miércoles, 21 de octubre de 2026

Excursión 958: Tres Cañadas. Málaga

FICHA TÉCNICA
Inicio: Ronda 
Final: Ronda
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 10,1 Km 
Desnivel [+]: 455 m 
Desnivel [--]: 455 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 10

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RESUMEN

José Luis Benavente

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martes, 20 de octubre de 2026

Excursión 957: Río Turón desde El Burgo. Málaga

FICHA TÉCNICA
Inicio: El Burgo 
Final: El Burgo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12,2 Km 
Desnivel [+]: 222 m 
Desnivel [--]: 222 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 10

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RESUMEN
De nuevo estamos de escapada otoñal. En esta ocasión, diez senderómagos nos hemos reunido para disfrutar de unos días de senderismo y buena compañía por Ronda y la Sierra de las Nieves. La escapada comienza con algunas ausencias importantes. Diversas circunstancias han impedido que buena parte del grupo pueda acompañarnos y nuestra amiga y compañera Paz, que había preparado estas jornadas con tanto cariño y esmero, también ha tenido que suspender el viaje. Una verdadera pena, porque sabemos la ilusión que había puesto en organizarlo todo.

Así que aquí estamos los diez supervivientes, dispuestos a aprovechar al máximo estos días. Para empezar hoy nos espera una ruta por la ribera del río Turón, con salida en El Burgo, unos 12 kilómetros de recorrido y alrededor de 230 metros de desnivel. Un itinerario, en principio, asequible, pensado para disfrutar del paisaje otoñal.

Comenzamos bajo el puente del pueblo, tomando un camino cementado que discurre junto al río. Atravesamos las zonas residenciales de las afueras, que poco a poco dan paso a huertos y parcelas agrícolas. Las primeras conversaciones giran en torno a la pregunta del día: ¿lloverá? Después del día de ayer precipitaciones abundantes, confiamos en que el tiempo nos dé una tregua y podamos completar la ruta sin mojarnos.

A medida que nos alejamos del pueblo, el paisaje se abre y el camino cementado da paso a una sendero denominado Manolo “ El cantaor”. El grupo más dispuesto a la diversión no tarda en encontrar un nogal cargado de nueces. Enseguida empiezan la recolección y la degustación, hasta que Antonio nos recuerda que hemos venido a caminar y que, si nos entretenemos con cada árbol, no llegaremos muy lejos. Así que dejamos las nueces y reanudamos la marcha.

Pronto aparecen los olivares y, con ellos, un nuevo tema de conversación: las variedades de aceituna, los aceites que más nos gustan y las aceitunas de mesa preferidas por cada uno. Cualquier excusa es buena para mantener animada la charla durante el camino.

La ruta está bien señalizada con marcas verdes y blancas, y poco a poco vamos ganando altura. La temperatura sube y llega el momento de quitarnos alguna prenda. Alcanzamos entonces el mirador de Abelardo Muñoz Narváez, donde hacemos una parada para contemplar el paisaje y, por supuesto, sacar unas cuantas fotografías. Le sigue el mirador Adrián Narváez Bandera.

Es una pena que el otoño venga retrasado este año. Esperábamos encontrar los tonos ocres, amarillos y rojizos propios de la estación, pero la vegetación todavía no luce esos colores que tanto embellecen el paisaje.

Dejamos atrás los olivares y entramos en una zona de pinares. El sendero, cubierto de piñas y restos vegetales, resulta especialmente agradable bajo la sombra de los árboles. Continuamos hasta el mirador del río Turón, desde donde contemplamos el valle, las laderas y el entorno montañoso de la Sierra de las Nieves. Una buena ocasión para detenernos y disfrutar de las vistas antes de seguir caminando.

Poco después, llega nuestro tradicional almuerzo del ángelus. Esta vez lo hacemos frente al dique del Nacimiento, en un entorno donde el agua y la vegetación adquieren protagonismo. Estas infraestructuras hidráulicas forman parte del aprovechamiento tradicional del agua en la zona, fundamental para los usos agrícolas y la vida de sus pueblos. Con el dique como telón de fondo, sacamos fruta, frutos secos y reponemos fuerzas.

