miércoles, 23 de mayo de 2018

Excursión 405: La Chorranca y Cerro del Puerco

FICHA TÉCNICA
Inicio: Pradera de Navalhorno
Final: 
Pradera de Navalhorno
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  14,7 Km
Desnivel [+]: 679 m
Desnivel [--]: 679 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4,5
Participantes: 30

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Me toca organizar la ruta de esta semana por la baja forzada de nuestro boss, y ante varias posibilidades me decido por una sugerida por José Luis M. por los bosques de Valsaín, que prometía tener muchos alicientes.

En la Pradera de Navalhorno nos reunimos con la grata sorpresa de que Ángel Vallés se acercó a saludarnos y no perderse la oportunidad de hacernos la foto de grupo. Tras los saludos, comenzamos a caminar en dirección oeste en busca del viejo camino que antaño llevaba del palacio de la Granja a la pradera de Navalhorno y ahora es una prosaica pista de asfalto cerrada al tráfico y a las vacas mediante dos barreras.

Dejando una serrería a nuestra izquierda, avanzamos entre robles, que estrenan sus hojas, con rumbo noreste, hasta la primera bifurcación, en que tomamos el ramal de la derecha, el camino forestal de Majalapena, en el que a sus orillas se apilaban gran cantidad de troncos, la materia prima que dio origen a La Pradera de Navalhorno, por la creación del Real Taller de Aserrío, que surgió como alojamiento de los dependientes, jornaleros e industriales, procedentes del País Vasco, dedicados a la compraventa de pinos. En un principio, era una aglomeración desordenada de casas y talleres de madera, situada en una pradera pantanosa.

La economía y la cultura de este pueblo se basan en los oficios ligados al pinar: los gabarreros, que recolectan leñas muertas; los ganaderos, que conservan las variedades locales de vaca, los recolectores de setas, que complementan su administración doméstica, y últimamente del turismo rural.

Pasamos a la vera del arroyo de la Chorranca, al que cruzamos por el puente del Vado de los Tres Maderos, aunque de ellos hoy día no queda nada, al haberse transformado en uno de piedra. Las sombras del pinar y la agradable temperatura hacen que disfrutemos del paseo por la Tolla de los Guindos.

En la siguiente bifurcación continuamos por la pista de la derecha dejando el asfalto. A partir de aquí, la pista se empina cada vez más para faldear la Peña de los Acebos por su vertiente meridional, zigzaguea cercana al arroyo de los Neveros, por cuya fuente pasamos, y finalmente asciende hasta el collado previo al Moño de la Tía Andrea, inicio del último tramo a la Silla del Rey. El continuo ascenso hizo que más de uno comentase durante la subida eso de ¿Falta mucho?, ¿Pero no era un paseo?, ¿Cuándo se acaba la cuesta?.

Nos basta una trepada de diez minutos para alcanzar la puntiaguda cúspide del Moño de la Tía Andrea (1689 m). Allí, olvidado por todos salvo por los excursionistas, el sillón de piedra permanece arrumbado como una antigüedad inútil entre altos pinos silvestres, tan altos que apenas permiten vislumbrar retazos de la llanura segoviana, y de la Granja, migajas de la que otrora debió de ser una magnífica vista.

En un borroso epígrafe sobre el respaldo de la silla reza: “El 23 de agosto de 1848 se sentó S. M. Don Francisco de Asís de Vorvón”. Apenas dos años antes de la referida inscripción, en octubre de 1846, habíase malcasado con Isabel II, de la que era primo hermano, y nadie en la Corte daba un duro por su descendencia, pues se barruntaba que, sobre impotente, era cornudo, sospechas que luego serían desmentidas (o confirmadas, según) por los varios embarazos de la reina, quien, entre otros retoños, alumbró en 1857 al futuro Alfonso XII, trastatarabuelo de de nuestro rey actual, Felipe VI.

El descanso relajó los ánimos vengativos de los que sufrieron la subida. Desandamos el camino hasta el collado, continuando por la pista asfaltada que asciende, en dirección sur por Navapelegrín, donde la abandonamos para, internarnos en el pinar, sin senda evidente, a la busca del arroyo de la Chorranca y sus cascadas concatenadas, que desparramaban con estruendo su abundante agua, procedente, 300 metros más arriba, del puerto de los Neveros, donde nace.

