculo contemplar cómo el sol descendía lentamente, tiñendo el cielo de tonos cálidos y vibrantes. Los naranjas y rojos se mezclan con suaves matices de rosa y púrpura, creando una paleta de colores que parecía sacada de un cuadro.

Finalizó su agonía con un color rojo intenso como nunca lo había visto.

Todos nos sentimos emocionados mientras no parábamos de posar delante de esta maravilla, mientras una suave brisa fresca nos acariciaba la piel, invitándonos a ponernos algo de ropa. Fue un momento perfecto para contemplar, respirar hondo y disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.

Los escasos quince minutos que tardó la luna en aparecer, los aprovechamos para tomar los bocadillos y hacernos la foto de grupo, contemplando el encendido paulatino de las luces de todos los pueblos de alrededor.

Bien atentos, no parábamos de mirar el lugar por el que estaba previsto hiciera su aparición, pero la abundante calima impedía verla. Por fin, un poco más elevada, la vimos salir por el horizonte, completamente roja.

De nuevo las cámaras se pusieron en marcha para inmortalizar tan bello espectáculo.

Esperamos a que tomara un poco de altura, a la vez que se hacía más blanca y más intensa su iluminación. La panorámica desde la cumbre no podía ser más sublime, con todo el cielo a nuestro alcance.

Hechas las fotos de rigor, iniciamos el camino de regreso volviendo sobre nuestros pasos hasta alcanzar de nuevo el Collado del Mostajo. A partir de aquí todo sería camino nuevo para el grupo, excepto para JM, que prefirió volver por donde habíamos venido y ahorrarse las subidas y bajadas de la cresta.

En suave pendiente, desde el collado, ascendimos con un largo muro de piedras a nuestra izquierda, pasamos junto a los restos de un fortín de la Guerra Civil, que apenas se distinguía en la noche, hasta alcanzar la cumbre de la Peña del Cuervo, la tercera antes de llegar al puerto.

Con unas soberbias panorámicas de los pueblos iluminados y la luna, cada vez más alta, descendimos hacia el Collado de Matalafuente, al que llegamos tras pasar cerca de los restos de otros dos fortines, continuamos hasta alcanzar la cumbre del Cerro de Matalafuente, siguiendo una alambrada de postes de madera, que unas veces nos quedaba a la izquierda y otras a la derecha, según estuviésemos pisado tierras de Segovia o de Madrid. Unas tranquilas vacas nos vieron pasar con cara de asombro.

Girando a la derecha, descendimos hacia el Collado del Arcipreste de Hita, el tramo más empinado y pedregoso de la ruta, por el que había que ir con cuidado para no resbalar.

A nuestra izquierda, contemplamos la inconfundible silueta del Monumento al Arcipreste, que a los chicos les parcia tener la silueta de un camello, y, más a lo lejos, las cumbres recortadas de Cabeza Líjar y Cueva Valiente, a nuestra derecha la imponente silueta de la Mujer Muerta y a nuestras espaldas, la tres veces picuda Peñota. Parapetos en piedra y un búnker de nido de ametralladoras son testigos de lo vigilado y estratégico que eran estas posiciones.

Con menor esfuerzo, ascendimos a la Peña del Arcipreste de Hita, donde se encuentra un mirador con su nombre, en el que hay un panel informativo de lo que se ve desde él, aunque de noche hay, más bien, que imaginárselo.

Enseguida descendimos hasta alcanzar el Collado de la Sevillana, donde a la derecha sale la senda del Arcipreste, por donde fuimos al inicio.

Desde el collado, iniciamos el ascenso al Cerro de la Sevillana, pasamos bajo los tendidos eléctricos y, poco antes de llegar al puerto, junto a un fortín-observatorio de la Guerra Civil, cubierto de hormigón sobre grandes rocas graníticas que le brindan un camuflaje perfecto.

Rodeamos el Cerro de la Sevillana, la última de las cinco cumbres que recorrimos. Solo quedaba descender el GR-10 para alcanzar el Alto del León, punto de inicio y final de la ruta.

Cansados pero satisfechos por la bonita experiencia, a eso de las 12:30 de la noche dimos por finalizada la ruta, que, que califico con la máxima nota, un 5.
Paco Nieto


miércoles, 19 de agosto de 2020

Excursión 522: La Cueva del Monje desde el Pontón Alto

FICHA TÉCNICA
Inicio: Presa del Pontón Alto
Final: Presa del Pontón Alto
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  17,3 Km
Desnivel [+]: 410 m
Desnivel [--]: 410 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas y agua: 
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 19

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
La idea era realizar una excursión que combinase algo de agua y de bosque, las Pesquerías Reales y los bosques de Valsaín me parecieron la mejor opción. Y para añadirle un valor extra a la ruta, dado que partíamos del Pontón Alto, Carolina se ofreció para contarnos detalles de la construcción de la presa, obra que vivió de primera mano, al participar como topógrafa en su construcción.