Retomamos la marcha. El camino desciende hacia la orilla del río Turón y nos encontramos con uno de los tramos más bonitos del recorrido. La vegetación de ribera, los acebuches y pequeñas palmeras que aparecen junto al agua aportan un carácter especial a este sendero, que invita a caminar sin prisas y disfrutar del entorno.

Pero toca volver a subir. Afrontamos el ascenso hasta alcanzar otro mirador, donde hacemos la imprescindible fotografía de grupo. Allí quedan inmortalizados los diez supervivientes de esta escapada, dispuestos a seguir disfrutando de la aventura a pesar de las ausencias.

A partir de aquí, un cartel anuncia el final del sendero y comenzamos a caminar por una pista forestal señalizada con marcas blancas y rojas del GR-243. El tramo resulta algo pesado y monótono después de los senderos anteriores, aunque tiene una ventaja: permite contemplar amplias panorámicas de las montañas y los pinares del Parque Natural de la Sierra de las Nieves. Unas vistas que compensan, en parte, el esfuerzo de estos últimos kilómetros.

Finalmente, regresamos a El Burgo cruzando el Puente Nuevo y damos por terminada nuestra primera ruta. Nos dirigimos a la plaza del pueblo para cumplir con otro de nuestros rituales: tomar unas cervezas bien merecidas después de la caminata.

Con las piernas descansando y la conversación en marcha, repasamos las anécdotas del día y empezamos a decidir qué haremos por la tarde al volver a Ronda.

A esta ruta le doy 4 sicarias.
Fernando Ramos

miércoles, 14 de octubre de 2026

Excursión 956: Cerro de San Pedro y yacimiento arqueológico de Navalahija

FICHA TÉCNICA
Inicio: Colmenar Viejo
Final: 
Colmenar Viejo
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,2 Km 
Desnivel [+]: 490 m 
Desnivel [--]: 553 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/No
Ciclable: No
Valoración: 3,5
Participantes: 28

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RESUMEN
Como ya es tradición en los últimos 15 años, el GMSMA inaugura las nuevas temporadas, ascendiendo a la cima del Cerro de San Pedro para pedirle al santo salud, que no nos llueva y buenas piernas para poder acometer las excursiones del nuevo curso. Cada año esta subida se programa a lo largo del mes de septiembre, y habitualmente suele ir acompañada también de una vuelta por la Dehesa de Navalvillar, para visitar algunos de sus enclaves más representativos.

Sin embargo, debido a las altas temperaturas que hemos sufrido este año en las primeras semanas del mes de septiembre, el sentido común aconsejaba atrasar la tradicional subida unas semanas, e intentar acometerla con temperaturas más favorables, para no cocernos a fuego lento en el deambular por ese pequeño desierto en el que se convierte la Dehesa de Navalvillar durante los meses de verano, sin vegetación, sin agua y sin prácticamente sombra.

Pero cuando llegaron esas semanas más benévolas meteorológicamente hablando, resulta que para esas fechas ya se habían programado con antelación dos eventos: la visita a la quesería de Bustarviejo organizada por Nico, y la no menos tradicional subida al puerto del Reventón para despedir a Rosana que ya se retira a sus cuarteles de invierno en Mallorca. Como ya estábamos a mediados de octubre, para no retrasar más la cita con el santo, decidimos Antonio y un servidor, programar la subida al cerro para la semana siguiente a los dos eventos citados, confiando que la bajada de temperatura de las semanas anteriores se prolongara en el tiempo y nos diera una ventana de oportunidad.

Para este año, había diseñado una ruta lineal empezando en el aparcamiento habitual situado junto a la caseta de peones camineros, pasado el PK 7,400 de la carretera M-625 de Colmenar Viejo a Guadalix de la Sierra (también conocido como Alto del Mojón por ser el punto donde se unen los términos municipales de Colmenar, Soto del Real y Miraflores). El objetivo era subir al Cerro de San Pedro y luego entrar en la Dehesa de Navalvillar para visitar la mina del arroyo de los Maderones, el antiguo campo de tiro, el yacimiento arqueológico de Navalahija y la mina de las Gateras, y terminar en el pequeño aparcamiento de la talanquera de San Pedro, en el extremo opuesto de la Dehesa de Navalvillar, que tiene 6 talanqueras que dan acceso a la misma:

- Talanquera la Cuesta
- Talanquera Remedios en el pequeño aparcamiento que hay junto a la base de las FAMET
- Talanquera la Calera (próxima a la anterior)
- Talanquera Valdepuercos
- Talanquera Aguas de la Dehesa
- Talanquera de San Pedro situada junto a los antiguos estudios Tablada.