Es todo un espectáculo contemplar cómo el agua se precipita por un cortado rocoso de 20 metros de altura y, acto seguido, tropieza con otro escalón que lo obliga a dividirse en dos chorreras gemelas, completando de esta forma un triple salto de belleza mortal, el más original y bello de la sierra.

Tras las innumerables fotos con la preciosa cola de caballo de fondo, continuamos el empinado descenso, con la certeza de que la belleza del lugar había justificado el esfuerzo de llegar hasta allí.

Con el arroyo resonando a nuestra izquierda, descubriendo un buen rato después, al otro lado del arroyo, la vieja cacera que, procedente del arroyo de Peñalara, se descuelga en catarata por la brava ladera antes de unirse con el de la Chorranca y llevarse parte de su caudal hacia los jardines de La Granja. En este artículo se habla con nostalgia de ella.

Al perder la senda la pendiente, donde el arroyo de la Chorranca gira hacia la derecha en dirección este, paramos para buscar el mejor sitio para cruzarlo, encontrando para nuestra fortuna un rústico puente hecho con largos palos, que si bien no parecía muy seguro, nos facilitó el paso, con el aliciente añadido de la malvada expectación creada por si alguno se iba al agua.

Siguiendo una tenue senda y luego una amplia pista descendimos. en dirección este, a la muy desconocida fuente del Ratón, enclavada en un íntimo rincón con mesa y banco de madera bajo la sombra de unos esbeltos pinos que hacen de este lugar un encantador oasis.

A pocos metros más abajo de la fuente, descubrimos la acequia que lleva el agua a la Granja, a la que seguimos durante unos metros, pero como nuestro objetivo era visitar la cueva del Monje, abandonamos la agradable senda, que da mucha vuelta, para buscar, campo a través la forma de llegar a ella, en dirección noreste, lo más rectos posibles.

Y ciertamente, comprobamos esa máxima del senderista que dice que no hay atajo sin trabajo, porque el empinado ascenso nos hizo sudar la camiseta.

Yo por si acaso, nada más llegar a la pradera que ocupan el legendario dolmen de la cueva del Monje y un vivero forestal cercado con una rústica empalizada, me subí a lo más alto de la puntiaguda roca para evitar las malas tentaciones que escuché de partirle las piernas a no se quién que hacía de guía, aunque no veía yo muchas fuerzas para tamaña venganza, a no ser que fuera por encargo a nuestras temidas sicarias.

Tras recobrar el aliento, continuamos por la pista asfaltada de la izquierda en dirección norte y al acabar de dar una amplia curva, nos salimos a la izquierda para seguir la senda que nos llevaría al Cerro del Puerco, no sin antes despedir allí a las estrellas fugaces del día.

El Cerro del Puerco (1422 m) es una zona llana y abierta, con grandes lanchares graníticos y hermosas vistas, conocido sobre todo, por haber sido uno de los lugares en los que, durante la "Batalla de La Granja", en la Guerra Civil española, se produjeron unos cortos pero brutales combates, en los que aún hoy son reconocibles fortificaciones que las tropas sublevadas habían levantado en el cerro, a marchas forzadas, fueron la clave del rotundo fracaso del ejército republicano de tomar esta posición y avanzar hacia Segovia.

Contemplando el hipotético escenario de la batalla y con unas inmejorables vistas de Cabeza Grande, la Cruz de la Gallega, Matabueyes, Valsaín, la Granja e incluso Segovia, nos tomamos los ya ansiados bocadillos, regados con las agradecidas botas de vino de costumbre.


Ya solo nos quedaba bajar a La Pradera por una desdibujada senda que pasa junto a un fortín y enlaza con una pista con un par de zetas que enseguida nos plantó en el camino de la Granja a la Pradera y de allí a nuestro punto de salida, frente al bar la Pradera, que ahora se llama La Tomasa, donde celebramos con frescas cervezas la finalización de esta bonita ruta, no tan sencilla como algunos esperaban, pero que seguro será de las que no se olvidan, espero que para bien.