Quedamos en el aparcamiento que hay junto al enorme muro de la presa y, una vez reunidos, Carolina nos llevó al primero de los miradores a los que se accede descendiendo frente al muro, por debajo de la presa, que es de bóveda de doble curvatura.

Desde allí nos contó, con cierta emoción, cómo conseguían triangular desde los vértices geográficos mas cercanos los postes guías desde donde se dirigían las operaciones de colocación de los bloques, cómo construyeron las galerías existentes en el interior del muro y los aliviaderos. Todavía recordaba con exactitud la cota de coronación de la presa, 1104,5 metros, así como su altura, 45 metros y su longitud, 248 metros.

Fue terminado en 1993, pero proyectado 20 años antes, cuando las necesidades de agua de Segovia eran más limitadas, lo que explica en parte que este embalse sea el de menor capacidad de todos los gestionados por la Confederación Hidrográfica del Duero, ya que apenas sobrepasa los 7 millones de metros cúbicos.

Toma el agua del río Eresma y del río Cambrones, que desemboca en el primero a un kilómetro escaso de la presa, para garantizar la calidad del agua, se incluyó como obra complementaria la planta de depuración de aguas residuales de La Granja de San Ildefonso.

Tras recorrer el arco de la presa y contemplar los aliviaderos del extremo, regresamos al aparcamiento para iniciar la ruta, echando a andar por el paseo habilitado en la margen izquierda del embalse, que recorre toda su orilla, hasta la cola del mismo, situada en el paraje conocido como El Robledo.

Hasta allí llegamos, una vez cruzamos la carretera que une La Granja con Segovia, la CL-601, comenzando el ascenso hasta La Pradera de Valsaín, siempre junto a la orilla del Eresma, disfrutando de las vistas del embalse, con la Atalaya de fondo.

Más arriba, nos introducimos en la densa vegetación de ribera, a la que se añade el hermoso robledal que da nombre a la zona, en la que antaño se bañaban los chavales de La Granja, en lo que ellos llamaban pretensiosamente el Trampolín y las Termópilas, según nos contaba Ángel Vallés.

Un panel de piedra junto a un puente de madera nos resume en pocos párrafos la mucha historia del siguiente tramo, llamado Pesquerías Reales, por haber sido mandado acondicionar, a lo largo de 9 km para la pesca de la trucha, por el rey Carlos III, allá por 1768, como reza en una de las piedras del río.

De su ribera cómodamente empedrada, escaleras, pontones y represas disfrutamos en agradable paseo, bajo la sombra de los árboles y el continuo murmullo del agua abriéndose camino entre las rocas.

Rebasada las instalaciones que en su día se construyeron como central hidroeléctrica, alcanzamos el bonito puente del Anzolero y, aguas arriba, enseguida el Salto del Olvido, un pequeño remanso de agua para hacer funcionar la central.

Allí paramos a tomarnos el tentempié de media mañana mientras algunos se refrescaban en las aguas turquesas de este diminuto embalse, pero de extraordinaria belleza.

Reanudada la marcha, cruzamos a través de la presa a la otra orilla del río Eresma, para remontarlo hasta alcanzar La Pradera, donde callejeamos hasta seguir por el camino que lleva al Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM). En su fuente recargamos las botellas de agua antes de continuar entre pinos hacia el Charcón de Navaquemadilla.

El pinar de Valsaín es uno de los bosques maduros de pino silvestre mejor conservados de España, ello se debe en parte a su origen como reserva de caza de la monarquía española y por el posterior aprovechamiento sostenible de la industria maderera.

Un poco más adelante, paramos a contemplar la charca acondicionada como refugio de anfibios, muy cubierta de vegetación y sin un solo atisbo de que contuviese ranas, al menos no se les oía croar como en otras ocasiones.

Tras cruzar un canal por el que circulaba bastante agua, llegamos al inicio de la cuesta que sube a la Cueva del Monje, tramo empinado aunque, afortunadamente para alguna que yo me sé, de corta distancia y que nos dejó al pie de este lugar de leyenda y especial encanto.

Y es que según, cuenta la leyenda, el hidalgo Segura, anhelaba la eterna juventud y riquezas sin fin. A oídos del diablo llegaron sus plegarias y acordó con el hacendado satisfacer sus deseos a cambio de su alma. Temeroso de su pacto y reconociendo su debilidad, Segura comenzó su huida hacia las montañas y encontró refugio en una construcción megalítica donde inició su vida como eremita.

El diablo encontró el lugar y reclamó su pago, pero en una última y desesperada plegaria, el hidalgo consiguió la protección divina. Satanás huyó del lugar, perdiendo algunos de sus dientes, ahora en forma de piedras que adornan la pradera junto a esta Cueva del Monje. Segura salvó su alma del diablo, pero quedó atrapada en este bello lugar.

Algunos subimos por la escalera de madera que hay a la derecha de la cueva, que da acceso a una pequeña plataforma lisa que siempre había visto coronada con flores en lo alto de la losa, junto a una cruz, pero que para nuestra sorpresa ha sido arrancada y las flores tiradas en la escalera.