Como tenemos que dejar primero algunos vehículos en el aparcamiento de la Talanquera de San Pedro, para que no se me despiste el personal, fijamos el punto de encuentro de hoy en la Cruz de Muchos Cantos, en la carretera M-625, a medio camino entre la población de Colmenar Viejo y la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios.

Hemos quedado con algunos compañeros que suben más despacio, para que ellos vayan directamente al comienzo de la ruta, y empiecen el ascenso al cerro sin necesidad de esperar al resto de participantes, que tienen que organizar los vehículos.

Una vez reunidos el resto de los participantes entorno a la Cruz de Muchos Cantos, nos internamos por la pista de tierra hacia al pequeño aparcamiento de la Talanquera de San Pedro, donde dejamos 5 vehículos. Nos repartimos en el resto de los coches, y nos trasladamos al comienzo de la ruta. Una vez en el punto de salida, nos encontramos con Carlos M. que nos está esperando, y sin más dilación saltamos el muro que da acceso a la finca ganadera por la que transcurre los primeros metros de la senda que sube hacia el cerro.

El Cerro de San Pedro se yergue majestuoso y solitario (monte isla como le gusta denominarlo a algunos) con sus 1.424 mts de altura entre los términos de Colmenar Viejo, Guadalix de la Sierra y Pedrezuela. El cerro está rodeado de fincas privadas y hoy en día no tiene ningún acceso público. En el año 1998, se cerró de forma unilateral por los propietarios de la finca el Vedado, el acceso más lógico y viable y por el que históricamente se subía al cerro, por el cordel de las Merinas, una vía pecuaria ancestral, en el término municipal de Miraflores, en su paso de Colmenar a Guadalix, dejando éste anexionado a la finca dentro de su perímetro de cerramiento, 7,2 hectáreas de terreno de titularidad pública: una cañada con descansadero incluido.

Esta ocupación, fue denunciada en varias ocasiones a vías pecuarias por los agentes forestales de la zona. Pero como se podía acceder al cerro por la finca colindante, en el término municipal de Colmenar Viejo, esas denuncias no fueron fruto de mayor insistencia. Ya en la primavera del año 2013, los propietarios de las fincas del término de Colmenar Viejo, por donde discurre el sendero de acceso a la cumbre desde el Alto del Mojón, decidieron impedir el acceso mediante la colocación de obstáculos y alambradas, aludiendo a que la masificación de acceso al cerro provocaba el derribo de muros, acumulación de basura, y molestias al ganado.

La asociación cultural Pico de San Pedro, solicitó mediación del ayuntamiento de Colmenar Viejo e incluso se abrió una petición de firmas en la plataforma Change org. También la FMM convocó una marcha para solicitar a la Comunidad de Madrid la reapertura de la vía pecuaria que da acceso a la zona. Sea como fuere, desconozco cómo se llegó a un acuerdo con los propietarios, para resolver los problemas de acceso desde el Alto del Mojón, y afortunadamente hoy en día se puede acceder a la subida al cerro sin mayores contratiempos. Eso sí, intentando transitar siempre lo más pegado al muro y evitando molestar al ganado que hay en las fincas que atravesaremos.

Una vez pasado el muro, ya nos encontramos con el primer repecho con fuerte pendiente hasta alcanzar el Cerro de la Prestancia, donde ya habremos salvado un desnivel de 200 mts. Ya se nota que hoy el calor va a hacer acto de presencia … Luego durante unos minutos transitamos por un terreno más cómodo, pero siempre ganando altura, para acometer finalmente el segundo repecho fuerte de otros 185 mts hasta alcanzar la cima. Voy a cola de grupo, y en este último tramo alcanzo a José María, y hacemos los últimos metros juntos.