Por todo ello, esta bonita excursión se ha merecido 4,5 estrellas.
Paco Nieto

FOTO REPORTAJES
* Foto reportaje de José María Pérez


FOTOS
* Fotos de Ángel Vallés
* Fotos de Antolín
* Fotos de Enrique Cid
* Fotos de José Luis Molero
* Fotos de Julián Suela
* Fotos de Paco Nieto

miércoles, 16 de mayo de 2018

Excursión 404: Las Pilillas de la Pedriza

FICHA TÉCNICA
Inicio: Canto Cochino
Final: 
Canto Cochino
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  9 Km
Desnivel [+]: 674 m
Desnivel [--]: 674 m
Tipo: Circular
Dificultad: Alta
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,75
Participantes: 29

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
Esta excursión, aunque la cita era en La Pedriza y de la mano de Paco Cantos (mezcla terrorífica donde las haya), Antonio nos la había puesto como más suave de lo habitual, por lo que provocó que algunos sendero-magos (pobres ingenuos), que nunca se habían atrevido con estas formaciones graníticas, se animaran a probar suerte y de seguro que, por lo visto y oído después, de esta lotería no vuelven a comprar.

Como es habitual, a la hora fijada y con un tiempo espléndido, se pone en marcha el grupo de 29 excursionistas desde Canto Cochino, liderados por El Boss, con las vistas del Yelmo al fondo, cruzamos el río Manzanares y el arroyo de la Dehesilla para empezar a ascender al Barranco de los Huertos.

El ritmo tan alegre que se impone ya de entrada, unido a las dificultades de la subida (piedra y matorral abundantes) hizo que la hilera de excursionistas se alarga de tal modo que si no fuese por los walkie- tallkie, algunos que tomaron senderos erróneos, no nos habrían alcanzado.

Hecho éste que se dio cuando el barranco se abre un poco y aparece una pequeña pradera donde paramos a comer algo. Algunos a provecharon para subir a un mirador en las cercanías del jardín de Peña Sirio, desde donde se tiene una visión completa del Barranco de los Huertos.

Seguimos ascendiendo por el Hueco de las Hoces y aquí el camino se complica. Grandes piedras caídas bloquean el hueco, por lo que nos vemos obligados a trepar-reptar-descolgarnos y donde algunos empezaron a tenerlo muy claro: era La Pedriza de Paco Cantos, ¡¡¡qué se le iba a hacer!!!. demasiado tarde para salir corriendo.

Llegamos al desvío para subir a las Pilillas. Un pequeño grupo guiado por Paco Cantos, se separa para ascender al Balcón Prohibido que está justo encima de la inmensa pared del Pan de Kilo. El resto del grupo asciende a las Pilillas, nombre que le viene por las oquedades naturales en la piedra y de forma circular que conforman este paraje, realmente bonito y curioso.

Los dos grupos disfrutan tomando contacto visual y radiotelefónico, además de contemplar las diversas formaciones pétreas con nombres varios, como El Elefante, una de las más singulares, justo delante de la gran mole del Yelmo.

El grupo del Balcón Prohibido desciende-asciende y llega a las Pilillas donde el pelotón ya ha comido. Una vez han terminado los últimos el bocadillo, se continúa la subida al Cancho de las Pilas, donde no asciende todo el personal, al tener que trepar por una angosta chimenea, dada la aparente dificultad añadida ya para algunos que habían completado su ración de trepadas y demás. Desde la cima, la panorámica era espectacular, con el embalse de Santillana enseñoreándose entre el verdor de los campos y el castillo de Manzanares el Real.

Continuamos la marcha hacia la Lagunilla del Yelmo, cuarto punto a destacar de nuestra visita y bien que valía la pena; preciosa, entre la hierba, las rocas y las plantas acuáticas que la adornaban. Aquí aprovechó Teo para refrescarse y nosotros para hacernos la foto de grupo.

Bajamos por la senda de las Carboneras, mata rodillas donde las haya, pero con el aliciente de ir de vuelta.

Llegamos a la Fuente de Prado Pino en las proximidades de la Gran Cañada, donde muchos aprovechamos para beber y rellenar las cantimploras.

Desde aquí, teníamos dos rutas alternativas paralelas hacia Canto Cochino: elegimos la de la derecha que es más larga pero menos erosionada que el GR.

Empezamos el descenso y tras dejar El Castillejo a nuestra izquierda, desembocamos en el mismo sendero por el que subimos al principio y que nos llevó al quinto y último lugar del día: Casa Torrero y sus cervezas.

Tanto deseo y ansias por llegar despertaron en alguien, de cuyo nombre no quiero acordarme, que se pasó por el sendero sin cruzar el puente un buen trecho, hasta que cayó de su error y volvió, encontrándolo aún más apetitoso y con el aliciente añadido de que las birras corrían a cuenta de cuatro excursionistas que celebraban diversos eventos.