Como la hora de comer se acercaba, enseguida nos volvimos a poner en marcha, descendiendo por la pista asfaltada que rodea la cara este del Cerro del Puerco, descendiendo en dirección noroeste hasta alcanzar el bonito puente del Vado de los Tres Maderos, toponimia que sin duda recuerda la forma de cruzar el arroyo antes de construir este puente de piedra.

Sin cruzarlo, continuamos el descenso por la pista, que enseguida abandonamos, continuando a la derecha por el camino forestal de Majalapena y en las inmediaciones del Puente Negro, continuar por un sendero que nos llevó directos a la Cascada del Huevo.

Es éste un salto de agua de poca altura que ha labrado en el granito una poza en forma de huevo antes de caer en otra más amplia. Con el sonido del agua y resguardados del sol bajo los numerosos árboles que cercan la poza, paramos a dar cuenta de los bocadillos a la vez que nos refrescábamos en tan bello rincón.

Repuestas las fuerzas, algunos hasta con siesta incluida, y hechas las fotos de grupo, reanudamos el descenso, cruzamos la carretera CL-605 y tras pasar un portón, seguimos una senda que acaba alcanzando el río Eresma por el puente de madera que vimos esta mañana.

A partir de aquí, deshicimos el camino seguido a la ida hasta llegar de nuevo al aparcamiento de la presa del Pontón Alto, trayecto que aprovechó Marcos Cid para enseñarnos cómo se ocultan los cangrejos bajo las piedras del río.

Las cervezas y refrescos para celebrar el fin de esta ruta, que puntúo con un 4, nos lo tomamos en el bar Segovia de La Granja, dando así por finalizada esta bonita y didáctica excursión.
Paco Nieto

FOTOS
* Fotos de Enrique Cid
* Fotos de Julián Suela
* Fotos de Paco Nieto

miércoles, 19 de agosto de 2015

Excursión 251: Cojón de Pacheco desde Boca del Asno

FICHA TÉCNICA
Inicio: Boca del Asno
Final: Boca del Asno
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  14 Km
Desnivel [+]: 429 m
Desnivel [--]: 422 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí

Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 13

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
RESUMEN
Para cerrar la temporada de verano, fuimos convocados por Paco Nieto, para buscar el Cojón de Pacheco en los montes de Valsaín.

Además de algunos invitados, como mi amigo Carmelo, allí estábamos lo más selecto del Gmsma, dispuestos a andar, bañarnos y montar en globo. Esto último no lo hicimos, pero si recibimos suficiente información para hacerlo en un futuro próximo.

A la hora acordada estábamos todos en Boca del Asno (llamada así por el aspecto de la estrecha garganta granítica, que recuerda al interior de la boca de ese animal) y comenzamos la ruta, rio Eresma arriba, por la margen izquierda (derecha en el sentido de la marcha).

Caminando por las Pesquerías Reales, rodeados de pinos albares, fuimos remontando el 
río hasta llegar a la confluencia de los arroyos Paular y Telégrafo. Alí nos desviamos hasta los Baños de Venus, pero los habituales del baño no pudieron darse el chapuzón correspondiente por la escasez de agua.

A partir de aquí nos desviamos hacia el Este, para cruzar la carretera que baja del Puerto de Navacerrada por el Puente de la Cantina. Después de hacernos las consabidas fotos en la fuente de la Canaleja, subimos por la Vereda de la Canaleja (que tiene todo el aspecto de las "corredoiras" gallegas), por donde al parecer antiguamente bajaban las maderas.

Antes de terminar la vereda giramos hacia al sur, y comenzamos a subir la Peña de la Cuna o de la Cabra. Para aligerar la subida el segoviano Ángel Vallés nos fue contando todas las bodas en globo, en las que ha participado (alguna celebrada justo encima de la catedral de Segovia).

Después de parar a tomar un pequeño refrigerio, continuamos la marcha, pero ya sin senda, y a los guías les costó encontrar el famoso cojón, pero naturalmente lo encontramos. Alguna de las chicas (perdón yaya, como ella misma dice),  quiso encaramarse a él, pero no lo consiguió.

El cojón es grande (yo creo que superior al tamaño medio), y según cuentan en la Granja, el tal Pacheco existió, estaba bien dotado y al parecer las mozas del lugar estaban satisfechas con él. Un día desapareció y nunca más volvieron a verle, solo quedó como recuerdo su famoso cojón.

Una vez hechas las fotos de rigor, solo restaba bajar de nuevo a las Pesquerías, cruzar el río Eresma por el Puente de Navalacarreta y remontarlo hasta Boca del Asno, tomarse la cervecita de rigor mientras comíamos y por supuesto darse el merecido baño. Fin de ruta y de temporada.

Por último quiero recordaros que el 25 de agosto, día de San Luis, corren las aguas de las fuentes de la Granja. Si podéis, no dejéis de ir.

Buen verano a todos. ¡Nos vemos, en septiembre,  en el Cerro de San Pedro!
Marcos Herrero