En la cumbre nos esperan el resto de nuestros compañeros que ya hace un rato que han alcanzado la cima, rodeando la almena que la corona y en cuya cumbre se encuentra el deteriorado vértice geodésico, al que algunos compañeros no se resisten a subir. Hoy hemos tenido la suerte de tener un día despejado, y la panorámica que se tiene desde esta atalaya es impresionante: La Sierra de Hoyo de Manzanares, el embalse de Santillana, toda la Pedriza Anterior, la Cuerda Larga, el puerto de la Morcuera, la Sierra de la Cabrera, el embalse de Guadalix-Pedrezuela, la Dehesa de Moncalvillo de San Agustín de Guadalix, Tres Cantos, Colmenar Viejo, la base de las FAMET, etc .

Algunos firman en el libro que hay en un buzón detrás de la almenara. Y aprovechamos para hacer la foto de grupo delante de la misma.

Después de haber repuesto fuerzas, vamos a bajar en dirección a la Dehesa de Navalvillar. Aquí ya nos abandonan Marcos H. Raquel y Julián, las estrellas fugaces hoy, que emprenden el regreso por el camino de subida, ya que tienen que estar pronto en casa.

El resto del grupo, descendemos desde la cima, por un pequeño sendero en dirección sur, siguiendo uno de los muros de piedra de una de las fincas que confluyen en la cima.

Vamos sorteando las curvas que va dibujando el sendero hasta la cota 1.265 mts. En este punto dejamos el sendero, saltamos un pequeño muro teniendo cuidado de no deteriorarlo, y esperamos para reagruparnos en el otro lado. José María, Antonio y Carlos M. todavía tardarán unos minutos en alcanzarnos. En este punto sopla el aire y eso se agradece porque el calor ya empieza a apretar.

Pasamos un segundo muro, y atravesamos una zona de pasto bajo que fue afectada por el incendio del mes de agosto de 2025, que gracias a una rápida intervención no llegó a causar daños importantes.

Vamos a bajar por la loma en dirección a la pista de la cañada de Cantalojas. Para acceder a la pista buscamos una parte de la valla de piedra por la que sea más factible saltar.

En este punto Antonio y José María nos abandonan y toman dirección a la carretera de Guadalix y de ahí al Alto del Mojón. El resto del grupo tomamos el cordel en sentido contrario, hasta la confluencia de éste con el cordel de Hoyo de Manzanares. Luego nos desviamos a la derecha hacia la talanquera de la Cuesta, que da acceso a la Dehesa de Navalvillar. Cada vez hace más calor y ahora va a venir lo peor, porque la dehesa prácticamente no tiene sombra y tampoco agua después de tantos meses sin llover y de un verano con altas temperaturas.

Aunque en un primer momento nos íbamos a encaminar hacia el arroyo de los Maderones para visitar los restos de su pozo y mina, como algunos compañeros van algo cortos de agua, nos desviamos a la búsqueda de un abrevadero que hay cerca del arroyo de los Lobos. Cuando llegamos a él, comprobamos que se trata de un abrevadero que se rellena desde un pozo mediante un flotador, por lo que no es factible coger agua en él, y además el agua que contiene el abrevadero tampoco está en buen estado, ni siquiera para refrescarnos un poco. Cabe recordar que las 5 fuentes de agua potable que hay en la dehesa, están todas ellas próximas a los estudios tablada y a la base de las FAMET, cerca de los yacimientos arqueológicos.

Como el abrevadero se encuentra rodeado de algo de sombra, aprovechamos para realizar el almuerzo. Hasta aquí solo hemos recorrido 6,5 kms de los 12 km previstos.

Cuesta levantarse de la sombra y volver a ponernos en marcha de nuevo a campo abierto, pero sin embargo no queda más remedio que continuar la ruta. Ya se empiezan a oír los primeros comentarios de que esta ruta no es para un día de calor como el que está haciendo hoy, así que aprieto el paso y huyo de las protestas ….

Continuamos hacia el arroyo de Tejada, pero dejando atrás ya el pozo y la mina protegidos por el vallado de madera que alcanzamos a ver a cierta distancia en el arroyo de los Maderones. Al fin y al cabo se trata de una explotación que hemos visitado ya en varias ocasiones.

Una vez alcanzado el arroyo seguimos su curso aguas abajo (lo de aguas es un decir, porque hoy está más seco que la mojama). Vamos a por el siguiente objetivo, el antiguo campo de tiro, que en parte ya visitamos el año pasado.

