miércoles, 28 de mayo de 2025

Excursión 852: De Ermita de Hontanares a Martín Muñoz de Ayllón y vuelta

FICHA TÉCNICA
Inicio: Ermita de Hontanares 
Final: 
Ermita de Hontanares
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 10,4 Km 
Desnivel [+]: 313 m 
Desnivel [--]: 313 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 
Participantes: 21

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Ricardo Tardón

miércoles, 21 de mayo de 2025

Excursión 851: Refugio del Palancar desde Rascafría

FICHA TÉCNICA
Inicio: Rascafría 
Final: Rascafría
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 13,1 Km 
Desnivel [+]: 388 m 
Desnivel [--]: 388 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 22

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RESUMEN
La cita nos reunió en el valle del Lozoya, corazón del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

En Rascafría, fuimos aparcando nuestros coches junto al arroyo Artiñuelo, y poco a poco, los 22 senderistas fuimos formando grupo. Cruzamos el río Lozoya y tomamos el camino que bordea la finca de El Robledo, puerta de entrada a la aventura.

Pronto nos vimos inmersos en el espectacular robledal de Horcajuelos, un bosque soberbio de roble melojo o rebollo (Quercus pyrenaica), árbol tan castizo como noble.

Sus hojas aún tiernas, el sotobosque florecido y el sendero tachonado de violetas, orquídeas y narcisos de montaña nos envolvían en un festín de colores. El aire, limpio y templado, traía aromas de jara y tierra húmeda, mientras la luz jugaba entre claros y sombras, regalándonos un paisaje en movimiento.

La primera parada fue ante la Sabina del Chorrillo, un árbol solitario y resistente, que parecía custodiar los secretos del tiempo. Su porte sereno y sus ramas retorcidas nos invitaron al silencio y la contemplación.

Nuestro habitual ángelus “brunch” transcurrió bajo la compañía amable de los robles y las flores primaverales. Carolina nos agasajó con dulce de membrillo y Marcos con chocolates, un festín sencillo pero memorable.

Continuamos hasta el Rebollo del Palancar, árbol singular donde inmortalizamos la jornada con la foto de grupo, con la sierra desplegando su grandeza al fondo.

Más adelante alcanzamos el refugio del Palancar —cerrado en estas fechas—, junto a la carretera M-611. Allí cambiamos el rumbo: de sureste a suroeste, hacia el Alto del Robledillo.

El camino, flanqueado por masas arboladas a nuestra derecha, se animaba con manchas amarillas de retamas y con el estallido floral de los claros, mientras los picos nevados enmarcaban la escena.

En el Alto del Robledillo, las vistas eran soberbias: el valle del Lozoya se extendía a nuestros pies, con el monasterio de El Paular como joya central, arropado por las alturas de Peñalara y la Cuerda Larga, aún manchadas de nieve.

El contraste entre cumbres blancas y valle verde fue uno de esos instantes que quedan grabados en la memoria. Allí mismo charlamos un rato con la vigilante de incendios en su atalaya solitaria.

Comenzó después el descenso hacia el arroyo Aguilón, que baja impetuoso desde las preciosas cascadas del Purgatorio.

A su orilla dimos buena cuenta de nuestros bocadillos, acompañados por el rumor potente del agua. Algunos, valientes, se atrevieron a refrescar los pies en su corriente fría y viva.

Repuestas las fuerzas, seguimos hasta las Presillas, animadas ese día por un grupo de estudiantes bulliciosos. El restaurante, donde en otras ocasiones habíamos disfrutado de cerveza fresca, estaba en obras: restauraban su tejado.

Cerca ya del monasterio de El Paular, Carlos nos ilustró con la historia del antiguo batán hidráulico que los monjes cartujos empleaban para fabricar papel.

Trapos de lino, cáñamo, algodón o esparto se transformaban, tras el batido, la pulpa obtenida se colocaba en moldes para obtener hojas de papel de gran calidad.

Aunque no hay certeza absoluta, se sabe que el papel de El Paular nutrió muchas imprentas de Madrid y Alcalá de Henares, y que muy probablemente algunos pliegos acabaron en la primera edición del Quijote en 1604 (aunque lleva fecha de 1605), salida del taller de Juan de la Cuesta, situado en Madrid, en la calle Atocha, número 87.

La última parte del recorrido fue como entrar en un mar de tranquilidad: el Bosque Finlandés, con su cabaña de madera, su embarcadero solitario y el agua del Lozoya reflejando la magia del entorno. Todo respiraba un aire de cuento, difícil de abandonar.

Regresados a Rascafría con las piernas cansadas pero el espíritu rebosante de primavera.

La jornada culminó en el obrador de chocolate San Lázaro, a donde Marcos nos guio en la degustación de nuevas delicias y tentadoras compras.