Con este día de montaña tan completo, la calificación no podía ser otra que de 4,75 sicarias.
JL R. Rubiales

FOTO REPORTAJES

miércoles, 9 de mayo de 2018

Excursión 403: El río Eresma por Armuña

FICHA TÉCNICA
Inicio: Añe
Final: 
Armuña
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  17,9 Km
Desnivel [+]: 319 m
Desnivel [--]: 288 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas y agua: Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 33

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta


TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC

* Ver esta ruta en Wikiloc

RESUMEN
En esta ocasión el Gmsma iba a mi pueblo, Armuña, y yo tenía mucho interés en que fuese una excursión muy bonita, especial, que quedara en el recuerdo de todos los senderomagos. Creo que lo conseguimos, yo pasé un día muy agradable y entrañable recorriendo lugares que me traen muchos y buenos recuerdos. Gracias al Boss, todo estuvo muy bien organizado.

Al comenzar la marcha en Añe, vimos que el día elegido fue un acierto, pues el campo  nos recibió con todos los colores y olores desplegados. Hasta el río Moros, que cruzamos nada mas empezar la marcha nos sorprendió con mucha agua (desde que se construyeron los Ángeles de San Rafael, el caudal del río ha bajado considerablemente). Nada mas pasar el puente sobre el Río Moros nos adentramos en el Soto de Añe, donde nos maravillamos con un bosque de fresnos  de los más importantes de Europa. Vimos además que el Soto es el lugar donde los ganaderos llevan sus rebaños de ovejas en primavera y verano.

Proseguimos la marcha por nuestra senda que a la derecha tenia la Fresneda y a la izquierda el Pinar, donde observamos que la mayoría de los pinos tenían incisiones (picas) de las que se obtiene resina, aunque los del lugar la llamamos miera.

En España la especie más utilizada para la obtención de resina ha sido el pino resinero. Cuando los troncos tienen un diámetro de 30 cm, lo que tiene lugar cuando superan los 50 años de edad, se puede iniciar el resinado. A mediados de marzo se inician las labores, que consiste en hacer unas incisiones en el tronco. Esta herida provoca la supuración de la resina, que fluye por la incisión y resbala por el tronco en donde es recogida en un recipiente, el pote, que se vacía cada 15-20 días.

Las incisiones, también llamadas picas, se inician por la parte baja del tronco y cada año se extienden hacia arriba. A los cinco años el resinero da por agotada esa cara del tronco e inicia nuevas incisiones en otra parte del tronco. Así procede sucesivamente hasta que el tronco queda rodeado por cinco surcos. En este momento se da por terminado el aprovechamiento resinero del árbol. Los árboles son productivos entre 25 y 50 años, por lo que tienen una vida  en torno a 100 años.

El Ayuntamiento de Armuña tiene actualmente unos 20.000 pinos, cuya explotación cede a los resineros por 0,50€  pino/año.

Hoy en día la resina se utiliza para, adhesivos, tintas, barnices, esmaltes, pinturas, impermeabilizantes, productos de limpieza, bebidas, goma de mascar, productos para el control de plagas, aguarrás, disolventes, fragancias. También se utiliza en la industria farmacéutica para medicamentos anti-ulcerosos y  antibacterianos. En los últimos años se le han descubierto aplicaciones antivirales, anticancerosas e incluso para el tratamiento del SIDA.

Las provincias con mayor producción de resina son Segovia, Ávila y Soria. En los años 80 la actividad resinera se fue reduciendo hasta ser meramente testimonial. Todos los resineros que había en el pueblo desaparecieron. Sin embargo, a partir de 2010 hay un renacer de la actividad como consecuencia del incremento de los precios de la miera y el incremento del mercado de productos ecológicos y sostenibles.

Continuando con la excursión, inmediatamente llegamos a la desembocadura del Río Moros en el Río Eresma y al Molino de Hornos, cuya reparación del tejado ha permitido que no se derrumbe. A partir de aquí aceleramos el paso, alcanzando casi velocidad de crucero, y a las 12:00 en punto, paramos en el Puente de Hierro, para nuestro irrenunciable  Angelus.