Después de 1 km aproximadamente, alcanzamos el puente de madera que cruza el arroyo junto a un panel informativo, que relata parte de la historia militar de la dehesa. En él se indica, que se tiene constancia de que los militares ya utilizaban Navalvillar de forma esporádica para sus prácticas de tiro desde 1.904. Pero no es hasta el año 1941, cuando el Ministerio de Defensa firma un convenio con el Ayuntamiento de Colmenar Viejo, para hacer uso militar de la Dehesa de Navalvillar hasta el año 2001. El acuerdo recogía que durante 6 meses sería utilizada por el ejército (de noviembre a abril) y los otros 6 meses por ganaderos y vecinos.

La dehesa era utilizada tanto por militares de a pie como por vehículos acorazados y carros de combate para realizar prácticas de tiro.

En el año 1981, la Capitanía General de la I Región Militar expresó al municipio su deseo de comprar la dehesa, con el fin de utilizar los terrenos para prácticas militares, exclusivamente. Sin embargo, el pleno del ayuntamiento desestimó la venta, por el número de vecinos que vivían del ganado que pastaba en esa dehesa (se hablaba entonces de 4.000 cabezas de ganado).

Durante los años siguientes, el ayuntamiento consiguió reducir el número de días de prácticas militares y se siguió solicitando al ejército el cese definitivo de las prácticas de tiro en la dehesa, ya que esas acciones originaban un gran deterioro de la finca y de los pastos, sobre todo por las maniobras de la artillería pesada. A lo largo de esos años se produjeron varios accidentes, con el resultado de 8 personas muertas y varias más heridas, cuando los vecinos recogían chatarra en el campo de tiro de San Pedro, como consecuencia de detonaciones accidentales de proyectiles militares sin estallar, que no fueron retirados por el ejército después de las maniobras.

Finalmente, en el año 2001 cesaron las prácticas de tiro y las maniobras militares en la dehesa. Posteriormente se realizaron tareas de limpieza y retirada de proyectiles no explosionados. En la primavera del año 2002, la dehesa retornó al pueblo de Colmenar.

Cruzamos el puente y al otro lado del arroyo Tejada, todavía se pueden observar las terrazas que se construyeron para situar las dianas utilizadas para las prácticas de tiro con fusil, e incluso varios restos de los hierros donde éstas se anclaban. Al otro lado del arroyo, debajo de la antigua caseta, se pueden observar las dos líneas donde se colocaban los tiradores.

El calor ya apretaba de lo lindo, y el paisaje seco y polvoriento, tampoco acompaña. Como diría el gran chiquito de la calzada, hacía tanto calor que hasta las ranas iban con cantimplora … Las protestas se empiezan a incrementar. “No entiendo la necesidad de hacer esta ruta con este calor” …. “Pero a dónde vamos” … “Porque no acortamos la ruta y vamos a los coches” … etc. En fin, yo sigo empeñado en realizar la ruta “contratada”, y llegar al yacimiento visigodo de Navalahija y a la mina de las Gateras.

Desde el puente, ascendemos por una pequeña senda marcada con postes que se dirige hacia el yacimiento. Una vez alcanzada la parte de arriba de la loma, ya se divisa el panel informativo y la valla de los restos arqueológicos del yacimiento de Navalahija.

La aldea de Navalahija se localiza al sureste de la dehesa, y a escasos 1.000 mts del otro yacimiento que podemos encontrar en la dehesa, el yacimiento de Navalvillar. Las investigaciones arqueológicas comenzaron en el año 2008 y continúan hoy en día.

El yacimiento de Navalahija es el que tiene un mayor número de casas y zona de trabajo. Surge y se desarrolla a finales del siglo VI y el siglo VIII d.C. y corresponde al período visigodo. Pertenece al mismo período que el yacimiento de Navalvillar.

Lo más representativo de este conjunto es una estructura que presenta diferentes estancias para trabajar el hierro, algo que aporta una valiosa información sobre esta actividad económica, que los estudiosos presuponen que se compaginaba con la explotación de la ganadería ovina y caprina. En el año 2.013 se descubrió un horno de reducción del hierro y varias bases de hogares que podrían tener diferentes funciones para las actividades minero-metalúrgicas.