En definitiva, una jornada espléndida: unos 13 kilómetros y 400 metros de desnivel en la mejor de las compañías. Valoración final: 4,5 sicarias.
Ángel R. Otero

miércoles, 14 de mayo de 2025

Excursión 850: Embalse del Villar desde Manjirón

FICHA TÉCNICA
Inicio: Manjirón 
Final: Manjirón 
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 11,8 Km 
Desnivel [+]: 160 m 
Desnivel [--]: 160 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 
Participantes: 12

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Excursión 849: Reserva Natural del Zíngaro. Sicilia

FICHA TÉCNICA
Inicio: Reserva Natural del Zíngaro
Final: Reserva Natural del Zíngaro
Tiempo: 1 a 2 horas
Distancia: 5,5 Km 
Desnivel [+]: 179 m 
Desnivel [--]: 179 m
Tipo: Ida y vuelta
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 0+16

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RESUMEN
Un poco de historia para situarnos
La Reserva Natural dello Zingaro, en el noroeste de Sicilia, es uno de esos lugares que existen porque la gente dijo “¡hasta aquí!”. En 1980, cuando se proyectó abrir una carretera que atravesaría todo el litoral, asociaciones, vecinos y amantes de la naturaleza se movilizaron para evitarlo. Gracias a aquella protesta —recordada como “la marcha dello Zingaro”— nació, en 1981, la primera reserva natural oficial de Sicilia.

Hoy es un paraíso costero sin asfalto, con senderos que serpentean entre montañas calizas, barrancos secos y calas de agua transparente en las que es imposible no quedarse embobado.

El entorno: roca, sol y vida mediterránea
La zona es pura geología mediterránea: relieves abruptos de calizas mesozoicas, modeladas por la erosión durante millones y millones de años.

Un terreno seco que se ilumina como un horno cuando el sol aprieta (y vaya si apretaba ese día).

La vegetación es la clásica superviviente del clima siciliano: palmito enano (la única palmera europea), lentisco, jara, romero, euforbias, y algún que otro algarrobo que parece colocado estratégicamente para dar sombra (pero casi nunca da la suficiente).

¡Y pensar que el otro grupo no pudo hacer esta excursión unos días antes porque cayó una tromba de agua! La primavera es así …

La excursión
Aquel 22 de mayo, dentro del viaje por Sicilia y las tierras de volcanes, habíamos pasado la mañana disfrutando de la visita a Monreale, donde su impresionante Duomo nos dejó con la boca abierta.

Ese interior dorado, cubierto de mosaicos bizantinos que brillan como si tuvieran luz propia, parecía sacado de otro mundo.

Cerca del mediodía nos plantamos en la entrada sur de la reserva con toda la energía senderista que caracteriza al GMSMA… y ya con un calorcito que hacía presagiar una buena insolación.

Nos acompañaba David, el guía-amigo de confianza, de esos que ya saben cómo caminamos, cuánto apretamos el paso y cuándo conviene aflojar. Y por eso, decidió no hacer el recorrido entero hasta la entrada Norte (que era el plan inicialmente previsto) sino ir hasta una cala a mitad de camino, disfrutar de un buen baño y volver al punto de inicio.

Con él echamos a andar por el sendero costero, que discurre en altura por la costa, y que gracias a una ligera brisa disfrutamos mejor de las calurosas expectativas.

Primera parada: la primera cala
A los pocos kilómetros llegó la tentación: la primera cala, Cala Della Disa, con su agua azul casi de mentira. Y claro, el sol pegando, cansados de toda la mañana, con hambre… algunos compañeros del grupo dijeron:

“Mira, nosotros nos quedamos aquí mismo, que esto es el paraíso y el paraíso no se abandona”. Sensato, muy sensato.

El tramo hacia la segunda cala (Cala Berretta)
El resto continuamos la ruta. El sendero es precioso, y más en este final de primavera siciliano donde aún conserva un paisaje verde que en breve se irá agostando. Pasamos entre manchas de matorral mediterráneo y miradores donde la costa se veía casi vertical, con esas paredes calizas cayendo al mar.

Entre risas, fotos, comentarios sobre el calor y algún “¿queda mucho para el baño?”, llegamos a la segunda cala.

El premio: baño, comida y relax
Allí sí que no hubo dudas: mochilas al suelo, chapuzón inmediato.

El agua estaba cristalina, de ese color turquesa que parece retocado con Photoshop, pero no: Sicilia es así de exagerada.

Comimos a la sombra de las rocas y disfrutamos un buen rato del lugar antes de emprender la vuelta.

El regreso
Tras el almuerzo y con la piel ya fresquita del baño, tocó rehacer el camino. El sol seguía igual de generoso, pero el ánimo venía renovado. Paso a paso volvimos a la entrada, donde nos esperaba el autobús para seguir la aventura siciliana.

El día aún nos esperaba a algunos una grata sorpresa: Logramos llegar in extremis al Teatro Massimo a disfrutar de una maravillosa Ópera (Salomé) .

Un día para no olvidar !

Cierre
La excursión por la Reserva dello Zingaro fue una de esas jornadas que quedan grabadas no solo por el paisaje, sino por el ambiente del grupo: calor, amigos, mar cristalino, senderos entre calizas y la satisfacción simple y maravillosa de caminar juntos un rincón natural, que existe gracias a quienes lo defendieron. La puntúo con un 5.
Ana López

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