El Puente de Hierro está en la Vía Verde del valle del Eresma, que ha recuperado el trazado del ferrocarril Segovia-Medina del Campo, que estuvo en activo durante más de 100 años, hasta los años 80. El itinerario rehabilitado transita desde Segovia hasta Olmedo, dividido en tres etapas de longitud muy similar, contando en total con 73 kilómetros para disfrutar en bicicleta.

Después del bocadillo, tras andar unos metros por la Vía Verde, y después de pasar por los Casares, antigua villa romana totalmente tapada por tierra para evitar espolios. Antonio cogió allí su coche para ir a recoger los cochinillos que teníamos previsto comer al final del recorrido. En el último momento deciden acompañarle dos de las personas más serias  del grupo para traer más comida y bebida, uno es músico y el otro concejal. Volver, volvieron, no diremos cómo ni cuándo.

El resto del grupo nos desviamos de la Vía Verde para acercarnos a ver el Molino de Caldillas, actualmente en ruinas, pero que de niño recuerdo ir con mi padre a moler trigo. El agua que movía el molino no era el del río Eresma, como podría pensarse, sino de un manantial que nace 50 metros más arriba, que además de abastecer de agua a Armuña y a Carbonero, suelta tanta agua que entonces permitía  incluso mover el molino.

Tras cruzar el arroyo, iniciamos el tramo final por el Duermo, antes de llegar a  la Ermita de Tormejón, por un agradable paseo, rodeados de chopos y pinos. Esta vez cruzamos el arroyo de Tormejón sin problemas, sin embargo hace quince día no pudimos pasar debido al caudal que traía.

Batiendo todos los récords, llegamos a la Ermita de Tormejón, el lugar mas emblemático de Armuña, tanto por el cerro donde se encuentra, un promontorio elevado sobre el terreno que le rodea y con cortes escarpados en algunas de sus caras;  como por lo que representa espiritualmente la ermita que alberga a la patrona del pueblo y es objeto de romerías. 

Sin embargo los cochinillos y sobre todo los transportistas de los mismos no tenían prisa por llegar. Decidimos, pues, ir a la Cueva del  Moro, donde al parecer ya en el Paleolítico  estuvo habitada.  La entrada estaba tan tapada por la vegetación que dudamos sobre su localización. Los más valientes, después de quitar con machete las zarzas, conseguimos entrar y andar unos cuantos metros por la misma.

Tras el esfuerzo decidimos ir al arroyo a refrescarnos y la Virgen de Tormejón obró un  milagro más y aparecieron en el arroyo  unas ansiadas cervezas. Muy agradecidos procedimos a beberlas, mientras nos apenábamos del resto, que no quiso venir.

Después de subir de nuevo a la ermita, vimos que había venido a vernos  Ángel V. el cual además de con su presencia nos obsequio con unas bonitas fotografías, que al día siguiente aparecieron en el programa del tiempo de TVE. Todo el pueblo está alborotado con este tema. Hasta le ha salido familia a Ángel.

A todo esto los cochinillos sin aparecer!!! Por lo que el grupo de Coros y Danzas del Gmsma nos obsequió, para hacer tiempo, con una Salve Rociera y una Jota Segoviana.

Cuando por fin aparecieron los cochinillos, con unos transportistas muy contentos,  se produjo una aglomeración en torno a la comida, que fue visto y no visto. Marcelo y yo que nos entretuvimos abriendo la puerta de la ermita,  nos tuvimos que conformar con unos huesecillos de cochinillo. Naturalmente la empanada ni la vimos.

Tras de la comida, después de retozar por la hierba, hubo  visita guiada a la ermita y después de ver el presbítero, las pinturas murales, la tribuna, incluso la cocina, analizamos detenidamente los capiteles que hay en la entrada, produciéndose un importante debate sobre las figuras que representaban. Unos defendíamos que era un macho cabrío fecundando a una hembra, y los más expertos que se trataba de una sirena mirando de frente. El debate terminó con una demostración práctica de Antonio y Rosa, que a mí me convenció. Al día de hoy el debate sigue en las redes sociales.

Finalmente emprendimos la marcha de casi tres kilómetros hasta Armuña, donde  compramos queso ecológico, paseamos por el pueblo y terminamos en la plaza del pueblo tomando unos refrescos.