Parte del material recuperado de los dos yacimientos de la Dehesa de Navalvillar: material pétreo, fragmentos cerámicos e instrumental metálico, puede contemplarse en la Casa Museo de la Villa, gracias al convenio de cesión de materiales que mantiene el Ayuntamiento con el Museo Arqueológico Regional de Madrid. Más información en este enlace.

A estas alturas muchos compañeros buscan solo un pedazo de sombra para resguardarse, y no les interesa mucho visitar los restos arqueológicos.

De aquí a la mina de las Gateras no hay mucha distancia, y en medio aparece una de las 5 fuentes de agua potable que hay en el interior de la dehesa. Pero cuando llegamos a ella no tiene agua…. Junto a la fuente hay un abrevadero, pero tampoco se puede utilizar. Acometemos los pocos metros que restan hasta alcanzar la loma donde se halla el complejo minero de las Gateras.

La mina tuvo dos periodos de actividad: el primero, en los siglos XVI y XVII, se descubre, investiga y explota la mina apareciendo plata y cobre.

En la segunda etapa, siglo XVIII, se realizan trabajos de extracción de mayor envergadura, pero realmente se trató de una minería muy artesanal.

El complejo minero está compuesto por un pozo y una galería, ambos inundados de agua. Junto a ellos se puede apreciar los restos de una escombrera. El pozo es cuadrado y en el emboquille tiene unas muescas que sirvieron para el emplazamiento de traviesas de madera y escalas.

En uno de los laterales del peñón hay un gran bloque de piedra en el que está tallada una cubeta perfectamente circular que se cree servía para moler mineral. Unos 10 m. ladera abajo está la entrada a una galería, semicubierta por la vegetación. Al igual que ocurre en el pozo y mina de los Maderones, ambos están cubiertos por una rejilla de hierro para impedir el acceso y prevenir accidentes.

Finalizada la visita, no queda más que bajar para cruzar el arroyo del Pocito primero y de nuevo el arroyo de Tejada. Como no llevan agua ninguno de los dos, solo hay que buscar un punto donde tengan menos vegetación para poder "vadearlos". Si el segundo tuviera agua, un poco más arriba existe un paso con grandes bloques de piedra por donde se puede cruzar, siempre y cuando no lleve mucho caudal.

Nos plantamos debajo de lo que fue el antiguo vertedero de Navalvillar, hoy vallado, cubierto por tierra y repoblado con pinos. Lo rodeamos por la izquierda, y en la esquina inferior está ubicada otra de las 5 fuentes de agua de la dehesa, pero visto el éxito que hemos tenido con la primera de ellas, renunciamos a acercarnos para comprobar si tiene agua. Hay que subir para coronar la ladera. Encima del antiguo vertedero, en el Alto de Cantos Blancos, estaba ubicada la construcción de La Parada de Postas, el último de los vestigios de decorados del oeste, que permanecía en la Dehesa de Navalvillar y que fue demolido en el año 2021 por el ayuntamiento, debido a su mal estado de conservación.

Ya vemos los antiguos estudios de cine Tablada, y ya solo nos queda tomar la pista que se dirige a la talanquera de San Pedro. Antes de llegar a ella nos encontramos otra de las fuentes de la dehesa, que esta vez si tiene agua, y realizamos una parada para refrescarnos y beber. Rápidamente y con gran bullicio se amontona a su alrededor prácticamente todo el grupo.

Atravesamos la talanquera de San Pedro y nos repartimos entre los vehículos que allí quedan.

Melchor se lleva a los conductores a recuperar los coches que están en el Alto del Mojón y el resto nos dirigimos a la Ermita de los Remedios, a tomar algo en su bar y su agradable patio, dando por finalizada la ruta.

Hoy hemos aprendido dos lecciones importantes. Primero, que antes de realizar una ruta, hay que consultar las temperaturas y en función de las necesidades de cada uno, portar en la mochila agua suficiente. Segundo, y no por ello menos importante, que con la prolongación cada vez más habitual de la canícula más allá del mes de septiembre, la subida tradicional al Cerro de San Pedro habrá que posponerla y realizarla en los meses de noviembre e incluso diciembre.

Hoy por el calor sufrido en la peregrinación por la Dehesa de Navalvillar, a pesar de haber visitado nuevos enclaves como el yacimiento de Navalahija y la mina de las Gateras, le otorgo a la ruta una puntuación de 3,5 sicarias.
Carlos Revilla