Por la marcha, por el día tan estupendo, por los cochinillos, por los molinos, por la cueva del Moro, por la ermita de Tormejon,  por la sirena o el macho cabrío, no tengo más remedio que dar una puntuación de 5+++ sicarias.
Marcos Herrero

FOTO REPORTAJES
* Foto reportaje de José María Pérez

FOTOS

miércoles, 2 de mayo de 2018

Excursión 402: Bailanderos y la Najarra

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puerto de la Morcuera
Final: 
Puerto de la Morcuera
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia:  10,4 Km
Desnivel [+]: 600 m
Desnivel [--]: 600 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: Sí
Ciclable: No
Valoración: 4,5
Participantes: 8

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN WIKILOC

RESUMEN
Esta vez la ruta fue un pequeño recorrido de la Cuerda Larga desde el puerto de la Morcuera (1796 m) hasta Bailanderos (2133 m) y vuelta.

Quedamos en el puerto de la Morcuera a las 10:30h. Al intentar abrir las puertas del coche, éstas se abrieron de repente con la fuerza del viento que soplaba allí arriba. Os podéis imaginar el fresquito que hacía cuando empezó la excursión… la ruta no empezaba muy bien.

Al coincidir este día con la festividad de la Comunidad de Madrid, pudimos venir los que no asistimos normalmente los miércoles porque trabajamos, los que no nos fuimos de puente, y debido precisamente a que era puente en Madrid faltaron muchos senderomagos. Fuimos los primeros en llegar, esperamos a los demás, los pocos que vinieron, y comenzamos nuestra ruta. Conocí a los dos senderomagos de 4 cuatro patas que nos acompañaban: Vito y Twitter que más adelante me ayudarían a mí y a Sol en un pequeño despiste.

Empezamos la ruta desde el puerto de la Morcuera con ganas, pero poco a poco las cuestas fueron haciendo la excursión algo dura y como no, me quedé la última. En medio de los caminos se podía encontrar nieve todavía.

Lo más difícil fue la primera parte hasta el desayuno: subidas con nieve y gente muy avanzada que hacían que me quedase atrás. Al cabo de hora y media, paramos a tomar algo en Bailanderos donde solo las vistas ya merecían la pena. Allí cogimos fuerzas para seguir con nuestra ruta (nunca había tomado un almuerzo con tantas ganas).

Al rato, paramos en el collado de la Najarra para hacernos unas fotos. Las vistas desde allí eran impresionantes. Eran tan bonitas que, extasiadas con ellas, Sol y yo, no sé cómo ni en qué momento, perdimos al resto del grupo. Intentamos llamarles por teléfono, pero no había cobertura. También intentamos esperar en silencio para escucharlos, pero allí no se escuchaba ni se veía nada. Menos mal que Vito y Twitter volvieron a buscarnos y pudimos encontrar al resto.

Una vez pasado este incidente, seguimos hacia el pico de la Najarra. Al poco, nos encontramos unas cabras, con grandes cuernos, encima de las rocas. Estuvieron un rato observándonos sin ningún miedo hasta que Vito y Twitter salieron corriendo a por ellas. No tenemos fotos, pero fue un momento irrepetible con unas vistas panorámicas impresionantes. Por fin llegamos al refugio de la Najarra: una pequeña caseta de piedra medio en ruinas donde volvimos a parar a contemplar las vistas.

Finalmente llegamos al vértice geodésico de la Najarra, donde comimos y también disfrutamos de unas buenas vistas, abrigados por unas buenas rocas donde descansar para comer. El bocadillo también me supo a gloria, pero no fue nada comparable a cómo me supo el croissant en Bailanderos, donde el esfuerzo fue mucho mayor. Allí fue donde Antonio me engañó para hacer esta crónica.

La vuelta era aparentemente simple, pero acabamos regresando al puerto de la Morcuera por un desnivel que tenía una gran bajada, piedras, piornos y algo de nieve. Como siempre, otra vez me quedé la última, pero al menos pude llegar sana y salva. Ya abajo seguimos un camino entre árboles muy agradable (y fácil) hasta los coches. Allí nos encontramos un riachuelo, donde Antonio y mi padre, recolectaron corujas. Por lo visto dicen que están muy buenas en ensaladas, cosas de senderomagos…

Antonio, esto merece una estrella en toda regla. ¡Ya puedo decir que soy senderomaga principiante!

A esta excursión yo le daría 5 sicarias si no fuera por la dificultad; tenía muchas cuestas. Le doy 4,5.
Miriam Cantos

FOTOS